lunes, 30 de julio de 2018

Alex Robinson: Malas ventas.



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    Esta novela gráfica cuenta el día a día de una serie de amigos veinteañeros neoyorkinos. 

   El que espere acción a tope, peleas, intriga, etc... que no se le ocurra leer Malas Ventas. Es exactamente lo contrario. Costumbrismo, cotidianeidad de esa etapa de la vida en la que las personas dejamos de ser niños y tomamos la rienda de nuestras vidas. Es un época de muchas dudas, de inseguridades, de sufrimiento, porque hay que tomar decisiones que determinarán lo que será nuestra vida. Es un tema clásico de la historia de la literatura; Pushkin en Eugenio Oneguin contó la historia de un joven en el que en esa etapa de la vida contraía un matrimonio equivocado. Conrad en La línea de sombra nos habló de ella por medio de un joven capitán de barco que se ve envuelto en una aventura a vida o muerte al quedarse su barco clavado en medio del océano sin un soplo de viento que los acercase a la costa; y Alex Robinson, como si de una película de Robert Altman se tratase, traza una historia coral, en la que jóvenes dan sus primeros pasos en la vida. 

   Hay muchas razones para leer Malas Ventas. 

   La primera -y siempre la más importante- es que es muy ameno de leer. A Robinson no le hacen falta crímenes misteriosos, ni fantásticos superhéroes para tenernos horas enganchados a su historia. La cotidianeidad de estos personajes está tan bien traída, que hasta sentimos la necesidad de seguir leyendo solo para saber qué va a ser de sus vidas, aunque sabemos de sobra que nada excepcional. 

  Esto me lleva a la segunda razón por la que leer Malas ventas, y es que uno se siente increíblemente identificado con los personajes. No con uno en concreto, sino con todos, en algún momento de la obra. 

  Y esto me lleva a la tercera razón,  que es Robinson demuestra conocimiento del alma humana y es lo que hace de Malas ventas una obra universal. La vida de esos neoyorkinos puede ser la nuestra, aunque vivamos los veinte años a miles de kilómetros de distancia o muchos años antes o después. 

  En un primer momento pensaba que haber recurrido a un chico que quiere convertirse en escritor y a varios dibujantes de cómics era un tópico. "Otra vez más escritores hablando de escritores", pensé. "Es como cuando en la radio los periodistas se ponen a debatir sobre el periodismo, cosa que solo les interesa a ellos. Nosotros queremos las noticias, no darle vueltas a la profesión". Pero, a medida que iba leyendo, me fui dando cuenta de que la elección de estos personajes era la acertada, porque, a fin de cuentas, ¿quién no sueña a los veinte años en ser artista?

  
   El dibujo, funcional, se ve muy bien y es muy agradable. Es cierto que no es un alarde de virtuosismo continuo, pero creo, si así fuese, hubiese distraído del verdadero objetivo de la obra. 

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Manuel Loureiro y Vicente Vegas: Apocalipsis Z.


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      Esta es una adaptación a cómic hecha por Vicente Vegas de la trilogía de novelas de Manuel Loureiro -solo de la primera, así que la historia se queda sin terminar-. 

   El argumento no es muy original, sobre todo si tenemos en cuenta que en los últimos tiempos el tema zombie ha estado muy de moda y nos saturado de series, películas, novelas y cómics con muertos vivientes. Aquí se supone que un virus horrible que convierte a la gente en zombies se origina en Europa del Este y que se propaga por el mundo entero. Esto coge al protagonista -un abogado- en Pontevedra. Este señor normal, tendrá que sobrevivir al holocausto y de ahí surgen las aventuras que nos cuentan Manuel Loureiro y Vicente Vegas. 

   A mí este cómic no me dijo absolutamente nada. Creo que no aporta nada y que todo lo que trata de contar ya está más visto que el tebeo. Por ahí he leído que su fuerte es que el protagonista es una persona normal que tendrá que hacer todo tipo de cosas para sobrevivir. Puede ser, quizá porque nos lo pintan como un abogado, pero creo que en los primeros tomos de The Walking Dead los personajes también son gente normal que se ve en una situación extrema. Con la diferencia de que The Walking Dead plantea un dilema moral o una reflexión sobre la naturaleza humana o el origen de la civilización en cada uno de sus volúmenes, y aquí no hay nada de eso.

   Me sabe mal ser tan duro, porque la obra está ambientada en Pontevedra y me duele el orgullo patrio. Me gustó ver Pontevedra, Vigo y Bueu convertidos es escenarios de pesadilla, pero creo que eso me interesa a mí que vivo a quince minutos de cada uno de estos sitios. Si eres un lector de Barcelona, dudo que esto te motive lo más mínimo. 

  A parte de eso, creo que la factura de Vicente Vegas está bastante bien, pero, por mucho que haga, si la historia no da para más, no da para más. 

  Quizá si hubiese sido la primera que enfocaba así el tema zombie... Pero no lo es y mucho me temo que su éxito se debió a que era algo que estaba de moda, no a la calidad per se de la obra. 

   Además solo adapta la primera novela y te quedas con cara de tonto sin saber cómo acaba. 

  Nota: 3 sobre 10. 
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viernes, 27 de julio de 2018

Sexo IX: Prácticas sexuales prohibidas / fomentadas.



   La cantidad y la diversidad de prácticas sexuales humanas es casi infinita. Podemos practicar sexo heterosexual, homosexual, intergeneracional, a solas, con otras personas, con objetos, con animales, incluso con muertos. Me cito a mí mismo para que veáis algunos ejemplos que os van a dejar con la boca abierta:

    - entre los shivaitas tántricos, se prescribe la necrofilia  -sexo con los muertos-.
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     - en algunas cárceles mexicanas, está muy, pero que muy mal visto ser homosexual. Pero ser homosexual para ellos significa ser penetrado anal u oralmente. El que penetra no solo no es homosexual, sino que es un machote.

    - Entre los muria, al noroeste de la India, los jóvenes son iniciados en el sexo por otros chicos y chicas mayores en una choza comunal.
muria

    - Entre los inuit del Ártico, cuando un hombre tenía que hacer un viaje en trineo y su mujer estaba embarazada, la intercambiaba con la de su mejor amigo. 

     -Los huaorani y los tamil de Malabar creen que cuantos más hombres introduzcan el semen en una mujer, más posibilidades tiene esta de quedarse embarazada, de ahí que sea normal que una mujer se acueste con varios hombres seguidos. 
huaorani

    - Para los honvienu de Benin, la postura del misionero -el hombre arriba y la mujer abajo- es incompleta, por lo que las relaciones sexuales no pueden limitarse a esta postura. 


   Sin embargo, no hay una sola cultura que no regule estas prácticas. En ningún sitio se permite una actividad sexual totalmente libre. El modo que tienen las culturas de controlar la sexualidad humana son los tabús -prácticas prohibidas-.


   En posts anteriores hemos ido esbozando el catálogo de prácticas sexuales que nuestra cultura prescribe o prohíbe. 

   En nuestra cultura actual, la medicina hereda la mayoría de los valores sexuales del siglo XIX, pero los justifica de acuerdo con la ética de la ciencia. Ya no hablamos de pecado para rechazar una práctica, sino de natural o antinatura, pero las prácticas prescritas o proscritas siguen siendo más o menos las mismas; heterosexualidad, monogamia, etc...

   Esta red de valores heredados del siglo XIX se reajusta por tres movimientos culturales que impactan directamente en las prácticas sexuales de occidente:

   - La desvinculación del sexo de la familia y la procreación. (Giddens)

   - La liberación de la mujer. (Giddens)

   - La cultura del hedonismo. 

   Fruto del cruce de la herencia decimonónica y las nuevos movimientos culturales nacen las prácticas sexuales prohibidas y fomentadas en nuestra cultura actual. Precisamente como este decálogo es fruto de un cruce, propio de una sociedad en transición, algunas sanciones son contradictorias con respecto a otras. 


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   La heterosexualidad sigue siendo el modelo hegemónico. Lo hemos heredado del S. XIX, aunque ahora no lo consideramos voluntad divina, sino "lo natural". Los hombres y las mujeres se atraen sexualmente por la ley de la selección natural y la perpetuación de la especie. Consideramos que el deseo sexual es un mecanismo adaptativo para que no se extinga el ser humano. El sexo heterosexual es lo natural porque permite propagar nuestros genes y por eso es la práctica sexual más extendida y la que aprendemos todos como normativa desde pequeñitos. 

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   Sin embargo, ya no rechazamos la homosexualidad. Aunque puede haber casos, en general la homosexualidad es aceptada. La finalidad del sexo ya no tiene que ser tener hijos. Además, valoramos ante todo el placer, así que no vemos nada malo en que dos personas del mismo sexo disfruten de sus cuerpos. -Esto ya lo he explicado en un post anterior (aquí).
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     Con el coito anal o la felación sucede lo mismo que con la homosexualidad. El hedonismo de nuestra cultura se impone a los valores heredados de la procreación. Aunque no se pueda tener hijos, nadie ve mal practicar sexo anal u oral. 

 Tampoco vemos mal la masturbación. Hasta la consideramos "sana". No es un pecado horrible, ni, como me decían a mí cuando era niño, te van a salir pelos en las manos o granos por masturbarte. Aunque sea sexo fuera del matrimonio y aunque uno no tenga hijos al masturbarse, consideramos que una persona "sana" debe masturbarse para darse placer -hedonismo-. 

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   Sin embargo no todo es apertura y permisividad.

  La promiscuidad excesiva no está bien vista, especialmente en el caso de las mujeres. A esto es a lo que me refería cuando decía que algunas sanciones son contradictorias con otras. Como dije, estamos en un momento de transición de un sistema a otro. En otros posts expliqué que el sistema de valores biológico/médico heredó el religioso patriarcal, solo que procedió a justificarlo de otro modo. En lugar de Dios, ahora es la naturaleza y la salud la que sancionan las prácticas como buenas o malas (aquí). El sexo fuera del matrimonio exclusivamente por placer iba en contra de este sistema de valores. Hoy en día las cosas están cambiando, y por eso no vemos mal que los jóvenes o los solteros tengan relaciones sexuales. Sin embargo, no debemos olvidar que la familia sigue siendo uno de los pilares de nuestra sociedad. Una vida sexual excesiva, sobre todo si es adúltera, suele desestabilizar a las parejas. Sin parejas monógamas, no es posible la familia como la entendemos hoy en día, así que no es de extrañar que la promiscuidad y el adulterio sigan estando mal vistos. Sobre todo en lo que se refiere a las mujeres, porque aún quedan restos del sistema de valores patriarcal. 

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    El sexo con niños está severamente castigado, no solo por la ley. Una acusación de pederastia basta para destruir la imagen pública de una persona para el resto de su vida. Sé que cuesta mucho no ser etnocentristas en este punto, pero el rechazo de la pederastia no es un universal cultural ni de lejos. Me cito a mi mismo:

       Para nosotros, el sexo entre adultos y niños es una práctica repugnante. No solo condenamos moralmente la pederastia, sino que metemos en la cárcel al que la practica -y que quede claro que me parece bien-. Sin embargo, esta condena de la pederastia vuelve a ser cultural. Entre los sambia, por ejemplo, se cree que el semen de los hombres es una sustancia curativa, que fortalece y que es esencial para el crecimiento físico de las personas. Pero los hombres no pueden producir semen ellos solos, de ahí que a los niños, para que crezcan sanos y fuertes, haya que inseminarlos. Esto empieza en torno a los siete u ocho años y continúa hasta la primera adolescencia. Los niños son inseminados oralmente por solteros mayores en una serie de rituales secretos. 


   En la Antigua Grecia también se practicaba la pederastia con total normalidad, en concreto en el ámbito militar. Se consideraba que los lazos afectivos y sexuales eran beneficiosos para el ejército porque lo unía y lo hacía más fuerte. Por eso se favorecían las relaciones homosexuales entre soldados. Estas relaciones raramente eran entre hombres de la misma edad. Lo normal era que se diesen entre un adolescente y un adulto. 

    Por lo que parece, ni los niños sambia ni los jóvenes soldados tebanos experimentaban traumas horribles por mantener relaciones sexuales con adultos. Nunca he estado entre los sambia ni puedo hacer un viaje en el tiempo para entrevistar a jóvenes griegos, imagino que a muchos de ellos no les gustarían estas relaciones, pero también estoy seguro de que hubiese sido más traumático para ellos quedar fuera de estas relaciones pederastas que mantenerlas, porque dejarlos al margen sería un estigma. 
sambia
    Por supuesto, esto no quiere decir que los señores que vemos de vez en cuando en las noticias detenidos por difundir pornografía infantil sean unos incomprendidos y que deberían poder disfrutar del sexo con niños a su antojo. En absoluto. Vivimos en esta cultura y, por tanto, tenemos unos valores éticos. Transgredirlos es, y en este caso debe ser, severamente sancionado. Si os he puesto un ejemplo tan extremo como el de la pederastia homosexual es para demostrar que el sexo, como todo, está sujeto a variaciones culturales. No hay casi nada de natural en las relaciones sexuales. Prácticamente todo está sujeto a la modificación y control cultural. 

   Sea como sea, la pederastia está fuertemente sancionada en nuestra cultura. 

   La violación también es una práctica sexual severamente castigada. Sé que cuesta, pero este tampoco es un universal cultural. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas rusas invadieron Alemania, los mandos militares incitaron a los soldados soviéticos a violar tantas mujeres como pudiesen para "saldar cuentas". Entre los yanomami, la violación de las mujeres de la tribu vecina no solo no está mal visto, sino que se considera que es lo que se debe hacer. A propósito de la violación digo lo mismo que de la pederastia. Vivimos en esta cultura y, por tanto, tenemos unos valores éticos. Transgredirlos es, y en este caso debe ser, severamente sancionado. 

   Pederastia y violación son los dos tabúes sexuales más potentes de nuestra cultura -dejo al margen el del incesto, que analizaré más adelante-. Supongo que las razones serán muchas y muy variadas -no se puede tener hijos, es sexo fuera de la familia, en el caso de la violación la víctima no solo no disfruta, sino que sufre muchísimo, etc...-. Pero creo que lo vemos tan mal no por eso -al menos no solo por eso-, sino porque atenta contra un valor sagrado de nuestra cultura y del que aún no he hablado: la libertad. Nada nos repugna más que coartar la libertad. Basta con pensar la cantidad de acciones que se justifican con la defensa de la libertad. Solo con citar esa palabra, el hecho queda justificado. Nos repugnan las dictaduras, el terrorismo, la coacción, etc... porque obligan a las personas a hacer cosas que no quieren. Y pocas cosas violentan más la libertad de las personas que la pederastia o la violación. La violación es, por definición, obligar a una persona a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad. Y consideramos que los niños no están los suficientemente formados/desarrollados como para poder elegir libremente si quieren tener relaciones o no. Son fácilmente manipulables, tanto física como psíquicamente. Otra vez sé que es difícil ponerse en su piel, pero para los romanos -una sociedad que se construyó sobre el esclavismo- tener relaciones con adolescentes no era un problema y nadie se planteaba que tener relaciones sexuales con una esclava fuese una violación. 

   

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   El sadomasoquismo es tan controvertido en nuestra sociedad porque se basa directamente en la idea de libertad. El sadomasoquismo consiste en obtener placer al ser maltratado o dominado por otra persona, lo que lo convierte en una práctica sexual muy ambigua para nosotros. En principio, siempre y cuando sea consentida, no nos parece mal, pero siempre tenemos la mosca detrás de oreja porque juega con uno de nuestros valores sacros. Por eso no es de extrañar que muchos moralistas, sobre todo aquellos que suelen apropiarse del discurso políticamente correcto, critiquen las prácticas sadomaso. 


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 El caso de la gerontofilia -sexo con ancianos- es complejo. No nos gusta, aunque no llega al extremo de la pedofilia y la violación. Otra vez las razones son variadas, pero creo que el tabú de la gerontofilia hay que situarlo en relación a la gerontofobia en general de nuestra cultura. No nos gustan los viejos. Es un hecho. En lugar de escucharlos como fuente de saber como se hacía en las culturas tradicionales, los encerramos en asilos y pasamos de ellos. Esto se debe fundamentalmente a que vivimos en una sociedad que rinde culto a la juventud. Lo he explicado en millones de posts anteriores. La ciencia ha ocupado el lugar de la religión. Y la ciencia y la medicina nos prometen una vida sana y alejar la muerte lo más posible. Vivimos, en este sentido, en una sociedad que niega la muerte. Y nada nos recuerda más la enfermedad y la muerte que los cuerpos de los ancianos. Asimismo, Bauman define nuestra sociedad como líquida , en el sentido de que nada permanece, todo esta en perpetuo cambio. Así las cosas, los viejos ya no tienen nada que enseñar gracias a su experiencia como sucedía en las culturas tradicionales, sino todo lo contrario. No saben nada -o poco- del mundo actual, de ahí que los jóvenes no los respeten. Por eso rechazamos a los viejos en general. Que no nos guste el sexo con ellos, solo es una faceta más de esta gerontofobia general. 

   -Podéis consultar una explicación más detallada de la actitud de nuestra cultura hacia los ancianos aquí. -


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    Al principio de este post comenté de pasada la costumbre de los shivaítas tántricos de practicar sexo con muertos. Cuando doy este dato en alguna de mis clases, la gente tuerce el morro y ponen cara de asco. La razón es exactamente la misma por la que rechazamos el sexo con ancianos: una sociedad que rinde culto a la salud y niega la enfermedad a la muerte. 

   Significativo a este respecto es que tampoco nos gusta el sexo con enfermos. No es un tabú tan fuerte, pero normalmente no lo hacemos. Si no recuerdo mal, en la Sonata de estío de Valle-Inclán el marqués de Bradomín tiene relaciones en una carroza con su prima enferma de tisis, y esto es señalado en todos los manuales de historia de la literatura como "las perversiones del marqués". 

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   Los animales tampoco nos gustan. Es cierto que hay películas de zoofilia, pero no es algo que aceptemos. Uno puede presentar a su novio o a su novia a sus padres sin problema, pero imaginaos que alguien os presenta a una persona y os dice:

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   - Este es menganito. Le gusta follarse perros. 

   Otra vez el tabú de la zoofilia no es universal. Os copio algunos ejemplos de la wikipedia:

    Hay diversas referencias en las escrituras hindúes de figuras religiosas teniendo relaciones sexuales con animales (por ejemplo, el dios Brahmā copulando con un oso, o un sabio semihumano nacido de una madre cierva). En el arte védico también hay evidencias de bestialismo (la religión que la civilización védica ejercía es la precursora del hinduismo) y de figuras de personas copulando con animales entre las miles de esculturas que describen "eventos de la vida" en el exterior del templo de Khajuraho.

(...)

 Y en el Manusmrti, el apareamiento entre los seres humanos y animales está permitido:
"Algunos sabios valoran la semilla, otros el campo y aún otros la semilla y el campo. Porque sabios han nacido en hembra animales por la potencia de las semillas y fueron honrados y valorado, la semilla se valora".

(...)

Masters siente que en la bestialismo de la antigüedad fue generalizada y creían que a menudo se incorporó al ritual religioso. Cree que han tenido lugar en el antiguo Egipto, alegando que las formas zoomorfos de antiguos dioses egipcios asegura que bestialismo habría sido parte de sus ritos.100​ No existe ninguna prueba de que la presencia de dioses con atributos zoomorfos garantiza esto en sí mismo. Sin embargo, Píndaro, Herodotus y Plutarco afirmaron que los egipcios participan en Congreso ritual con cabras.

(...)


 La zoofilia también era común entre las tribus indígenas, como los indios hopi. Voget describe la vida sexual de los jóvenes nativos americanos como "bastante inclusivo", incluida la bestialismo. Además, los inuit de cobre no tenían aparentemente "ninguna aversión a las relaciones sexuales con animales vivos".

   La razón por la cual nos repugna la zoofilia es porque no consideramos a los animales nuestros iguales. Me vuelvo a citar a mí mismo:

        Las culturas son sistemas de clasificación. Ordenamos el caos de afuera y en función de ese orden orientamos nuestro comportamiento. En la Naturaleza el ser humano cultural se encuentra que hay seres vivos como él. Dependiendo de cómo clasifiquemos/comprendamos a estos seres vivos, las personas tenemos una relación u otra con ellos.

    En occidente percibimos al ser humano por un lado y, por otro, separados, al resto de los animales. El ser humano se percibe fuera y por encima. El relato para justificar esta posición ha variado en función de los cambios culturales: por ejemplo, en la sociedad teológica medieval se sostenía que los seres humanos teníamos alma, mientras que los animales no; en la moderna sociedad científica se sostiene que los seres humanos estamos más evolucionados porque poseemos la capacidad de razonar (la razón es una suerte de alma de la sociedad científica).

   Percibir a los animales como algo distinto a nosotros, los proscribe como posibles compañeros sexuales. 


   Curiosamente, hay un solo tabú universal: el tabú del incesto. Y otra vez me vuelvo a citar a mí mismo:

   Nosotros proscribimos las relaciones con niños o con animales, otras culturas no. Nosotros afortunadamente ya no prohibimos las relaciones homosexuales, otras culturas las persiguen ferozmente. Pero todas rechazan las relaciones sexuales entre padres e hijos y entre hermanos. Se han dado muchas explicaciones de por qué esto es así: 

    a) Westermack y Morgan creen que es por cuestiones biológicas -los niños salen deficientes-. Esta es una creencia popular, pero tengo entendido que no hay evidencias científicas. Sea como sea, la crítica que hace Levi Strauss a esta teoría me parece definitiva: la selección natural hubiese acabado con los hijos deficientes y podríamos seguir con el incesto. 

   b) Tylor dice que el sexo es un elemento peligroso. No puede haber rivalidad entre generaciones. Si los padres y los hijos empiezan a tener relaciones entre ellos, habría tensiones madre-hija y padre-hijo y eso daría al traste con la familia. 

   c) Levi-Strauss: la exogamia -obligar a tener relaciones sexuales fuera de la familia- es un modo para crear alianzas. Como decia Levi-Strauss, es mejor casarte fuera a que te maten fuera.


    d) Malinowski sostiene que la familia es el espacio donde se enculturiza al niño. Si había sexo entre familiares, habría conflicto y esto acabaría con la enculturación y, por tanto, con la transmisión cultural, sin la que es imposible que el ser humano sobreviva.

     

   Y ya para finalizar, las sociedades tienen muchos mecanismos para orientar los gustos, las inclinaciones y el comportamiento sexual de las personas. 

   El primero y más obvio es el castigo del cuerpo. Una conducta social desviada puede ser castigada con la lapidación, la reclusión en una cárcel, etc... Tal es el caso, por ejemplo, del adulterio entre aquellas sociedades que siguen la sharía. En la foto que sigue a continuación se puede ver las consecuencias para el cuerpo de una práctica sexual no aceptada socialmente:

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Iba a colgar una foto de una mujer lapidada, pero me pareció demasiado bestia. Lo hice en otro momento para ejemplificar las salvajadas que se pueden hacer cuando un comportamiento rompe la norma social, pero no sé hasta qué punto es necesario ver eso. Por ahora creo que como ejemplo basta con el energúmeno ese azotando a la pobre mujer y el coro de desgraciados que miran con aprobación cómo lo hace. 

    Afortunadamente, en nuestra cultura no lapidamos a mujeres por tener sexo fuera del matrimonio, pero sí castigamos los cuerpos cuando no se comportan de acuerdo con la norma. Metemos en la cárcel a los violadores y pederastas, por ejemplo. 

   Sin embargo, la simple y brutal represión nunca tiene efecto a largo plazo. Es mucho más eficaz hacer que las personas piensen de una determinada manera y actúen en consecuencia. Controlar las mentes es mucho más eficaz que controlar los cuerpos. En este punto es muy interesante el concepto de representación colectiva de Durkheim. Según este sociólogo, todas las culturas tienen una serie de ideas que consideran verdaderas más allá de todo razonamiento. Son las ideas que se consideran naturales y que nadie cuestiona. Sobre estas representaciones colectivas se construye el sistema simbólico de las culturas y se orienta el comportamiento de las personas. Así, por ejemplo, que el asesinato es un crimen deleznable es una representación colectiva de nuestra cultura. Nadie se plantea que el asesinato pueda ser algo bueno. No se razona al respecto. Se acepta y punto. Lo mismo sucede, por ejemplo, con la propiedad privada. Asumimos que la propiedad privada existe y que debemos respetarla. Nadie duda de que apropiarse de los bienes que posee otra persona sin su permiso sea un comportamiento negativo. Le llamamos robar y lo castigamos. La existencia de un determinado tipo de Dios también fue una representación colectiva en su momento. Nadie se planteaba que el mundo pudiese ser de otra manera. Si nacías siervo de la gleba, y el cura te decía que no había otra opción porque Dios lo había querido así, ni te planteabas que las cosas pudiesen cambiar. Otra representación colectiva de nuestra cultura es la idea de libertad de la que hablé antes. O que la competitividad es buena y que saca lo mejor de las personas. 

-Si alguno de vosotros estudia retórica, las representaciones colectivas son algo parecido a los tópicos de la argumentación. No es exactamente lo mismo, pero nos vale la similitud para explicar cómo determinan el pensamiento y el comportamiento-. 

   Las representaciones colectivas nos llegan desde muy diversas fuentes. Nuestros padres, nuestros amigos y, en general todas aquellas personas con las que interactuamos, nos trasmiten una forma de entender el mundo que determina nuestro comportamiento. La religión fue, en su momento, otra forma. Hoy en día ha perdido fuerza, aunque algo le queda en forma de mitos y leyendas. La literatura es otra. Pensad, por ejemplo, cómo moldea nuestro comportamiento sexual los cuentos que nos contaban o que leíamos de niños. Y, por supuesto, la televisión y la publicidad.