lunes, 29 de diciembre de 2014

Suzanne Collins: Trilogía de los juegos del hambre



 
      En mi vida se me hubiese ocurrido escribir sobre unos libros como Los juegos del hambre. No porque me sienta muy por encima de estos subproductos comerciales escritos para adolescentes. En absoluto. A veces leo estas chorradas para mantenerme al día de los libros que le pueden gustar a mis alumnos, y alguna de estas paridas hasta me entretiene. Sencillamente es que Los juegos del hambre son malos de narices. Pero ayer un amigo me hizo una sugerencia. 
        -Puedes escribir un post sobre lo mejor y lo peor del año. -me dijo.
       Automáticamente pensé en Los juegos del hambre. Ver a todos mis alumnos de tercero de ESO flipando con esta trilogía que además se ha convertido en película es, sin lugar a dudas, uno de los disgustos más grandes que me he llevado este año. No es que quiera que lean a Cervantes. Nadie con trece años puede entender El Quijote. Si uno solo de mis alumnos se leyese por propia iniciativa la obra homónima de Cervantes, yo pensaría que es un rarito o que quiere dar la nota. Pero que alucinen con Los juegos del hambre era demasiado. Insisto en que no tengo nada en contra de los subproductos comerciales pensados para hacer caja en el mercado adolescente. Laura Gallego me entretiene y Harry Potter, aunque sea para niños un poco más pequeños, me gustó mucho. 
      Se me ocurren un montón de razones por las que Los juegos del hambre son un desastre. Los personajes son horriblemente planos, la historia está más vista que el tebeo, justifica la violencia como forma de resistencia social, es ñoña -los amoríos de Katniss son para vomitar-, etc... Pero ese post sobre lo mejor y lo peor del año que nunca escribiré me hizo preguntarme qué demonios tiene Los juegos del hambre para enganchar a millones de adolescentes en todo el planeta, porque estoy convencido de que si yo tuviese ahora trece años, estaría que no meaba con Katniss y su aventurita distópica. 
        Lo primero que pensé acerca del éxito de esta trilogía es el bombardeo publicitario. Los juegos del hambre está hasta en la sopa, y ya no es sólo una novela/película, es una estética y hasta una forma de comportarse. Pero esto por sí solo no basta para todos los adolescentes flipen. Así que pensé más. Y me sorprendí reconociéndole algunos aciertos a Suzanne Collins.
          En primer lugar, se nota que esta señora fue guionista de Nickoledeon. Conoce perfectamente el gusto adolescente. El adolescente es por definición un perezoso mental. No quiere hacer esfuerzos. Le molesta el trabajo y se cansa enseguida. Pero, al mismo tiempo, es increíblemente curioso. Está descubriendo el mundo y su cerebro es una esponja. Por eso Suzanne Collins recurrió a la estructura tradicional del viaje iniciático. Es una estructura narrativa que podemos encontrar en los cinco continentes y que todos conocemos de manera intuitiva. Hay un personaje -Katniss- que está viviendo en una aldea aislada.  En esta aldea hay una carencia -en el caso de Los juegos del hambre un gobierno horrible superopresor y muy malo-. Resulta que el personaje es el elegido por el destino para solucionar esa carencia -Katniss va a acabar con el gobierno-, pero él no lo sabe. Hay una llamada a la aventura -el sorteo para ir a ese programa de televisión tan cruel-; y el héroe se pone en marcha para realizar una serie de pruebas. Normalmente el héroe es ayudado por una fuerza externa -no recuerdo ahora el nombre del mentor de Katniss- y todo termina con una gran prueba final que el héroe supera y vuelve a casa con esa carencia inicial solventada -Katniss realemente acaba con el gobierno-. Esta estructura, como demostró Campbell en El héroe de las mil caras, está repartida por los cinco continentes en millones de historias diferentes y ya forma parte de nuestro inconsciente colectivo. Por eso a nuestros adolescentes no les resulta difícil leer o ver Los juegos del hambre. Es la historia de siempre. No hay que esforzarse para entenderla. Además, ya saben todo lo que va a pasar. Sin embargo, como dije, el adolescente no sólo es perezoso. También es curioso. Consciente de esto, Suzanne Collins envolvió esta estructura tradicional en forma de distopía futurista, un rollo muy moderno y muy molón. Y así le dio al adolescente del S. XXI lo que más le gusta: algo de digestión fácil que, al mismo tiempo, parece muy moderno. Cuando analicé La fortaleza escondida de Kurosawa, dije que era lícito recurrir a estas estructuras que siempre funcionan. Denostar a Suzanne Collins por hacerlo y elogiar a Kurosawa por su perspicacia sería tener un rasero para medir la subcultura y otro para el arte consagrado. Eso, además de injusto, sería un snobismo asqueroso por mi parte, así que no lo haré. Le reconozco a la Collins la habilidad de haber sabido recoger la esencia del éxito de los cuentos tradicionales. 
         En segundo lugar, Los juegos del hambre se mueve en una ambigüedad moral que vale para un roto y un descosido. Aunque los amoríos de Katniss sean muy pacatos -y por tanto conservadores-, no deja de ser una mujer la que tiene un dilema amoroso porque le molan dos chicos. La Regenta era una cosa similar. Por supuesto que estaría fuera de lugar comparar la obra de Clarín con esta chorradita adolescente, pero creo que está muy bien que por una vez sea la chica la que toma la iniciativa en el amor y del triángulo amoroso. Es un feminismo muy pobre, lo sé, pero algo es algo. Y creo que hacer que la protagonista de una historia de amor y aventuras sea una chica engancha a mucha gente, sobre todo mujeres.
       Esta ambigüedad moral me interesa sobre todo desde un punto de vista político. Tanto los ultraneoliberales como los socialdemócratas se han apuntado el tanto de que la obra defiende sus ideales. Para los primeros la novela es una metáfora futurista sobre los gobiernos que se inmiscuyen en la vida de los ciudadanos. Para que el futuro no sea así, hay que acabar con toda forma de Estado. Los juegos del hambre son, en su opinión, un canto a libertad y el liberalismo. Por el contrario, los socialdemócratas ven en Los juegos del hambre una parábola de las consecuencias del libremercado. Si no queremos acabar como los trece distritos, el Estado debe velar por el reparto justo de los bienes y el bienestar de los ciudadanos. De hecho, creo recordar que los disturbios en Los juegos del hambre empiezan en un distrito minero de mayoría negra. Y así, sin mojarse mucho, la obra gusta a unos y a otros, hasta el punto de que en Tailandia diecinueve jóvenes fueron arrestados por hacer el saludo del distrito 11 durante un discurso del Primer Ministro. Era su forma de protestar contra la opresión. Un gesto que puede interpretarse también de dos formas opuestas: protestan contra un gobierno de ultraderecha, o protestan contra un gobierno que infiere y planifica sus vidas. 

El saludo del distrito 11.

          Y fin del post. Los juegos del hambre me parecen un pastiche horrible, pero le reconozco a Suzanne Collins la habilidad de conocer como nadie el gusto adolescente y jugar a dos bandas.    

lunes, 15 de diciembre de 2014

En contra del deporte




   No tengo nada en contra de ver deporte. Me gusta el fútbol y el boxeo. Tampoco tengo nada en contra de ir a echar una pachanga con los colegas, sudar un poco y luego ir a tomar unas cañas. Lo que me molesta es esta nueva moda de runners que pueblan nuestras ciudades en los últimos años. 
     Se me ocurren varias razones para explicar esta nueva tribu urbana, que es transversal, porque integra a miembros de ambos sexos desde los quince a los sesenta años. 
    La primera de ellas y más evidente es que es un nicho de mercado suculento. La industria de la moda había saturado el mercado. Ya cambiamos de ropa cada temporada, pero no se puede renovar el armario más rápido que de estación en estación. No podemos
Esas zapatillas sin las que es concebible correr.
digerir tantas tendencias nuevas. Entonces a los publicistas de las marcas deportivas se les ocurrió que podían generar una nueva necesidad. Empezó el bombardeo publicitario para que la gente sintiese que necesitaba correr porque era una forma de ocio maravillosa. Y nos lo creímos. Y también, por supuesto, nos creímos que para realizar esta nueva actividad no basta con un chándal viejo y unas zapatillas, sino que hay que comprar un montón de prendas dry fit, la ultimísima versión de ASICS porque amortiguan el impacto como nunca antes se hizo, unas mallas para que no nos roce en la entrepierna, unas botellitas de plástico para llevar bebidas isotónicas, relojes carísimos con podómetro y pulsómetro, y sabe dios cuántas cosas más.  

otro artilugio imprescindible para el runner

      La segunda razón que se me ocurre para explicar la proliferación de runners es que el deporte encaja perfectamente con el nuevo espíritu de los tiempos. Como escribí en otra ocasión:
 "Desde el Renacimiento va instalándose progresivamente en Europa la revolución científica. Ya no es Dios el que explica el mundo, sino la ciencia a través de su instrumento que es la razón. Llueve por condensación del agua y la peste negra se transmite por las ratas. De la mano de esta nueva cosmovisión surge una nueva moral que deja de preocuparse por el dominio de la divinidad -el más allá- para centrarse en el más acá. El bien no es aquello que nos asegura la vida eterna, sino aquello que mejora las condiciones de vida de los hombres. Surgen así las filosofías que aseguran la felicidad de las personas en este mundo, desde el contrato social de Rousseau al marxismo. Como era de esperar, la filosofía científica habrá de provocar excrecencias. En este aspecto, la salud desempeña un papel fundamental, ya que cualquiera puede percibir la relación ciencia-salud-calidad de vida". 
     Muchos de los runners justifican su actividad como una cuestión de vida saludable. Correr les ayuda a mantenerse en el peso ideal, a eliminar toxinas, a no tener colesterol, etc... Correr es, por tanto, una actividad propia del espíritu de la época que nos ha tocado vivir. Los corredores son a la sociedad científica lo que las beatas a la religión. 
       Esta última razón me lleva a la concepción de la vida y de la muerte que tenemos hoy en día. La sociedad teológica era una sociedad de la muerte. Se vivía para morir y pasar a la vida eterna. Pero, como decía Nietzsche, Dios ha muerto. Ya nadie -o casi nadie- vive pensando en el más allá. El imperativo de nuestros tiempos es este mundo, de ahí que se niegue todo aquello que tiene que ver con la muerte. Correr es sano, dicen. Correr nos protege la enfermedad, dicen. Y por eso corren. Hacen todo lo que pueden para mantenerse lo más alejados posible de esas desagradables verdades humanas que son la muerte y la enfermedad. Corren porque señores de cincuenta años quieren parecer chavales de veinte. Corren para negar la única verdad de la que está seguro el ser humano: que el tiempo pasa, envejecemos y nos morimos. Pero nada puede encubrir esa terrible realidad. Por muy musculosos que estén esos cincuentones, se van morir. Como me dijo un amigo ayer hablando de este tema: correr es el equivalente al peluquín. 
       Y ya para terminar, tengo que rescatar un par de argumentos en contra de correr que me dijo este amigo ayer. El primero de ellos traza un paralelismo entre correr y el espíritu del capitalismo:
      - Yo es que los veo como empresarios.- me dijo- Invierten tiempo y esfuerzo en su cuerpo a cambio un beneficio, que es poder bajar al bar y ver a sus colegas barrigudos y pasearse entre ellos sabiéndose que él es un tío mucho mejor, porque no tiene esas tetillas fofas ni esa panza de embarazado.  
      Y tampoco le convencían los supuestos beneficios para la salud mental:
    - No entiendo a esos que dicen que correr está de puta madre porque les sirve para desconectar al final del día. Vaya mierda de vida que llevas si necesitas extenuarte para poder sobrevivir. ¿No es más lógico cambiar de modo de vida?

Hasta el lamentable Zapatero, responsable en parte del descrédito de la izquierda política, hacía footing.

        

domingo, 14 de diciembre de 2014

Mala sangre (Leos Carax)


      Esta película es una tomadura de pelo. Es, sin lugar a dudas, la peor que he visto en una década. Ni siquiera las películas de Antena 3 los sábados por la tarde son peores, porque por lo menos estos melodramas televisivos no son pretenciosos. 
        El problema fundamental de Mala Sangre es que es pretenciosa. Quiere ser cine de autor y no pasa de ser una puta mierda. El argumento ya debía haberme alertado;

          París, en un futuro cercano. Marc y Hans son dos ladrones que deben dinero a una intransigente mujer americana que les da sólo dos semanas para pagar. Planean robar y vender un nuevo antídoto para curar un virus parecido al del SIDA, que está matando a los que "practican el amor sin amor", pero necesitan un cómplice. Reclutan a Alex, alias "lengua veloz", un chico rebelde que acaba de romper su relación con su novia de 16 años de edad. (FILMAFFINITY)

        Aún así decidí verla. Me merezco las dos horas de tedio e indignación a partes iguales.
       Los entusiastas esta cinta dicen que es un homenaje a la Nouvelle vague. Pues lo será. Pero también es un pastiche de carallo. Combina a partes iguales truquillos baratos que pretenden ser artísticos -cámaras lentas, tomas largas, primerísimos planos, etc....- con toques surrealistas. Y a este batiburrillo hay que sumarle un protagonista que habla como si fuese un poeta de la calle, con frases sacadas de las cloacas de París que pretenden ser profundas y hacerte pensar. No hay una sola alocución de ese pájaro que no esté pensada para que el espectador se quede pensando sobre la belleza de lo que acaba de oír. Evidentemente, esto no pega ni con cola con el argumento, que se supone una historia negra en un futuro distópico. Como tampoco pegan nada los desvaríos sentimentales del protagonista con la Binoche y la Delpy, que no entiendo cómo se dejaron engañar para rodar esta tomadura de pelo. La primera, no contenta con ello, se lió con el director. 
        Y no digo nada más de esta mierda porque no se lo merece.
       

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La fortaleza escondida (Akira Kurosawa)





    Estamos en el Japón del S. XVI. Una de las incontables guerras entre clanes samuriais asolan el país. Una princesa destronada tiene que volver a su casa y para ello cuenta con la ayuda de un veterano samurai y con la de dos codiciosos y bobos campesinos. 
    Es una película de aventuras de principio a fin. Con ella dudo que Kurosawa se propusiese algo más que entretener al público. Si ese era su fin, conmigo desde luego lo consiguió. No es que sea la película definitiva, pero está bien, y se me ocurren varias razones para verla:
       a) Es el argumento de siempre. Una aventura en la que hay que cruzar territorio enemigo para llevar a una princesa a casa. Nada nuevo. Algo mil veces repetido. Pero que funciona. Porque para hacer buen cine o buena literatura no es necesario descubrir la pólvora. Hay esquemas, motivos, tópicos, etc... que están ahí desde el Poema del Gilgamesh. Sabemos que funcionan porque apelan a lo más profundo del ser humano. No sé si a eso que Jung llamaba el inconsciente colectivo o a algo menos místico que tendrá que ver con estructuras mentales grabadas en nuestro ADN tras millones de años de evolución. Sea como sea, nos mueve las pasiones porque es algo inherente a la naturaleza humana. En este caso concreto, el motivo/tópico/estructura es el del viaje iniciático que estudió Campbell en El héroe de las mil caras y que podemos encontrar desde en el periplo de Jesús de Narareth en El Nuevo Testamento hasta El señor de los anillos. Nada nuevo, como digo. Y es perfectamente lícito recurrir a este material que nos han legado miles de años de tradición con tal de que lo manejemos bien. Y Kurosawa lo hace. 
          b) Los dos personajes principales están muy bien interpretados. El samurai Rokurota Makabe (Mifune) y la princesa Yukihime (Misa Uehara) lo hacen muy bien y son muy creíbles. La risa sardónica del primero y la combinación de altivez y humanidad de la segunda le dan a los personajes cierta altura al tiempo que los acercan al espectador. Volvemos con ellos a la idea del párrafo anterior. Greimas, en el ámbito de la narratología, distinguía entre actantes (la función del personaje) y actores (su caracterización). Rokurota Makabe es el protagonista de la acción y la princesa Yukihime y su destino feliz el objeto. Dos actantes o funciones que hemos visto hasta la saciedad. Pero hay que saber hacerlo bien y los dos actores les dan un toque personal y humano que hace que te los creas y hasta te encariñes con ellos. Cuando se cuenta una historia con una princesa, lo esperable sería que el espectador se enamorase de ella. Pero hay que saber enamorar al espectador. Misa Uehara lo hace. Michelle Rodríguez, de la lamentable Fast and Furious, no. 

Samurai Rokurota Makabe

       c) Tiene bastante ritmo. No un ritmo moderno, con escenas de persecuciones continuas siempre al borde de la muerte. Tampoco hay cliff hunger tras cliff hunger, pero Kurosawa no necesita recurrir a esos trucos baratos. La película va rápido. No porque te oculte información o porque los protagonistas estén continuamente a punto de morir, sino porque cuenta las cosas bien, con naturalidad y agilidad.
      d) Hay escenas memorables. La danza del fuego, la persecución a caballo del samurai tras los tres soldados y el duelo de lanzas son estéticamente maravillosas. Si no os las describo ahora es por no destripároslas.

Pricesa Yukihime

       e) A pesar de ser una película de aventuras, la acción se mueve más por las relaciones de los personajes que por combates coreográficos en el periplo de vuelta a casa. Esto probablemente sea un problema para el espectador actual, acostumbrado a cine estilo Ridley Scott, con fuegos de artificio que no llevan a nada, pero ya he comentado muchas veces que a mí me interesan mucho más las historias de personaje que las de acción. El modo en que se nos apunta la relación entre Rokurota Makabe y la princesa, sin detenerse a pormenorizar los detalles, pero viendo cómo se desarrolla bajo los diálogos, las acciones y hasta los silencios, es fascinante.
     Esta última idea me lleva a algunos peros por los que creo que no envejece bien y por lo que creo que al público actual de menos de veinticinco años -víctimas de la LOGSE- no les va a enganchar. 
     a) Está en blanco y negro. A muchos de los que me leáis esto os parecerá una chorrada. Pero como profesor de secundaria, os aseguro que es un obstáculo casi insalvable para el espectador adolescente actual. Sabe dios por qué, no son capaces de ver una película en blanco y negro. 
     b) No tiene movimientos de cámara trepidantes. Para mí esto es una virtud, pero cualquiera de mis alumnos no percibe un ritmo ágil si no lo engañan con cámaras que dan vueltas y se mueven a toda velocidad. Es un engaño para bobos, lo sé, porque la tercera entrega de El señor de los anillos es un auténtico coñazo de tres horas de batallita y, en lugar de percibirla como una mierda en la que lo único que hay son mamporros, la perciben como una película trepidante. Será porque muere mucha gente. 
    c) El tándem cómico no acaba de encajar. Los exsoldados tontos y codiciosos que acompañan a la princesa en su huida retardan la acción y por momentos la desvían. Nunca me han gustado las películas que combinan aventura y humor, porque para mí son dos géneros distintos. La aventura requiere tensión, dinamismo. Y si aparecen chistecillos por el medio, la tensión se esfuma y me voy de la película. Además, los dos actores que hacen de dúo cómico están muy sobreactuados. Dicen por ahí que para destacar su carácter codicioso. También diría yo que porque la comedia surge frecuentemente de la exageración. Pero, en cualquier caso, no pegan. No puedo estar viendo una escena de tensión máxima con dos samurais jugándose la vida en un duelo de lanzas e, inmediatamente, ver a dos bobos diciendo tonterías casi a lo Bud Spencer y Terence Hill. 

Los dos idiotas que ponen el contrapunto cómico.

       
      En cualquier caso, si no eres un estudiante de secundaria abducido por la basura de aventuras actual estilo Nicolas Cage, es una película más que recomendable para pasar un buen rato. No le pidas peras al olmo. Es una peli de aventuras, no una de Ken Loach. 

     P.D. Esta película inspiró a George Lucas para hacer La Guerra de las Galaxias. Y se nota un montón. En lo de llevar a una princesa perseguida a su casa y en lo del contrapunto de la pareja cómica. R2D2 y C3PO son un calco de los dos imbéciles de la foto de ahí arriba.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Podemos y el chantaje de los medios de comunicación.







     Hace unas semanas una encuesta del CIS situaba a Podemos como la primera fuerza política en intención de voto. Sin embargo, este Domingo El País publicó otra encuesta en la que Podemos pierde gran parte del apoyo ciudadano. Desgraciadamente tengo que decir que no me sorprende. No porque no crea en las propuestas de Podemos, sino porque se veía venir una estrategia de acoso y derribo por parte de los medios de comunicación. 
       Podemos es, evidentemente, un partido mediático. Dominan como nadie las redes sociales y Pablo Iglesias es un animal del plató. Empezaron a llevarlo a La Sexta un poco para que diese el toque pintoresco, el contrapunto izquierdoso de fachas redomados como Marhuenda o Inda. Al principio hacía gracia y nadie se lo tomaba en serio. Le permitieron difundir su discurso en la televisión porque pensaron que era un personaje folclórico, la voz
Pablo polemizando con Inda.
de una España comunista de otro tiempo. Y entonces Podemos dio la campanada en las elecciones europeas. Hubo miles de comentarios en las tertulias de radio y televisión desde la que los poderes fácticos nos instruyen a los ciudadanos en lo que tenemos que pensar. No pasaba nada, decían. Nadie se toma en serio las elecciones europeas. Son el modo de expresión del descontento, pero en unas elecciones generales, donde hay que escoger con responsabilidad, las aguas volverán a su cauce normal. Mirad, si no, el caso del Frente Nacional francés, que sube como la espuma en las europeas y se desinfla en las generales. Pero se equivocaron. Podemos no tiene nada que ver con el Frente Nacional. Y por eso siguió creciendo exponencialmente hasta hoy. 
          Hasta hoy. Porque, como señala la encuesta de El País, Podemos frena su avance. El País, en un ejercicio de demagogia asqueroso -porque ellos son los primeros que tienen mucho que perder con una hipotética victoria de Podemos- explica este frenazo por el desarrollo del programa de Podemos. Según ellos, hasta hace una semana la gente no sabía qué iba a hacer Podemos, En cuanto lo han hecho, el pueblo, atemorizado, huye de ellos. No se me ocurre una explicación más torticera. Podemos no pierde apoyos porque su programa no convenza. Todo lo contrario. Entre otras cosas, porque nadie se lee los programas de los partidos políticos. Que alguien me diga qué votante del PP se ha leído su programa. Podemos pierde apoyos porque el poder fáctico ha tomado conciencia de que son una fuerza a tener en cuenta y ha empezado un sistemático programa de acoso y derribo. 





            Empezaron diciendo que era un partido ingenuo, sin el más mínimo contacto con la realidad. Pero resulta que Podemos está formado por varios profesores universitarios y antiguas autoridades públicas de reconocido prestigio como Vincenç Navarro, Juan Torres o Carlos Jiménez Villarejo. Por ahí no había mucho que rascar. Entonces empezó la guerra sucia. Desde hace unas semanas se publica todo tipo de titulares que manchan el nombre de Podemos. Estos titulares disparan a todo, sin importar que sean verdad o no, ni a quien se ataca. Se publicó, entre otras cosas, que Errejón cobraba fraudulentamente una beca,  y que la novia de Pablo Iglesias le regaló un piso de protección oficial a su hermano y otro a su padre. Esto último es el colmo, porque la novia de Pablo Iglesias ni siquiera es de Podemos, pero lo importante es desacreditar, aunque para ello haya que atacar a la familia. Se trata de vituperar en todos los frentes y sin descanso. Como decía Goebbles, una mentira repetida muchas veces se acaba convirtiendo en una verdad. Y si el tribunal de turno les manda rectificar, no pasa nada. Se rectifica un titular que ha ocupado toda una portada con una breve nota de dos centímetros en la página veinte. 
           Sin embargo, sería injusto por mi parte afirmar que todos los medios están unidos y siguen la misma estrategia contra Podemos. Es innegable que Podemos es lo que es gracias, entre otros, a La Sexta. La relación entre esta cadena y Podemos es anterior al acoso del partido por parte de los medios. Los Sábados por la noche la cadena no tenía mucha audiencia. Como no sabía muy bien qué hacer, llenó esta horario con un programa de infoentrenimiento, en el que llevaba a unos personajes especialistas en polemizar sobre temas de actualidad política, pero sin profundizar demasiado. Al mismo invitado le daba igual opinar sobre educación, política penitenciaria o economía en un lapso de veinte minutos, aunque no tuviese mucha idea de ninguna. Lo que importa es hablar bien, no saber. En este espacio Pablo Iglesias se movía como nadie. Supongo que un poco por el creciente interés ciudadano por la política debido a la crisis económica, un poco porque Pablo Iglesias es un personaje con muchísimo carisma, y un poco porque la contraprogramación era el Sálvame de Telecinco, La Sexta aumentó muchísimo su audiencia. La relación entre el líder de Podemos y la cadena era simbiótica. El primero tenía un altavoz desde el que poder difundir su mensaje político, y la cadena sumaba cada vez más audiencia. Telecinco, que vio que le estaban comiendo el terreno, contraprogramó con otro programa de infoentretenimiento a la misma hora. Como Telecinco es la quintaesencia de lo chabacano, tenía en la mesa redonda a Ramoncín, rebautizado ahora como Ramón, pero eso es otro tema. El caso es que Podemos contaba con un espacio en los medios desde el que defenderse de las injurias. Y entonces llegó el gran
Ana Pastor entrevistando a Pablo Iglesias
en La Sexta Noche.
movimiento táctico del Gobierno. Amagó con volver a poner publicidad en la televisión pública. Lo disfrazó como si les preocupase ahorrarle dinero al contribuyente, ya demasiado ahogado con los incesantes recortes que ellos promueven, pero la verdad es bien distinta. Lo que se esconde bajo este movimiento es quitarle la voz a Podemos. Si la televisión pública introduce de nuevo publicidad, las cadenas privadas como Telecinco y La Sexta se verán obligadas a repartir los ingresos. Se calcula que los ingresos por publicidad bajarían en torno a un veinte por ciento. Esto sería el colapso total de estas cadenas, que no podrían hacer frente a los gastos. La quiebra sería inevitable. Fijaos hasta que punto esto es así, que sólo con el amago, las acciones de Mediaset y Atresmedia cayeron casi un cinco por ciento en un sólo día. Según denunció un directivo de Uteca, la asociación de cadenas privadas en abierto, el Gobierno les había chantajeado. O salía Podemos de las cadenas, o la quiebra. (Podéis leer la noticia en este enlace). No sé si será por esto, pero la entrevista que le hizo Ana Pastor a Pablo Iglesias en La Sexta Noche fue a degüello. Digo que no sé si será por esto porque Ana Pastor se entrevista más a sí misma que al entrevistado, pero me sorprendió que la semana siguiente, cuando tuvo delante a Toni Cantó, Diputado de UPyD, le hizo una entrevista bastante suavecita. Y lo mismo sospecho de Telecinco, que montó un lío porque, según ellos, Pablo Iglesias pretendía una entrevista con las preguntas cerradas y contestar desde la sede de Podemos. 


Tweet de Ana Pastor y la respuesta de Iglesias.
No sé por qué, pero no me creo ninguna de las dos.

          
        Resumiendo, que esto es un post y está quedando muy largo. Ojalá me equivoque, pero Podemos no se va a comer nada en las elecciones generales porque tiene en contra a todos los medios de comunicación que le van a hacer la guerra sucia en todos los frentes. 

          P.D. Parece que la estrategia de la televisión pública contra Podemos ha cambiado en la última semana. Unos cuantos periodistas entrevistaron a Pablo Iglesias con el cuchillo entre los dientes, aunque fuese relegado en el canal 24h. No opino sobre la entrevista porque no la he visto entera. Lo único que vi fue el momento en que el moderador le dijo a Iglesias que estaría contento porque los presos de ETA estaban saliendo de la cárcel. Sin comentarios.


Podemos en la encerrona de TVE.

           

sábado, 6 de diciembre de 2014

Jimmy y los medios de comunicación. Un par de apuntes más.




       Además de lo que dije el otro día a propósito del asesinato de Jimmy y del repugnante tratamiento del tema que están dando los medios de comunicación creo que debo añadir algunas cosas más:
        En primer lugar, es intolerable que la madre de Jimmy, a la que acaban de asesinar a un hijo, tenga permanente un batallón de reporteros delante de su casa y su tienda esperando a tomar imágenes suyas para que la nación entera vea la cara de la madre del hijo que ellos han convertido en un criminal apestado. Por si estos carroñeros del morbo no se han enterado, esa señora ha perdido a un hijo y su marido tiene alzeimer. ¿Es que esa gentuza ni siquiera puede respetar su dolor? ¿O es que quieren añadir al dolor de una madre el escarnio público? Y ya no hablo de la mujer y los hijos de Jimmy.

Bajo esta foto ponía "brutal agresión a un cámara que hacía su trabajo".
Evidentemente no está bien pegarle, pero hostigar a los miembros de una familia que ha perdido a un ser querido no es mucho mejor.

          En segundo lugar, quisiera decirles a todos aquellos que dicen que Jimmy se merecía ser asesinado por haber ido a una pelea pactada -insisto en que eso está por ver-, que tienen la doble moral del perro apaleado. Duros con los débiles, serviles con los amos. Anteayer nos enteramos del enésimo crimen de Rodrigo Rato. Sus tejemanejes en Bankia sirvieron para estafar a decenas de miles de personas en este país. Si alguno de esos estafados con las preferentes le pegase dos puñaladas y lo matase, nadie en su sano juicio aplaudiría el crimen y, desde luego, dudo mucho que en la prensa al servicio del capital oyésemos comentarios como que "se lo tenía merecido" o "si juegas con fuego, te quemas". Los delitos de Rodrigo Rato son bastante más graves que los que hubiese podido cometer Jimmy y, en caso de que sucediese una desgracia como que alguien lo matase, sería de un gusto asqueroso jalear al asesino. Porque no hay nada que justifique el asesinato. Repito: no  hay nada que justifique el asesinato. Y afirmar que Jimmy se lo merecía por ir a una pelea pactada es justificar el crimen.
        Esto de Rodrigo Rato me lleva a una tercera cuestión. Cuando asesinaron a Isabel Carrasco, el Gobierno se dio mucha prisa en sacar una ley para censurar cualquier comentario ofensivo que apareciese en internet. Ya en su momento dije que me parecía un atentado gravísimo a la libertad de expresión y que la excusa de que era para prevenir la incitación a la violencia era muy pobre (aquí). Sólo se trataba de proteger a los suyos, como lleva haciendo la casta política de este país mucho tiempo. Pues bien, el tiempo me ha dado la razón. En España hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. A todos los que vertieron comentarios de muy mal gusto sobre Isabel Carrasco en la red los acusaron de incitar a la violencia. De los infinitos comentarios despectivos sobre Jimmy, entre los que llegué a ver salvajadas como que "ahora las ratas nadan en el Manzanares", nadie ha dicho nada. Ni siquiera veo que esos medios de comunicación que tan prestos estuvieron en afear la conducta y pedir responsabilidades penales a los que insultaban a Isabel Carrasco, pedir lo mismo para Jimmy. Estos periodistas a sueldo del poder objetarán que Isabel Carrasco era una persona de bien y Jimmy un delincuente. Y yo les respondo que Isabel Carrasco era una persona de bien y Jimmy un yonki porque ellos construyen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. 
         Por último quisiera dar mi apoyo a la actitud de Lendoiro. No soy sospechoso de lendoirista ni mucho menos, pero es el único personaje del mundillo del fútbol que no se ha comportado como un fariseo. Mientras que el lamentable Tino Fernández ahora cierra la grada de maratón y Enrique Cerezo dice que no puede echar a los ultras sin la ayuda de la policía -a este señor le recuerdo que Laporta y Florentino Pérez lo hicieron jugándose el tipo-, Lendoiro fue consecuente. Siempre trató y mimó a los Riazor Blues. Ahora que han caído en desgracia, podría hacer como Tino Fernández y huir como de la peste de los que antes mimó. O podría hacer como Cerezo y Gil Marín y denigrar en público a los que ampara y tomar medidas que no son más que maquillaje y les permitirán seguir campando a sus anchas. Decir que echan al Frente Atlético de la asociación de peñas, pero que no pueden denegar el acceso al estadio a ningún hincha porque tienen carnet es de chiste. Pero Lendoiro no hizo eso. Fue leal y consecuente con su pasado. Fue al entierro de Jimmy. Y con esto no quiero decir que Lendoiro hiciese bien mimando a los Riazor Blues en su momento. Sólo digo que es el único que no es un hipócrita.
           Fin. Sé que este post no está muy bien redactado, pero no tengo tiempo. Me voy a tomar un vino.

Lendoiro en el entierro de Jimmy.

         

martes, 2 de diciembre de 2014

El asesinato de Jimmy y la vergüenza de los medios de comunciación.




        Yo no conocía a Jimmy. Lo había visto un par de veces por el barrio paseando tranquilamente con su mujer. No soy de Riazor Blues, Soy sólo un vecino de la Ciudad Vieja. No sé lo que pasó. Sólo sé que lo asesinaron. Lo apalearon y luego lo tiraron al río. Pero estoy tan indignado con el tratamiento que están dando los medios de comunicación a su asesinato que siento que tengo que decir algo. 
        En primer lugar, Jimmy era un ser humano. Y tenía familia y amigos. Ver en la prensa que lo pintan como un delincuente es repugnante. No creo que fuese un angelito, Tampoco lo soy yo. Pero aunque fuese una persona horrible, no han dedicado más tiempo a denigrar públicamente ni siquiera  al pederasta que mató a Mariluz. 
        Como digo, no creo que Jimmy fuese un angelito. Pero me indigna ver cómo nos dan lecciones de moral desde la atalaya de un periódico o una cadena de radio individuos que sabemos que están a sueldo de intereses económicos particulares y no dudan en censurar, manipular y tergiversar información para servir a esos intereses espúreos. Puestos a ponernos exquisitos, prefiero que me dé el palo con una navaja un tipo y me lleve veinte euros para la paja de heroína, a que un señor trajeado manipule y engañe para mantener un sistema que roba diariamente millones de euros a los ciudadanos. 
         Este doble juego moral del poder llegó al paroxismo con la declaraciones de Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional. Cuando le preguntaron por qué no había suspendido el partido, contestó que suspender el partido sería hacerle un homenaje a un ultra. Si hubiese sido un aficionado del Deportivo que iba tranquilamente, por supuesto que lo hubiese suspendido, pero por un delincuente que iba a la gresca... de ninguna manera. Sólo le faltó decir que la chusma y la canalla sólo son escoria. Pero esto no es lo más delirante. Lo más flipante es que cerró su argumentación con un "yo recé por él y por su familia" y lo repitió varias veces. Y yo pensé: "Joder, vaya católico que eres tú, porque, si no me equivoco, el cristianismo es caridad, perdón, no juzgues y no serás juzgado y todo eso". 
         Por supuesto, estoy totalmente convencido de que todo esto no es fruto de la casualidad. Criminalizando a Jimmy, diciendo que era un macarra que iba a una pelea concertada -lo que aún está por ver-, se iguala a la víctima y al agresor. Me alucina que la inmensa mayoría de las personas con las que he hablado su comentario fuese:
        "Se lo merecía, a dónde va con cuarenta y tres años a una pelea de ultras".
         o
        "Un tipo que va armado a pelearse no me da ninguna pena. Sólo lo siento por el hijo"
         Esto cuando no dicen directamente un "que se joda".
         Y ni una sola palabra de los asesinos. 
         Criminalizar es una forma de deshumanizar a la víctima. El razonamiento inconsciente es "Era un delincuente. Yo no soy un delincuente. Él se merecía morir. A mí no me va a pasar nada".
         Criminalizando a Jimmy se desvía la atención de hay por ahí sueltos unos tipos que cogieron a otro, le rompieron el bazo con una barra de hierro, le dieron golpes en la cabeza hasta que lo mataron, y luego lo tiraron al río en un supremo acto de desprecio. 
          Esta criminalización de la víctima se extiende a los Riazor Blues. No he ido nunca a la Curva ni creo que vaya en mi vida. No me gusta el rollo ultra y sinceramente creo que es un fenómeno que debe desaparecer ya de la sociedad. Todos los Blues no son ultras, pero hay bastantes ahí dentro. Por su culpa y la de otros grupos ultras yo no puedo ir con mi mujer a ver un partido del Dépor a Vigo, ni a Gijón, ni a Madrid, ni a un montón de sitios más. Pero me resulta curioso que los medios sólo hablen de lo malos que son ellos y no digan nada del Frente Atlético -si no os lo creéis, mirad las ediciones del ABC y del Mundo del Lunes y del Martes-. El Frente ya lleva dos muertos y nadie dice ni mu. Siguen riéndose de Aitor Zabaleta todos los domingos y ni un solo comentario al respecto en los medios. Sólo que los Blues son unos radicales horribles de ultraizquierda, unos antisistema terribles que van a acabar con España. Pues sí. Los Blues no son nada buenos, pero en este caso concreto ellos tienen un muerto y el Frente Atlético un asesino. Lo lógico, digo yo, es cargar contra los dos. Pero, si tengo que elegir sólo uno, lo normal sería a los criminales.
          Se me ocurren muchas razones para explicar esto. Todas son conjeturas y no puedo probar ninguna. Se me ocurre, por ejemplo, que el Atleti es de Madrid, como los medios. También se me ocurre que es una forma de desviar la atención sobre una dejación de funciones por parte de la policía lamentable. No me refiero al policía o al comisario de turno que estaba de guardia esa mañana. Me refiero a los altos cargos, muchos de ellos políticos, como Cristina Cifuentes, la que suena como futurible alcaldesa de Madrid, y que se pusieron de perfil. También se me ocurre que declarar el partido de alto riesgo supone movilizar a mil quinientos policías y eso cuesta pasta. También se me ocurre que les daba exactamente igual lo que pasase con los Blues y el Frente. Y también se me ocurre que los Blues se declaran nacionalistas de izquierdas, lo que no les mola nada a los medios de Madrid. 
          Y que no me digan que no sabían nada porque hasta lo sabía yo, que ni siquiera paso la semana en Coruña. Que los Blues están hermanados con los Biris y que los Biris y el Frente Atlético se pegan siempre que se ven lo sabe hasta un niño de diez años. Además, ahora el Delegado del Gobierno y el sindicato de policía dicen que sí avisaron a Madrid.

           Y no escribo más. Esto está redactado a vuelapluma porque no tengo tiempo. 
           Lo siento por Jimmy, su familia y sus amigos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Epicureísmo del siglo veintiuno IV: Geni.




Aunque conocí a Geni a las 12:43 p.m., su historia arranca un poco antes, a eso de las 9:30, en un hospital privado de esos que vive de los seguros de medicina contratados por la clase media gracias a que la sanidad pública reabsorbe aquellos tratamientos que no son rentables económicamente.
Estoy con mi mujer en una especie de pasillo enorme que hace las funciones de sala de espera. Esperamos nuestro turno para que se haga una analítica de sangre. Al fondo, tras una mesa barata pero aparente estilo IKEA, hay una enfermera pija que en otro tiempo debió estar apetecible. Cruzamos la mirada y ella levanta la mano y me saluda con una sonrisa afectuosa. Yo siento cierta desazón, no porque me caiga mal este tipo de enfermeras convencidas de que de tanto frecuentar médicos privados se les ha transferido algo del aura de estos soplapollas, sino porque me conoce. Es más, sabe mi nombre. Yo también levanto la mano y le sonrío. Una cosa es que esté lleno de prejuicios y resentimientos, y otra es que sea un maleducado. En los últimos dos meses me he pasado más tiempo en esa improvisada sala de espera que en el bar.
Poco después una enfermera con gafas bastante fea grita al nombre de mi mujer. Ella desaparece tras la puerta de los análisis clínicos. Ya estaba a punto de sentarme cuando hace su aparición el doctor C, un capullo cincuentón con todos los atributos del médico privado: reloj ostentoso, pluma Mont Blanc y una repugnante actitud de seguridad que me crispa los nervios. Yo trato de pasar desapercibido, pero ya es demasiado tarde. Él también me sonríe, pero, en lugar de ser la sonrisa de una cachondita venida a menos, es la de un capullo que está muy, pero que muy satisfecho con su vida de pequeño burgués.
-Holaaaaaaaaa.- me dice el triunfador de la sociedad postkeynesiana, al tiempo que me da una palmadita en el hombro.
Yo respondo con educación y me quedo jodido, no porque este individuo me caiga mal -que también-, sino porque soy consciente de que, si no hubiese visto mi cara día tras día en esa sala de espera, no me hubiese dedicado ni una mirada desdén.
Al fin, mi mujer reaparece apretándose un algodón empapado en alcohol contra el antebrazo.
-No me han hecho nada el año.- dice.
Esta es una afirmación harto sorprendente porque mi mujer está absolutamente convencida de que existe una confabulación mundial de practicantes contra ella.
El análisis de sangre no es la última prueba, así que bajamos un piso y cruzamos un pasillo hasta el departamento de rayos equis. La enfermera encargada de la burocracia administrativa también me saluda y pasamos a la sala de espera. Allí normalmente había un montón de revistas divertidas estilo Cuore, pero se ve que han hecho limpieza y me veo en la obligación de quedarme a solas con mis pensamientos –mi mujer guarda silencio sencillamente porque está harta de mí-.
Miro a la enfermera que hace de secretara ataviada con una bata blanca y unos zuecos de goma. La pobre chica parece atareadísima, contestando el teléfono, tomando datos de enfermos, llamando por turnos al agente de la sala de espera y, sobre todo, pasando las tarjetas del seguro médico por una maquinita bastante similar a las que usan los comercios para las tarjetas de crédito. Trato de calibrar el volumen de dinero que puede mover un hospital como aquel en un solo día y, por primera vez en mi vida, soy consciente del enorme negocio de la sanidad. Miles de millones de personas en el mundo, todas con sus inevitables achaques, siendo reabsorbidas por aquellos monstruos económicos. La conciencia de este hecho ahonda aún más en mi desasosiego porque mi dolor de ciática de pronto se ha convertido en una mercancía que venderle a lo poco que queda de los estados del bienestar.
Cinco minutos después es el turno de que mi mujer contribuya a la que, sin duda, en unos años será la industria más lucrativa del planeta. Me deja su abrigo y se marcha a que le hagan la ecografía.
Salimos del hospital a las 11:30, dos horas después de haber entrado. Lo hacemos a toda prisa, porque tengo cita con el fisioterapeuta a las doce.
Damos vueltas y más vueltas para aparcar, mientras pienso que la gran revolución del tercer milenio será causada por los problemas de tráfico. Al fin, hasta las pelotas de
La causa de la revolución del S. XXI
arrancar y parar, arrancar y parar y de cientos de esperanzas frustradas, mi mujer decide que me deja en la puerta de la consulta y que me recogerá una hora después.
En la clínica de rehabilitación el proceso es bastante similar al descrito en el hospital privado. Hay una enfermera atareadísima como otras cientos de millones en el planeta, tomando datos y pasando las tarjetas del seguro y moviendo miles de millones de euros desde los viejos estados del bienestar hacia corporativas de inversión privadas.
Me siento en una sala de espera decorada con muchos cuadros con los títulos de los empleados que trabajan allí. En un alarde de educación y de buenas maneras, sólo me tienen esperando 45 minutos. Aprovecho para observar que esta costumbre me tiene indignado. A fin de cuentas, yo pago y ellos cobran y son precisamente ellos los que han decidido convertir la sanidad en un negocio capitalista. Sé que cuesta pensar en otra alternativa, pero hasta hace relativamente poco la responsabilidad de la sanidad recaía en los estados, como la enseñanza y el ejército. Pero la veta de los mercados en la Europa del bienestar estaba saturada y las grandes corporaciones de inversión han decidido incorporar los servicios básicos a la rueda del consumo masivo. En cualquier caso, me jode tener que esperar. Imaginaos que voy al bar y tengo que esperar 45 minutos a que me sirvan una cerveza. Pero bueno, ya se sabe que en este mundo lo que significa no es vender, sino el producto que se vende. Y se ve que el conocimiento médico debe estar muy cotizado porque aquí todo dios espera tres cuartos de hora sin chistar y aún encima le damos las gracias al sujeto cuando tiene a bien dedicarnos cinco minutos -algo que, por otra parte, también sucede en las peluquerías de mujeres-.
Mientras espero observo la fauna que me rodea. Hay una señora muy vieja y muy emperifollada con una sirvienta sudamericana a su lado. La vieja está totalmente gagá. Le tiembla el labio inferior y tiene la mirada perdida. La sudamericana tiene una cara de aburrida que no puede con ella. Un poco más allá, casi en la puerta de salida, hay un tipo de unos treinta años vestido de rapero, con una gorra de béisbol, pantalones muy anchos y dedos llenos de anillos, que está leyendo una novela de fantasía épica. Entre la vieja y el rapero épico-fantástico hay un señor cincuentón absolutamente intrascendente.
Ya llevo veinte minutos allí cuando entra un enfermero muy moreno, con el pelo engominado y un brillante en la oreja. Trae una sonrisa de oreja a oreja que se acentúa aún más cuando se sienta al lado de la vieja. No me hace falta oír su voz afeminada para darme cuenta de que se trata de un invertido. El gesto al sentarse es más maricón que Luis Antonio de Villena y Boris Izaguirre juntos. Lo hace de lado, con las piernas muy juntitas, ligeramente flexionadas y las manos entre los muslos.
- ¿Cómo estamos hoy, María? ¿Crees que puedes bajar sola y dejar que Violeta tenga recreo? -le dice a la vieja con voz meliflua y, a continuación, nos recorre a todos con la mirada. Al llegar a mí, me guiña el ojo.
Yo me agarro muy fuerte a la silla y le pido a Dios que no sea él mi fisioterapeuta. No tengo nada en contra de los invertidos, pero no me apetece pasar las próximos dos semanas yendo todas las mañanas a que un mariconcillo de pelo engominado y brillante en la oreja me toquetee el culo –el síndrome del piramidal se localiza en la nalga-. Afortunadamente, como me enteraré más tarde, éste es el especialista en recuperación de pacientes la tercera edad. En cualquier caso, paso los veinticinco minutos que restan hasta que llega mi turno un poco preocupado, imaginando cómo será encerrarme en una salita de tres por dos, tumbado boca abajo, con el culo al aire, mientras ese chapero me recorre el cuerpo con las manos untadas en grasa deslizante.
Por fin llega una chiquilla de unos veinticinco años, pelo negro muy largo recogido en una coleta y un uniforme blanco de enfermera.
-¿Tú eres …? -me pregunta.
Yo asiento y la sigo a la sala de fisioterapia. Allí hay lo típico que hay en los sitios de este estilo: camillas, biciestáticas, máquinas de rehabilitación para viejos, etc. A la derecha hay
tres cabinas con puertas corredizas y camillas. No veo lo que hay dentro, pero supongo que estarán el mariconcillo con la vieja, el señor intrascendente y el rapero aficionado a los gnomos y los dragones.
Lo que se ve desde las cabinas

Mi enfermera me señala una cabina vacía y entramos. Allí, bien encerraditos, tienen lugar las presentaciones. Ella se llama Geni y va a ser mi fisioterapeuta. Yo le digo mi nombre -ya lo sabe- y le entrego el informe médico. Ella asiente mientras lo lee y, cuando termina, me dice que me quite los pantalones y me tumbe boca abajo en la camilla. Sin decir ni mu ni pedirme permiso, tira de mis calzoncillos hacia abajo hasta dejar las nalgas al aire, como dos dunas blanquecinas cubiertas de vello. Menos mal que el gay no ha resultado ser mi fisioterapeuta.
El tratamiento con Geni es bastante convencional, como el que le hacen a cualquiera que necesite rehabilitación: un masaje doloroso, una maquinita que da pequeñas descargas eléctricas, una bola mecánica con la que recorren la zona afectada embadurnada con una especie de vaselina y una bombilla roja que se supone que da calor. Esta última maquinita es bastante graciosa porque, si tenemos en cuenta que da una luz tenue roja y que estoy en una cabina privada con una chiquita y el culo al aire, la fisioterapia se parece bastante a un puticlub.
Lo que me llama la atención y es la razón de este e-mail es la cháchara de Geni. Apenas si me ha puesto el primer dedo en el culo, cuando me cuenta que es heavy –ahora me explico las uñas desconchadas con esmalte negro- y que vive con su pareja en la Avenida de Castelao. No están casados y él ahora está en el paro, como otros cinco millones de españoles. Ella estudió en Santiago y trabajó dos años en el hospital San Fernando y hace cinco años que decidió cambiar de aires y entró a trabajar en esta clínica. Ahora está un poco cansada y le gustaría volver a cambiar, pero el momento económico actual no es el mejor para ello. Es bastante amiga de una tal Sandra –otra de las fisioterapeutas que trabajan allí- y no se lleva nada bien con la secretaria. Al parecer, esa cincuentona es una veterana en la clínica y trata a las jóvenes fisioterapeutas como si fuesen subordinadas. Esta actitud no gusta nada a Geni, no porque le desagrade acatar órdenes, sino porque las órdenes con mucha frecuencia son inoperantes. A mí, todas estas confesiones me descolocan un poco. No sé muy bien qué decir. No sé si se espera que le cuente yo también mi vida o si simplemente le da al pico para no pensar que le está amasando el culo a un chico joven, con un torso envidiable, que la montaría mucho mejor que ese vago que pasa las horas tumbado en el sofá, viendo la tele y bebiendo Coca-Cola.
Decido corresponder con algo de mi vida, pero algo superficial, no lo suficientemente íntimo como para comprometerme. Le cuento que soy profesor y que estoy hasta las narices de los padres de mis alumnos. El tema deriva naturalmente hacia el sistema educativo, pero Geni lo lleva rápidamente hacia el plano personal. Me cuenta una serie de anécdotas de cuando era estudiante y que por culpa de una profesora sustituta de Gallego le bajó la media de selectividad. Luego, cuando le comento que tomo unas pastillas para la ciática que hacen que el alcohol me suba a tope, me habla de una amiga que se enrolló con cinco tíos en un concierto de heavy una vez que mezcló antibióticos con vodka.
Media hora después me deja solo con la bombilla roja sobre mi culo en pompa pensando que tal vez sí que quiera darle una alegría a ese chochito que el heavy holgazán tiene abandonado. Pero no es nada de eso. Yo sé que os hubiese encantado que aquí enlazase mi narración con una historia puerca con una heavy cachondona. Lo siento, L. Esa fantasía vulgar, típica de cualquier peli porno con argumento poco imaginativo no tuvo lugar. Para empezar, porque Geni es obstinadamente fea y yo le soy obstinadamente fiel a mi mujer. Y además, ella tampoco hizo nada porque se cumpliese. Se limitó a dejarme allí durante diez minutos, luego me quitó la grasa deslizante de la espalda y las nalgas con un poco de papel de cocina y me dijo que era libre.
Toda esta cháchara íntima y personal de Geni es la actitud que tiene todo Dios en esa consulta. A lo largo de estos tres días, mientras me quedaba solo con la bombilla roja, he podido escuchar un montón de conversaciones. El tipo intrascendente es un oculista que tiene la consulta por los alrededores. Tiene un problema en el talón y es un apasionado de la pesca de río. Su fisioterapeuta es Sandra –la amiga de Geni-, que no sabe si operarse de la vista y ella y el oculista intrascendente se pasan horas contándose anécdotas de tropiezos que han tenido por no llevar gafas y los traumas horribles que pasaron por ser niños feos con gafas. El maricón de pelo engominado y el brillantito -Jose- trata a pacientes con Alzheimer. Ha puesto una foto de su sobrinitos en la pared del salón de rehabilitación y no quiere tener pareja estable porque le gusta picar de flor en flor -la expresión es literal-. Jose y su amaneramiento exagerado sirven un poco de mascota para enfermos y pacientes. Se pasa el día haciendo chistes idiotas y riéndose con carcajadas estridentes. Podríais pensar que es un pelma, pero, al parecer, su amaneramiento empalagoso encaja muy bien con ancianos enfermos carentes de cariño. Además es un tipo bastante agradable y creo que es el que mejor me cae de toda la clínica. El rapero aficionado a la fantasía épica se llama Julián y es de Bembreive. Trabaja en algo relacionado con la construcción y comparado con él, el oculista intrascendente es el hombre-juerga. Este pelma se pasa la vida hablando de grupos de rap nacional. Elisa, la fisio que lo trata, le aguanta todo el rollo fingiendo interés, pero a mí no me extrañaría nada que el rapero muriese empalado cuando la nariz de Elisa crezca como la de Pinocho.
Podría seguir así, contándoos la vida de todos los personajes que deambulan por esa clínica. No os aburro que esto ya es bastante largo. Basta decir que aquello es el reino del buen rollo y de la gominola. Todos nos queremos, somos chachis y no me extrañaría nada que, al final de nuestra rehabilitación, nos fuésemos todos juntos de cena para celebrarlo. Jose me saluda y me pregunta por mi mujer y Geni y todo cuanto perro y gato hay por ahí se cuentan su vida y todos van a ir al juicio que tiene un tal Pablo, que fue paciente allí, contra el desalmado que lo atropelló.
Ahora os preguntaréis por qué os cuento todo este rollo. Pues es bien fácil. En el mundo global, los grandes espacios públicos se han ido despersonalizado. Aeropuertos, centros comerciales, hospitales y edificios del estado han perdido cualquier seña de identidad y los individuos que ocasionalmente son conducidos por sus vidas hacia esos lugares ven cómo sus identidades son sacrificadas por las enormes burocracias administrativas públicas y privadas. Surge así lo que Marc Augé ha llamado los “no-lugares”. Sin embargo, las personas somos individuos y nos resistimos a perder esa individualidad. Por eso surgen movimientos de reapropiación de los espacios despersonalizadores. Geni, Jose, Sandra y todos sus amiguitos de fisioterapia son el ejemplo de esta tendencia re-personalizadora. Contándonos la vida tenemos un trato personal o, lo que es lo mismo, de personas. Esto no es nada nuevo y supongo que cualquiera de vosotros habrá observado fenómenos como éste, desde llenar de fotos de recién nacidos las secciones de maternidad de los hospitales a la reapropiación por parte de las clases altas de las zonas viejas de las ciudades. Lo curioso es que esta clínica de fisioterapia es una entidad privada. Y esto me ha hecho pensar en los anuncios de seguros como Maphre o DKV, donde se insiste mucho en el trato personal y humano. Los seguros privados venden como parte de su producto este trato humano. Son precisamente los artífices del capitalismo global y deshumanizado los que, al mismo tiempo, se apropian del discurso humanizador.
Y con esto no quiero decir que Geni y sus colegas sean culpables. Ellas sólo se hacen eco de cierta idea que los mecanismos de las corporativas financieras han puesto en circulación.

Imagen de propaganda de DKV seguros con la que se trata de transmitir una imagen de confianza y cercanía.




P. D. Acabo de releer esto que he escrito y creo que los comentarios sobre Jose pueden resultar homófobos, así que me gustaría dejar bien claro que la homosexualidad me da exactamente igual. Cada cual es muy libre de tirarse lo que sea. Ni es asunto mío, ni me interesa. Por mí pueden casarse y adoptar hijos y estoy totalmente convencido de que muchos de ellos serán mucho mejores padres que esos que se manifestaban en la plaza de Colón con banderitas de España en contra del matrimonio homosexual y a favor de su idea de familia.

Señores muy preocupados por la decadencia moral de Occidente. Su líder los arenga.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Edgar Lawrence Doctorow: La Gran Marcha



        No es la mejor novela del mundo. A veces me cuesta creerme a los personajes, sobre todo a al doctor Sartorius, ese médico alemán para el que la guerra no es más que una oportunidad para estudiar el cuerpo humano; Sherman es demasiado bueno y humano para ser un general; y el niño negro espabilado y enternecedor a partes iguales es sólo una caricatura. Es una novela de guerra y, sin embargo, se lee desde la distancia, sin implicarse emocionalmente en los hechos. Un poco lo que le pasa a Eduardo Mendoza. Narra bien, es divertido, pero no consigue que te impliques con el personaje. No sé si la metáfora es válida, pero es como si se tratase de dibujos animados y no de una película. 
        Sin embargo, os la recomiendo a todos por varias razones:
     a) No creo que Doctorow se preocupase por trazar unos personajes verosímiles y redondos. Kayser distinguía tres tipos de novela, dependiendo de dónde se centrase el interés de la narración: novelas de personaje, novelas de ambiente y novelas de acción. Las novelas de acción ya sabemos lo que son, con un ritmo trepidante y muchas peripecias. No me interesan nada. Las de personaje son las que más me gustan, porque demuestran el conocimiento del alma humana y uno tiene la sensación de conocer a esos personajes con los que has convivido la semana, los diez días o el tiempo que tardases en leer la obra. Las novelas de ambiente son las que recrean un mundo, una situación. A veces son maravillosas, como Zola, a veces un rollo de carallo. En La Gran Marcha Doctorow recrea el ambiente de las tropas unionistas en el último año de la Guerra de Secesión norteamericana, y lo hace francamente bien. Traza un mundo coral, en el que están representados todos los implicados en la guerra -los negros, los soldados, los terratenientes sudistas, los jóvenes del norte... y hasta una mulata hija de un hacendado y una esclava-. y lo cierto es que uno tiene por momentos la sensación de que ha entrado en un universo propio, y eso no es poco. Es una novela personal.
       b) Doctorow conoce el oficio, y eso es de agradecer, porque se lee muy bien. Domina los tiempos, a veces rápidos, a veces lentos, y te va llevando sin estridencias y siempre tienes ganas de leer un poco más. 
         c) Lo mejor de todo, donde brilla como el gran escritor que es, es en lo que se refiere a la moral de los esclavos. Los hay de todo tipo. Los que, acostumbrados a obedecer, no saben qué hacer con la libertad y se limitan a seguir al ejército; los que se rebelan, como Pearl; y los que tienen interiorizada la moral de esclavo. Sobre estos últimos hay una escena colosal, para mí la mejor del libro, en la que unos solados unionistas llegan a una plantación y el terrateniente los está esperando. Los soldados de la Unión liberan a los negros, pero el hacendado da un discurso insultando a los negros, diciéndoles que son idiotas y que no sabrán qué hacer sin él. Y muchos de esos hombres y mujeres, con las cicatrices del látigo, vestidos con harapos y medio muertos de hambre y de frío, se quedan al lado de su amo porque son como perros apaleados. El sistema esclavista era tan brutal que aniquilaba la voluntad humana hasta hacerte interiorizar que tu naturaleza era inferior. En este sentido, me recordó a grandes obras que navegan por mares semejantes, como Soljenitsin o el final de 1984
          d) Y el último gesto de Pearl, que no lo voy a contar para no joderos el final.
         Supongo que podría dar otras muchas razones, pero estas son las que se me ocurren ahora. Si me vienen más, ya reescribiré el post.

Paolo Bacigalupi: La chica mecánica



     Es ciencia ficción, lo que supongo que ya echará para atrás a más de un lector, sobre todo a aquellos que buscan en la literatura un alto placer intelectual y que están convencidos de que tal aspiración no puede ser colmada en un subgénero pulp. Para ese tipo de lector, está claro que esta no es su novela. 
      Pero a mí me gusta la ciencia ficción. 
      $Suele gustarme más en cine que en literatura por dos razones:
       a) Los escritores de ciencia ficción, en general, tienen grandes ideas, pero no son grandes escritores. Les falta el oficio, de modo que esas ideas geniales las resuelven mal. El ahora reivindicado Philip K. Dick es un ejemplo de ello. 
         b) Funcionan mejor en cine  porque la ciencia ficción ha de crear un mundo propio. Esto requiere inevitablemente hacer descripciones, lo que retarda mucho la acción. En cine, esto no pasa porque es inmediato. Con una imagen ya te haces a la idea de qué tienes delante.
         A Paolo Bacigalupi no le pasan ninguna de estas dos cosas. La novela va como un tiro -a pesar de ser una obra coral- y resuelve razonadamente bien el conflicto planteado.
         Además, tiene lo que yo le pido a la ciencia ficción:
          La ciencia ficción tiene que partir del mundo en el que vivimos ahora, fijarse en algunos detalles, imaginar qué pasaría si... y contar una historia. Pero esa historia no tiene que ser sólo batallitas. Si el autor hace eso, no pasa de ser un género de entretenimiento vacío. Pero los autores pueden ir más allá y utilizar la ciencia ficción para reflexionar sobre nuestro mundo y plantearnos dilemas éticos. En La chica mecánica, Bacigalupi lo hace todo. Nos sitúa en Tailandia en el siglo XXII. La experimentación con transgénicos, ya sean de orden vegetal, ya de orden natural, ha acabado prácticamente con toda especie no modificada en el Planeta -si exceptuamos a los seres humanos-. Ya no hay naranjas ni gatos. Además, se acaba el petróleo, y la obtención de calorías es un desafío constante. Las empresas de transgénicos dominan el mundo. Tienen un ejército propio por encima de los Estados -de los pocos que quedan-, a los que obligan a comprar sus semillas estérilizadas, que sólo valen para una siembra. Contra este capitalismo salvaje postapocalíptico, surgen movimientos religiosos que tratan de cerrar las fronteras del país y mantener a la población al margen de las nuevas pandemias -también fruto de modificación genética- que aniquilan a la población. Pero lo hacen como todos los movimientos fundamentalistas religiiosos: con una violencia desaforada que les granjea muchos enemigos. Y por encima de todo esto hay seres humanos hechos en tubos de ensayo, a los que programaron genéticamente para determinados oficios. La chica mecánica, la protagonista, es una esclava sexual a la que violan repetidamente en una sucesión de escenas directamente sacadas del hentai japonés. Pero ella siente y trata de rebelarse contra su condición de ser sumiso. ¿Es un ser humano? ¿Es el destino de los seres humanos ser sustituidos por estos nuevos seres mejor dotados genéticamente? Y no cuento nada más, porque creo que, para trazar el paralelismo con nuestro mundo de hoy en día, basta. Pero antes de terminar tengo que dejar algo claro. No sólo va de transgénicos. También va de un capitalismo sin reglas que domina e invade países, que programa semillas estériles para asegurarse el mercado de los campesinos año tras año, aunque ello suponga la muerte de millones de personas, de un capitalismo que ha llegado a un extremo tal que muchos han olvidado lo que significa ser humano.

     P.D. Evidentemente esto no es Guerra y Paz. Pero se la recomiendo a los pervertidos amantes del género como yo, No he leído muchas novelas de ciencia ficción mejores que esta.