lunes, 12 de febrero de 2024

Sigmund Freud: El malestar en la cultura.

 

 

 

   

- El bebé nace con la indistinción entre el yo y lo exterior (el objeto).

- Las primeras experiencias (no puede acceder siempre al seno de la madre, por ejemplo) le hacen ser consciente de esa diferencia.

- El principio de placer es la natural búsqueda de todo aquello que nos provoca placer y evitar aquello que nos provoca dolor.

- El principio de placer se ve truncado por la realidad exterior en la infancia.

- Entonces experimentamos y conocemos el dolor.

- El principio de realidad es controlar la satisfacción inmediata de las pulsiones. Buscar caminos alternativos que sabemos que pueden ser mejores que la solución inmediata.

- Hay tres fuentes de infelicidad en los seres humanos:

a) la superioridad de la naturaleza. No podemos hacer lo que nos da la gana por encima de nuestras limitaciones naturales y las leyes de la naturaleza.

b) La finitud de nuestro cuerpo.

c) las relaciones insatisfactorias con la familia, la sociedad y el estado.

- La infelicidad surge del conflicto entre las pulsiones que habitan en el yo y la realidad.

- El ser humano se sirve de varios caminos de acuerdo con el principio de realidad para evitar esta infelicidad:

a) inhibir las pulsiones. Reprimirlas. El problema es que en el insconsciente las cosas no desaparecen simplemente. Muchas veces estas represiones mal reprimidas o mal encauzadas salen en forma de enfermedades mentales, como la neurosis, ansiedad, etc.

b) la sublimación. Desplazamos una pulsión que nos resulta insoportable hacia otras realidades que nos resulten personalmente o socialmente aceptables.

c) el amor. Esa ruptura que experimenta el niño entre el yo y el objeto se puede superar en la experiencia amorosa, especialmente la sexual. En el objeto amado encontramos la plenitud. Pero el amor con frecuencia es más fuente de dolor que de placer.

- La felicidad plena es imposible alcanzarla. La vida son pequeños momentos de felicidad. Pero Freud deja muy claro que, aunque no se pueda llegar a la felicidad absoluta, no debe dejar de buscarse.

- La felicidad depende del equilibrio entre las pulsiones y cómo las encaucemos, es decir, de la relación entre el principio de placer y el principio de realidad.

- Dependiendo de la persona cada uno encuentra la relación satisfactoria entre estos dos principios a su manera.

- Una persona con pulsiones sexuales muy fuertes, tenderá a buscar la felicidad en el amor y en la relación con las demás personas.

- Una persona de acción, tenderá a buscarla en la actividad social y haciendo cosas.

- Una persona con tendencia al narcisismo tenderá a buscarla en la soledad y actividades de su propio mundo interior.

- No conviene poner todos los huevos en la misma cesta. Debemos darle más importancia a unas cosas que a otras dependiendo de nuestra personalidad, pero no limitarnos a una.

- La religión es una forma de sublimación, del padre omnipotente entre otras cosas.

- La religión es un delirio colectivo porque no da respuesta a los grandes problemas de las personas: el dolor en este mundo y la necesidad de trascendencia.

- La religión intimida a la inteligencia, trata a las personas como niños pequeños al darle respuestas infantiles y, sobre todo, no funciona porque da la misma receta para la felicidad para todo el mundo. Lo mejor que podemos sacar de ella es el consuelo para sobrellevar el dolor en este mundo.

- La cultura para Freud es todo aquello aprendido que nos diferencia de los animales. Es aquello que sirve para superar las amenazas de la Naturaleza y para relacionarnos entre nosotros.

- A comienzos del siglo XX Freud veía a una sociedad desencantada con la cultura. En general, los ciudadanos europeos del siglo XXI no sentían que la cultura resolviera aquello que acabo de señalar.

- El desarrollo científico técnico nos ha permitido dominar la Naturaleza y poder hacer todo aquello que anhelábamos en el pasado. Sin embargo, no nos ha hecho más felices, porque el dominio de la Naturaleza no es la fuente de la felicidad humana.

- Los primeros actos culturales son la conquista del fuego, la escritura, construir herramientas y máquinas. Hace un análisis de todos los logros de la ciencia y lo que nos permite hacer. Todos ellos deseos fabulosos para el hombre primitivo.

- El hombre primitivo creaba dioses omnipotentes y omnisapientes atribuyéndoles la capacidad de hacer todo aquello que les estaba vedado. Podemos, por tanto, considerar a estos dioses ideales de la cultura. Ahora que la cultura está cerca de alcanzar este ideal, el hombre también está cerca de convertirse en un dios. Y además sabemos que la ciencia seguirá progresando y podremos hacer aún más cosas increíbles. Pero el hombre actual no se siente feliz actuando como un dios.

- Freud analiza todo lo que esperamos de la cultura:

- Exigimos a la cultura que respete la belleza en la naturaleza y cree cosas bellas nuevas.

- También le exigimos limpieza y orden.

- También sistemas filosóficos y religiosos.

- Y regular las relaciones sociales. Que no sea la ley del más fuerte. La sustitución de poderío individual por el del grupo es el paso decisivo hacia la cultura. Los miembros de la comunidad restringen sus posibilidades de satisfacción mientras que el individuo aislado no reconocía esas restricciones. Así, el primer requisito de la cultura es la justicia (el derecho). Luego, con la evolución, el derecho deja de representar los intereses de un grupo pequeño (casta, clase social, etc.) para representar a los de toda la comunidad. La libertad individual era total para el individuo antes de la cultura, pero esto realmente no importaba porque no podía ejercerla. Con la cultura, el individuo restringe esa libertad individual. La cultura debe encontrar el equilibrio entre los intereses del individuo y los de la comunidad.

- La cultura impone restricciones a los instintos.

- La sublimación de los instintos se hace gracias a la cultura. Por eso el arte y la ciencia juega un papel tan importante en las culturas.

- La función de la familia es satisfacer el interés genital. Pero implica restricciones. El padre tenía voluntad y poder ilimitados. Los hijos, al triunfar sobre el padre, se dan cuenta de los beneficios de la asociación. Pero la asociación implica restricciones. Los preceptos del tabú constituyeron así la primera ley, el primer derecho. 

  - Dice Freud:

 La vida de los hombres en común adquirió, pues, doble fundamento: por un lado, la obligación del trabajo impuesta por las necesidades exteriores; por el otro, el poderío del amor, que impedía al hombre prescindir de su objeto sexual, la mujer, y a ésta, de esa parte separada de su seno que es el hijo. De tal manera, Eros y Ananké (amor y necesidad) se convirtieron en los padres de la cultura humana, cuyo primer resultado fue el de facilitar la vida en común a mayor número de seres.

- Se detiene en el amor como fundamento de nuestra cultura.

- El amor puede ser fuente de sufrimiento, por eso muchos sabios dicen que lo evitemos.

- Pero mucha gente busca la felicidad a través de él. Mas para ello debe someter la función erótica a vastas e imprescindibles modificaciones psíquicas. El niño experimentaba el placer de ser amado. Pero el objeto que nos amaba nos puede provocar dolor, así que los que buscan la felicidad en el amor desplazan este placer a la experiencia de ser ellos los que aman y no aman un objeto concreto, sino a todo el mundo (San Francisco de Asís fue el que fue más lejos).

- Para Freud esto no vale porque un amor que no discrimina pierde su valor y no todos los seres humanos merecen ser amados.

- La familia trata de dar respuesta a la pulsión sexual, bien directamente con el sexo con la esposa, bien transformando esa pulsión en cariño.

- Para Freud el amor en el origen es siempre de fin sexual. El cariño entre hermanos, padres e hijos es amor coartado en su fin. Fin inhibido.

- Las amistades son otra manifestación de este amor de fin inhibido. Son muy útiles en sociedad. Entre otras cosas porque no es exclusivo.

- Freud ve un divorcio entre amor y cultura. Comienza por manifestarse como un conflicto entre la familia y la comunidad social más amplia a la cual pertenece el individuo. Dice al respecto: 

  Ya hemos entrevisto que una de las principales finalidades de la cultura persigue la aglutinación de los hombres en grandes unidades (para domeñar la naturaleza); pero la familia no está dispuesta a renunciar al individuo. Cuanto más íntimos sean los vínculos entre los miembros de la familia, tanto mayor será muchas veces su inclinación a aislarse de los demás, tanto más difícil les resultará ingresar en las esferas sociales más vastas.

- El vínculo individual que hay en la familia es el más fuerte y más primitivo, por eso desvincularse de ella en la adolescencia es tan difícil y muchas culturas tienen que hacer ritos de paso para ayudar.

- Ahora viene el problema de la mujer: el hombre no tiene una líbido ilimitada. Tiene que retirar parte de la que dedicaría al sexo con su mujer para relacionarse con otros hombres y ganarse el sustento. Le dedica menos tiempo a sus labores como esposo y padre. Esto a la mujer que no le gusta y reacciona contra la cultura.

- Como no podemos dedicar toda nuestra líbido al sexo con la mujer, empiezan las restricciones y las prohibiciones. Iguales para todo el mundo: solo queda monogamia, amor heterosexual y genital y como reproducción.

- Más sacrificios que impone la cultura: lo de amarás al prójimo como a ti mismo (que es anterior al catolicismo). No le convence porque al otro no merece mi amor, son muchos, no obtengo beneficio, los extraños no me muestran respeto así que debería odiarlos…

- Y otro peor: amarás a tus enemigos. Aunque este en el fondo dice lo mismo que el primero.

- El hombre no es bueno y fantástico. También es agresivo, malo, interesado… Esto perturba nuestra relación con nuestros semejantes y para eso la cultura tiene que esforzarse para mantener la cohesión. Pone barreras a las tensiones agresivas del hombre.

- Las peleas con las comunidades vecinas, son una forma de dar salida a las tendencias agresivas naturales y mantener la cohesión dentro de la comunidad propia.

- Freud cree que podemos ir mejorando poco a poco nuestra cultura para ir dando respuesta al equilibrio líbido-represión, pero hay contradicciones que son irresolubles.

- A continuación habla de la existencia de un instinto de muerte que busca destruir los objetos. La agresión es el principal representante del instinto de muerte. Se opone a eros, la líbido. Este es el mayor obstáculo con el que se encuentra la cultura. Encontrar una solución a la lucha de estos dos titanes: Eros y Thanatos.

- Primero renunciamos al instinto de muerte por miedo a la autoridad. A ser castigados.

- Luego, la agresión es internalizada, dirigida hacia el propio yo, en forma de conciencia. El súperyo se lanza contra el yo. La cultura hace que nos autovigilemos y utiliza el sentimiento de culpa que es una suerte de necesidad de castigo.

- El sentimiento de culpa surge del miedo a la pérdida del amor del prójimo de quien depende. El hombre depende del prójimo para su subsistencia y además el prójimo podría castigarle. Así, lo malo es aquello con lo que podríamos perder su amor y se debe evitar cometerlo. La autoridad de los otros es interiorizada en el superyo. Como al superyo no le podemos ocultar siquiera los pensamientos, da igual que llevemos a cabo la acción mala o que solo la deseemos. El sentimiento de culpa surge igual. Esto es un problema, porque nos sentimos mal aún cuando renunciamos a nuestros instintos. Nos sentimos mal sólo con que existan.

- La renuncia a los instintos que nos ha sido impuesta desde fuera crea la conciencia moral.

- El sentimiento de culpa, así las cosas, es inevitable.

- Cita que resume la idea del final del libro: 

  la participación del amor en la génesis de la consciencia y el carácter fatalmente inevitable del sentimiento de culpabilidad. Efectivamente, no es decisivo si hemos matado al padre o si nos abstuvimos del hecho: en ambos casos nos sentiremos por fuerza culpables, dado que este sentimiento de culpabilidad es la expresión del conflicto de ambivalencia, de la eterna lucha entre el Eros y el instinto de destrucción o de muerte. Este conflicto se exacerba en cuanto al hombre se le impone la tarea de vivir en comunidad; mientras esta comunidad sólo adopte la forma de familia, aquél se manifestará en el complejo de Edipo, instituyendo la consciencia y engendrando el primer sentimiento de culpabilidad. Cuando se intenta ampliar dicha comunidad, el mismo conflicto persiste en formas que dependen del pasado, reforzándose y exaltando aún más el sentimiento de culpabilidad. Dado que la cultura obedece a una pulsión erótica interior que la obliga a unir a los hombres en una masa íntimamente amalgamada, sólo puede alcanzar este objetivo mediante la constante y progresiva acentuación del sentimiento de culpabilidad. El proceso que comenzó en relación con el padre concluye en relación con la masa. Si la cultura es la vía ineludible que lleva de la familia a la humanidad entonces, a consecuencia del innato conflicto de ambivalencia, a causa de la eterna querella entre la tendencia de amor y la de muerte, la cultura está ligada indisolublemente con una exaltación del sentimiento de culpabilidad, que quizá llegue a alcanzar un grado difícilmente soportable para el individuo. “

- Hay un súper-yo cultural, que es la ética común, desde donde se lanzan las restricciones y prohibiciones a los miembros de la sociedad. Este súper-yo tiene como función principal que los hombres no se aniquilen unos a otros. Por eso insiste tanto en el precepto de amarás al prójimo como a ti mismo. Pero parece olvidarse de la felicidad del individuo, de las pulsiones del ello.

- La fuerza de este súper-yo cultural es enorme, porque puede hacernos sentir muy mal tanto si la rechazamos como si no.

- La ética natural (es decir, la social) no sirve de nada porque no nos hace felices. Sólo sirve para que nos sintamos mejores que los demás.


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