viernes, 23 de febrero de 2024

Lutero


Martín Lutero: su vida, su obra, su tiempo (I): Apunte biográfico sobre  Lutero y primeros pasos de la Reforma | Fundación Juan March

 

 

 

 

 

 

 

 

 La ética de Lutero se centra en la idea de que la única norma moral verdadera son los mandamientos divinos, los cuales se consideran como preceptos de Dios sin más justificación que su origen divino. Nuestros deseos están inherentemente corrompidos por el pecado, lo que genera un conflicto natural entre lo que queremos y lo que Dios ordena. Lutero argumenta que la razón y la voluntad humanas están esclavizadas por el pecado y solo pueden actuar contra ellas mismas y sus deseos pecaminosos por medio de la gracia divina. Así, se sostiene que ninguna acción realizada por el hombre es intrínsecamente buena, ya que todas derivan de deseos pecaminosos. Esto contrasta profundamente con el enfoque aristotélico, que Lutero critica duramente por considerarlo desviado. Según Lutero, la verdadera transformación del individuo es interna, centrándose en el estado delante de Dios como un pecador absuelto. Aunque reconoce la existencia de mandamientos divinos y prohibiciones, Lutero enfatiza que lo importante es la fe que motiva al agente, más que la acción en sí misma. Sin embargo, prohíbe ciertas acciones, como los intentos de cambiar la estructura social existente, y apoya la autoridad secular absoluta, como se evidencia en su condena de la insurrección campesina. Lutero enseña que la libertad consiste principalmente en predicar el Evangelio, y no en cuestionar las autoridades seculares. Su doctrina del pecado y de la justificación facilita la entrega del mundo secular a sus propios dispositivos, ya que sostiene que, gracias a Cristo, los creyentes son pecadores y justificados simultáneamente, lo que hace que la distinción entre acciones buenas y malas pierda relevancia.

 

 

 

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