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viernes, 22 de mayo de 2015

Manipulación del lenguaje político




      La gente no es gilipollas. Ya sé que todos alguna vez hemos dicho, al ver algo que no nos gustaba o no comprendíamos, que la gente es gilipollas. Pero realmente no lo es. Así, en general, nadie busca su propio perjuicio. Si cogemos a diez personas, sean las que sean, y les decimos: "Oíd, ahí hay un botón que, si lo aprietas, te cortan una oreja".Nadie va y aprieta el botón porque no son gilipollas. Sin embargo, muchos somos los que no preguntamos cómo es posible que, con lo que está pasando en este país, no arda la calle -que quede claro que "arda la calle" es una expresión metafórica e hiperbólica; no quiero que los revoltosos quemen los bancos ni nada de eso, no vaya a ser que me apliquen el mismo rasero que a César Strawberry y acabe en el calabozo por enaltecimiento del terrorismo-. Como decía, hay mucha gente que no entiende que la población española asista con pasividad a lo que está pasando. Y no sólo eso. Parece que, aunque pierdan las mayoría absoluta, el Partido Popular va a seguir siendo la fuerza más votada en las elecciones del domingo. 
      Hay muchas razones para explicar este fenómeno. Loïc Wacquant habla del nuevo estado penal, David Garland de la cultura del control, yo hablé en otro momento de la democracia de masas, del chantaje de los medios de comunicación, etc... Todas razones por las cuales el sistema se perpetúa y nadie hace nada. Este post es para hablar de otra estrategia del poder: la manipulación del lenguaje político.
     Es evidente que existe una relación directa entre lenguaje y pensamiento. Si una persona carece de una palabra para un concepto, difícilmente podrá ser consciente de él. Si fuésemos esclavos y no existiese la palabra libertad, nadie pensaría que podría haber otra vida alternativa. George Orwell se dio cuenta de este fenómeno en 1984. En esta novela, una de las estrategias del Gran Hermano para perpetuarse en el poder era mantener a la población satisfecha. La represión brutal funciona como modo de perpetuación, pero sólo a corto plazo. A la larga, si la mayoría de la población vive descontenta, surgirán movimientos de resistencia que, al gozar del apoyo de la gente, acabarán por derrocar al poder. Es mucho más útil que los gobernados sientan que el sistema es el mejor de los sistemas posibles, y así ningún movimiento de resistencia gozará de acogida. Con tal objetivo, El Gran Hermano había diseñado un departamento de neo-lengua, cuya función era eliminar todas las palabras desagradables del idioma y sustituirlas, o bien por eufemismos, o bien por su antónimo con el adverbio negativo "no" delante. Así, "mal" se convertía en "no-bien" y los ciudadanos poco a poco iban perdiendo las palabras para concebir el desencanto y acababan convencidos de que aquel sistema de pesadiilla era el mejor posible.
       Orwell era un visionario en muchos aspectos y aquí la clavó. Escuchar las noticias en estos momentos es un auténtico ejercicio de neolengua. Nuestros políticos y su brazo armado -los tertulianos- han conseguido borrar del lenguaje cualquier rastro de realidad negativa. Han sustituido estos conceptos por términos cargados con connotaciones positivas y así los ciudadanos percibimos como buenas todas esas medidas que atentan directamente contra nuestros derechos. Os pongo algunos ejemplos:
     a) Recortes. Hay recortes para todo. Recortes salariales, recortes en las prestaciones sociales, recortes de plantilla, etc... En la primera acepción de la RAE se define recortar como "cortar o cercenar lo que sobra de algo". Ojo: "lo que sobra de algo". Todos estaréis conmigo en que lo que sobra hay que eliminarlo y eso es bueno. Luego las bajadas de sueldo, la supresión de derechos sociales como la sanidad o la educación, etc... es percibido como algo positivo. Y así llegamos a afirmaciones tales como que "es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades", "es que aquí ha habido mucho despilfarro", etc... Yo no sé vosotros, pero a mí no me tienen que recortar el sueldo ni me tienen que cerrar una planta de un hospital de la Seguridad Social, porque eso no sobraba.
    b) Crecimiento negativo. Un clásico de Luis de Guindos. "La economía está en un periodo de crecimiento negativo". Un juego fantástico de neolengua para eludir la realidad: la economía decrece, va a peor. En 1984 hubiesen dicho "no-crecimiento". De Guindos, que es mucho más pedante, dice "crecimiento negativo".
       c) Copago. A este neologismo se recurre para referirse a que en la farmacia tenemos que pagar otra vez por las medicinas, aunque vayamos con receta. El prefijo "co" significa entre dos o más personas. Así, "colaborar" significa que dos o más personas laboran juntas, es decir, trabajan juntas en pos de un objetivo común. Utilizando el neologismo "copago" parece que, cuando vamos a la farmacia y pagamos un euro por receta, el Estado y nosotros estamos pagando juntos algo. Pero la realidad es bien distinta. El Estado no regala nada y, si podemos llevarnos medicamentos de las farmacias por poco dinero, es porque antes hemos adelantado ese dinero en forma de impuestos. Así que de "copago" nada. La palabra adecuada es "repago".
     d) Ajustes. Eso que tanto parece gustarle a Bruselas y no paran de mandarnos hacer. Volviendo a la RAE, ajustar es "Conformar, acomodar algo a otra cosa, de suerte que no haya discrepancia entre ellas". Es por tanto, una acción positiva. Hacemos que las cosas que no encajan o no funcionan bien, lo hagan. Pues este eufemismo es el que se emplea para hablar de disminución en las prestaciones de desempleo, de despedir a los trabajadores sin indemnización, de privatizar sectores fundamentales de la Administración Pública, etc... Antes de lanzarnos a todas estas acciones, habría que ver si realmente esos sectores no funcionaban. 
      e) Flexibilidad. Flexible es algo que se adapta. Luego es algo bueno. Y así hablan de "flexibilidad laboral" para referirse a rebajar las indemnizaciones por despido, a los cambios de localidad de trabajo sin contrapartidas, a poder bajarle el sueldo a un trabajador o a degradarlo con la consiguiente merma salarial, etc...A mucha gente parece gustarle esto porque nos lo han vendido como algo cool, como ser una persona en crecimiento continuo, lo opuesto a vago funcionario apoltronado en su sillón. Pero estos cambios son impuestos de desde fuera, son ajenos a nuestra voluntad, de modo que perdemos libertad y es imposible plantearse un proyecto de vida a largo plazo. Hoy mismo han llegado al instituto unas niñas que, por cuestiones de trabajo de sus padres, llevan cambiando de centro de estudio a mitad de curso desde hace cinco años. Vosotros veréis si ese es el modo de vida que queréis para vuestros hijos. Por no hablar de cómo afecta eso a la corrosión del carácter.
      f) Moderación salarial. Otro clásico. Lo moderado se opone a radical, que es algo malo. Moderación salarial es, exactamente, bajarnos el sueldo porque, ya se sabe, que nos suban el sueldo con el IPC es propio de comunistas radicales.

     Y podría seguir así con una lista interminable para que este país pueda "ser competitivo con el mercado chino", es decir, que para poder competir con china, pretenden que nuestras condiciones de trabajo se pongan al nivel de las de los chinos. 


      P. D. Por si os interesa, os dejo un enlace de Huffington Post en el que recoge algunos de estos eufemismos políticos.
   
      

miércoles, 20 de mayo de 2015

Detienen a César Strawberry: ¿Estado de derecho o represión?




     Esta mañana nos hemos levantado con la noticia de que la Guardia Civil había detenido a diecinueve personas por enaltecimiento del terrorismo. La noticia hubiese pasado desapercibida entre el discurso de Rajoy en Zaragoza y la comunión de la infanta Leonor si no fuese porque uno de los detenidos era César Strawberry, el cantante de Def Con Dos. Hace unos meses, en relación a la ley que estaba preparando el gobierno para penar los comentarios que se vertieron en las redes sociales después del asesinato de Isabel Carrasco, dije que me parecía muy poco democrático y que atentaba contra la libertad de expresión (aquí). Que nos repugnasen algunas cosas que se dijeron no es razón suficiente para penalizarlos, y, nos guste o no, la democracia es permitir expresar todas las opiniones, incluso aquellas que están en contra de la democracia. 
    Como decía, la noticia me hubiese pasado inadvertida si no fuese porque César Strawberry andaba en el ajo. Agucé el oído, pero el boletín informativo no volvió a hacer referencia alguna al asunto hasta las ocho y media, cuando empezó la tertulia de RNE, y Tonia Echarri dijo que "la kale borroka se había trasladado a las redes sociales". Esto ya me pareció el colmo y me tomé la molestia de buscar los susodichos tweets para tener mi propia opinión, sin que una periodista ultraconservadora me dijese lo que tenía que pensar. Según el diario El Mundo, los gravísimos tweets son cuatro:

     1) A Ortega Lara habría que secuestrarle ahora.
     2) El fascismo sin complejos de Esperanza Aguirre me hace añorar hasta a los GRAPO.
     3) Street fighter, edición post, ETA, Ortega Lara versus Eduardo Madina".
   4) Franco, Serrano Súñer, Arias Navarro, Fraga, Blas Piñar... si no les das lo que a Carrero, la longevidad se pone siempre de su lado", 

     Una vez leídos estos tweets, se confirma mi teoría de que la ley para controlar las redes sociales es un atentado contra la libertad de expresión y una forma de represión del pensamiento disidente.
      En primer lugar, los tweets de Strawberry no son para tanto. Vayamos uno por uno.
      El primero dice que a Ortega Lara habría que secuestrarle ahora. Grice, en el marco de la pragmática lingüística, establece cuatro normas que rigen todo intercambio comunicativo: sea claro, no diga más de lo que toca, diga algo que tenga que ver y no afirme algo que sepa que es falso. En caso de que el hablante rompa una de estas máximas, el receptor del mensaje se extraña y piensa que debe reinterpretar el mensaje añadiendo o variando el significado -resumiendo, se da cuenta de que el mensaje no hay que interpretarlo de forma literal-. Así por ejemplo, si un alumno que ha hecho un examen lamentable, me pregunta qué nota le he puesto y le contesto que un diez, él inmediatamente interpreta que estoy siendo irónico y que le he suspendido con todas las de la ley. Volviendo al tweet de Strawberry, parece que el celoso juez que decidió que podían detenerlo por esto no se ha enterado de que no todos los mensajes deben ser interpretados de forma literal. Es evidente que Strawberry no quiere que vuelvan a secuestrar al pobre Ortega Lara. Está rompiendo la máxima de cualidad de Grice -está diciendo algo que es falso-,de modo que los lectores de este tweet reinterpretamos inmediatamente el mensaje y entendemos que está expresando su desacuerdo con las opciones políticas que defiende ahora el exfuncionario de prisiones en el partido político Vox.  
      El segundo tweet vuelve a romper la máxima de Grice de no decir algo falso. Desde la retórica clásica se ha usado la hipérbole como recurso retórico. Claro que no quiere que vuelva el Grapo. De hecho, parece que todos esos que condenan estos tweets no se han fijado en la preposición "hasta" que aparece en él y que orienta el modo en que debemos interpretarlo.
      El tercer tweet no lo entiendo bien porque no juego a los videojuegos, pero creo que lo que quiere decir es que, después de que ETA anunciase que dejaba de matar -afortunadamente-, la pelea se establece entre Madina y Otega Lara, que es una pelea mediática. Supongo que hará alusión a las diferentes posturas políticas de ambos y, dado que a Starwberry no le gusta ninguna, los degrada convirtiéndolos en personajes de videojuego. La metáfora consiste en utilizar la relación de semejanza en el mundo de la comunicación digital en el que se mueven los políticos y la realidad virtual digital de los videojuegos. Ya Aristóteles decía que la risa se obtiene alejándose del término medio y que hay dos formas de hacerlo: o poniendo lo bajo alto, o al revés. El chiste del tweet consiste en poner lo alto -son dos personajes públicos respetables- como si fuesen algo bajo -personajes de videojuego-. El chiste es bastante malo y me atrevería a decir que de mal gusto porque ambos son victimas de ETA, pero no veo qué hay de punible en ello. A no ser, claro está, que uno no pueda hablar para nada de las víctimas del terrorismo si no es para ensalzarlas y decir maravillas de ellas, lo que creo que no es un ejemplo de libertad de expresión. 
     El último tweet dice algo evidente: normalmente los dictadores o mueren de forma violenta o mueren en el poder, porque rara vez lo dejan por las buenas. No sé qué tiene esto de enaltecimiento del terrorismo. Alguien me podría objetar, sacando a colación las máximas de Grice, que está diciendo entre líneas que habría que acabar con la vida de las personas ahí citadas. Puede ser. Y de hecho, si esas personas estuviesen vivas, yo también lo interpretaría así. Pero da la casualidad de que no lo están. Difícilmente se puede incitar a asesinar a alguien que ya está muerto. Además, creo haber oído a Vargas Llosa decir, hace años, cuando estaba promocionando La fiesta del chivo, que España tenía la vergüenza de que Franco fuese el único dictador de Europa occidental que había muerto en la cama, y nadie le dijo nada, ni a ningún juez se le pasó por la cabeza procesarlo.
        
      Lo que dijeron las otras personas en Internet lo desconozco porque, como no son famosas, no he visto alusión alguna en la prensa. Probablemente la haya, pero tampoco he buscado mucho. En cualquier caso, el análisis de los tweets de Strawberry creo que es suficiente para afirmar que, o bien el juez desconoce la capacidad humana para jugar con los significados añadidos -cosa de la que estoy seguro que no es así-, o bien que la ley para controlar los comentarios ofensivos en la red no es más que una forma de represión por parte del gobierno de todas aquellas opiniones que ellos consideran subversivas. 

     Y ya para terminar, me gustaría dejar claro que estoy total y absolutamente en contra del terrorismo. Lo siento muchísimo por Ortega Lara y todas las víctimas. Lo que les hicieron fue una auténtica canallada y que estoy mucho antes de su lado que del de sus verdugos. 
     También quiero dejar claro que esto no es una defensa personal de César Strawberry. No me gusta Def Con Dos, no me hacen gracia sus letras y ya soy lo suficientemente mayor como para tomarme en serio a cualquier rockero. Sólo he analizado su caso como ejemplo de lo que estaba seguro que iba a pasar cuando el gobierno empezase a vigilar las redes sociales. 
       
     

sábado, 9 de mayo de 2015

Podemos se deshincha en el show político.




    Esta semana se ha publicado otra encuesta del CIS sobre intención de voto. En ella Ciudadanos sube y, de acuerdo con los titulares de la prensa conservadora, Podemos se desploma. En su momento ya vaticiné una caída de Podemos (aquí), Creía que en el momento en que este partido tuviese una posibilidad real de gobierno, el poder fáctico que domina los medios de comunicación se encargaría de encauzar la opinión pública hacia opciones de voto menos peligrosas. Sigo pensándolo y este post es para analizar el modo en que los medios de comunicación han hundido a Podemos construyendo para ellos un nuevo personaje en el escenario político que transmitirle a los ciudadanos. Ya no es un partido de gobierno, sino un actor secundario con connotaciones negativas.
     Roger-Gérard Schwartzenberg dice que en la industria del espectáculo político las ideas han sido sustituidas por personajes que captan la atención e impresionan la imaginación. Vivimos una teatralización de la democracia. No hay lucha de ideas, sino personajes en una obra de teatro. Las elecciones se nos venden como grandes luchas de poder, los debates gozan del aire agonístico de los duelos y la frecuente repetición de sondeos que amplían esta lucha, hacen de la incertidumbre un resorte dramático. Sin embargo, debido a la omnipresencia de los medios de comunicación la eficacia de esta teatralización puede debilitarse. Los ciudadanos-telespectadores se aburren de la misma historia de siempre. Para evitar el desfallecimiento, el poder debe poner en movimiento todos los recursos con los que cuenta la dramaturgia política. Hay que alimentar la renovación y con ello la inflación de imágenes. Como dice Balandier, "durante los periodos turbulentos, el acontecimiento crea las oportunidades y fuerza la atención por lo que de inesperado e inquietante tienen. Durante los
Enfrentamiento en antena entre Iglesias y Aguirre.
Un ejemplo perfecto de un pseudoacontecimiento.
periodos de mayor calma, los pseudoacontecimientos fabricados servirán para provocar esos mismos resultados". Para que no nos aburramos y nuestra atención decaiga, los medios de comunicación llenan su parrilla con operaciones políticas o golpes sorpresa, con enfrentamientos entre líderes, con personajes saliéndose de su papel, con ruedas de prensa en las que se hacen públicas revelaciones reales o aparentes, etc...
      Podemos irrumpió irrumpió en la escena política española en unas elecciones europeas. Luego empezó a subir en las encuestas, pero eso no le aseguraba un asalto real al poder porque era un momento de calma porque no había unas elecciones a la vista. Los medios de comunicación les prestaron mucha atención y crearon lo que Balandier llama un pseudoacontecimiento. Parecía que el partido de Pablo Iglesias se iba a comer el mundo y que su asenso era imparable. Se construyó una auténtica tensión dramática con Podemos asaltando el poder. Pero, como decía antes, la multiplicación y difusión de los medios de comunicación de masas ha modificado el modo de producción de imágenes políticas. Tiene que haber una dramatización permanente. Y nada más fácil para el poder que apartar a Iglesias de este espectáculo que se renueva cada día. Se introduce en el escenario político un nuevo personaje sobre el que focalizar la atención. Aparace Albert Rivera y Ciudadanos, e Iglesias y Podemos desaparecen de la representación del duelo agonistico. La atención sobre Podemos decae, el público se aburre con este actor del pasado y las expectativas de gobierno de este partido se esfuman. En nuestra sociedad donde todo se consume y desecha, el espectáculo político no iba a ser una excepción. Pablo Iglesias fue consumido y desechado.

Pablo Iglesias cuando todavía era un actor principal en el show político.


      Paralelamente, cada vez que los medios hablan de Podemos, ya no es como un partido con posibilidad real de gobierno, sino como un partido asociado a escándalos de corrupción y luchas intestinas. Se publican montones de noticias negativas sobre ellos -reales o no, eso da igual- y la imagen de Podemos cambia. Ya no es el partido limpio, nuevo, que viene regenerar la democracia, sino unos corruptos como todos los demás a los que les mueven los intereses personales. 
      Greimas, cuando analizaba los personajes en el texto narrativo, decía que tienen dos caras: como actantes, que es su función en la narración, y como actores, que es su caracterización. Los medios de comunicación nos ofrecen la política como una novela. En un periodo de calma, utilizaron a Podemos como un pseudoacontecimiento,. Crearon un personaje que era un actante principal -nos lo vendían con posibilidades reales de gobierno- y actor un transparente y limpio -estaba del lado de los buenos-. Pero tampoco interesaba que Podemos ganase las elecciones porque eso suponía un riesgo para ellos. Ahora que se acerca un acontecimiento de verdad -hay elecciones a la vista-, los medios cambiaron radicalmente el personaje de Podemos. Se lo convirtió en un actante secundario y un actor de los malos de la película. Ojalá me equivoque, pero, si seguimos así, el lamentable Rivera y sus Ciudadanos serán el tercer partido más votado. Y volverá a ganar el PP, y el PSOE será la segunda fuerza, y Podemos ocupará el espacio de Izquierda Unida, que es la de un mal actor secundario. 

El lamentable Albert Rivera, al que están dejando jugar en la obra de teatro.

martes, 28 de abril de 2015

Análisis político: entre la prensa deportiva y el corazón.




    Supongo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo en que una tertulia de análisis político debería constar de un grupo de expertos que opinen acerca de las medidas que toma tal o cual gobierno, valorando las causas y los efectos, si van a tener repercusiones sobre la ciudadanía y si, en caso de tenerlas, serán positivas o no. Sin embargo, de un tiempo a esta parte las tertulias políticas se han convertido en un gallinero en el que hay de todo menos el rigor que se le supone a los intelectuales que se sientan a ellas.
    Cada vez hay más tertulias políticas en la parrilla televisiva y radiofónica. Uno puede estar escuchando o viendo programas de este tipo desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche de forma ininterrumpida. Sin embargo, este aumento de los contenidos políticos no se debe tanto a la preocupación de las cadenas por la coyuntura de este país, sino, mucho me temo, a que estos programas son muchísimo más baratos que las series, las películas y los documentales. Hace tiempo escuché a Iñaki Gabilondo reflexionando sobre el éxito de los reality shows. Explicaba que, en contra de la creencia generalizada, no tienen más audiencia, pero que son mucho más rentables para las cadenas porque son muchísimo más baratos. Basta con un mismo plató con cambios mínimos en el decorado y con contratar a cuatro famosillos de medio pelo para que griten un poco. Además, los realities son muy flexibles. Puedes hacer que duren lo que te dé la gana y rellenar así las franjas horarias a tu antojo. Mucho me temo que la proliferación de programas de análisis político a la que estamos asistiendo en los últimos tiempos se debe a la misma lógica. Sólo difieren en que, en lugar de contratar a María Patiño y a Kiko Matamoros, se ficha a unos pseudointelectuales para que repitan las consignas de tal o cual partido. 
    Como dice el título de este post, las tertulias de análisis político cada vez se asemejan más a la prensa deportiva. Cuando se valora la política de un gobierno apenas si se habla de las medidas tomadas. Se dice sucintamente que el gobierno de turno ha hecho tal o cual cosa y a continuación se valora como maravillosa o un desastre, pero nadie analiza por qué. Pongamos por ejemplo la política económica del gobierno de Mariano Rajoy. No se habla de la coyuntura internacional, en qué medida sus reformas han surtido efecto o si es sólo que el ciclo ecómico ha cambiado solo. Tan sólo se nos dice que Rajoy es maravilloso o un energúmeno. Los periodistas repiten una y otra vez eslóganes al lado unas determinadas siglas políticas tratando de crear en el espectador un sentimiento de identificación o repulsa sin la más minima valoración crítica. No hay más que apelación a la irracionalidad. Esto, evidentemente, es una perversión de lo que debe ser la información política. Se supone que la política es la actividad por la cual se organiza la vida de los ciudadanos por medio de medidas colectivas. Habría, por tanto, que hacerlo de la manera más racional posible. Para ello es necesario el análisis sereno y detallado. Pero esto, en el mundo de comunicación de masas, aburre. No se llenan horas de prime time con intelectuales con gafas de leer de cerca colgando de la punta de la nariz desmenuzando datos.  Para las cadenas de radio y televisión y para los partidos políticos es mucho más eficaz llevar el debate político por el lado sentimental. A las primeras les conviene porque es mucho más divertido y se llega a mucha más gente porque no exige esfuerzo ni preparación; y a los segundos porque no tienen que explicar qué hacen o dejan de hacer. Y así los programas de información y opinión política se han igualado al Chiringuito de Jugones de la Sexta. Los contertulios gritan "Venezuela", "el partido del IBEX", "capitalismo de amiguetes" o "despilfarro" como se grita "Forza Barça" o "Hala Madrid;" y se interrumpen, no se dejan hablar y ponen caras. Es un espectáculo total y absolutamente visceral. Desafío a que alguien me diga en que se diferencia Inda de Tomás Roncero.
    Por otro lado, asistimos a una rosización del análisis político. Hoy por la mañana, por ejemplo, estaban hablando en la SER de Mariano Rajoy, de las divisiones de su partido y de las luchas de poder. Que si la Cospedal y Soraya no se llevan, que Esperanza Aguirre está por cambiarse a Ciudadanos, etc... Y lo mismo con el PSOE y Pedro Sánchez y Susana Díaz. Que si ella está esperando el descalabro de Sánchez para presentarse a la presidencia, que si Sánchez quiere liquidar al sector crítico, que si bla... bla... bla... Todo intriguillas mezquinas por el poder. Pues a mí que no me jodan, pero esto es lo que vemos todas las noches en Gran Hermanoo  el programa ese de La Isla de los Famosos. Que si Carmen Lomana no se lleva con Nacho Vidal, que si Chabelita ha cambiado de chaqueta y ahora es amiga de no sé quién por interés, o que Belén Esteban ha roto con su Migue. 
     En otro post hablé del Infoentretenimiento como un nicho comercial que habían encontrado las cadenas para las clases medias con aspiraciones intelectuales. Pero la decadencia debate político está yendo mucho más allá. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Que se líen a tortas los contertulios de Al rojo vivo? ¿Que se besen Inda y Antón Losada en antena? Pueden parecer disparates, pero yo ya he visto a Ramoncín, el Rey del Pollo Frito, sentado en una tertulia de esas. Os dejo la prueba ahí abajo.



     

    

lunes, 19 de mayo de 2014

Sobre Isabel Carrasco, Twitter, la libertad de expresión y algunas cosas más.

Sobre Isabel Carrasco, Twitter, la libertad de expresión y algunas cosas más.





     Los hechos:
     Era Lunes por la tarde. La radio da la noticia: Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha sido abatida en un medio de la calle. El asaltante le disparó tres veces a quemarropa y una cuarta vez para rematarla, ya con la víctima en el suelo. El/los asaltante/s se dio/dieron a la fuga en un coche, pero gracias a una rápida y eficaz intervención policial ya han sido detenidos.
      Hasta aquí la información que dieron los medios aquella tarde de Mayo. 
      Isabel Carrasco no era, ni mucho menos, un personaje anónimo. Era, entre otras cosas, conocida por los miembros de su propio partido como "la de los trece sueldos", en alusión a las trece nóminas que cobraba. Era Presidenta de la Diputación de León, era Presidenta del Partido Popular de su Comunidad,  diputada y supongo que  consejera en varias de esas Cajas de Ahorros que quebraron por su buena gestión. Y así hasta llegar al número trece. Asimismo, a menudo se relacionaba a Isabel Carrasco con Margaret Tatcher por la dureza de su carácter y la implacabilidad con la que aplicaba sus políticas neoliberales.
      Por aquellos días, el país pasaba por la peor recesión económica en cien años. Una de cuatro personas en disposición de trabajar carecía de empleo. Más de un millón de familias no tenía ningún ingreso. El número de deshaucios había ascendido a 28000 aquel año y el de familias que habían entregado las llaves de su casa al banco por no poder hacer frente a la hipoteca llegaba casi a 50000. Varias asociaciones benéficas se confesaban superadas por el espectacular aumento de la necesidad de ayudas, y la brecha abierta entre las distintas clases sociales amenazaba con ser insuperable. Paralelamente, los Gobiernos, acuciados por la crisis de deuda pública, ponían en práctica duras medidas de supresión de gastos sociales.
      Aunque los medios trataron de ser lo más cautos posibles, este esceanrio se prestaba a la proliferación de la rumorología. En la mente de todos estaba el crimen político.
     -Alguien que, desesperado, se cargó al político de turno. -se oía decir a algunos en los bares.
     -Se veía venir. -respondían otros.
     Era la época de las redes sociales. Millones de Twits, Whatsaps y comentarios de Facebook inundaron la red. La inmensa mayoría fueron respetuosos porque, en el fondo, pocos son los que se alegran de la muerte de alguien. Pero hubo algunos, muy pocos en comparación con los de condolencias, que se congratulaban del asesinato de esta lideresa del partido conservador. Aunque pronto se comunicó que se trataba de una venganza personal y no de un crimen polítco, hubo alguien que animó a continuar con esta acción justiciera y acabar a tiros con toda la clase política, especialmente con los del ala derecha.
     Entonces fue el momento de que Fernandez Diaz, ministro del interior del partido conservador en el poder, anunciase que había dado orden a la policía de investigar los mensajes vertidos en las redes sociales. Dos días después, dos personas eran detenidas. Una de ellas, un joven de diecinueve años, fue acompañado por su madre a la comisaría. Los movimientos políticos no se quedaron ahí. Varios altos cargos políticos y creadores de opinión pública alertaron sobre la necesidad de una ley que controlara las expresiones de Facebook o Twitter que pudiesen "exaltar el terrorismo" o "incitar a al violencia". Incluso la prensa progresista se posicionó a favor de regular la red. Sólo algunas voces vieron en este movimiento un atentado a la libertad de expresión. Increíblemente, Durán i Lleida, un político conservador nacionalista, estaba entre ellos.
     -Lo que se opone a la democracia es la anarquía. -fue la justificación del Ministro.


     Pues bien. Yo sobre todo esto tengo mucho que opinar. Mucho de lo que diré aquí no son ideas originales mías, sino de amigos, cosas que han salido en conversaciones y que recojo. Si no doy la fuente original, es porque sería un engorro de leer.
        En primer lugar, me centraré en las palabras del ministro. "Lo que se opone a la democracia es la anarquía". No. Lo que se opone a la democracia es la tiranía. La anarquía es la falta de orden político. Lo que se opone a la falta de orden político es la existencia del mismo, pero este orden puede ser de muchas formas: despotismo, democracia, tiranía, etc... Dentro de los órdenes políticos, el que se opone a la democracia es la tiranía. La democracia es la forma de gobierno por la cual todos los ciudadanos tienen el derecho a expresarse libremente y a que su opinión sea tenida en cuenta por medio de la votación. En esto se opone a la tiranía, que es definida por la RAE como "Abuso o imposición en grado extraordinario de cualquier poder, fuerza o superioridad.", es decir, un sistema político en el que, entre otras cosas, uno no puede expresarse libremente. De todo esto se deduce que Fernández Díaz ha hecho un uso torticero del lenguaje y que, apropiándose de la palabra, trata de justificar con la democracia prácticas tiránicas. Si somos demócratas, todos tenemos derecho a opinar y expresar lo que nos dé la gana. Incluso aquellos que están en contra de la democracia. A mí personalmente me parecen de muy mal gusto esos comentarios que se alegraban de la muerte de Isabel Carrasco. Me parece feo y hasta de mala persona. Pero no por ello los voy a amordazar. Como demócrata, mi deber está en convencer por medio de la razón, no de la fuerza. Debo afearles su conducta, no prohibirla, por poco que me guste.
       Si contemplamos este hecho en perspectiva, no se trata de algo aislado .Como dije en el artículo en el que hablaba de Loïc Wacquiant (aquí), el sistema neoliberal -esa suerte de ley de la selva económica- convierte a millones de personas en parias, gente sin recursos ni oportunidades. Y, en consecuencia, los brotes de descontento son inevitables. En España ya llevamos unos cuantos: scratches, el 15M, Stop Desahucios, la leña brutal contra la policía en la manifestación de Madrid de hace unas semanas, suicidios, etc... Ante esto, el Estado Neoliberal tiende a blindarse: criminaliza y penaliza cualquier disensión. Como dice Wacquant, el estado social se sustituye por el estado penal: leyes contra acampar en Sol, leyes contra manifestarse, se pidieron penas de cárcel a los que le hicieron el scratch a Dolores de Cospedal, a los catalanes que insultaron a los políticos en la puerta del Parlament les piden unas penas absolutamente desproporcionadas, y ahora a aquellos que dijeron cosas que no les gustaron a nuestros gobernantes en Twitter los amenazan con el trullo. Como nuestro sistema legal todavía no preveía la posibilidad de esta forma de disensión, se proponen hacer una ley que lo haga.
      En un uso absolutamente manipulador del lenguaje, se engloba bajo la etiqueta "antisistema" todos los movimientos de disidencia, de modo que se ponen al mismo nivel la pederastia, el terrorismo, los perroflautas, los punkies y toda aquella gente que acampó en la Plaza de Sol. El argumento del poder pasa por decir que los demócratas sí tienen representación. Sólo tienen que ir a votar y que unos diputados los representarán sus intereses en el Parlamento. Si no crees en este sistema de representación parlamentaria, eres un antisistema. Quizá muchos de los consumidores de los medios de comunicación no se hayan dado cuenta, pero los acampados de Sol no eran terroristas. Ni siquiera pedían pacíficamente un nuevo orden mundial. Sólo querían que el orden que tenemos fuese justo. A su lado, Gandhi era un terrorista del IRA. Y lo vuelvo a repetir una vez más: tal vez no nos gusten los comentarios que incitaban a acabar con políticos, pero esos comentarios no mataron a nadie. Son palabras y, como dice el refrán, del dicho al hecho hay un trecho.



Dos eslóganes del 15M. Como se ve, sólo son cursis, no violentos.





      Podría seguir durante un buen rato disertando sobre la libertad de expresión, pero esto es un blog y nadie lee artículos de más de cuatro párrafos. Pero no me resisto a señalar que Twitter y Facebook como formas de incitación a la violencia sólo son legislados y sus usuarios criminalizados cuando los comentarios atentan contra el poder. Sólo hay que darse una vuelta por cualquier buscador para ver lo que se dice de los abertzales vascos -por ejemplo de Otegui- o los independentistas catalanes. No soy en absoluto simpatizante del nacionalismo, pero me imagino lo que se hubiese dicho en las redes sociales si, por poner un ejemplo, un militante del Partido Popular de Euskadi, harto del acoso del entorno abertzale, hubiese entrado en barrena y le hubiese pegado cuatro tiros a un borroka. Y dudo mucho que el Ministro de Interior hubiese entrado a legislar por "incitación a la violencia".
       
    

domingo, 20 de abril de 2014

Tetralogía de parias contemporáneos I: Owen Jones. Chavs: La demonización de la clase obrera.

Tetralogía de parias contemporáneos I:
Owen Jones. Chavs: La demonización de la clase obrera.







                Owen Jones es un periodista, no un antropólogo, filósofo o sociólogo. Si uno espera encontrar en este libro grandes teorías, acabará defraudado. Pero sin duda merece la pena
Owen Jones. Ojo a su cara de buen chico.
leerlo porque, aunque no diga nada que no hayamos oído ya, sistematiza el pensamiento político de lo que debería ser la izquierda contemporánea y argumenta con datos. Además, está muy bien escrito.
                Chav es un término que se utiliza en inglés para referirse a jóvenes de clase baja, violentos, con tendencias delictivas, semianalfabetos, borrachos, aficionados a las drogas, desempleados y sin intención de buscar trabajo, beneficiarios de lo poco que queda del estado del bienestar. En España hay muchos términos para referirnos a nuestra versión autóctona de los chavs: canis, quillos, malotes, garrulos, ninis... Los hay en prácticamente todos los países de la Europa occidental, cada cual con sus diferentes nombres y pequeñas variantes propias.


chavs

                Owen Jones comienza el libro contando una anécdota en la que un grupo de universitarios hacen comentarios despectivos sobre los chavs. Él se sorprende y piensa que, si alguien hubiese hecho un chiste sobre negros, judíos, gitanos, musulmanes o mujeres, se hubiese encontrado con una respuesta airada e inmediatamente lo hubiesen tachado de racista o machista. Sin embargo, nadie hace ningún comentario sobre un chiste que encubre un profundo desprecio de clase. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Owen Jones sostiene que es el resultado de una campaña por parte de los poderosos que tratan de culpabilizar por su precaria situación a las víctimas de un sistema injusto. Es una respuesta arriesgada, porque todos nosotros –o nuestros hijos- hemos sido intimidados por canis en la discoteca, nos han atracado o tenemos que aguantarlos fumando porros y montando lío en el parque que hay delante de nuestra casa. Owen Jones no se arredra. Y da argumentos.
                Empieza analizando el papel de los medios de comunicación. La prensa, la televisión y la publicidad difunden una imagen de los chavs como si fuesen hordas alcoholizadas de delincuentes. Compara el caso de Madeleine MaCann y el de otra niña de clase baja que desapareció en 2008. Como era de esperar, la familia pobre no recibió ni la décima parte de atención que los McCann de clase media. Analiza series como Shameless o
Shameless
Little Britain, donde se caricaturiza a los chavs y le trasmiten de forma subliminal al espectador la idea de que son gente que bebe demasiado, fuma demasiado, come compulsivamente, se pelea, son racistas, tienen hijos siendo aún adolescentes y, en definitiva, son total y absolutamente irresponsables. Al mismo tiempo, todos los días nos levantamos con un crimen o delito protagonizado por alguien de clase baja, pero, dado que los pobres son millones de personas, estos no dejan de ser episodios aislados y, sin embargo, los medios, cada vez que tiene lugar un episodio de de este tipo, lo airean y lo repiten una y otra vez hasta hacer pasar un episodio aislado por norma. Y así se provoca el odio hacia los chavs.
                A continuación, da la razón por la cual Gran Bretaña ha llegado a esto: once años de tacherismo, el neolaborismo de Tony Blair y el actual gobierno conservador de David Cameron. Margaret Tatcher privatizó el país, acabó con los sindicatos e impuso una moral individualista que anulaba cualquier sentimiento de clase -creo recordar aquella frase suya de que la sociedad no existe, que lo único que hay son individuos y familias-. El laborista Tony Blair y su tercera vía, lejos de reconducir la política británica, ahondó en las diferencias de clase y la demonización de la clase obrera con su discurso de la meritocracia y de que las desigualdades reflejan las diferentes capacidades individuales. Todo esto es falso, por supuesto, y, si no me detengo a citar todos los argumentos en contra que da Jones, como, por ejemplo, las diferentes posibilidades de acceso a la educación, es porque son tan evidentes que no merecen la pena. El gobierno tory de David Cameron hereda encantado esta situación y añade leña al fuego difundiendo la idea de que la pobreza nos el resultado de un sistema injusto, sino de la mala educación. Un argumento más para demonizar a los pobres: si lo son, es porque no saben educar a sus hijos.

Foto que saqué de una página inglesa sobre chavs. Como se ve, no escogieron para hablar de ellos una estampa de una agradable comida familiar.

                ¿Y todo esto para qué? Pues para lo que sabemos todos: bajarle los impuestos a los ricos, subírselos a los pobres vía impuestos indirectos, acabar con lo poco que queda del estado del bienestar, privatizar y, en definitiva, hacer una auténtica y verdadera política de clase. En este caso, para defender los intereses y privilegios de la clase dominante.  
               Y ahí queda eso.
               Pero no quiero acabar sin comentar lo que dice en el Epílogo acerca de los disturbios que tuvieron lugar en Inglaterra cuando millares de chavs salieron a la calle a robar, quemar y saquear. Me llamó muchísimo la atención que los chavs sólo robaban zapatillas deportivas, iphones y cosas así. Nadie trató de saquear tiendas de muebles de diseño o tiendas de electrodomésticos, donde, sin duda, hubiesen podido obtener un botín de más dinero. La respuesta de Owen Jones, que creo que es acertada, es que vivimos en una sociedad consumista. Los artículos de prestigio social son la ropa y los teléfonos móviles. Los chavs ni se plantearon qué podrían hacer con una encimera Silestone.

             Y para terminar, una reflexión personal sobre estos disturbios. En mi opinión, son el equivalente de las huelgas salvajes de finales del siglo XIX y principios del veinte. En aquellos tiempos, el capitalismo era un capitalismo productivo. Lo que se producía se vendía y hacía falta gente que trabajase en las fábricas. Cuando la clase obrera se sublevaba, lo hacía para reivindicar mejoras en lo que la sociedad consideraba útil, en aquel momento el trabajo. Hoy en día el capitalismo no es productivo, sino financiero. La tecnología y la deslocalización de la producción al tercer mundo han expulsado a los trabajadores occidentales de las fábricas. Lo importante ahora no es producir, sino vender. Es decir, consumir. Y cuando los chavs se sublevan en Inglaterra, reivindican lo que la sociedad considera útil: roban artículos de consumo. Huelgas y saqueos no son más que diferentes expresiones del descontento social. Hablaré más sobre este tema en la segunda parte de esta tetralogía cuando comente a Bauman. (Bauman. Parias

viernes, 4 de abril de 2014

Pierre Bourdieu: Sobre la televisión.





    Hoy sonó la radio-despertador a las 7:30 a.m. Y lo primero que oí, antes siquiera de abrir los ojos, fue la noticia del desagradable incidente de Esperanza Aguirre y su fuga de la guardia de tráfico.
                -Por si alguien vive en otro planeta, Esperanza Aguirre aparcó su coche en el carril bus de Callao y se bajó tan campante a sacar dinero en un cajero automático. Unos guardias de movilidad urbana la vieron y le pusieron una multa. No lo debían estar haciendo lo suficientemente rápido porque Esperanza Aguirre, sin dar más explicaciones, se metió en su coche, arrancó y se dio a la fuga, arrollando en la salida una moto que había aparcada. Los agentes la siguieron hasta su casa, le pusieron otra multa y la acusan de resistencia a la autoridad-.
                Mientras me duchaba y luego desayunaba escuché la tertulia política de la radio que dura media hora. Dedicaron veinticinco minutos a debatir sobre el incidente Aguirre.
                Las primeras palabras que escuché en el trabajo fueron:
                -¿Viste lo de Esperanza Aguirre? Qué fuerte.
                En el recreo, mientras descansamos a media mañana, el profe de francés y yo solemos hablar de libros y películas. Hoy lo hicimos de Esperanza Aguirre.
                A las dos tocó el timbre que anunciaba el final de la jornada escolar. Es Viernes y vuelvo a Coruña. De dos a tres hay un boletín informativo que suelo escuchar en la radio mientras conduzco. Noticia casi monográfica: Esperanza Aguirre. A estas horas ya habían introducido un dato nuevo: Esperanza Aguirre se está planteando denunciar a los agentes por detención ilegal.
                Llegué a casa justo a tiempo para ver el final de los telediarios y comprobar sin sorpresa que la prensa audiovisual también había optado por dedicarle todo su tiempo a la exministra de cultura y expresidenta de la Comunidad de Madrid. Según dije el presentador, el tema tiene ardiendo las redes sociales.
                Después del telediario en la Sexta ponen un programa cómico no muy bueno que acostumbro a ver con Ana mientras comemos. Veinte minutos de chistes sobre el affaire Aguirre.
                No he vuelto a poner la radio ni la televisión, pero estoy seguro de que los magazines de tarde también hablarán de ella. Y tampoco he bajado todavía al bar, pero me juego la vida a que será el tema de conversación entre cerveza y cerveza.
                Independientemente de lo que pensemos de la señora Aguirre –a mí me parece una gilipollas- y su incidente, todo esto me ha hecho pensar sobre los medios de comunicación y el papel que juegan en la sociedad en la que vivimos. Y me vino a la memoria un libro de Bourdieu que leí hace mucho, pero que creo que viene al caso.
                Sobre la televisión es un ensayito de divulgación, supongo que un bolo para hacer algo de pasta. No juzgo al autor por ello, sobre todo si pienso en Bauman, que lleva veinte años colocándonos la misma idea con títulos diferentes, y que no se corta un pelo en publicar con letra bien grande y buen espacio de interlineado para llegar a las cien páginas que tiene que tener como mínimo un libro vendible en la Fnac –lo de Vida de consumo es un escándalo-.
                Probablemente porque es un bolo, Sobre la televisión se lee bien, cosa que no puede decirse de todos sus libros, y Bourdieu es un pensador muy interesante. Aquí aplica su teoría de la violencia simbólica a los medios de comunicación. Según Bourdieu, la violencia simbólica es la que se ejerce sin que los opresores y los oprimidos sean conscientes de ello. O dicho con otras palabras: la violencia simbólica es que te coman la cabeza sin que te des cuenta.
                Los medios de comunicación ejercen la violencia simbólica de tres formas:
                En primer lugar, te dicen en qué tienes que pensar y de qué tienes que hablar, porque ellos deciden qué es noticia y qué no. Hoy toca Esperanza Aguirre, ayer Bolinaga y mañana supongo que la enésima declaración de Artur Mas o un nuevo intento de saltar la valla de Melilla. Se podría pensar que, como hay muchos medios de comunicación, tenemos acceso a una información variada y que el ciudadano puede elegir qué sucesos de la realidad son noticia para él. Pero no. La información es exactamente la misma en todos lados. Dice Bourdieu que esto es consecuencia de la competitividad. Según el credo neoliberal, el monopolio uniformiza y la competencia no. A ojos de Bourdieu, esta creencia es falsa porque, si un medio saca un titular o una noticia, el de la competencia no puede quedarse al margen, aunque sólo sea para desmarcarse un poco. “Esta especie de juego de espejos que se reflejan mutuamente produce un colosal efecto de enclaustramiento, de aislamiento mental.”
                En segundo lugar, los medios convierten lo excepcional en cotidiano. Hay que dar noticias. Noticiable sólo es aquello que se sale de lo común, así que los medios sólo hablan de lo excepcional. Y así el ciudadano percibe y entiende el mundo a partir de la excepcionalidad, lo que es absolutamente perverso, porque nuestra vida, por definición, es cotidiana. Debido a esta dinámica parece que lo único que pasa en el mundo es lo excepcional, cuando lo único que realmente pasa en nuestros mundos es lo cotidiano. Y esto provoca una percepción de la realidad distorsionada. Tenemos la sensación de que España tiene un serio problema de seguridad pública porque todos los días nos dan noticias de robos y crímenes, cuando lo cierto es que son cosas excepcionales –por eso son noticia- y, si hay un número suficiente de delitos como para poner dos o tres a la semana, es porque vivimos en un país de cuarenta y siete millones de personas.   
                Y en tercer lugar, no te ofrecen la información pura, sino que, además de decidir en qué debes pensar, ya te la dan interpretada. Te dicen qué tienes que pensar y cómo hacerlo. Según Bourdieu, en los medios de comunicación hay una relación perversa entre pensamiento y tiempo. Pensar requiere tiempo para madurar las cosas. Pero en un noticiero de veinte minutos te dan quince noticias, de modo que es absolutamente imposible detenerse a reflexionar. Entonces ya te las piensan ellos por ti y para eso inventaron las tertulias y los editoriales. Bourdieu habla de los falsos debates, en los que los contertulios, que aparentemente defienden posturas radicalmente opuestas, resulta que luego son amiguetes y se van a tomar cañas juntos. Todo ese debate enconado es una farsa. “La gente se da cuenta de que allí ocurre algo, pero no tiene idea de hasta qué punto se trata de un mundo cerrado, volcado sobre sí mismo y, por lo tanto, impermeable a sus problemas, incluso a su existencia”. Pero esta opereta sirve para que los contertulios, ya identificada su posición política de antemano, decidan lo que tienen que pensar de una determinada noticia los espectadores de izquierdas y los espectadores de derechas. “Nuestros presentadores de telediarios, nuestros moderadores de debates, nuestros comentaristas deportivos, se han convertido, sin tener que esforzarse demasiado, en solapados directores espirituales, portavoces de una moral típicamente pequeñoburguesa, que dicen «o que hay que pensar de lo que ellos llaman los problemas de la sociedad”.
                Y nada más. El libro lo editó en español Anagrama y cuesta 6.90 euros. Te lo puedes bajar gratis de internet, pero no me atrevo a colgar el enlace no vaya a ser que el equipo de Blogger se vuelva a enfadar conmigo y me cierren el blog otra vez.



Pierre Bourdieu

domingo, 9 de marzo de 2014


Infoentretenimiento

                Se llama Julián y es mi amigo. Es uno de esos camaradas de la infancia que  a los que no te queda otra que serle fiel toda la vida porque os une una vieja amistad que ya no puedes borrar. Como todos los seres humanos, Julián es un personaje complejo, lleno de claroscuros, con muchas mezquindades y alguna que otra grandeza. Pero si, de toda su caleidoscópica personalidad, tuviese que definirlo como hacen los malos novelistas, con un único rasgo de carácter, diría que es un esnob. Un esnob como la copa de un pino, con todas y cada una de las particularidades que tradicionalmente se le atribuyen al esnob.
Durante nuestros años universitarios, cuando lo sociedad no veía con malos ojos que llevásemos una vida algo canalla, Julián sostenía que pocas cosas lo hacían más feliz que regresar a casa ya de amanecida, con unas gafas oscuras que protegiesen sus pupilas de la luz solar.
                -Tío, es que tengo la sensación de haber cumplido con mi trabajo. –me dijo una vez.
                Pasó el tiempo y ya en la treintena, Julián tomó conciencia de que ya era hora de sentar la cabeza. Entonces mudó la vida bohemia por placeres más maduros, como por ejemplo los de la mesa, y se convirtió en un gourmet y un sumiller tan experimentado como crápula había sido. Dejó la noche y empezó a hablarnos de tal o cual restaurante donde hacían una lamprea exquisita y, sobre todo, de vino. Porque no hay nada que encante más a un esnob que el vino. Puede hablar de taninos, de syrah y cabernet sauvignon y convertir la sana ingesta de ese líquido un poco narcotizante en un supremo acto de vanidad social. Por supuesto, como buen esnob, Julián no tiene ni puta idea de vino, pero le da bien al pico. Todo pura palabrería y, si no cuento la anécdota en la que rellenamos con morapio una botella de Vega Sicilia y él se pasó la noche paladeando el vino turbio y pontificando sobre el merecido prestigio de las bodegas de Valbuena de Duero, es porque, de manida, sonaría falsa.
                Pues bien, el caso es que, de un tiempo a esta parte, mi amigo Julián se ha vuelto un experimentado analista político. Se lee de cabo a rabo los periódicos, ve los telediarios y escucha toda cuanta tertulia radiofónica hay. Le encanta estar a la última y teníais que oírlo hablar con su amigo Miguel, los dos encantados de oírse hablar del último escándalo de corrupción política entre las filas conservadoras.
                Hasta hace un par de días yo había interpretado esta nueva tendencia de mi amigo como una faceta más de su esnobismo. Se había convertido en analista político como quien se compra unas zapatillas muy molonas o una camisa a la última moda. Pero no. Me había equivocado en mi infinita soberbia, pecado que reconozco sin ambages -soy vanidoso y un poco chulito-. Si, por ejemplo, yo observaba con cierta curiosidad que mi amigo Julián pasaba horas enteras pegado a los periódicos, las radios y la televisión, y no dedicaba un solo minuto de su tiempo a ensayos de teoría política o sociología, interpretaba este hecho en mi infinita soberbia como que Julián, además de esnob, es un vago de carallo y un poco burro. Si, por poner otro ejemplo, yo estupefacto le escuchaba decir “una buena botella de vino, al final del día, después de trabajar, con los periódicos y el telediario es un plan”, no pensaba que necesitase la botella entera para soportar la cantidad indecente de corruptelas, guerras e inmigrantes muertos a pocos metros de nuestras playas que pueblan nuestros noticieros. No. Sólo pensaba que mi amigo Julián no tenía gustos propios y juntaba todo aquello que la sociedad juzga de buen tono: los placeres un poco elitistas de la mesa y un toque pseudointelectual.
                Pero me equivocaba. No entendí la complejidad del fenómeno hasta que leí ese concepto en un libro de Castells. Infoentretenimiento. El autor lo mencionaba de pasada, pero a mí me hizo reflexionar. La industria de los medios de comunicación de masas hace años que se dio cuenta de que había un público potencial en el mercado de la audiencia, un nicho para los que se sienten intelectualmente superiores a la chusma que ve Gran Hermano y demás realities, pero que tampoco están dispuestos al esfuerzo que requiere una película o una novela que hable del alma humana. Y así la industria de la comunicación convirtió a la política en un espectáculo, una opereta protagonizada por políticos, empresarios de éxito y creadores de opinión, en la que lo que más interesa son los escándalos, las medidas impopulares y la hipocresía para que mi amigo Julián y su amigo Miguel puedan ver todo eso y limitarse a cotillear como lo haría cualquier portera sin tener que echarse al monte.