jueves, 3 de diciembre de 2015

Elisabeth Kolbert: La sexta extinción.


 

Ahora  que andamos a vueltas con el cambio climático y la reunión de todas las autoridades modernas en París para ver si por fin sale alguna política mundial común a este respecto, no está nada mal leer este ensayo de Elisabeth Kolbert, que fue premio Pulitzer de no ficción en ….
Lo cierto es que la obra no tiene un planteamiento nada original, ni nos va contar algo que no sepamos antes de leerlo. Pero da datos concretos y argumenta con solidez. La sexta extinción está en marcha y, salvo que las personas nos involucremos activamente para detenerlo, estamos ante el fin de una era. Kolbert combina con maestría los argumentos abstractos y de especulación científica, con casos particulares –como la desaparición de la rana dorada de Panamá, el alca gigante o el rinoceronte de Sumatra- que los sostienen.
Hace un análisis y valoración de las extinciones anteriores. Tradicionalmente ha habido dos posturas antagónicas para explicarlas: los uniformistas y los catastrofistas. La autora se sitúa en el término medio. Ambas son causas de extinciones: la extinción del Ordovícico se debió a una glaciación, la de finales del Pérmico al calentamiento global, y la de finales del Pérmico al impacto de un asteroide.
La extinción actual tiene una nueva causa: el ser humano, que ha resultado ser una especie invasora. Cuando el mundo cambia más rápido de lo que las especies pueden adaptarse, muchas de ellas se extinguen. Y el ser humano ha acelerado este cambio.
La autora cierra el libro diciendo que no basta con inquietarse ante este hecho, sino que las personas debemos actuar.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Helen Fisher: ¿Por qué amamos?



    Helen Fisher es una de las autoridades mundiales en biología del amor. Y de esto va exactamente este ensayo: trata de explicar el amor desde un punto de vista biológico.

    La verdad es que su teoría no es nada original. La química y la teoría de la evolución lo explican todo. Según ella, el amor es una estrategia adaptativa. Por medio del amor monógamo, los primates macho se aseguraban la perpetuación de sus genes y los primates hembras tener un macho que les suministrase la comida y los bienes necesarios para la subsistencia suya y de su prole. Con este fin, el cuerpo humano segrega una serie de reacciones químicas que provocan este sentimiento que engancha a unas personas a otras y las lleva a tener hijos. 
    En la primera parte del libro, la autora da un montón de datos en los que explica que las diferentes características del amor también se dan entre otros muchos animales. Esto le parece una prueba irrefutable de que el amor, al no ser algo específico de los humanos, es una estrategia propia de la selección natural. 
    En la segunda parte del libro, explica cuáles son las reacciones químicas que se dan en el cerebro, asociado cada compuesto con un sentimiento amoroso. La pasión, la necesidad de exclusividad, etc... son el resultado de reacciones químicas en nuestro cerebro y esto es así porque el amor monógamo era una estrategia para la supervivencia de los más fuertes.
    Después se centra en las diferencias entre la forma de amar entre los hombres y las mujeres, en cuestiones como los celos -según ella los celos son un mecanismo adaptativo para que los hombres se aseguren de que los genes que lleva la progenia de la hembra sean suyos y para que las mujeres se aseguren de que el hombre le suministra los bienes necesarios a ella y no a otra-, etc... 
     El libro se cierra con unos consejos para superar el mal de amores y para mantener viva la pasión en las parejas a lo largo de los años.

    Siento decir que este libro no tiene el más mínimo interés. En primer lugar, no es nada original. Todo lo dicho aquí lo he leído antes, por ejemplo, en El mono desnudo de Desmond Morris. Y ya puestos, Desmond Morris escribe mucho mejor que ella. 
    En segundo lugar, las explicaciones biologicistas están más superadas que yo qué sé. Obvia cualquier condicionamiento cultural. Puede que el amor se corresponda con algunas reacciones químicas en nuestro cuerpo, pero hay tantos modos y tan diversos de amar que esto es como no decir nada. 
     En tercer lugar, su teoría biológica es falsa. ¿Cómo explica ella que, por ejemplo, en una parte del Tíbet dos hermanos compartan cónyuge sin problemas de celos? Su teoría universal de que los celos son un mecanismo de selección natural no encaja. En el caso de esta cultura del Tíbet, es la falta de tierras de cultivo la que provoca esta particular forma de parentesco. Lo mismo sucede con una antigua casta guerrera de la India, donde las mujeres tenían hijos, pero los padres biológicos no vivían con ellos ni tenían la más mínima obligación. Era el hermano de la madre el encargado de asegurar la manutención. ¿Es que acaso el tío quiere se perpetúen los genes de su yerno?
    Y en último lugar, las últimas páginas en las que da consejitos se parecen más a un libro de autoayuda que a un ensayo científico medianamente serio. La parte en la que da los doce pasos para desengancharse del amor el de broma.


jueves, 19 de noviembre de 2015

David Le Breton: Las pasiones ordinarias: antropología de las emociones.



    La idea en torno a la que gira este ensayo es que las emociones están determinadas culturalmente. Para justificar esta tesis, nos da gran variedad de ejemplos etnográficos de diversas culturas. 

- Hay emociones que no sentiríamos si la sociedad no nos enseñase. Es la sociedad la que nos enseña que existen y cómo hay que sentirlas. Así por ejemplo, la depresión no existe en China. Es impensable para ellos un sentimiento así. Lo mismo sucede con el concepto japonés de dependencia amorosa de una persona. No existe en occidente y no podemos sentirlo. Y para mi sorpresa resulta que la vergüenza ajena es una emoción típicamente española. No la hay en otro lugar.



"En nuestras sociedades occidentales, sentimientos como la vergüenza, la culpa, la confusión, implican el juicio de los otros, real o en potencia. Para evitar los sinsabores a la vez personales y colectivos, el individuo se adapta por su propia cuenta a las expectativas de sus interlocutores, según los códigos de interacción o de conductas afectivas. Su grupo de pertenencia ejerce presión en favor de la normatividad de los comportamientos . La voluntad de dar una imagen positiva de sí mismo esta en íntima relación con el miedo a perder prestigio y experimentar vergüenza. La cultura afectiva esta en el origen de una regulación interna del comportamiento, mientras que el aparato policial y judicial vela por la regulación externa. La mirada del otro incita a la satisfacción normativa de las ritualidades sociales. Se trata de sentimientos o emociones que se apoyan en una concepción social del bien y el mal y lo lícito y lo ilícito, alimentan la autoestima e implican paralelamente una conciencia de la propia responsabilidad para con los otros."

- Una emoción que a priori nos podría parecer universal como el amor, no se experimienta igual en diferentes culturas. La forma de amar y cómo se experimenta y siente el amor varía culturalmente.

"La socialización efectiva no solo enseña al niño como reaccionar ante ciertas situaciones o, mejor, ciertos paradigmas de situaciones; también le sugiere lo que debe sentir en ese momento y cómo le es lícito hablar de ello."

- Ante un mismo hecho, las emociones pueden ser radicalmente distintas dependiendo de la cultura. La muerte puede suponer un dolor atroz o, por el contrario, una liberación. Depende de la idea de muerte que tenga cada cultura.

- Las emociones cambian históricamente. En la Edad Media las emociones y la violencia se vivían con muchísima mayor intensidad. A partir del Renacimiento, la contención en las emociones es la tónica general.

- Hay una base fisiológica para los sentimientos -una serie de reacciones químicas-, pero estas reacciones químicas son tan vagas que apenas si provocan nada en el individuo si no están tamizadas culturalmente. Así por ejemplo, el consumo de alucinógenos y lo que se siente y experimenta depende de la cultura. Entre los indios norteamericanos puede ser una experiencia vital trascendental. Por el contrario, en nuestra hiperracionalizada sociedad actual donde queremos tenerlo todo controlado, puede provocarnos ataques de pánico al sentir que perdemos el control. En palabras de Le Breton:

"el determinismo fisiológico que pesa sabre los comportamientos humanos no importa tanto como las innumerables maneras en que las sociedades y los individuos se adaptan a el y reformulan esos comportamientos a su modo para comunicarse entre si."


Solo los amantes sobrevivien (Jim Jarmusch)



    En Solo los amantes sobreviven Jim Jarmusch no parece preocupado por contar una historia, sino más bien por crear unos personajes y recrear un ambiente. Apenas si tiene argumento. Es cierto que pasan cosas, pero no se puede decir que se desarrollen dentro de la estructura tradicional de planteamiento, nudo y desenlace. Hay dos vampiros que se quieren mucho, uno de ellos es un romántico en el sentido artístico del término, y la otra es una mujer a la que le gusta disfrutar de la belleza en el mundo; también hay un vampiro viejo que se supone que es Christopher Marlowe y que es el verdadero autor de las obras de Shakespeare; parece una hermana alocada que mete a los vampiros enamorados en un lío; y alguna que otra cosa más. Pero todo esto no está hilvanado. Son más sucesión de anécdotas que otra cosa. La finalidad de las diversas acciones no está en desvelar una historia, sino en dibujarnos unos personajes y un ambiente muy particular. Así, Jarmuch nos ofrece su revisión personal del mito de los vampiros.

    Siento decirlo, porque Flores rotas me gustó mucho, pero Solo los amantes sobreviven no aporta nada aparte de la magnífica actuación de Tilda Swinton. Si no fuese por ella, la película sería un auténtico bodrio. Esta revisión posmoderna y pseudoromántica no trae nada nuevo a la historia de los vampiros en el arte. El marido de Tilda Swinton, el vampiro deprimido, hipersensible al arte y excepcional compositor musical, es un tópico de los pies a la cabeza. Parece sacado de obras de teatro románticas del siglo XIX, pero de las más exageradas, del estilo de Don Álvaro o la fuerza del sino o cosas así. No solo es que esté más visto que el tebeo, es que es absolutamente inverosímil. Además resulta antipático. Tal vez pueda gustar a adolescentes que todavía piquen con este tipo de personajes, porque tiene un airecillo a subproducto rockero de la MTV que tira para atrás. Pero a mí, que ya voy para los 40, ya no me engaña. Es un refrito y mal hecho.


    De todos modos los cinéfilos tenemos que ver esta película. Tilda Swinton se come la pantalla. Cada minuto de metraje rezaba para que apareciese ella y no otro personaje. Me enamoré como un adolescente y, si Jarmusch no me engaño con su maridito, con ella sí. Esta fantástica. Y nada de vestirla como un adolescente y maquillarla para que parezca una veinteañera. Es una señora de 50 y tantos años excepcionalmente atractiva. Nunca fue más cierto aquella tontería de que la arruga es bella. Lo hace tan bien y está tan guapa que es capaz de sacar partido a cualquier defecto físico, desde su delgadez extrema, pasando por los juanetes o las arrugas. Es un papelón que da sentido a una carrera. 

    El resto de la película es tópico y prescindible. Personajes repetidos y escenarios decadentes ya vistos una y 1000 veces.

La maravillosa Tilda Swinton y su lamentable marido.
A la peluquera deberían darle un Oscar.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Owen Jones: Establishment.



    Cuando uno lee Establishment no sabe si está leyendo a un analista y politólogo inglés o a Pablo Iglesias. En todo momento tuve la sensación de estar oyendo hablar al líder de Podemos en un plato de televisión. Prácticamente todo lo que cuenta Owen Jones en este libro es lo mismo que denuncia (denunciaba) Pablo Iglesias en los medios de comunicación. La única diferencia es que el analista inglés puede demorarse más porque dispone de cientos de páginas y que los ejemplos y datos que da son del Reino Unido y no de España.

    Owen Jones empieza hablando de los escuderos. Esta es la parte más interesante del libro. Creo recordar que no cita a ningún antropólogo político en concreto, pero lo que hace es aplicar las teorías del discurso de poder de la antropología simbólica a la política anglosajona. El poder no es sólo poseer los medios de producción o la fuerza legítima, sino imponer un discurso a la sociedad. Haciendo que la mayor parte de la sociedad considere una serie de ideas como obvias, más allá de toda discusión, se construye el sistema político deseado. Así, en los años 60 la socialdemocracia había impuesto su discurso como el único posible. La gente ni se planteaba que servicios como la sanidad o la defensa pudieran estar en manos privadas. Era obvio para todo el mundo que el Estado debía tener un papel protector con respecto de sus ciudadanos y garantizar sus derechos y un reparto equitativo de bienes. Incluso los partidos de derecha neoliberal tenían que hacer políticas conforme a estas ideas colectivas porque, en caso de que se les ocurriese expresar públicamente su voluntad de privatizar tal o cual servicio, se les hubiese tachado de locos y automáticamente hubiesen perdido cualquier carrera electoral. Sin embargo, las tornas han cambiado. Gracias a la presión de los think tank neoliberales se ha conseguido imponer como una verdad obvia para todo el mundo que lo privado funciona mejor que lo público. Nadie se plantea si esto es verdad o no, simplemente aceptamos esta idea como evidente y a partir de ahí se construyen todas las políticas estatales.

   En el siguiente capítulo, Owen Jones explica cómo lo que él llama establishment son un grupo de personas que detentan el poder y que son un grupo cerrado que se conocen todos entre ellos. Éste grupo es bastante heterogéneo e incluye políticos, empresarios, altos funcionarios, magnates de los medios de comunicación, etc. El establishment que detenta el poder lógicamente hará políticas que los beneficie a ellos como clase en detrimento del resto de la sociedad.

    Una de las batallas simbólicas más importantes que ha ganado el establishment para imponer su discurso como el hegemónico ha sido en torno a la idea de meritocracia. Según ellos, el sistema capitalista es perfectamente justo y aquellos que hacen méritos para triunfar se sitúan en la cúspide de la pirámide social. Evidentemente, y el autor nos da muchos ejemplos de ello, esto radicalmente falso. El establishment se autoperpetúa como grupo cerrado.

    En el capítulo dedicado a las fuerzas del orden Owen Jones explica cómo el establishment utiliza la policía en su propio beneficio. Es quizá la parte más conmovedora del libro y los párrafos dedicados a los aficionados del Liverpool que murieron aplastados por la incompetencia policial y el modo en que la policía y los medios de comunicación manipularon el caso para hacerlos pasar como culpables mueven a la indignación.

    En Gorrones del Estado y magnates y Defraudadores Owen Jones explica cómo el liberalismo y el principio de no intervención del Estado afecta sólo a las clases populares. No es sólo que el establishment cobre directamente mucho dinero del Estado, sino que vivimos en un sistema de "capitalismo subvencionado". Esto quiere decir que el Estado desvía mucho dinero desde las clases populares hacia empresas y bancos privados para que éstos sigan haciendo negocio y teniendo multimillonarios beneficios. La crisis económica que estamos viendo ahora y el rescate de los bancos es un ejemplo clarísimo de ello. El Estado sacó miles de millones de las nóminas de los trabajadores de clase media y baja y los metió en bancos privados a fondo perdido. Es eso que aquí en España llamamos privatizar beneficios y socializar las pérdidas.

    Los estados viven una falsa ilusión de soberanía, ya que creemos que nuestros políticos pueden hacer algo por nosotros. Esto, por supuesto, es falso. No hace falta citar el caso griego. Las verdaderas decisiones no se toman en la Cámara de los Comunes en el Parlamento, sino que dependen de multinacionales, grupos financieros, o como se llamen, que están muy por encima de los estados.

    Finalmente Owen Jones propone una serie de medidas para hacer que nuestras sociales sean mas justas. Es consciente de que no se puede volver al mundo de 1960 y trata de proponer medidas modernas. Algunas son un tanto discutibles, otras son brillantes. Sea como sea, Establishment es un análisis bastante interesante de nuestra sociedad actual. No es tan bueno como Chavs. En esta su primera obra Owen Jones tenía una idea propia (como se crea un estereotipo negativo de las clases populares para retirarle las ayudas sociales). Aquí no. Establishment es un libro puramente descriptivo. Pero no por ello  no merece la pena leerlo.

martes, 17 de noviembre de 2015

The Jinx (Andrew Jarecki)



(este post tiene spoilers)

    The Jinx es un documental de la HBO de seis capítulos sobre Robert Durst, el hijo mayor de una de las fortunas más grandes de Nueva York. Al poco de casarse, la mujer de Durst desapareció y nunca más se supo de ella. Ciertas incongruencias en las declaraciones indicaban que Robert Durst tenía algo que ver en esta desaparición, pero, si no hay cuerpo, no hay caso. Tiempo después, la mejor amiga de Durst, una escritora hija de un antiguo capo de la mafia, es asesinada en su apartamiento de Beverly Hills. Otra vez hay indicios de que Robert Durst está implicado, pero tampoco hay pruebas concluyentes. Finalmente, Robert Durst mató en su propia casa a un vecino y luego lo descuartizó. Se le juzgó por ello y los abogados alegaron que lo hizo en defensa propia y que el descuartizamiento fue consecuencia de los nervios tras una muerte accidental -sí, accidental en defensa propia-. Consiguieron que no se le juzgase por descuartizar a la víctima, sino solo por la muerte. Y como en Texas es legal matar a alguien que se ha colado en tu casa sin tu permiso, salió absuelto.

    Jinx En inglés significa gafe. Esa es la duda que planea durante la mayor parte del documental. ¿Es Robert Durst un asesino en serie o solo una persona con la mala suerte de estar siempre en el sitio equivocado en el momento equivocado?

    The Jinx, The life and deaths of Robert Durst es una de esas cosas que hay que ver para estar en la onda. Esto, a priori, despierta en mí cierta antipatía y me predispone a encontrar defectos en todos lados.

    En primer lugar, técnicamente no hay nada que la diferencie de esos documentales de crímenes que echaban por la Sexta los fines de semana por la mañana. Está un poco mejor producida, tiene algunos truquitos propios del director engañoso y poco más.

    En segundo lugar, le sobra metraje a punta pala. Con un par de horas le llegaba de sobra. Todos los testimonios de las amigas de la esposa desaparecida, de los policías, de los vecinos, etcétera, sobran. Lo que nos interesa es el personaje de Robert Durst. Importa cuando él habla, el resto es paja.

    En tercer lugar, es moralmente reprochable. No creo que la calidad artística de una obra deba juzgarse por cuestiones morales o políticas. Si así fuese, pensaría que todo el cine de John Ford es basura, y no lo es. Hay que tener un poquito de perspectiva y apertura de miras y no confundir belleza con ideología. Pero una cosa es esto, y otra muy distinta lo que hace Jarecki. En el capítulo quinto encuentra una prueba irrefutable de la culpabilidad de Durst que no tenía la policía. En lugar de ir inmediatamente a la comisaría a denunciarlo, guarda la prueba en una caja de seguridad de un banco y monta un numerito para grabar a Durst en el momento en que le dicen que saben que es culpable. Esto, como mínimo, es explotar el morbo fácil. Podía haber rehecho el documental ya con Durst como asesino en serie probado y castigado, pero prefirió darle carnaza al espectador -y de paso mucha publicidad-.

    Y, pese a todo, el documental es brutal. Robert Durst es un personaje tan, tan fascinante que podía haber contado su historia un alumno de Formación Profesional Básica, y aún así el producto seguiría siendo magnífico. Hijo mayor de una familia multimillonaria, ve suicidarse a su madre probablemente inducida por un padre deshumanizado. Ya de adulto, es ninguneado y apartado del negocio familiar por el ambicioso hermano menor. Y así un chico extraño y huraño acaba convirtiéndose en un asesino en serie, porque, entre otras cosas, como reacción necesita sentirse listo y superior a los demás. Pero no nos engañemos. Durst ni es listo ni es superior. Es bastante chapucero y, si logra salirse con la suya durante casi tres décadas, es gracias a la fortuna familiar. Así, de paso, la biografía de Robert Durst no es sólo la de un fascinante criminal, sino también un ejemplo de la injusticia social. Casi nada.

Los cuatro hijos de Katie Elder (Henry Hathaway)




   Las páginas web define cada vez me desconcierta más. Andar puntuando las películas como si se tratase de un examen es un poco chorra y la verdad es que no suelo prestarles mucha atención. Además, supongo que esas puntuaciones tendrán mucho que ver con intereses comerciales. Pero ver que a hypes como True detective I le dan una nota casi de obra maestra y que a Los cuatro hijos de Katie Elder la pongan como una película mediocre es, cuando menos, sorprendente.

    En Los cuatro hijos de Katie Elder la tensión es continua. Desde el primer instante sabemos que se ha cometido una injusticia contra Katie, pero el pueblo entero quiere taparla con un velo de silencio. Los hermanos indagan, pero se encuentran una y otra vez con miradas esquivas, respuestas vagas, el silencio o una admonición para que dejen el tema. Se trata de la ley del silencio. Aunque todos saben que ha habido una injusticia, nadie quiere hacer nada porque no quieren problemas. Empezando por el sheriff. Pero la injusticia les acaba llegando a ellos. Es como en aquel poema de Martin Niemöller:

Primero fueron a por los judíos,

y yo no hablé porque no era judío.
Después fueron a por los comunistas,
y yo no hablé porque no era comunista.
Después fueron a por los católicos,
y yo no hablé porque era protestante.
Después fueron a por mí,
y para entonces ya no quedaba nadie que hablara por mí.



    Los personajes de los cuatro hermanos están perfectamente hechos y definidos. Son un poco tópicos, sobre todo el protagonista John Wayne, pero en dos horas no hay tiempo para todo. No es como Guerra y paz, donde tienes más de 2000 páginas para desarrollar los personajes y la historia. Aquí hay poco más de dos horas y es necesario que el espectador reconozca el personaje para poder disfrutar de la historia. 
   Como dije, los personajes de los cuatro hermanos son un poco tópicos, pero es necesario hacerlo así, porque cada uno encarna una razón por la que abandonaron a su madre. Y así, llegamos al tema de la película, que es el pecado y la redención. Los hijos abandonaron a la madre y la dejaron sola ante las injusticias. Cada uno se fue a vivir su vida a su manera, sin pensar en aquella madre que dejaban atrás sola y desvalida. El día de su funeral descubren las consecuencias de sus actos y empieza su verdadera historia de redención. Lo grande de esta película es que la redención no implica liarse a tiros inmediatamente. Su madre odiaba la sangre y quería que sus hijos fuesen buenas personas. Por eso la historia de redención no es una historia de tiros y venganzas, sino de asumir las consecuencias de los actos y hacer lo que se debe. En este sentido, el hermano mayor, John Wayne, el mayor pecador, es el que más se redime. De todos modos, no debemos olvidar que esto es un western, y es inevitable que haya algunos disparos, pero siempre justificados y después de haber sobrepasado el límite. 
       Dean Martin es el contrapunto cómico y canalla del pistolero con pasado oscuro John Wayne. Como dije, la tensión en la película está todo el tiempo presente y va en aumento y es necesario de vez en cuando pequeños momentos de alivio. Las intervenciones de Dean Martin lo consiguen, cosa que a Henry Hathaway no le había salido bien en Valor de ley
   
   Y ya para terminar, creo que es importante destacar el personaje de Katie Elder, alguien que no aparece en ningún momento en la imagen y que solo conocemos por lo que dicen los demás. Sin necesidad de ponernos en la pantalla, los espectadores nos identificamos con ella y llegamos a amar a este arquetipo de la madre bondadosa que lo da todo por su esposo y sus hijos y llega hasta el punto de sacrificarse y olvidar una injusticia con tal de salvarlos.