domingo, 31 de mayo de 2015

The Shield: Al margen de la ley. (Shawn Ryan)




    The Shield es una serie de aquellos tiempos en que eclosionaba la serie de televisión como un género serio al nivel del cine. Hasta aquel momento, salvo algunas excepciones muy contadas, la serie era un género menor que nadie se tomaba en serio. No eran más que entretenimiento. Pero llegaron Los Soprano, The Wire, A dos metros bajo tierra y Deadwood y la serie se convirtió en un territorio nuevo que explorar. Y no sólo era un territorio virgen en el plano creativo, sino también un filón económico. Y así las series son hoy en día un género de prestigio, en el que se gana mucha pasta y a las que guionistas, directores, actores y productores, que antaño no les hubiesen dedicado ni medio segundo, se están pasando. 
     Ya he comentado que creo que la época dorada de las series ha pasado. Las tan cacareadas True Detective y Breaking Bad no están al nivel de las arriba citadas ni de coña. The Walking Dead tal vez. Pero de lo que desde luego estoy seguro es de que no hay en pantalla ahora cuatro series del nivel de aquellas series pioneras. No sé será así para siempre. Supongo que no. Supongo que tarde o temprano aparecerá algo realmente bueno. Pero el caso es que por ahora no. 
     The Shield pertenece a aquellos buenos tiempos para las series. Se la ha comparado mucho con The Wire, porque ambas son series policíacas que coincidieron en antena. The Shield es la The Wire de la costa oeste, se decía. Puede que sea así, en el sentido de que The Shield está al nivel. No sé si es tan buena como The Wire -habria que volver a verlas-, pero desde luego no desmerece. En cualquier caso las comparaciones no deben ir más allá. Las dos son series de policías, en las dos hay mucha corrupción y pocas coincidencias más.
     The Shield cuenta las aventuras y desventuras de una comisaria en el ficticio distrito de Fargmigton. Según Filmaffinity:

     Serie de carácter policíaco, cuyo protagonista es el detective Vic Mackey, jefe de una unidad especial del distrito de Fargminton, en Los Ángeles, muy eficaz en su acción contra el crimen, pero que trabaja según normas y métodos tan peculiares que no excluyen procedimientos tan cuestionables como la extorsión, la tortura o el chantaje, si se consideran necesarios.


El grupo de asalto

     La comisaría de Fargminton es un ecosistema en el que se mueve una galería de personajes antológicos. Ni uno solo de ellos es un personaje plano, un estereotipo, como nos tienen acostumbrados las series policíacas. Todos ellos tienen sus luces y sus sombras, lo que los humaniza y los acerca al espectador. En este ejercicio humanizador de los personajes hay que destacar que la perspectiva de la narración está pegada a Vic Mackey que, a fin de cuentas, es un policía corrupto, un ladrón y un asesino. Sin embargo, contando la historia desde su perspectiva, se consigue que el espectador se identifique con él y que sufra a su lado por todos y cada uno de los reveses que amenazan con dar sus huesos en la cárcel. En este sentido The Shield es una serie muy ambigua, que no se deja arrastrar a posturas maniqueas. Como no podía ser de otra manera, los actores están al nivel de sus personajes y hasta podemos encontrarnos a actores de relumbrón como Glen Close o Forrest Whitaker.
      En lo que se refiere a la forma y la técnica, Shawn Ryan supo de hacer de la necesidad virtud. Según parece, no contaba con demasiado presupuesto. Pero esto, lejos de ser un problema, se convirtió en una de las mayores virtudes de la serie. The Shield está filmada cámara en mano, en modo documental. Asimismo, los escenarios y el decorado son bastante austeros. Esta parquedad de recursos le da un aire de realismo sucio que se corresponde perfectamente con el contenido de la serie. 



       En algunos foros he leído que Breaking Bad es maravillosa porque no da tregua al espectador. Si eso es cierto, The Shield debe entrar en el Olimpo del cine, porque es de una intensidad bestial. En cada secuencia todo el mundo del equipo de asalto parece estar a punto de hundirse, lo que obliga a sus miembros a hacer malabares para no ser descubiertos. No hay descanso para el espectador. Y lejos de irse mitigando a medida que avanza la serie, la tensión aumenta exponencialmente, hasta el punto de que los últimos capítulos cortan la respiración. Por supuesto, este ritmo narrativo y esa tensión dramática tienen su correspondencia formal. Los diferentes directores recurren a un estilo caótico, con zooms, enfoques y desenfoques a todo trapo, lo que le da muchísimo dinamismo.
      Pero todo esto no es más que pecata minuta al lado del guión. El equipo de guionistas encuentra en equilibrio perfecto entre tramas autoconclusivas, tramas que se prolongan tres o cuatro episodios, una trama para toda la temporada y una trama subterránea -la lucha del grupo de asalto por sobrevivir a su pasado y su propios métodos-. Y así, de manera equilibrada, el equipo de guionistas le va proponiendo al espectador una serie de dilemas morales y políticos. 
      En primer lugar, la serie nos plantea el conflicto entre los derechos y las libertades y la seguridad. ¿Debemos renunciar a nuestros derechos a cambio de seguridad? Es el conflicto eterno entre la derecha y la izquierda política, esta vez trasladado a la pequeña pantalla. Como no podía ser de otra manera, The Shield no nos da una respuesta fácil. Los guionistas están dispuestos a enfangarse y contemplar el problema sin miedo a la censura del pensamiento políticamente correcto. 



   Paralelamente al conflicto entre libertad y seguridad discurre el tema de la responsabilidad moral de nuestras acciones. Los miembros del grupo de asalto actúan mal. Buscan su interés personal, roban, maltratan, infringen la ley y, en definitiva, son corruptos. Pero, lejos de asumir su responsabilidad, están siempre justificándose, poniendo a la familia como excusa para cometer todo tipo de tropelías. Igual que antes, en este aspecto tampoco es una serie maniquea. Shane y Vic realmente aman a sus familias y luchan por ellas. Otra cosa es que el resultado sea el que ellos se habían propuesto. Como le dice Diro Keshakian a Shane: «No podemos dejar a la gente que queremos fuera de las decisiones que tomamos».



      Muy relacionado con el tema anterior es el del castigo. Es la sombra que planea todo el tiempo sobre el grupo de asalto, el miedo que mueve sus acciones desde el primer capítulo. La presencia de este castigo los va cercando poco a poco hasta llegar a un final que te deja desolado. La séptima temporada es de una intensidad bestial. Los guionistas no se dejaron nada y eso se nota. Al terminar cada capítulo, el espectador asiste atónito al destino trágico que se cierne sobre el grupo de asalto, como si de una tragedia griega se tratase.
     Y por último, la serie se pregunta acerca de la naturaleza del mal. Tradicionalmente se han dado dos respuestas: los hombres son buenos por naturaleza, es la sociedad la que los corrompe -Rousseau-, o el hombre es un ser naturalmente inclinado hacia el mal -Hobbes-. Muchas son las obras artísticas que se han enfrentado a esta pregunta. Sin ir más lejos, El Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache lo hacen desde la novela picaresca. El primero culpa a la sociedad de las maldades de su pícaro, el segundo al pecado original y a la naturaleza humana. El mal está siempre presente en las series policíacas en forma de delito. Así que no es de extrañar que, si son buenas, acepten el órdago de responder a esta cuestión que lleva preocupando a los seres humanos desde los inicios de la civilización. Y aquí, a diferencia del resto de aspectos, la serie no es nada maniquea. The Shield es el otro lado de la moneda de The Wire. Si el sistema falla es porque las personas hacemos mal uso de las instituciones. No en vano lo únicos personajes que acaban bien son los pocos honestos que había en aquella comisaría. 



     Y nada más, salvo preguntarme cómo es posible que esta serie, que tanto éxito tuvo en EEUU, haya pasado casi desapercibida en España.
    



Las vidas posibles de Mr. Nobody (Jaco Van Dormael)



    En el año de 2092, Nemo Nobody, que tiene 120 años, es el último ser humano mortal de la Tierra y vive rodeado de hombres que han alcanzado la inmortalidad gracias a increíbles avances científicos. Cuando Nemo se encuentra en su lecho de muerte, recuerda varias posibles existencias y matrimonios que no llegó a vivir. (Filmaffinity).

    Una buena historia de ciencia ficción es la que esconde un conflicto moral o político que podemos trasladar a nuestros días. Hacia dónde se dirige el planeta o qué pasaría sí... ¿está bien o deberíamos ser muy precavidos a ese respecto? Las vidas posibles de Mr. Nobody encierra un dilema y nos hace pensar. Toda ella es una reflexión acerca la elección. ¿Qué sucedería si pudiésemos movernos por el tiempo como lo hacemos por el espacio? ¿Y si tuviésemos la facultad de volver atrás en el tiempo y cambiar las decisiones que hemos tomado sabiendo cuáles serán las consecuencias de esas decisiones?
    Mr. Nobody es el ultimo humano mortal que queda en el mundo. El resto son inmortales. Mr.Nobody es el último representante de una existencia en que las decisiones humanas eran importantes. Dado que sólo tenemos una vida finita, cada una de nuestras decisiones es importante porque determinará el rumbo de nuestra existencia. Por el contrario, para un inmortal estas decisiones carecen de importancia, ya que, como su vida es infinita, poco importa lo que elija, porque todo pasará tarde o temprano. En este contexto, Mr Nobody cuenta su vida -o más bien todas las vidas que pudo haber tenido dependiendo de qué hubiese hecho en cada momento- y se nos plantea la idea de qué sucedería si pudiésemos movernos por el tiempo.  Viviríamos todas las posibilidades y al final nos quedaríamos con una, como hace Mr. Nobody.
     Además de este juego conceptual, la pelicula es una/s historia/s de amor. Todo lo que nos cuenta Mr. Nobody acerca de sus vidas se refiere a cuestiones sentimentales, de ahí que, además de ciencia ficción, Las vidas posibles de Mr. Nobody también sea una historia romántica. 
      Valorar esta película no es fácil. Desde un punto de vista técnico está bien. En lo que se refiere a los actores no hay nada que objetar. Jared Leto, que es el que lleva el peso de la historia, lo hace bastante bien. Pero estos aspectos son cuestiones casi menores en una película que apuesta tanto por el guión. Las vidas posibles de Mr. Nobody es una película que lo basa todo en la historia que cuenta y en hacer reflexionar al espectador a partir de los hechos. En este sentido, el filme peca de complejo. Una cosa es hacer una película densa, y otra que haya cosas que no se entienden y que el espectador tenga que estar pendiente de hasta el más mínimo detalle para no perderse. Sobre todo porque se corre el riesgo de que se canse y desconecte. No fue mi caso. La película me gustó y estuve atento todo el tiempo. Pero aviso al espectador que no le guste o no le apetezca esforzarse demasiado que esta no es su película. Asimismo, las historias de amor son irregulares. La de Ana está muy bien, pero la de la china es demasiado tópica. Pero tampoco hay que ser demasiado duro. La película, en su conjunto, es bastante buena y, sobre todo, es distinta. Recomiendo verla. Eso sí, un día que uno tenga la cabeza despejada.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El PP vuelve a la estrategia de las dos Españas




    Para muchos ver ayer a Esperanza Aguirre mendigando un pacto al el PSOE fue un momento de placer malsano. Yo mismo reconozco que me entregué a este goce un tanto enfermizo que consiste en disfrutar de la desgracia de otro. Sé que no está bien, pero fue lo que fue y lo mejor es asumir las debilidades propias. Sin embargo, pasado este momento de júbilo, es tiempo de pensar fríamente por qué Ësperanza habrá hecho un movimiento como ese. Que una persona tan soberbia como ella se humille públicamente de tal manera tiene que tener algo que no vemos. Porque no sólo le ofreció al PSOE entrar en el gobierno, sino que les cedía la alcaldía -aunque fuesen la tercera fuerza- y hasta se ofrecía a sí misma como sacrificio ritual.
     -Si yo soy el problema, estoy dispuesta a retirarme. -dijo.
     Todo para que los radicales bolivarianos de Podemos que quieren acabar con la Cultura Occidental no lleguen al poder.
   Esperanza Aguirre tendrá muchas cosas, pero tonta no es. Y, casualidad de casualidades, al día siguiente la cúpula del partido les dice a sus candidatos que pueden hacer lo mismo que Esperanza: ofrecer pactos al PSOE para hacer un cinturón de seguridad alrededor de Podemos. 
       La estrategia política está clara. En Ferraz saben de sobra que no pueden formar gobiernos con el PP porque sería su entierro político. Si ya está muy extendida la idea de que PP y PSOE son lo mismo y que el PSOE hace años que dejó de saber lo que significaba la S de socialista, como pacten con el PP los pocos votantes que les quedan van a desertar en masa. La única salida que el queda al PSOE es alinearse con Podemos y hacer un frente de izquierdas. Lo sabe Esperanza Aguirre y por eso dio esa rueda de prensa en la que no había nada de humildad ni autocrítica. Era, como todo lo que hace esta señora, un hábil movimiento político. Obliga al PSOE a irse con Podemos y a darle al PP el argumento de que el PSOE se ha radicalizado pactando con los antisistema. A continuación se desplegará la estrategia del miedo y muchos de los votantes más conservadores del PSOE -que por otra parte son los únicos que le quedan- se asustarán y, en el mejor de los casos, se desmovilizarán y se quedarán en casa en las siguientes elecciones. 
       Esta estrategia es la de las dos Españas de toda la vida y que tan rentable le ha sido al PP. Nosotros o los otros. Poco importa que dentro de los otros metan posiciones políticas tan dispares como el nacionalismo conservador del PNV o de CIU, el independentismo de izquierdas de Esquerra Republicana, el Bloque Nacionalista Gallego y Amaiur, la socialdemocracia de Podemos, la tercera vía del PSOE, a los ecologistas, al Partido Animalista y un larguísimo etcétera. Poco importa que este reduccionismo falsee la realidad de una España muy plural. Poco importa que a la larga lleve a confrontación y a que el nivel de crispación llegue a niveles insoportables. Poco importa que esta estrategia haya provocado unas tensiones territoriales como no se recordaban desde el siglo XVIII. Poco importa que sea una estrategia visceral que mueva lo más bajo que tenemos las personas. Poco les importa todo esto si con ello sacan rédito electoral y les ayuda a capear el sunami que se promete en Noviembre. Poco les importa porque, según ellos, son la única posibilidad de parar a los comunistas que van a quemar iglesias y violar a las monjas. Pero a mí sí me importa porque es mentir, manipular y es mezquino y miserable. 

martes, 26 de mayo de 2015

Lone Star (John Sayles)


    
    Lone Star es una película difícil de comentar. Es de esas que la estás viendo y te entretiene, pero no es hasta que has acabado y la dejas reposar un poco que tomas conciencia de su complejidad y lo llena de matices que estaba. 

    Filmaffinity la resume así:

   En el desierto de Texas, en un pueblo con numerosos inmigrantes mexicanos, aparece un hombre muerto. Durante la investigación, el sheriff encargado del caso tendrá que enfrentarse con algunos enigmas de su pasado.

    Como decía, Lone Star es una película compleja.
    En primer lugar, se trata de un western fronterizo, pero, en lugar de estar ambientado en el siglo XIX, la historia tiene lugar en el siglo XX. Esto ya de por sí desconcierta al espectador. Como decía Jauss en el marco de la Estética de la Recepción, la obra artística no tiene por qué ser interpretada con las mismas motivaciones con las que fue compuesta. El espectador se enfrenta a ella con su conocimiento del mundo formado por sus experiencias vitales y los conocimientos previos que ha adquirido. Este conocimiento determina el modo en que las personas interpretamos la obra artística, de ahí que unas personas interpreten una obra de una manera y otros de otra. Este conocimiento previo influye directamente en los géneros y en lo que esperamos de una obra. Los géneros se construyen a partir de una serie de convenciones que el lector/espectador conoce de antemano y determinan el modo en que se acerca a la obra. Así, si vamos a leer una novela romántica, esperamos que sea una narración en prosa de extensión considerable en la que los conflictos que muevan a los personajes sean sentimentales. En el caso de que el lector abra una novela romántica y se encuentre con una historia narrada en verso sobre francachelas de unos amigotes, cuando menos se vería sorprendido. Sin llegar a estos extremos, muchos han sido los autores que han jugado a sorprender al lector innovando o variando un género. El western, como todo género, tiene una serie de convenciones. Una de ellas -y no la menos importante- es que esté ambientado en el siglo XIX, Lone Star no lo está. Por eso, cuando empiezas a verla, no estás preparado para ver un western. Sin embargo, a medida que la película va avanzando, te vas dando cuenta de que estás ante uno de manual y te sorprende y te gana -por lo menos a mí-. Lone Star es, en este sentido, una variación sobre el western tradicional, y así Sayles le plantea al espectador un juego de espejos y referencias cruzadas. 
      En segundo lugar, Lone Star es un drama coral. Con la excusa de un cuerpo encontrado en el desierto y la consiguiente investigación, Sayles despliega ante el espectador una colección de personajes memorable, todos con su historia y su pasado. Aparentemente el director lleva al espectador de la mano junto con el protagonista en pos de la solución de un crimen. Pero esto, como digo, no es más que apariencia. El crimen es la excusa. La verdadera investigación es acerca del pasado de los personajes, de sus motivaciones y de las razones que los llevaron a acabar como acabaron. Como sucede con Tercipelo Azul de Lynch, bajo la fachada, bajo la imagen pública que los personajes ofrecen a sus vecinos, se esconden verdades oscuras. Nada es lo que parece. Y así, sumando uno a uno la historia de vida de cada personaje, Sayles construye una obra coral que no está hablando de un crimen, sino de la idiosincrasia de todo un pueblo.
       La técnica narrativa para desplegar ante nosotros esta colección de personajes y su pasado es aparentemente muy sencilla. Hay varios saltos temporales en los que vemos el pasado, pero el grueso de la información nos llega a través de testimonios acerca de lo que fue. El policía va preguntando aquí y allá y la gente responde. De la suma de lo que vemos y de lo que nos cuentan reconstruimos el mosaico.
      Esto de la técnica me lleva a uno de los más grandes aciertos de la película: el multiperspectivismo. Frente al modelo hollywoodiense de un protagonista único que nos ofrece un único punto de vista, Lone Star se construye sumando las diferentes perspectivas, lo que la hace muy moderna. Lo que dije en otra ocasión a propósito de Julian Barnes es perfectamente aplicable a Lone Star

    
 Cada personaje va contando un trocito de la historia, aportando su visión particular de lo sucedido. Este multiperspectivismo acerca al narrador a la omnisciencia, ya que el lector, reconstruyendo y rellenando lo huecos que deja uno con lo que dice otro, acaba recibiendo una información casi de narrador omnisciente. Evidentemente, esta técnica no es nada nuevo. Hay miles de novelas que hacen algo similar. El genial Wilkie Collins ya recurrió al multiperspectivismo en La piedra lunar en el siglo XIX. Lo interesante de las novelas de Barnes es que los testimonios de los personajes con frecuencia son contradictorios entre ellos. No es que cada uno interprete lo sucedido a su manera, es que cada uno nos cuenta unos hechos distintos. Este juego de perspectivas es la concreción en técnica narrativa de la filosofía de nuestra época. Los tiempos de las verdades únicas y absolutas han pasado. Todo es subjetivo, sujeto a interpretación. Es como si Derridá o Foucault hubiesen escrito una novela aplicando sus teorías. 

     Y ya para terminar, no me resisto a destacar el compromiso político del director. Este pequeño pueblo fronterizo es el espacio perfecto para hablar del racismo, de las diferencias de clase, de la corrupción política, de la violencia y de la forma en que algunos olvidan su origen. 

     En definitiva, una gran pelicula.

Los falsificadores (Stefan Ruzowitzky)



    Durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial los nazis planean llenar el mercado de billetes de libra y de dólar falsos y así hundir su economía de los aliados y ganar la guerra. Para ello escogen a varios judíos de los campos de concentración, todos ellos expertos en alguna tarea específica relacionada con la falsificación. 
      Me acerqué a esta película lleno de expectativas. Había ganado el Oscar en el 2008 a la mejor película extranjera y el premio al mejor actor en la Seminci de Valladolid también en 2008. Además, todo lo que tenga que ver con la Segunda Guerra Mundial, aunque sea remotamente, tiende a encandilarme. Tal vez fuese por este exceso de expectativas, tal vez porque la película no valga un patacón, que me llevé una decepción mayúscula. Me aburrí de cuidado y en más de una ocasión me sorprendí a mí mismo mirando el móvil por si me llegase algún watsap que me sacase del tedio. 
     Con las películas de nazis puedes hacer dos cosas, ambas igualmente válidas: o bien aprovechas el entorno, con toda su parafernalia y oportunidades de aventura, y haces una película de acción; o bien aprovechas aquellas décadas ominosas de la historia humana para reflexionar sobre la condición humana, sobre el mal, sobre el horror y sobre el extremo al que podemos llegar las personas, ya sea como víctimas, ya como verdugos. Los falsificadores pretende ser de las segundas, pero siento decir que se queda a medio camino. El nazismo y los campos de concentración dan para películas y conflictos morales y éticos que te sacudan el alma y te dejen hecho polvo. Los falsificadores tiene un par de momentos en los que te agobias un poquito, pero tampoco demasiado, porque, a fin de cuentas, los protagonistas son tratados más o menos bien y lo que pasa más allá de su barracón no se ve. Se intuye un poco, pero el director lo deja pasar como sin darle mucha importancia. No es la presencia del horror al otro lado de la pared la leiv motiv de la pelicula, sino más bien un elemento casi decorativo. Y así la película se diluye, sin ser un filme de aventuras, ni un drama lo suficientemente intenso como para arrugarte.
     El conflicto moral al que se ven sujetos los personajes es la duda de si hacer o no esos billetes. Hacerlos contribuirá a que la Alemania nazi, ese engendro que condenó a millones de personas al horror de los campos de concentración, tenga una oportunidad de perpetuarse. Pero no hacerlo supone volver al régimen de preso común y, con toda probabilidad, morir. Este conflicto puede ser interesante, pero insisto en que el director no incide lo suficiente en los horrores de la guerra y así se diluye en poco. 
      Lo único que rescato de esta pelicula -ojo que aquí viene un spoiler- es el final, cuando son rescatados y algunos de los judíos que no le hacían boicot al nazismo y que llegaron incluso a apalear a uno de los suyos por hacerlo, le cuentan a los otros judíos del campo cómo hacían trampas para boicotear a los nazis. Un ejemplo del modo en que se escribe la historia y de cómo nos apuntamos los tantos de los demás. Desgraciadamente es muy poco para levantar el filme y decir que vale la pena verlo.
     La dirección es sobria, el decorado está bien, los actores no lo hacen mal y están relativamente bien dirigidos. Pero tampoco llega.  
     

Dos cabalgan juntos (John Ford)




       Probablemente no es la mejor película de John Ford. De hecho, hasta diría que no está ni entre las diez mejores. Pero eso no es óbice para que sea una gran película, con gran ritmo narrativo y unos fantásticos personajes.
        La historia es la típica de western. Un sheriff descreído pasa sus días amablemente en un pueblecito cerca de la frontera. Un día el ejército reclama sus servicios para que se interne en territorio indio y rescate a los familiares de unos colonos secuestrados por los indios muchos años antes. La película se llama Dos cabalgan juntos porque un amigo y oficial del ejército acompaña al sheriff en esta aventura.
        Podría hacer un análisis exhaustivo de la película, pero creo que no es este el lugar. Un post es un formato breve, pensado para leer en dos minutos. Además, supongo que en la red encontraréis millones de críticas sesudas hechas por académicos reputados. Aquí yo sólo me propongo enumerar algunas de las razones por las que recomiendo encarecidamente ver esta película.
        En primer lugar, la fotografía es maravillosa. Sé que en un recuento de razones por las que ver una película nunca debe ponerse de primero la fotografía, porque es algo relativamente secundario en el haber de un filme. Pero es lo que primero llama la atención del espectador con esta película. Pese a que han pasado décadas desde su estreno y las técnicas y la tecnología han avanzado muchísimo, nada más empezar, con los primeros planos, el espectador se queda embebido con la belleza de lo que está viendo. La naturaleza salvaje y agreste son un símbolo perfecto de aquel nuevo mundo por explorar y explotar que era el Oeste americano.
        En segundo lugar, los personajes son fantásticos. Nada de personajes planos como sucede con frecuencia en las películas de aventuras –por ejemplo las de Errol Flynn-. Todos los personajes principales aparecen llenos de matices, con sus complejidades y no movidos por una única pasión. Sin ánimo de hacer un spoiler, debéis prestar atención especial al protagonista, ese sheriff cínico que parece únicamente movido por la avaricia. Sabe que la empresa no tiene posibilidad alguna de éxito porque, en el mejor de los casos, si alguno de los secuestrados ha sobrevivido, ya será más indio que colono. Sin embargo, el ejército le obliga a que vaya a buscarlos. Probablemente por lo absurdo de su tarea, el sheriff no parece tener reparo moral alguno en explotar los sentimientos de pérdida de los colonos para sacarles todo el dinero que puede. Pero esto no le impide, cuando los colonos desprecian a la mexicana que ha estado casada con un indio, afearles la conducta y defenderla.
     Otra buena razón para ver Dos cabalgan juntos son los conflictos soterrados que surgen de la trama como sin darse cuenta. La estructura de la película es de aventuras. El tono, por momentos, es de comedia, sobre todo en lo que a James Steward se refiere. Sin embargo, poco a poco, Ford despliega ante el espectador una serie de conflictos éticos y morales que te dejan mirando la pantalla mucho tiempo después de que haya terminado la película y preguntándote cómo demonios se puede hacer algo tan profundo y, al mismo tiempo, fácil de ver.
      La incapacidad para olvidar y para enfrentarse al luto por la pérdida de una persona querida es la primera cuestión que se plantea al espectador. El conflicto que mueve la trama es la incapacidad de los colonos para asumir que han perdido a sus familiares queridos. Pero Ford es tremendamente hábil planteando este dilema, ya que los familiares no están muertos. Si lo estuviesen, el espectador percibiría el problema como algo ajeno. El drama de esa gente es que no aceptan que sus seres queridos han muerto. Puede que sí, puede que no. Y esta incertidumbre es la que no los deja vivir en paz.
        Los prejuicios son otro de los grandes temas de la película. La mexicana rescatada por el sheriff que llevaba viviendo años como la esposa de un indio y la reacción farisaica de los colonos con respecto a ella nos hace pensar acerca del modo en que percibimos los problemas de un modo u otro dependiendo de si nos afectan directamente o no. Los colonos quieren recuperar a sus familiares. La mexicana no lo es. Por eso la tratan como la tratan.
      En definitiva: es una película que hay que ver. No deja de fascinarme la facilidad de John Ford para tocar grandes temas con un tono menor.

viernes, 22 de mayo de 2015

Manipulación del lenguaje político




      La gente no es gilipollas. Ya sé que todos alguna vez hemos dicho, al ver algo que no nos gustaba o no comprendíamos, que la gente es gilipollas. Pero realmente no lo es. Así, en general, nadie busca su propio perjuicio. Si cogemos a diez personas, sean las que sean, y les decimos: "Oíd, ahí hay un botón que, si lo aprietas, te cortan una oreja".Nadie va y aprieta el botón porque no son gilipollas. Sin embargo, muchos somos los que no preguntamos cómo es posible que, con lo que está pasando en este país, no arda la calle -que quede claro que "arda la calle" es una expresión metafórica e hiperbólica; no quiero que los revoltosos quemen los bancos ni nada de eso, no vaya a ser que me apliquen el mismo rasero que a César Strawberry y acabe en el calabozo por enaltecimiento del terrorismo-. Como decía, hay mucha gente que no entiende que la población española asista con pasividad a lo que está pasando. Y no sólo eso. Parece que, aunque pierdan las mayoría absoluta, el Partido Popular va a seguir siendo la fuerza más votada en las elecciones del domingo. 
      Hay muchas razones para explicar este fenómeno. Loïc Wacquant habla del nuevo estado penal, David Garland de la cultura del control, yo hablé en otro momento de la democracia de masas, del chantaje de los medios de comunicación, etc... Todas razones por las cuales el sistema se perpetúa y nadie hace nada. Este post es para hablar de otra estrategia del poder: la manipulación del lenguaje político.
     Es evidente que existe una relación directa entre lenguaje y pensamiento. Si una persona carece de una palabra para un concepto, difícilmente podrá ser consciente de él. Si fuésemos esclavos y no existiese la palabra libertad, nadie pensaría que podría haber otra vida alternativa. George Orwell se dio cuenta de este fenómeno en 1984. En esta novela, una de las estrategias del Gran Hermano para perpetuarse en el poder era mantener a la población satisfecha. La represión brutal funciona como modo de perpetuación, pero sólo a corto plazo. A la larga, si la mayoría de la población vive descontenta, surgirán movimientos de resistencia que, al gozar del apoyo de la gente, acabarán por derrocar al poder. Es mucho más útil que los gobernados sientan que el sistema es el mejor de los sistemas posibles, y así ningún movimiento de resistencia gozará de acogida. Con tal objetivo, El Gran Hermano había diseñado un departamento de neo-lengua, cuya función era eliminar todas las palabras desagradables del idioma y sustituirlas, o bien por eufemismos, o bien por su antónimo con el adverbio negativo "no" delante. Así, "mal" se convertía en "no-bien" y los ciudadanos poco a poco iban perdiendo las palabras para concebir el desencanto y acababan convencidos de que aquel sistema de pesadiilla era el mejor posible.
       Orwell era un visionario en muchos aspectos y aquí la clavó. Escuchar las noticias en estos momentos es un auténtico ejercicio de neolengua. Nuestros políticos y su brazo armado -los tertulianos- han conseguido borrar del lenguaje cualquier rastro de realidad negativa. Han sustituido estos conceptos por términos cargados con connotaciones positivas y así los ciudadanos percibimos como buenas todas esas medidas que atentan directamente contra nuestros derechos. Os pongo algunos ejemplos:
     a) Recortes. Hay recortes para todo. Recortes salariales, recortes en las prestaciones sociales, recortes de plantilla, etc... En la primera acepción de la RAE se define recortar como "cortar o cercenar lo que sobra de algo". Ojo: "lo que sobra de algo". Todos estaréis conmigo en que lo que sobra hay que eliminarlo y eso es bueno. Luego las bajadas de sueldo, la supresión de derechos sociales como la sanidad o la educación, etc... es percibido como algo positivo. Y así llegamos a afirmaciones tales como que "es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades", "es que aquí ha habido mucho despilfarro", etc... Yo no sé vosotros, pero a mí no me tienen que recortar el sueldo ni me tienen que cerrar una planta de un hospital de la Seguridad Social, porque eso no sobraba.
    b) Crecimiento negativo. Un clásico de Luis de Guindos. "La economía está en un periodo de crecimiento negativo". Un juego fantástico de neolengua para eludir la realidad: la economía decrece, va a peor. En 1984 hubiesen dicho "no-crecimiento". De Guindos, que es mucho más pedante, dice "crecimiento negativo".
       c) Copago. A este neologismo se recurre para referirse a que en la farmacia tenemos que pagar otra vez por las medicinas, aunque vayamos con receta. El prefijo "co" significa entre dos o más personas. Así, "colaborar" significa que dos o más personas laboran juntas, es decir, trabajan juntas en pos de un objetivo común. Utilizando el neologismo "copago" parece que, cuando vamos a la farmacia y pagamos un euro por receta, el Estado y nosotros estamos pagando juntos algo. Pero la realidad es bien distinta. El Estado no regala nada y, si podemos llevarnos medicamentos de las farmacias por poco dinero, es porque antes hemos adelantado ese dinero en forma de impuestos. Así que de "copago" nada. La palabra adecuada es "repago".
     d) Ajustes. Eso que tanto parece gustarle a Bruselas y no paran de mandarnos hacer. Volviendo a la RAE, ajustar es "Conformar, acomodar algo a otra cosa, de suerte que no haya discrepancia entre ellas". Es por tanto, una acción positiva. Hacemos que las cosas que no encajan o no funcionan bien, lo hagan. Pues este eufemismo es el que se emplea para hablar de disminución en las prestaciones de desempleo, de despedir a los trabajadores sin indemnización, de privatizar sectores fundamentales de la Administración Pública, etc... Antes de lanzarnos a todas estas acciones, habría que ver si realmente esos sectores no funcionaban. 
      e) Flexibilidad. Flexible es algo que se adapta. Luego es algo bueno. Y así hablan de "flexibilidad laboral" para referirse a rebajar las indemnizaciones por despido, a los cambios de localidad de trabajo sin contrapartidas, a poder bajarle el sueldo a un trabajador o a degradarlo con la consiguiente merma salarial, etc...A mucha gente parece gustarle esto porque nos lo han vendido como algo cool, como ser una persona en crecimiento continuo, lo opuesto a vago funcionario apoltronado en su sillón. Pero estos cambios son impuestos de desde fuera, son ajenos a nuestra voluntad, de modo que perdemos libertad y es imposible plantearse un proyecto de vida a largo plazo. Hoy mismo han llegado al instituto unas niñas que, por cuestiones de trabajo de sus padres, llevan cambiando de centro de estudio a mitad de curso desde hace cinco años. Vosotros veréis si ese es el modo de vida que queréis para vuestros hijos. Por no hablar de cómo afecta eso a la corrosión del carácter.
      f) Moderación salarial. Otro clásico. Lo moderado se opone a radical, que es algo malo. Moderación salarial es, exactamente, bajarnos el sueldo porque, ya se sabe, que nos suban el sueldo con el IPC es propio de comunistas radicales.

     Y podría seguir así con una lista interminable para que este país pueda "ser competitivo con el mercado chino", es decir, que para poder competir con china, pretenden que nuestras condiciones de trabajo se pongan al nivel de las de los chinos. 


      P. D. Por si os interesa, os dejo un enlace de Huffington Post en el que recoge algunos de estos eufemismos políticos.