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domingo, 31 de agosto de 2014

A propósito de Llewyn Davis (Joel Coen)



    Esta película cuenta unos días en la vida de un músico fracasado de folk. 
    Técnicamente está bien hecha. No hay nada que reprocharle. Sin embargo, le pasa lo que a casi todas las películas contemporáneas: le falla el argumento. El espectador se pasa toda la película esperando un clímax que no llega. El metraje es una una sucesión de escenas que inciden una y otra vez en la idea que se había planteado nada más empezar la película: Llewyn Davis es un músico fracasado y su vida es muy dura. Da la sensación de que el personaje no es más que una excusa para poner un montón de canciones folk. Algo así ya hicieron los hermanos Coen en Oh Brother, pero en esta última había algo de trama. 
     Toda narración tiene que tener un conflicto que desencadene la acción. En A propósito de Llewyn Davis lo hay: la lucha de un hombre contra la sociedad para salir adelante. Pero todo conflicto debe evolucionar de planteamiento a nudo y desenlace. Si no, más que una película, tenemos un documental. Y por momentos es la sensación que tuve viendo esta película. A los hermanos Coen les debe gustar mucho la música folk y quisieron hacerle un homenaje. Es una pena, porque a mí no, y la película me pareció un coñazo. En este sentido, me parece mucho más honesto lo que hizo Win Wenders con Buena Vista Social Club. Le gustaba mucho la música cubana, e hizo un documental poniéndola por las nubes. A mí tampoco me gusta la música cubana, pero por lo menos no me sentí engañado, Sabía lo que iba a ver: un documental con muchísimos cortes de música. En A propósito de Llewyn Davis los hermanos Coen me engañaron. Me hicieron creer que iba a ver una película, y me colaron de rondón la vida intrascendente de un personaje anodino cuya presencia sólo está justificada para introducir muchas canciones. La nominaron al Oscar por mejor sonido. Todo para ellos.  Me reafirmo en lo que dije cuando hablé de Barton Fink: los Coen ya han dicho todo lo que tenían que decir,
     

viernes, 15 de agosto de 2014

Barton Fink (Joel Coen)



   Durante mi primera juventud fui un fan incondicional de los hermanos Coen. Quizá fuese porque por aquella época tuve la suerte de ver sus cuatro obras maestras: Sangre fácil, Fargo, Muerte en las florew El gran Lebowski. Luego ellos siguieron haciendo cine y yo creciendo. Hicieron Crueldad intolerable, Oh Brother, Lady Killers, El hombre que nunca estuvo allí, Quemar después de leer, Valor de ley y No es país para viejos, todas ellas películas que me dejaron frío. No puedo decir que sean una porquería, pero no me dijeron nada. Y finalmente vino la etapa de Valor de leyUn tipo serio, A propósito de Llewyn Davis Hail Caesar, que ya ni siquiera vi, porque tenía la sensación de que los Coen ya habían dicho todo lo que tenían que decir. No es un crítica. Les pasa a los más grandes. Andan toda la vida rondando una gran obra, como si se acercasen a ella. La escriben y se quedan vacíos. Es normal. La vida y los hombres somos limitados y no tenemos ideas geniales cada cinco minutos. Le pasó a Cervantes y le pasó a Tolstoi, los dos más grandes en literatura. ¿Cómo no va a pasarle lo mismo a los directores de cine? Sin embargo, había dos películas de la etapa dorada de los Coen que no había visto: Barton Fink y El gran salto. Ayer de noche decidí darle una oportunidad a Barton Fink. La verdad es que estaba un poco nervioso porque esperaba disfrutar a lo grande, como lo hice los millones de veces que vi de postadolescente Muerte entre las flores o El gran Lebowski. Y la verdad es que me quedé un poco frío. No sé si porque la película no es de las mejores, si porque esperaba demasiado y eso inevitablemente defrauda un poco, o quizá porque me he hecho mayor y ya no estoy para este tipo de películas.
    Filmaffinity, la página a la recurro cuando no tengo ganas de resumir las películas dice de Barton Fink

    En 1941, Barton Fink viaja a Hollywood para escribir un guión sobre el luchador Wallace Berry. Una vez instalado en el Hotel Earle, el guionista sufre un agudo bloqueo mental. Su vecino de habitación, un jovial vendedor de seguros, trata de ayudarlo, pero una serie de circunstancias adversas hacen que se sienta cada vez más incapaz de afrontar su trabajo.

   Y a continuación detalla todos los premios que recibió la película en su momento y recoge dos críticas: 
    Carlos Boyero la define como "Inquietante, sombría, alucinada y sarcástica" y la propia página dice que "En el Festival de Cannes se rompió, con esta película, un viejo récord: hacía 44 años que una misma película no se llevaba los tres premios principales.". (si quieres verlo todo pincha aquí)
    Como digo, creo que me he hecho mayor para este tipo de cine. Para empezar, porque el conflicto empieza tarde. Se demora mucho y, cuando aparece, el espectador ya está desencantado con la película, ya no espera que pase nada. En segundo lugar, la película me parece vacía de contenido. Cuenta la historia de un escritor que llega a Hollywood y un crimen posterior, pero ni incide en un estudio pormenorizado de la psicología de los personajes, ni tiene un mensaje, ni nada de nada. Simplemente es una estética vacía de contenido, sin más que unos escenarios y unos personajes que son cool, molan o como quieran llamarlo los adolescentes actuales. En este sentido, la película no se diferencia mucho de un videoclip de la MTV. ¿A dónde quieren llevarnos los Coen con esta cinta? ¿Qué plantean? Mucho me temo que nada más que una estética. Es lo que Finkielkraut, a quien ya he citado en este blog (aquí), es lo que llama la cultura de los feelings, una cultura adolescente que sanciona algo como bueno o malo porque sí, sin más razón que uno siente que algo es cool o que algo sucks, como decían continuamente Beavis and Butt Head en aquellos dibujos de la MTV. 
    No me gustaría dar la impresión de que Barton Fink es una mierda de película como Snowpiercer (aquí). No es eso. Es simplemente que me defraudó un poco porque no le vi contenido alguno. Quizá me gustaban tanto los hermanos Coen cuando era un postadolescente porque a esas edades la forma de razonar de uno es precisamente la de la cultura de los feelings, y tengo que reconocer que los Coen han sabido crear una estética propia muy atractiva. Pero, por lo menos en lo que atañe a Barton Fink, poco más. Por lo de pronto, no voy a volver a ver ninguna de aquellas cuatro grandes películas que les recuerdo de mi primera juventud. Si no me equivoco, El gran Lebowski era un canto a la filosofía hippie, pero me aterra volver a verla y comprobar que lo que me parecía genial a los dieciséis años, no es más que un artificio vacío. 
    Conclusión: Barton Fink está bien, pero no es para tirar cohetes.