domingo, 8 de junio de 2014

Oakley Hall: Warlock





    Warlock tiene absolutamente todos los tópicos del western: 
1) un pueblo en un territorio virgen, donde los hombres luchan por salir adelante en un mundo violento. Un símbolo del nacimiento de una nación.
2) el pistolero famoso, al que persigue su leyenda, que está pasando un crisis existencial. Como no podía ser de otra manera, este pistolero es contratado como comisario.
3) el jugador fullero, cínico, cansado de vivir, al que ya nada motiva en la vida.
4) la mujer de buen corazón, que se enamora del pistolero.
5) la prostituta que ha sido novia del jugador fullero, pero que intuimos que sólo las circunstancias la han condenado a esa vida de perdición.
6) el juez alcohólico, que es la conciencia del pueblo.
7) los mineros, sus problemas con la empresa y la fiebre del oro.
8) el doctor.
9) el consejo de ciudadanos que contrata al comisario. Gente cobarde, que sólo parece moverse por sus intereses mezquinos.
10) un general loco cuya existencia sólo tiene sentido en una lucha eterna y desesperada contra un jefe indio al que persigue conmo Ahab a Moby Dick.
11) una banda de cuatreros/ bandidos que tienen aterrorizado al pueblo.
12) el periodista y el periodismo sensacionalista, que vive de crear falsas leyendas de pistoleros agrandadas y deformadas.
13) hasta Billy el Niño.
    Y lo más increíble de esto es que con este material no Oakley Hall no haya hecho un refrito, un pastiche espantoso que colocarle a los estudios de Hollywood en la época dorada del western. 
    Warlock es lo más cercano que me he leído a la tragedia griega en los últimos años. Sobre todos los personajes sobrevuela el destino trágico, ese duelo final que sabemos que devorará a los héroes. Nada de esas reflexiones angustiadas por no encontrarle el sentido a la vida, de hombres pequeños abrumados por un mundo pequeño del que nos hablan los autores americanos actuales. Una auténtica tragedia griega plagada de héroes enfrentados a un destino reservado sólo para los grandes hombres.
    Ni uno sólo de los personajes son lo que parece. No hay buenos ni malos, bajo esa apariencia de estereotipo, cada personaje es redondo, lleno de matices hasta abrumar al lector con la complejidad de su carácter. 
    Y estos personajes maravillosos se tendrán que enfrentar una y otra vez, casi sin descanso, a situaciones difíciles, donde la elección siempre es entre dos opciones que acarrearán consecuencias negativas para ellos y la gente que les rodea. Decisiones difíciles, ni siquiera con la opción de quedarse con el mal menor, porque no lo hay.
    Cuando uno lee algo realmente grande y quiere transmitir a los demás lo que sintió, no bastan las palabras del crítico literario, cuyo discurso diseccionador sólo sirve para alejarse de la emoción. Como la contemplación de la belleza humana no puede explicarse como un corazón, un hígado y unos huesos, la experiencia de la lectura no puede reducirse a nociones estructuralistas, del New Criticism o de la estilística. Podría hacer aquí un análisis sesudo de Warlock, lleno de referencias académicas, y lo único que conseguiría es que alejarme de la emoción que uno siente al leer esta obra de casi setecientas páginas. Cuando leo algo que realmente me ha gustado y quiero transmitir lo que siento, sólo puedo repetir las escenas, algunas frases o diálogos literalmente. No lo haré aquí porque no quiero estropearos nada de la novela. Leed esta obra de la que Thomas Pynchon dijo "una de nuestras mejores novelas americanas, es el escenario de una compleja red de conflictos morales y personales a los que se ven enfrentados varios pistoleros y hombres fronterizos en una ciudad del lejano oeste, Warlock". Ahora ya sé dónde salieron escritores como Cormac MacCarthy.
    Y lo mejor de todo es que forma parte de una trilogía y aún me quedan dos por leer.

    P.D. Se hizo una adaptación cinematográfica de la novela con Henry Fonda y Anthony Quinn. La película en inglés se llama Warlock, pero en castellano se tradujo como El hombre de las pistolas de oro. Es una buena película, pero ni de lejos llega la complejidad de la novela. 

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