miércoles, 30 de septiembre de 2015

Desmontando paridas sober educación II: La verdad sobre los libros de texto en la escuela II: El negocio de las editoriales.



    En mi anterior post sobre la verdad de los libros de texto en la escuela explicaba de forma más o menos sucinta la chapuza monumental de la Xunta de Galicia en la gestión de los libros de texto escolares, su abandono de las familias y el modo vergonzoso en que intentó aprovecharse del trabajo de las ANPAS que, al buscarse la vida por su cuenta, habían creado un sistema más o menos útil de gestión.

    Ahora quiero comentar el escandaloso negocio de las editoriales, y cómo la Xunta impone de modo indirecto la obligación de comprar los libros, lo que es una suerte de impuesto revolucionario que va directamente a las arcas de las editoriales y las librerías.

    Como todos sabéis, el libro de texto es un instrumento pedagógico. Pero hay muchas formas de gestionarlo. Por ejemplo, en EEUU, cada centro dispone de un número suficiente de libros como para atender a las necesidades de todo el alumnado del centro. Estos libros se prestan anualmente a los niños que, a final de curso, tienen que devolverlos. Las familias americanas lo único que tienen que comprar son unos cuadernillos de respuestas que son muy baratos. A mí este sistema me parece muy bien y no me importaría nada que se implantase en Galicia. Pero no. La Xunta tiene que favorecer el negocio privado de las editoriales.

En primer lugar, obliga a los departamentos -lengua castellana, lingua galega, sociales, música, etc...- a cambiar el libro cada X años. Antes era cada cuatro, ahora es cada seis. De este modo, impiden que las familias, las ANPAS y los centros creen bancos de libros y la gente pueda ahorrarse el dinero. Por si no lo sabéis, cada libro cuesta treinta y tantos euros. A unas doce asignaturas por año y un par de hijos de media en edad escolar, vosotros podéis hacer el cálculo de cuánto le cuesta a una familia el comienzo del curso. La Xunta no da ninguna razón para este cambio de libros porque, para empezar, los contenidos, si no cambia la ley, no cambian. Que yo sepa, El Quijote lo escribió Cervantes y Colón llegó a América en 1492 y, por mucho que nos obliguen a un libro nuevo cada X años, eso no va a cambiar.

    Cambiar de libro no tendría ninguna consecuencia si las editoriales los mantuviesen tal y como están a lo largo del tiempo. Pongamos, por ejemplo, que mi departamento escoge el libro de SM. Pasan X años, nos reunimos y decidimos que seguimos con él. No habría problema para que los bancos de libros y las familias se prestasen los libros, porque el contenido seguiría siendo el mismo, independientemente del año de publicación y el ISBN. Conscientes de esto, las editoriales cambian una y otra vez sus libros. Pero que nadie se confunda. No son cambios sustanciales para mejorarlos, sino que se limitan a cambiar las fotos, el orden de los temas y el orden de las preguntas, de modo que, en caso de que varios alumnos tengan libros diferentes, la dinámica del aula es un caos. Se pierde mucho tiempo y nadie se aclara. Y así las editoriales se aseguran de que todos renovemos los libros y ellos sigan haciendo negocio.

    Pero esto no les basta.
    
    Los libros se renuevan cada cuatro o seis años. Esto da cierto margen las ANPAS y a los centros para organizar bancos de libros durante este tiempo. No es mucho, pero algo es algo. Para evitar esto, las editoriales han diseñado la estrategia del libro digital. Ahora estamos viviendo la era de la comunicación y todo lo que suene digital resulta maravilloso. Además, la UE presiona a los gobiernos para que introduzcan las nuevas tecnologías en la escuela y el libro digital es una excusa perfecta para ello, aunque sea exactamente igual que el libro en papel, pero en una pantalla de ordenador. Las editoriales se aprovechan de esta nueva moda y, con el libro, incluyen una licencia para usar su libro digital. Pero, por supuesto, esta licencia no dura cuatro años. Es válida sólo durante un año y tiene que comprarla cada niño de modo individual. Es decir, que si a vuestro hijo le prestan el libro, tendréis que pagar aparte la licencia porque dicha licencia no puede pasarse de uno a otro -la licencia del libro de Lengua Castellana de SM, que es con el que trabaja mi departamento, cuesta veintiún euros-. Los beneficiarios de los bancos de libros son, en su mayor parte, las clases sociales más desfavorecidas, a las que las editoriales obligan a pagar veintitantos euros por una licencia de un año. Y eso multiplicado por diez o doce, dependiendo del número de asignaturas que tengan por año. Todo ello auspiciado por la Xunta.

    Ayer, una madre de mi centro que tiene un negocio relacionado con esto, nos acusó a los de los bancos de libros de estar acabando con muchos puestos de trabajo. Puede ser. No niego que las editoriales y, sobre todo, las librerías lo están pasando mal. Pero lo que no está bien es que, para mantener esos negocios, la Xunta obligue casi por decreto a cada familia a gastarse en torno a cuatrocientos euros por hijo.

    Y así termino, no sin antes plantear la reflexión de que el sistema estadounidense es barato y funciona bien. No mantiene el negocio de las ediotoriales, pero beneficia a las familias. Si a la Xunta le preocupa que esos amigos que tienen en las ediotoriales no hagan tan buen negocio, directamente podían obligar a los padres a que les pagasen doscientos euros a cambio de nada. Nosotros seguiríamos con los libros de siempre, las familias gastarían doscientos euros en lugar de los cuatrocientos que le cuestan los libros ahora y ahorraríamos papel, que seguro que el Planeta nos lo agradecería.

    Y que no me vengan las editoriales con ese rollo de los derechos de autor y todo eso, porque sé de primera mano la mierda que les pagan a los que hacen esos libros.


   Por todo ello yo he decidido hace un par de años que paso de libros de texto. Les doy mis propios apuntes y diseño mis propios ejercicios. Les regalo a todas las familias mis derechos de autor y estoy muy contento haciéndolo, no porque sea un tipo muy generoso y molón -no lo soy en absoluto-, sino porque me indigna todo este tema. Lo hago más por rencor contra la Administración y las editoriales que por afecto hacia los padres.  

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Guardiola opina sobre el proceso independentista.



      Mientras comía estuve leyendo la prensa por internet. Cuál sería mi sorpresa cuando encontré en muchos diarios que Guardiola cree que la independencia de Cataluña llegará tarde o temprano. 
    Vaya por delante que a mí no me importaría nada que los catalanes votasen si quieren irse de España. Vaya también por delante que, por muy mal y mucha culpa que tengan el gobierno y el PP -que la tienen-, creo que el problema está fundamentalmente en Cataluña, porque, si hubiese una mayoría aplastante de independentistas, se constituirían en estado mañana. Vaya por delante también que sin esta mayoría aplastante el proceso de independencia me genera muchas dudas. Y vaya por delante que creo que detrás de todo esto hay, en gran parte, una estrategia de Mas para tapar sus vergüenzas. Y, sobre todo, vaya por delante que Guardiola tiene todo el derecho del mundo a opinar.  La democracia consiste precisamente en eso: en que todos tenemos derecho a opinar. Otra cosa muy distinta es que los demás tengamos la obligación de escucharlos. 
     Y esta es la razón de mi sorpresa. Que yo sepa, Guardiola no es ni un gran intelectual ni un político. Yo podría entender, por ejemplo, que los diarios diesen como titular que Manuel Castells o Iñaki Galiondo dicen tal o cual cosa. Uno es quizá el sociólogo más reconocido del mundo y el otro es probablemente el mejor periodista de España, con una experiencia y una carrera admirable. Pero es que Guardiola solo es un entrenador de fútbol. Es una profesión muy digna -y en el caso de Guardiola muy bien pagada-, pero que no lo convierte automáticamente en experto en cuestiones políticas y sociológicas. 
     Haber ganado todos esos títulos con el Barça y ser ahora el entrenador del Bayern ha convertido a Guardiola en un personaje muy mediático. Todo el mundo lo conoce y hablamos de él, pero hubiese sido un ejercicio de responsabilidad periodística no darle a sus declaraciones más importancia que la que tienen, que es, por sí mismas, más bien poca. El prestigio de Guardiola se debe a que sabe de tácticas de fútbol y lidiar con postadolescentes mimados en un vestuario. Si se le ha elevado al altar de referente mundial, es porque ciertos periodistas convierten la imagen y el espectáculo en discursos vacíos, en los que lo único que importa es la hiperexposición a los medios. Así acabamos valorando que si Guardiola, Belén Esteban o Carmele Marchante han dicho tal o cual cosa -estas dos también han opinado sobre Cataluña- y no atendemos a las opiniones de otros personajes mucho más formados. Como dije, las declaraciones de Guardiola no tienen mucho valor en sí mismas. Este valor solo lo alcanzan porque se ven amplificadas por los medios y así millones de ciudadanos conforman su opinión política a partir de lo que diga un entrenador de fútbol. Esto es responsabilidad de esos periodistas que se mueven por la necesidad de maximizar la audiencia de forma inmediata, y no por el rigor y la profundidad que requiere un tema tan serio como es el de la independencia de Cataluña. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Desmontando paridas sobre eduación IV: Aclarando algunas cuestiones acerca de los colegios concertados.



 Empieza el curso y con él las preguntas de todos los años: es que no me han cogido el niño en el colegio que quería ¿qué puedo hacer?, ¿son obligatorias las actividades extraescolares?, Etcétera.

Como el 99,9% de estas preguntas me las hacen padres que quieren mandar a sus hijos a colegios concertados, he decidido escribir un post explicando el tema y resolver todas las dudas.

Los colegios concertados son cosa de Felipe González. Durante el franquismo la educación estaba mayoritariamente en manos de los curas, que la gestionaban a su antojo. Había algunos institutos públicos, pero no alcanzaban ni de lejos para escolarizar a toda la población. Con la llegada de la democracia, el Partido Socialista se vio ante la tesitura de asegurar una educación pública y gratuita a todos los españoles. Esto era imposible con la anémica red de colegios institutos públicos que había dejado el régimen franquista. Era una situación complicada porque había que atender las demandas de la sociedad de forma inmediata, pero difícilmente se podían construir los edificios y formar a los profesores necesarios en apenas un par de años. La solución que se le ocurrió a Felipe González fue la de los conciertos, que consistía exactamente en la gestión privada de la educación pública. Se les ofreció a los colegios privados una subvención anual que cubría todos sus gastos a cambio de que ofrecieran un servicio público.

¿Qué quiere decir esto?.

Pues que los colegios concertados funciona exactamente igual que los públicos, con la única salvedad de que allí no trabajan funcionarios.

La educación antes.


Esta se suponía que era una situación temporal hasta que el Estado se dotara de la infraestructura suficiente para una enseñanza cien por cien pública. Pero el caso es que esta situación se ha prolongado durante 30 años y seguimos así.

Una vez dejado claro de dónde vienen los colegios concertados, paso a responder todas las dudas que me plantean.

El precio de los colegios concertados.

Como dije, los colegios concertados son centros públicos de gestión privada. Como tal, es totalmente ilegal que cobren por la enseñanza. Es como si quisiesen cobrar por la sanidad en la Comunidad Valenciana. El hospital de Denia es un centro pionero en esto de la gestión privada de un hospital público. Allí atienden los médicos de la Seguridad Social. Que cobren en un colegio concertado es como si te cobrase ese médico de la Seguridad Social.

Las actividades extraescolares.

Como los colegios concertados no pueden cobrar por la enseñanza, justifican la sustanciosa minuta que le pasan a los padres con las actividades extraescolares. Le pasan una factura de 500,600 1000 € mensuales aduciendo que es un colegio súpermoderno que tiene un montón de actividades extraescolares. Te dan las clases en inglés, en verano puedes mandar a tu hijo al Reino Unido para que aprenda inglés (pagando, claro está) y tiene todo tipo de actividades deportivas.

En este punto, los padres que vais a mandar a vuestros hijos a colegios concertados tenéis que tener claras dos cosas:

En primer lugar, las actividades extraescolares no son obligatorias. Es ilegal que obliguen a tu hijo a hacer todo eso y a pagar por ello. Los colegios concertados son centros públicos de gestión privada. Pueden ofertar actividades de pago a mayores, pero no pueden obligarte a hacerlas. Otra cosa es que, si te niegas, le hagan la vida imposible a tu hijo. Pero, si quieres mandarle un colegio en el que los profesores le hacen la vida imposible porque no paga, ya es cosa tuya.

En segundo lugar, las actividades extraescolares no son exclusivas de los colegios concertados. Os doy datos de primera mano de institutos en los que he trabajado:

- En el IES Terra de Soneira se les ofertó a los alumnos un mes en verano en Canadá para aprender inglés. Todo pagado.

- En el IES Alexandre Bóveda todos los años hay un intercambio con un colegio inglés. Los españoles van allí un mes y los ingleses vienen aquí para aprender el idioma. También todo pagado.

- El IES Alexandre Bóveda y el IES A Paralaia tienen una sección bilingüe. Se les da la mitad de la materia en inglés para que los alumnos acaben sus estudios siendo bilingües

- En el IES A Paralaia, por las tardes, totalmente gratis, hay clases de refuerzo y de recuperación y clases de expresión artística. Este año añadimos cine. Vamos a hacer películas.

- En el colegio Eusebio da Guarda los hijos de mis amigos juegan en la liga de fútbol y tienen entrenamientos. El cole les presta las camisetas. No van con harapos, ni tienen que traerlas de casa.

Estos son algunos ejemplos de primera mano, pero por supuesto son extensibles a todos los institutos y colegios públicos del Estado.

Publicidad para cobrarte.


El transporte y el comedor.

Muchos de los colegios concertados están en las afueras de las ciudades y hay que ir en autobús y hasta comer allí. Estos son otros de los subterfugios que los colegios concertados utilizan para sacarle dinero a los padres. Hace muchos años trabajé en un colegio concertado que cobraba 60.000 pesetas (sí, todavía en pesetas) por el transporte y la comida. Con esos precios uno se imagina que los niños iban en limusina y comían langosta todos los días, pero no era así. Iban en un autobús normal y la comida la hacía un servicio de cable bastante regular. Sólo era una forma de cobrar de forma torticera.

Sea como sea, no pueden cobrar por el autobús y la comida. Si quieres llevarlos en coche y que tus hijos se lleven la comida en un táper, estás en tu derecho. Otra cosa es que, como antes, luego le hagan la vida imposible por ello.



Los malos estudiantes y la atención a la diversidad.

Como todo en la vida, en los colegios hay buenos y malos estudiantes. Para los malos, la ley prevé una serie de mecanismos que palíe estas deficiencias. Además de las clases de refuerzo, agrupamientos y grupos especiales en los primeros cursos de la enseñanza secundaria obligatoria, a los alumnos con más dificultades se les saca del aula en las asignaturas instrumentales y les da clase en un grupo reducido de unos cuatro o cinco chavales. A partir de tercero se hacen grupos especiales, también con pocos alumnos, con un currículo especial. Además, los colegios e institutos tenemos al menos un profesor de psicología terapéutica para atender a los alumnos más retrasados.

Por supuesto, todo esto cuesta mucho dinero porque hay que movilizar muchos profesores y recursos. La mayoría de los colegios concertados, que funcionan como empresas privadas a las que interesa el beneficio a final de año, directamente pasan de todo. Los alumnos con dificultades no son un buen negocio, así que se deshacen de ellos. Al final de curso te recomiendan que te vayas, cuando no te hacen directamente chantaje, diciendo que, si te quedas, repites curso, si te vas, te aprueban (y que nadie me diga que esto no es cierto porque lo he vivido yo como alumno y como profesor). Y así los colegios concertados se ahorran la inversión en programas compensatorios. Y también obtienen unos estupendos resultados en selectividad, que se encargan de publicitar a todo trapo. Normal, ya que por el camino se han encargado de deshacerse de cualquier alumno mínimamente problemático.

Sé que todos los padres pensáis que vuestros hijos son maravillosos, que esto no les va a pasar y que se verán beneficiados con esta política, ya que el nivel de la clase será más alto. Siento deciros que, con demasiada frecuencia, vuestros hijos no son tan maravillosos como pensáis.

Además de los programas compensatorios, los colegios están obligados a coger un número X de discapacitados. Yo he tenido en clase paralíticos cerebrales y este año en el centro hay tres niños con síndrome de asperger. Más dinero que invertir y poco beneficio. Otra vez más los colegios concertados vuelven a hacer trampa y llegan a extremos delirantes como pasó aquí en Coruña, donde matricularon a un niño como discapacitado porque tenía alergia al marisco.




La admisión de los alumnos (lo que más interesa a los padres).

En tanto que centros públicos de gestión privada, los centros concertados están sujetos a las mismas normas de admisión que los públicos. Hay unos baremos. Hasta hace nada la proximidad de la vivienda al centro y los ingresos de los padres eran los factores que más contaban. Sin embargo, los colegios concertados utilizaban el precio de sus actividades extraescolares, comedor y transporte como filtro para las indeseables clases populares. Pero repito que obligar a pagar por todos esos servicios extras que es ilegal. Otra cosa es lo que realmente sucede.

Hace unos años, también en Coruña, llegó un delegado de educación o un inspector jefe (no recuerdo ahora en el cargo) que se propuso que los colegios concertados cumpliesen la ley. Como dije, la mayoría de los colegios concertados están en las afueras, entre otras cosas porque los terrenos son más baratos. Prácticamente ninguno de sus alumnos viven por allí. No teníann en consecuencia, puntos por proximidad del domicilio familiar al centro. Pero por desgracia para los administradores de uno de estos centros más o menos cerca tenían un asentamiento chabolista y un par de varios semimarginales. Y estos si que tenían puntos por proximidad. El inspector jefe o delegado de educación (ya digo que no recuerdo el cargo) razonó y dijo:

- Sí cobráis una subvención como colegio concertado, tenéis que cumplir la ley y aceptar a los gitanos y a los chavales pobres en vuestro colegio. El colegio concertado, que hasta el momento se había servido de la barrera económica, no podía obligar a aquellos niños a pagar transporte y la comida porque podían ir andando en diez minutos y comer en casa. Entonces se comportaron de la manera más miserable. Movilizaron a los padres que hicieron concentraciones diarias bajo el lema "una familia, un colegio" y una bandera de España (nunca entendí que pintaba aquí la bandera de España, como no entiendo por qué la llevan los que se oponen al matrimonio homosexual, pero ese es otro tema). El caso es que aparecía en prensa día sí y día también, todo con medias verdades manipuladas. Al final, los gitanos no fueron al colegio concertado y creo que el inspector jefe o delegado de educación le costó el puesto.

Nunca discutí con ninguno de aquellos padres llenos de razón, pero el argumento que esgrimían en sus intervenciones en la radio era que los hermanos pequeños ya no podían entrar en el colegio y estudiar con sus hermanos mayores porque tenían prioridad los gitanos. Yo era joven y no tenía ganas de líos (entre otras cosas porque trabajaba en otro colegio concertado), pero debí haber llamado la radio y decir que el problema era que los hermanos mayores ya habían entrado de forma fraudulenta en el colegio.

En cualquier caso, esto del baremo para acceder al centro cambia con la nueva ley. Ya no hay puntos por proximidad y puedes pedir que te acepten el niño en cualquier centro, independientemente de dónde vivas. Otra cosa es que lo admitan.

El tema de las compañías.

Una vez alguien me dijo:.

-Es que yo no quiero que mis hijos vayan en clase con gitanos. Además, en los Maristas hará buenos contactos para el futuro.

Esto es cierto más o menos. Ya hemos visto cómo los colegios concertados seleccionan a los alumnos. Y también es cierto que en algunos colegios públicos hay bastante quincallada. Pero no en todos. Ni siquiera en la mayoría. Depende de dónde te toque. Yo estudié en un colegio privado. Puede que hiciese muchos contactos, pero el ambiente y la educación moral que nos daban eran de un clasicismo repugnante.

Que empiecen a cobrar en bachillerato.

A veces, un colegio concertado empieza a cobrar más al acabar la primaria o la secundaria obligatoria porque no tienen concertadas todas las etapas educativas. Eso es cierto y es legal. Lo que hay que ver es cuanto más te cobran. Si hasta cuarto estuviste pagando 600 € por esas actividades "extraescolares", comedor y transporte, y en primero de bachillerato pagas 700 € por lo mismo más la educación que ya no está subvencionada, tú mismo puedes hacer las cuentas.


Y hasta aquí llego. Si alguien me plantea alguna duda más, ampliaré el post.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Odio a las madres.

 

    Era de noche. Estábamos en una terraza tomando un vino.
    -¿Qué tal con tu hermana y tu sobrina? -preguntó X.
    -La niña apenas si tiene un mes y medio. Aún no ha tenido tiempo de ponerse muy pesada.
    -¡Cómo eres! No creo que sea para tanto.
    -Lo será.
    -Venga. ¿Yo fui tan pesada?
    -Fuiste más.
    -¿En serio? ¿Qué hice?
    -Mañana te doy la lista de agravios.

    Y este post, querida X, es mi lista de agravios ordenados cronológicamente. He obviado algunos, sobre todo los que se repetían. Puedes hacer la lista extensible a todas las madres, porque todas os comportáis exactamente igual.

    Dice Robin Fox que entre la hembra humana y su cría se establece un vínculo especial sobre el que se construye todo sistema de parentesco. Yo no se si este vínculo sirve como sostén de la relaciones de parentesco, pero lo que sí sé es que sirvió para joderle la vida a tus amigos. 
    No hablaré de tu embarazo, de lo fea que te pusiste con esa barriga que parecía que te habías tragado una boya de mar, ni de los pesada que eras con tu dolor ciático, ni de los arbitrarios cambios de humor provocados por el pelotazo hormonal. Paso directamente al día del parto.
    Ana y yo llegamos unas doce horas después del alumbramiento. Tú estabas en una habitación compartida de un hospital materno de la Seguridad Social. Contigo en la habitación estaba tu madre y otra mujer recién parida a la que traté de prestar la menor atención posible. Tu madre estaba nerviosa y emocionada. Tú estabas en la cama con unas ojeras espantosas toda sucia y sudada. Nos recibiste con una sonrisa de felicidad boba y nos señalaste con una mano temblorosa la cuna en la que había un bulto pequeño envuelto en prendas de algodón. A mí el bebé me importaba un comino. Si estaba allí, era por ti, pero tuve que disimular y acercarme a la cuna y fingir una curiosidad que no sentía. La criatura, pese a lo que puedas pensar, era exactamente igual que todos los recién nacidos -los caucásicos, lo negros son un poco más oscuros- y tenía ese olor dulzón que a las madres os vuelve locas, pero que a mí no me agrada en absoluto. 
   Luego nos contaste, como si tal cosa, que tu marido, al ver por primera vez a su hijo, se había puesto a llorar. Por si no lo sabes, tu marido también es mi amigo. Puedo entender los paseítos nerviosos de tu madre por el pasillo porque es una vieja y las viejas tienden a emocionarse con facilidad. Pero tu marido era un hombretón de treinta años y esos arrebatos de sensiblería deben quedarse en la intimidad. 


Es una foto sacada de internet, pero este perfectamente
podía ser tu marido.

    Afortunadamente, al poco de estar allí entró una enfermera y dijo que el niño tenía que comer. En general, las madres soléis mistificar el hecho de darle el pecho al niño, como si en este acto biológico hubiese una suerte de magia ancestral. He conocido muchas fanáticas de la religión de la maternidad que reivindicaban su derecho a sacar la teta en cualquier parte. En occidente los senos femeninos son un órgano sexual y a mí me hace sentir incómodo estar hablando con una amiga y que se ponga a amamantar a su bebé como si tal cosa. Imagínate qué sucedería si por un casual estuviésemos tú y yo sentados en un banco del parque comentando el resultado de las últimas elecciones europeas y yo, con toda la naturalidad del mundo, me abriese la bragueta, sacase el pene y continuase con la conversación como si allí, entre mis piernas, no colgase mi picha como el badajo de una campana. Las activistas de la maternidad apeláis a esa magia mística del amamantamiento y sostenéis que es un acto natural desprovisto de cualquier connotación sexual. Pues bien, a ti y a todas esas madres enfervorecidas tengo que haceros un par de objeciones. En primer lugar, no todo lo natural humano es bueno. Afortunadamente hay una cosa que se llama cultura que tamiza y controla todos aquellos aspectos de la Naturaleza que no son agradables. La defecación, que yo sepa, también es un acto natural, y no me pongo a hacerlo en público y desde luego no hay un partido a favor del derecho a cagar en la calle. En segundo lugar, en occidente como ya te dije los senos femeninos son un órgano sexual. Los niños del barrio nos excitábamos muchísimo cada vez que teníamos la suerte de ver a una madre amamantadora. Te lo digo para que lo sepas y, si los demás no lo confiesan, es porque son unos hipócritas. Por todo esto, aproveché la oportunidad que nos daba la enfermera para largarnos. 


Activista de la teta.

    Pero la cosa no quedó ahí, porque el espectáculo de tu maternidad me persiguió durante mucho tiempo. Ya en el parking, encerrado en la seguridad del coche, no me pude resistir y le dije a Ana:
    -¿Eres consciente de que todo el rato que estuvimos ahí X tenía puntos en la vagina y unas hemorroides como manzanas? Porque eso es lo que les pasa a las mujeres cuando dan a luz.
    -No empieces. -dijo Ana.
   -Si no empiezo. -repuse yo- Pero es que las mujeres durante el parto se cagan encima.
   -¡Cómo eres!
    Pues sí. Cómo soy, y ni un solo segundo que estuve en aquella habitación de hospital pude dejar de pensar en el aspecto más escatológico de la condición humana. Después de aquel día no pude volver a mirarte con los mismos ojos.

    
    Pasaron un par de meses. No sé qué estuviste haciendo. aunque supongo que estarías entretenidísima con el juguete nuevo. Al fin quedamos un viernes a las seis de la tarde para tomar algo. La hora era una mierda porque me cortaba la tarde por la mitad, pero tú me hiciste ver que era la única a la que podías porque a las ocho tenías que dar de comer al niño, bañarlo y todo eso. Yo hubiese pasado alegremente de quedar, pero Ana me dijo que eras nuestra amiga y teníamos que mostrarte afecto. Yo ya no fui de muy buen humor y, si te lo cuento, es para que veas que soy sincero y reconozco que soy un egoísta. Pero que lo sea no justifica en absoluto tu comportamiento. Supongo que ya no te acordarás, pero no paraste ni un instante de hablar de tu hijo. Nos hiciste una crónica súperexhaustiva de las funciones corporales del nene. Cómo dormía, su ritmo de comida, que si hacía gruñiditos al despertar o que si le molestaba la luz en sus diminutos ojillos azules. ¡Dios mío! ¡Es increíble lo poco que me importaba! El juguete estaba aún recién estrenado y tú estabas que no meabas con él, pero, por si no te has dado cuenta. el juguete era tuyo, no mío.
     De todos modos, hasta aquí la cosa fue aburridísima, pero tolerable, La traca vino cuando pasaste a informarnos de procesos biológicos más íntimos como las defecaciones, los gases y el apasionante momento de cambiarle el pañal. Todo esto contado en una cafetería mientras me tomaba una caña con unas aceitunas. Ya sé que hasta aquí mi lista de agravios incide mucho en las heces y todo eso, pero es que las madres perdéis cualquier cortapisa cultural tras el parto. Seguro que el vinculo que hay entre mi intestino y yo es mucho más directo y aún así no aprovecho una mañana que hayamos quedado para tomarnos un chocolate con churros para contarte que anoche cené gazpacho y que hoy por la mañana he hecho caca blandurria y un montón de pedos que olían fatal. Tampoco te he contado cómo se veía el papel higiénico después de limpiarme el culo y no pongas esa cara que estás poniendo al leer esto porque es el equivalente exacto a la descripción que hiciste de tu marido y tú cambiando pañales. 


El pañal. Tú me dirás si es agradable.


    Volvimos a quedar varias veces y todas fuiste exactamente igual de pesada y aburrida. Pero en una de ellas introdujiste una nueva variable en la tortura. En un momento dado sacaste al bebé de la cuna y me lo tendiste.
    -Toma, cógelo. -me dijiste sin preguntar.
    -No. 
    La respuesta me salió del alma y tú pusiste cara de decepcionada. Como eres mi amiga, me vi en la obligación de inventar una excusa.
    -Es que es tan frágil...
    Esto pareció convencerte y sonreíste, pero si ahora, tanto tiempo después, te lo cuento, es para que sepas que no pasé de coger a tu hijo porque tuviese miedo de hacerle daño, sino porque no veo qué hay de especial en ello y no apetecía un carallo.
    
    Después de este incidente empezamos a darte largas. Tú llamabas para quedar de vez en cuando, pero nosotros siempre teníamos una excusa. No es que ya no fueses nuestra amiga, es que nos aburrías muchísimo. 
     
    Pasó el tiempo. Yo creo que años porque no recuerdo volver a verte hasta una comida de amigos que organizó L. Tus hijos estaban algo creciditos -porque ya tenías dos-. El mayor debía rondar los siete y el pequeño los cuatro. No tuviste en consideración que se trataba de una comida de amigos adultos y te trajiste a los niños detrás. En tu descargo he decir que no fuiste la única. S y J fueron igual de desconsideradas.
    Lo cierto es que nunca habías tenido mucho feeling con S y J, pero no sé qué os pasa a las madres que os oléis como las perras y os hacéis amigas solo por el hecho de haber parido -razón que, por otra parte, te convierte en amiga de media humanidad-. A mi esto no me parece ni bien ni mal, y hasta casi creo que es útil, porque así podéis hablar de vuestras cosas y dejarnos a los demás en paz. Pero para mi desgracia, aquel día andabas atribulada con la elección de colegio de tus hijos. Soy profe, así que me llamaste para pedir mi opinión. En realidad, ya habías decidido mandarlos a las monjas y te daba igual lo que te contase. Solo querías que ratificase tu decisión y, como no lo hice, me decías "sí... sí...", pero en el fondo me ignorabas. 
     Soy un tipo simpático y tengo bastantes recursos, de modo que no me costò redirigir la conversación hacia temas más interesantes. Os conté varias batallitas del instituto. Eran buenas anécdotas, bastante graciosas, pero claro, como no eran de niños no me hicisteis ni puto caso. Aunque  no es esto lo que más me jode. Soy profesor y estoy acostumbrado a que la concurrencia me ignore. Lo que más me jode es que ni siquiera me miraseis a la cara y os pasaseis toda la conversación con la mirada por encima de mi cabeza con la atención puesta en los juegos de vuestros hijos.

    Y así llegamos hasta hoy en día. Tus hijos son dos adolescentes. Como eres sensiblera y ahora está de moda no castigar a los niños, se han convertido en dos tiranos. Hacen lo que les sale de las pelotas y mucho me temo que es demasiado tarde para reconducir la situación. Aunque, en cualquier caso, dudo mucho que fueseis capaces de  hacerlo porque sois una pareja de padres modernos,  de esos que, cuando regañáis, os sentís culpables y les acabáis haciendo la pelota para que ellos os perdonen por haberlos reprendido. 

    Hasta aquí llega mi lista de agravios, que puedes hacer extensible a todas las madres excepto mi cuñada Elisa, que nunca me dio la lata, me escucha cuando hablo y, si tiene que darle un tortazo a sus hijos, se lo da sin complejos, y así tengo tres sobrinitos encantadores con los que se puede ir a cualquier parte.



Mitología y superstición.

    
    

martes, 8 de septiembre de 2015

Locura y enfermedad mental III: De endemoniados a enfermos.



    Con esta entrada cierro esta serie de reflexiones acerca de la locura (1 y 2). 

    Supongo que conoceréis la archiconocida cita de Nietzsche de que Dios ha muerto. La cita, como todo Nietzsche, es muy rimbombante, pero algo de razón tenía, si con ella quería decir que vivimos el fin de la vieja sociedad teocrática en la que cualquier fenómeno se explicaba en función de una relación causal con una divinidad un tanto difusa, motor y agente de todas las cosas. Hoy en día el lugar de la religión lo ha ocupado la ciencia. En el siglo XII un loco era, sencillamente, un endemoniado. ¿Por qué? Porque no encajaba en el sistema de posiciones orquestado por la religión. Si no pertenecías a la sociedad de Dios, estabas con la del Diablo. La ciencia, entre otras cosas, provoca un tipo de sociedad obsesionada con la salud. La sanidad se institucionaliza, a los fumadores se nos hostiga, la gente acude en masa a los gimnasios y las actrices se someten a traumáticas operaciones quirúrgicas para pareces eternamente jóvenes sanas y lozanas. En este sentido, vivimos el cúlmen del materialismo. Mientras que nuestros antepasados adoraban la religión del espíritu, nosotros adoramos la del cuerpo. Entonces, siendo coherentes con el espíritu de los tiempos, un loco ya no es un endemoniado, sino un enfermo. Si no encajas en la sociedad de la salud, eres simplemente un enfermo, de ahí que individuos que en otros momentos históricos o en otras culturas hubiesen sido catalogados de iluminados, criminales o endomoniados, nosotros los subsumimos dentro la categoría de enfermedad. La ciencia y la salud es el principio rector de nuestra sociedad. Es mucho más cómodo tener una sola vara de medir, así que fenómenos tan dispares como la toxicomanía, la ludopatía, la pederastia, la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la neurosis caigan todos dentro de la misma categoría "enfermedad mental" sean tratados por el mismo especialista -el psiquiatra-

lunes, 7 de septiembre de 2015

Locura y enfermedad mental II: Ritos de inserción.



    Como expliqué en el anterior post (Locura y enfermedad I), nuestra sociedad margina y considera peligrosos a los locos y enfermos mentales porque no encajan en los sistemas de clasificación y roles preestablecidos. En tanto que individuos que a los que no podemos clasificar, los locos son fenómenos liminales. 
     Mary Douglas en Pureza y peligro dice que las sociedades tienen dos reacciones posibles ante los fenómenos liminales: o bien se los margina, o bien los reinserta. La primera opción es la que se venía haciendo con los locos hasta hace relativamente poco y aún hoy en día sigue siendo la solución para casos considerados irrecuperables. Se aparta al loco de la sociedad encerrándolo de por vida en un manicomio. 



    La segunda opción es la que se prefiere hoy en día. Para ello existen lo que comúnmente se conocen como ritos de paso. Un adolescente, como el loco, es un fenómeno liminal porque no es ni niño ni adulto. Carece, por tanto, de estatus. En la mayoría de las culturas existen ritos de iniciación para estos individuos peligrosos que no encajan en ningún rol social. Pueden tener que matar un león, tomar unas drogas y hablar con la divinidad o lo que sea, pero siempre es un rito que sirve para reubicar al individuo dentro de un rol social reconocible -en el caso de los adolescentes, ya son adultos-. En este sentido, resulta muy curioso que los seres liminales,son considerados peligrosos por lo que sus ritos de paso siempre llevan asociado un desplazamiento espacial de los iniciandos para separarlos de la sociedad pura, de líneas y fronteras bien trazadas. 
    Joseph Campbell, en El héroe de las mil caras, estudió las representaciones simbólicas en la religión y el arte de los viajes iniciáticos. Un viaje iniciático es una representación simbólica en el arte y la religión de un rito de paso. Según Campbell, en nuestra sociedad occidental supermoderna e hiperracionalizada los cambios de estatus -o cambios vitales- son muy traumáticos porque carecemos de ritos de paso. Esto es cierto sólo hasta cierto punto, porque, por ejemplo, la mili era un rito de paso como un piano. En cuanto cumplías la mayoría de edad, te recluían en un cuartel, te rapaban la cabeza para identificarte como neófito y un sargento chusquero te tenía amargado todo un año -en los ritos de paso siempre hay un maestro iniciador-. Cuando terminabas, salías de allí hecho un hombre. Fijaos incluso en el detalle de que lo normal era esperar a hacer la mili para casarse y ejercer de cabeza de familia, rol por antonomasia del varón adulto.


Como a todos los neófitos, en  la mili te vestían de forma
distintiva para ser reconocidos como neófitos.

     Aunque los jóvenes españoles ya no van a la mili, sigue habiendo ritos de paso de variado tipo. Por ejemplo, la universidad. Esta experiencia suele implicar un desplazamiento espacial hacia otras ciudades, se recluye al estudiante en los edificios de los colegios mayores y las universidades y, aunque se le deja suelto los fines de semana para que se mezcle con el resto de la gente, suele hacerlo en compañía de otros estudiantes/iniciandos -los universitarios se juntan con los universitarios-. Cuando termina la carrera, se supone que ha aprendido el nuevo rol -un empleo- y puede ponerse a trabajar, que es lo que se espera que haga un adulto. 


Universidad, espacio de reclusión y apartamiento para los estudiantes neófitos.


     Evidentemente, los ritos de paso no están organizados por un poder oculto que mueve los hilos del mundo como Spectra. Dado que los cambios son inherentes al ser humano, son estrategias que surgen de forma natural para que, tanto el individuo como la sociedad, se adapten a esos cambios. Y del mismo modo los ritos de paso nacen, cambian, se reproducen y mueren para volver a nacer, y en esto es en lo que se equivocó Campbell. Ya no nos recluyen en una cabaña y nos tienen en ayunas durante una semana antes de soltarnos completamente drogados  en la selva para que encontremos nuestro tótem. Nuestra sociedad es mucho más prosaica y vulgar, de ahí que nuestros ritos de paso sean mucho más prosaicos y vulgares, pero eso no quiere decir que hayan desaparecido.
    Volviendo al tema del post, he demostrado en la anterior entrada que los enfermos mentales son disfuncionales, luego son liminales y por eso la sociedad los percibe como una amenaza. A los casos extremos se los aparta y margina. Hay varios modos de hacerlo:
    a) se les hace una lobotomía para que se queden como plantas y no molesten.
    b) Los inflan a pastillas para que se queden como plantas y no molesten.
    c) Se los recluye en manicomios para no tener que verlos y no molesten. 




    Pero no todos los casos son irrecuperables. Para estos casos no tan extremos, hay pequeños ritos de paso que ayudan a reubicarlos. Por ejemplo, ir al psiquiatra o a grupos de autoayuda. Merece la pena que nos detengamos en esto último:
    Imaginaos un grupo de autoayuda. En él hay yonkis, alcohólicos, ludópatas, maníacos depresivos o cualquier otro colectivo de enfermos sociales. Están allí todos juntos porque son fenómenos disfuncionales. Y están situados físicamente en un centro cívico, en la sede de alcohólicos anónimos o donde sea, pero siempre en un lugar que, aunque está físicamente emplazado dentro de nuestras ciudades, está simbólicamente apartado y no vamos la gente normal. Están allí para superar su tara, su condición de seres liminales y poder encajar dentro del sistema de posiciones sociales. Por supuesto, hay un sacerdote iniciador, que es el terapeuta, que suele ser un licenciado en psicología y que no es ni remotamente consciente del valor simbólico de la acción colectiva en la que está participando -de todos modos esto no importa, porque lo normal es que los participantes en cualquier ritual desconozcan el significado profundo de sus prácticas-. 




   

Joseph Campbell: El héroe de las mil caras.



    El héroe de las mil caras analiza el mito del viaje iniciático en la religión y el arte. Este mito es aquel en el cual un héroe sale de su pueblo para enfrentarse con una serie de pruebas, generalmente simbolizadas en luchas contra ogros, gigantes, dragones, etc., que lo transformarán y le permitirán regresar de nuevo a su aldea para vivir una vida más plena y mejor. Según Campbell,

“El camino de la aventura mitológica del héroe es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación: separación-iniciación-retomo, que podrían recibir el nombre de unidad nuclear del monomito.
El héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos” .

    El mito del viaje iniciático pone en juego las valoraciones positivas y negativas del paso del tiempo y del cambio de estatus social asociado a este devenir que experimentamos las personas a lo largo de nuestras vidas. Nacimiento, matrimonio o pubertad son diferentes etapas que se pasan a lo largo de la vida, y en las que el individuo debe desempeñar un determinado rol social adecuado a ellas. Estos cambios de rol suelen ir acompañados de ritos de paso por los cuales la sociedad simboliza y reconoce dicho cambio (ver Arnold Van Gennep, Los ritos de paso.



     El monomito del viaje iniciático es la plasmación simbólica en el arte de lo que en el mundo del rito se simboliza través de los rituales de pasaje o de paso. Campbell hace un estudio comparado y saca a la luz la estructura de dicho mito:

     A) PRIMERA SECUENCIA: LA PARTIDA.

     Primera función: El héroe vive en una pequeña sociedad aislada, al margen del gran mundo.

Segunda función: Hay una determinada carencia en ese mundo. Esta carencia es simbolizada en algunos cuentos de hadas como la falta de un anillo o algún elemento robado, mientras que, en la visión apocalíptica, la vida física y espiritual de toda la Tierra se representa como la caída o a punto de caer en la ruina. Esta carencia simboliza la inadecuación de la persona al estatus social que está viviendo. El tiempo ha pasado, ha crecido y debe desempeñar un nuevo rol. Ya no puede realizarse plenamente en la vida que llevaba antes. Sin embargo, todavía no ha dado ningún paso para dejar atrás esta vida.

Tercera función: El héroe es requerido para que lleve a cabo una determinada hazaña. Esto simboliza la necesidad del cambio. Se espera de la persona que viva de acuerdo a lo que la sociedad espera de él. El tiempo pasa, las vidas cambian y las sociedades tienen diferentes roles para los diferentes estadios y situaciones. El individuo no puede vivir al margen de los diferentes roles que las sociedades le imponen a lo largo de su vida.

Cuarta función: El héroe, en primera instancia, se niega a realizar dicha hazaña. El cambio nunca es fácil. Supone dejar atrás lo conocido para adentrarse en un mundo en el que uno no sabe exactamente qué le espera. Los individuos se muestran en primera instancia reticentes al cambio.  

Quinta función: El héroe acepta y abandona la aldea. En última instancia, el individuo se ve obligado a cambiar de rol porque la inadaptación psicológica y cultural llega a ser traumática.  



B) SEGUNDA SECUENCIA: LA INICIACIÓN POR MEDIO DE LAS AVENTURAS.

Sexta función: El héroe recibe una suerte de ayuda sobrenatural, como en los ritos de paso suele haber maestros que transmiten a los iniciandos los conocimientos que les serán necesarios en su nueva vida. 

Séptima función: El héroe lleva a cabo una serie de aventuras que lo preparan mental y físicamente para la gran prueba final. Se dan pasos físicos y simbólicos que aseguren la superación del estatus anterior.  

Octava función: El héroe supera una gran prueba final, que simboliza la entrada definitiva en el nuevo estatus. Es el momento de la ceremonia ritual.



C) TERCERA SECUENCIA: EL REGRESO.

Novena función: El héroe ha sido transformado por las aventuras y las pruebas de modo que la carencia inicial ha sido solventada. 

Décima función: El héroe regresa a la aldea de la que partió para vivir más plenamente.  

    Las tres secuencias del motivo del viaje iniciático se corresponden con el círculo simbólico separación-iniciación-retorno, pero, además de ser un símbolo cíclico en el que el héroe vuelve a sus orígenes, es un símbolo del progreso, ya que la vuelta del héroe supone la entrada en un nuevo tiempo, idílico, trascendente, donde ya nada puede herirlo. Así tenemos a Prometeo, que asciende a los cielos para robar el fuego de los dioses y luego se lo ofrece a los humanos; a Jasón, que navegó a través de las rocas que chocaban hasta el mar de las maravillas, que se enfrentó al dragón que era custodio del Vellocino de Oro y que regresó reforzado con el Vellocino para destronar al usurpador que había ocupado el trono al que él tenía derecho por herencia , y a Eneas, que bajó a los infiernos cruzando el río de los muertos, engañando al Cancerbero de tres cabezas, y que habló con su padre muerto siéndole desvelado el destino de las almas, el de Roma y cómo evitar y soportar todas las aflicciones, para salir a continuación por la puerta de marfil para realizar sus deberes .



    Campbell resume así la aventura del viaje iniciático:

   “El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado, o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra la presencia de una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad (batalla con el hermano, batalla con el dragón; ofertorio, encantamiento), o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte (desmembramiento, crucifixión). Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente (pruebas), otras le dan ayuda mágica (auxiliares). Cuando llega al nadir del periplo mitológico, pasa por una prue ba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe con la diosa madre del mundo (matrimonio sagrado), el reconocimien to del padre-creador (concordia con el padre), su propia divinización (apoteosis) o también, si las fuerzas le han permanecido hostiles, el robo del don que ha venido a ganar (robo de su desposada, robo del juego); intrínseca mente es la expansión de la conciencia y por ende del ser (iluminación, transfiguración, libertad). El trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora este se mueve bajo su protección (emisario); si no, huye y es perseguido (huida con transformación, huida con obstáculos). En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja (retorno; resurrección). El bien que trae restaura al mundo (elíxir)” .

   No es necesario que se den todos estos pasos -funciones- para que el motivo tenga lugar. Basta, según Campbell, con que aparezcan las funciones nucleares:

“Los cambios que se llevan a cabo en la escala del monomito desafían toda descripción. Muchas historias aíslan o aumentan grandemente uno o dos elementos típicos del ciclo completo (el motivo de la prueba, el motivo de la huida, el rapto de la desposada), otros reúnen un grupo de ciclos independientes en una sola serie (como en la Odi sea). Caracteres o episodios diferentes pueden fundirse o un solo elemento puede multiplicarse y reaparecer bajo muchos cambios” .

Star Wars, una película escrita siguiendo paso por paso El héroe de las mil caras.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Locura y enfermedad mental I: ¿Por qué los consideramos peligrosos y los marginamos?



    Como nos enseña Foucault en su Historia de la locura, tanto la salud y la enfermedad mental como su reacción ante ella están definidas culturalmente. 
    ¿Qué es un enfermo mental?
    Para definirlo hay que hacerlo de forma negativa: Un enfermo mental es alguien que no está 
    ¿Y qué es estar sano mentalmente?
    Pues tener la capacidad de llevar a cabo una vida en sociedad con normalidad. Es decir, estar sano es ser normal. 
    Lo que consideramos un enfermo mental es una persona que no puede llevar a cabo tareas sociales normales como trabajar, establecer relaciones personales o no suicidarse, fenómeno disfuncional desde un punto de vista social, como demostró Durkheim en un ensayo bastante aburrido.
    Enfermo mental es una de las formas de clasificación que tiene nuestra cultura de catalogar a aquellos individuos socialmente disfuncionales. Un maníaco depresivo es un enfermo mental porque no puede llevar una vida social normal. Es una carga para sus amigos y su familia porque su comportamiento no sigue las líneas que marca la sociedad para esos roles. Por su parte, un psicópata es un enfermo mental porque es incapaz de concebir que los demás tienen sentimientos. La empatía es el aceite del motor social. Para vivir en sociedad es necesario cierto grado de empatía, porque sin ella sería la ley de la selva. El esquizofrénico, otro ejemplo de enfermo mental, loco es porque no tiene identidad. Ve cosas que no son y cree que él es cosas que no es, de modo que su comportamiento es errático e impredecible. No puede ajustarse a ningún rol social sencillamente porque no los percibe. 



    Precisamente hoy en la radio escuché un programa muy interesante sobre el trastorno bipolar. Por lo que parece, ser bipolar consiste en alternar de forma aleatoria periodos de extrema exaltación con periodos de depresión profunda. Lo interesante del tema es que estos estados de ánimo son inducidos de forma endógena. Cualquier ser humano sano pasa por periodos de depresión y exaltación. Si tu equipo gana la liga o te toca la lotería, te pones contento. Su se muere un familiar, estás triste. Pero esto es predecible socialmente hablando, por lo que pasajero estado de ánimo no es disfuncional. En el caso del bipolar sus cambios de ánimo son aleatorios, de ahí que no puedan llevar una vida normal y que acaben solos y abandonados.
    Fijaos hasta qué punto la enfermedad mental es una de las formas de categorización de la disfuncionalidad social, que la pederastia o ser un asesino en serie han sido catalogados como enfermedades.
    Estos dos ejemplos me llevan a otro argumento:
    He dicho que la enfermedad mental es una de las formas que tienen las sociedades de categorizar o explicar los fenómenos disfuncionales. Otra forma es la criminalidad. Los terroristas o los violadores son socialmente disfuncionales. Pero no podemos tacharlos de enfermos. Sencillamente hablamos de criminales. Sin embargo, resulta curioso que hasta hace nada -y aún hoy en día sigue habiendo muchos casos- la reacción ante locos y criminales ha sido la misma: se los recluye en establecimientos que los mantengan alejados de la sociedad, cuya estabilidad amenazan con sus comportamientos disfuncionales.
    Esta similitud entre locos y criminales llega hasta el extremo de que muchas veces no sabemos cómo clasificar a un determinado individuo. ¿Un pederasta o un violador son enfermos o criminales En cualquier caso, sean una cosa u otra, son individuos que no se ajustan a los roles sociales preestablecidos. 

Asesino de Mariluz. Muchos lo tacharon de enfermo.
Breivik, neonazi que asesinó a numerosos jóvenes socialdemócratas.
La justicia se planteó juzgarlo como un enfermo mental y no como un criminal corriente.


    Otra prueba a favor de mi argumentación son las diferencias entre lo que se entiende por loco y criminal en una cultura o en otra. Entre los zambia o los griegos antiguos la pederastia no sólo era una práctica aceptada, sino que era lo esperable. Entre los soldados, en tiempos de guerra, la violación es una práctica común y a nadie se le ocurre tratar con bromuro a un soldado que, cada vez que toma un ciudad al asalto, viola a una mujer. No se le considera ni un loco ni un criminal por ello, y, si hoy en día se le piden cuentas a un soldado americano que violó a una irakí, es porque aplicamos las normas de la paz a situaciones de guerra. Esto es resultado de la revolución de los medios de comunicación, que conectan en tiempo real espacios de guerra a espacios de paz, de modo que podemos juzgar moralmente a un soldado desde la comodidad del sillón de nuestra sala. Pero esto es un fenómeno moderno. Los soldados rusos violaron a cuanta alemana encontraron a su paso cuando cayó el Reich y nadie les pidió cuentas por ello.
    Como decía, la reacción ante la enfermedad mental también es cultural. Para no enrollarme, basta un dato: entre cierta tribu de nativos norteamericanos los locos no sólo no eran apartados, sino que se los tenía en mucha estima porque se creía que la divinidad hablaba por su boca. 
    Y poco a poco vamos llegando al meollo de la cuestión:
    Mary Douglas en Pureza y peligro sostiene que todas las culturas consideran peligroso aquello que no encaja dentro del entramado de conceptualizaciones que es, en definitiva, una cultura. En algunas sociedades se aparta a las mujeres menstruantes porque durante este periodo no pueden mantener mantener relaciones sexuales ni concebir, Pierden, por tanto, su estatus de mujer. ¿Qué son entonces? Tampoco son hombres. Luego son peligrosas y se las recluye en una choza fuera de la tribu. 
    En una cultura con un marcado dimorfismo de sexual y genérico como la nuestra, ¿qué es un homsexual? Tiene sexo biológico masculino, pero inclinaciones sexuales propias del género femenino. En nuestra cultura tener pene implica, entre otras cosas, un determinado comportamiento sexual que consiste, exactamente, en introducirlo en una vagina. Pero un homsexual no usa su pene para eso. No hay por tanto, correspondencia entre su sexo biológico y su comportamiento sexual, luego se les margina y se les persigue. -Afortunadamente esto está cambiando poco a poco-.

Tradicional espacio reclusión para locos y enfermos mentales.


    Un enfermo mental no encaja dentro de los roles que ha prefijado la sociedad. Hasta hace nada, su reaccionaba ante ellos como con los criminales o los homosexuales: se les tiene miedo -son peligrosos- y se los margina recluyéndolos en manicomios. 
    Hoy en día, nos parece inhumano encerrar en un manicomio a los enfermos mentales, por lo que se los somete a ritos de paso que los reinserten, pero eso será tema del siguiente post, que esto ha quedado demasiado largo.