viernes, 3 de septiembre de 2021

Iñaki Domínguez: Sociología del moderneo

 SOCIOLOGIA DEL MODERNEO | IÑAKI DOMINGUEZ | Casa del Libro


    Frente a las sociedades tradicionales en las que todos los miembros de la comunidad se conocían entre sí y, por tanto, tenían una identidad, la vida moderna nos ha condenado a vivir de forma anónima entre la masa. Esto, lógicamente, genera cierto desasosiego y muchas personas sienten la necesidad de destacar para salir de ese anonimato aniquilador. 


    El moderno se rodea y hace cosas que se consideran exclusivas. Esto lo hace diferente y, por tanto, destacar. Pero la paradoja de esto es que los demás tienen que reconocer esas cosas tan exclusivas que rodean al moderno y poder identificarlas como tal, tienen que poder relacionarlo con algo.  Esos pantalones tan guays lo son porque la gente lo relaciona con algo. Así, los modernos aspiran a lograr la distinción adhiriéndose a formas de conducta y vestimenta ya estandarizadas por el mercado.  Aunque te invitan a ser original, el medio que te ofrecen para lograrlo es manufacturado en serie.

Asociarse a una marca para que los atributos de esa marca se te peguen. 

La paradoja de que se busca la individualidad en moldes prefabricados en masa. 

Los modernos tienden a ser gente de provincias, donde todo el mundo los conoce, que van a la gran ciudad y deciden redefinir su propia identidad. Son personas que están desencantadas con sus orígenes y deciden construirse una nueva identidad. 

El moderneo está dominado por el pensamiento dogmático. Por tal, Iñaki Domínguez entiende aquel pensamiento que se adhiere a unos valores morales y determinadas conductas de forma acrítica. Según él, esto es debido a que en las sociedades contemporáneas, donde todo cambia continuamente y donde la cantidad de decisiones que tenemos que tomar es abrumadora, las personas recurrimos a expertos que nos digan qué pensar, qué hacer, qué nos debe gustar y qué no. Esto, lógicamente, deriva en el conformismo de los modernos. 

Las sociedades tradicionales encontraban el sentido de la vida y un código de conducta en la religión. Nuestra sociedad científica nos ha condenado a vivir sin trascendencia, lo que lleva a la personas a la búsqueda de la felicidad aquí en la Tierra, por medio del consumo de bienes materiales y del hedonismo desenfrenado. Este hedonismo se lleva más allá de los momentos de ocio: 

También en el mundo laboral el moderneo se manifiesta como hedonismo enajenado. Se trata de trasmutar el trabajo, tradicionalmente tedioso y sacrificado, en fuente de placer. No obstante, como ya hemos visto, entre modernos también el ocio es trabajo. La borrosa línea que separa ambos mundos refleja la naturaleza alienada de la vida social. Ya no existe la polaridad tradicional entre trabajo y placer, sino que el consumo coloniza la totalidad de la vida.


  De acuerdo con las teorías de Debord, Baudrillard, etc... el capitalismo de consumo vacía todo de contenido, reduciéndolo a pura imagen. Esto lleva a Iñaki Domínguez a utilizar la metáfora del filtro para explicar el modo en que los modernos presentan su vida a los demás. En las redes sociales se pueden poner filtros a las fotos para que la realidad parezca mejor de lo que realmente es. Esto, el moderno, lo extiende a todos los aspectos de su vida. El moderno no está tan preocupado por el sentido o en contenido de sus actos, como de que estos aparezcan como deseables a los demás. La cultura de la imagen vacía de contenido les lleva a hacer de la vida un espectáculo que merece la pena ser proyectado, exhibido y, por tanto, vivido, consumido. En las redes y en la vida en general, el moderno se entrega a una suerte de narcisismo a través del autoelogio en imágenes.


    El moderneo aplica la lógica de mercado a todos los aspectos de la vida, entre ellos el amor. El moderno se muestra altivo porque eso lo hace pasar a los ojos de la persona deseada como alguien inaccesible, escaso y, por tanto, como en el mercado, sube el precio. Los verdaderamente poderosos tienden a mostrarse altivos porque tienen valor para los demás por el mero hecho de ostentar una situación de poder. El moderno copia su actitud, aunque carezca del contenido. 

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