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lunes, 19 de mayo de 2014

Sobre Isabel Carrasco, Twitter, la libertad de expresión y algunas cosas más.

Sobre Isabel Carrasco, Twitter, la libertad de expresión y algunas cosas más.





     Los hechos:
     Era Lunes por la tarde. La radio da la noticia: Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, ha sido abatida en un medio de la calle. El asaltante le disparó tres veces a quemarropa y una cuarta vez para rematarla, ya con la víctima en el suelo. El/los asaltante/s se dio/dieron a la fuga en un coche, pero gracias a una rápida y eficaz intervención policial ya han sido detenidos.
      Hasta aquí la información que dieron los medios aquella tarde de Mayo. 
      Isabel Carrasco no era, ni mucho menos, un personaje anónimo. Era, entre otras cosas, conocida por los miembros de su propio partido como "la de los trece sueldos", en alusión a las trece nóminas que cobraba. Era Presidenta de la Diputación de León, era Presidenta del Partido Popular de su Comunidad,  diputada y supongo que  consejera en varias de esas Cajas de Ahorros que quebraron por su buena gestión. Y así hasta llegar al número trece. Asimismo, a menudo se relacionaba a Isabel Carrasco con Margaret Tatcher por la dureza de su carácter y la implacabilidad con la que aplicaba sus políticas neoliberales.
      Por aquellos días, el país pasaba por la peor recesión económica en cien años. Una de cuatro personas en disposición de trabajar carecía de empleo. Más de un millón de familias no tenía ningún ingreso. El número de deshaucios había ascendido a 28000 aquel año y el de familias que habían entregado las llaves de su casa al banco por no poder hacer frente a la hipoteca llegaba casi a 50000. Varias asociaciones benéficas se confesaban superadas por el espectacular aumento de la necesidad de ayudas, y la brecha abierta entre las distintas clases sociales amenazaba con ser insuperable. Paralelamente, los Gobiernos, acuciados por la crisis de deuda pública, ponían en práctica duras medidas de supresión de gastos sociales.
      Aunque los medios trataron de ser lo más cautos posibles, este esceanrio se prestaba a la proliferación de la rumorología. En la mente de todos estaba el crimen político.
     -Alguien que, desesperado, se cargó al político de turno. -se oía decir a algunos en los bares.
     -Se veía venir. -respondían otros.
     Era la época de las redes sociales. Millones de Twits, Whatsaps y comentarios de Facebook inundaron la red. La inmensa mayoría fueron respetuosos porque, en el fondo, pocos son los que se alegran de la muerte de alguien. Pero hubo algunos, muy pocos en comparación con los de condolencias, que se congratulaban del asesinato de esta lideresa del partido conservador. Aunque pronto se comunicó que se trataba de una venganza personal y no de un crimen polítco, hubo alguien que animó a continuar con esta acción justiciera y acabar a tiros con toda la clase política, especialmente con los del ala derecha.
     Entonces fue el momento de que Fernandez Diaz, ministro del interior del partido conservador en el poder, anunciase que había dado orden a la policía de investigar los mensajes vertidos en las redes sociales. Dos días después, dos personas eran detenidas. Una de ellas, un joven de diecinueve años, fue acompañado por su madre a la comisaría. Los movimientos políticos no se quedaron ahí. Varios altos cargos políticos y creadores de opinión pública alertaron sobre la necesidad de una ley que controlara las expresiones de Facebook o Twitter que pudiesen "exaltar el terrorismo" o "incitar a al violencia". Incluso la prensa progresista se posicionó a favor de regular la red. Sólo algunas voces vieron en este movimiento un atentado a la libertad de expresión. Increíblemente, Durán i Lleida, un político conservador nacionalista, estaba entre ellos.
     -Lo que se opone a la democracia es la anarquía. -fue la justificación del Ministro.


     Pues bien. Yo sobre todo esto tengo mucho que opinar. Mucho de lo que diré aquí no son ideas originales mías, sino de amigos, cosas que han salido en conversaciones y que recojo. Si no doy la fuente original, es porque sería un engorro de leer.
        En primer lugar, me centraré en las palabras del ministro. "Lo que se opone a la democracia es la anarquía". No. Lo que se opone a la democracia es la tiranía. La anarquía es la falta de orden político. Lo que se opone a la falta de orden político es la existencia del mismo, pero este orden puede ser de muchas formas: despotismo, democracia, tiranía, etc... Dentro de los órdenes políticos, el que se opone a la democracia es la tiranía. La democracia es la forma de gobierno por la cual todos los ciudadanos tienen el derecho a expresarse libremente y a que su opinión sea tenida en cuenta por medio de la votación. En esto se opone a la tiranía, que es definida por la RAE como "Abuso o imposición en grado extraordinario de cualquier poder, fuerza o superioridad.", es decir, un sistema político en el que, entre otras cosas, uno no puede expresarse libremente. De todo esto se deduce que Fernández Díaz ha hecho un uso torticero del lenguaje y que, apropiándose de la palabra, trata de justificar con la democracia prácticas tiránicas. Si somos demócratas, todos tenemos derecho a opinar y expresar lo que nos dé la gana. Incluso aquellos que están en contra de la democracia. A mí personalmente me parecen de muy mal gusto esos comentarios que se alegraban de la muerte de Isabel Carrasco. Me parece feo y hasta de mala persona. Pero no por ello los voy a amordazar. Como demócrata, mi deber está en convencer por medio de la razón, no de la fuerza. Debo afearles su conducta, no prohibirla, por poco que me guste.
       Si contemplamos este hecho en perspectiva, no se trata de algo aislado .Como dije en el artículo en el que hablaba de Loïc Wacquiant (aquí), el sistema neoliberal -esa suerte de ley de la selva económica- convierte a millones de personas en parias, gente sin recursos ni oportunidades. Y, en consecuencia, los brotes de descontento son inevitables. En España ya llevamos unos cuantos: scratches, el 15M, Stop Desahucios, la leña brutal contra la policía en la manifestación de Madrid de hace unas semanas, suicidios, etc... Ante esto, el Estado Neoliberal tiende a blindarse: criminaliza y penaliza cualquier disensión. Como dice Wacquant, el estado social se sustituye por el estado penal: leyes contra acampar en Sol, leyes contra manifestarse, se pidieron penas de cárcel a los que le hicieron el scratch a Dolores de Cospedal, a los catalanes que insultaron a los políticos en la puerta del Parlament les piden unas penas absolutamente desproporcionadas, y ahora a aquellos que dijeron cosas que no les gustaron a nuestros gobernantes en Twitter los amenazan con el trullo. Como nuestro sistema legal todavía no preveía la posibilidad de esta forma de disensión, se proponen hacer una ley que lo haga.
      En un uso absolutamente manipulador del lenguaje, se engloba bajo la etiqueta "antisistema" todos los movimientos de disidencia, de modo que se ponen al mismo nivel la pederastia, el terrorismo, los perroflautas, los punkies y toda aquella gente que acampó en la Plaza de Sol. El argumento del poder pasa por decir que los demócratas sí tienen representación. Sólo tienen que ir a votar y que unos diputados los representarán sus intereses en el Parlamento. Si no crees en este sistema de representación parlamentaria, eres un antisistema. Quizá muchos de los consumidores de los medios de comunicación no se hayan dado cuenta, pero los acampados de Sol no eran terroristas. Ni siquiera pedían pacíficamente un nuevo orden mundial. Sólo querían que el orden que tenemos fuese justo. A su lado, Gandhi era un terrorista del IRA. Y lo vuelvo a repetir una vez más: tal vez no nos gusten los comentarios que incitaban a acabar con políticos, pero esos comentarios no mataron a nadie. Son palabras y, como dice el refrán, del dicho al hecho hay un trecho.



Dos eslóganes del 15M. Como se ve, sólo son cursis, no violentos.





      Podría seguir durante un buen rato disertando sobre la libertad de expresión, pero esto es un blog y nadie lee artículos de más de cuatro párrafos. Pero no me resisto a señalar que Twitter y Facebook como formas de incitación a la violencia sólo son legislados y sus usuarios criminalizados cuando los comentarios atentan contra el poder. Sólo hay que darse una vuelta por cualquier buscador para ver lo que se dice de los abertzales vascos -por ejemplo de Otegui- o los independentistas catalanes. No soy en absoluto simpatizante del nacionalismo, pero me imagino lo que se hubiese dicho en las redes sociales si, por poner un ejemplo, un militante del Partido Popular de Euskadi, harto del acoso del entorno abertzale, hubiese entrado en barrena y le hubiese pegado cuatro tiros a un borroka. Y dudo mucho que el Ministro de Interior hubiese entrado a legislar por "incitación a la violencia".
       
    

lunes, 5 de mayo de 2014

Tetralogía de los parias contemporáneos III: Loïc Wacquant

Tetralogía de los parias contemporáneos III: Loïc Wacquant.

Loïc Wacquant


     Loïc Wacquant fue primero discípulo y luego colaborador de Pierre Bourdieu, lo que es una carta de presentación impresionante. Aparte de esto, escribió un ensayo sobre boxeo en una sala de mala muerte de un guetto negro de no sé qué ciudad de Estados Unidos que está cojonudo. Y muchos libros de sociología, que es lo que nos interesa ahora.
Loïc Wacquant boxeando en Contra las cuerdas
      Loïc Wacquant habla, fundamentalmente, de las cárceles y el sistema penal. Según Wacquant, el sistema neoliberal que impera en Estados Unidos y Europa desde finales de los años setenta del siglo pasado genera grandes bolsas de población depauperada, que no puede acceder a un puesto de trabajo o que la remuneración que recibe por su trabajo está por debajo de lo que necesita el individuo para sobrevivir. Drogadictos, jóvenes sin empleo, vagabundos, madres solteras, etc... son el resultado de que no hay trabajo. La profecía marxista de que la tecnología nos permitiría gozar de mayor tiempo de ocio no ha resultado del todo cierta. En lugar de trabajar menos tiempo, lo hace menos gente. El antiguo estado postkeynesiano de la solidaridad trataba, en la medida de lo posible, de repartir la riqueza y el trabajo para que no hubiese grandes desigualdades sociales. Pero esta moral de la responsabilidad común fue sustituida por el individualismo calvinista. Los pobres y los marginados ya no son un problema de la sociedad, sino un problema individual, es decir, de ellos mismos. Si eres pobre, es tu problema. Así, el viejo estado postkeynesiano, que nosostros conocemos como el estado del bienestar, fue sustituido por una suerte de organización política que ha abdicado de todo lo que no sea económico. Lo social, el urbanismo, la educación, la medicina, etc... van pasando de la tutela pública a manos privadas. Pero no todo el mundo puede pagar por ello, así que surgen esos sectores de la población depauperados a los que les estoy dedicando esta tetratología. ( Owen Jones , Bauman)
      Hasta aquí Wacquant no dice nada nuevo. Es el discurso que oímos todos los días. Hasta lo sueltan Rubalcaba y Soraya Rodríguez, como si la famosa tercera vía no fuese copartícipe del giro neoliberal que ha tomado el mundo. De hecho, Bill Clinton construyó más cárceles y destinó más presupuesto a la seguridad interna que el mismísimo Ronald Reagan.
        Dice Loïc Wacquant que la penalización es una forma de ocultamiento del problema. Antes, los drogadictos, las madres adolescentes y los mendigos eran un problema social. Ahora son un problema por ellos mismos, así que se los culpabiliza por su situación y se los reprime. Multas y cárcel para los pobres. La política carcelaria forma parte de un plan para redefinir la función del estado en el plano económico, asistencial y social y sustituir el estado del bienestar por el estado penal. En palabras de Wacquant, el estado policial funciona como una aspiradora que absorbe a los damnificados del estado neoliberal. El sistema neoliberal abandona a cada uno a su suerte. Esto no sería un problema si hubiese trabajo para todos, pero con una legislación que deja todo el poder en manos de las empresas, sobran trabajadores, de modo que pueden depauperarse las condiciones de vida de los pocos que tienen trabajo y, los que no lo tienen, pasan directamente a la mendicidad. Pero como se considera que la responsabilidad es individual, nadie se ocupa de estos parias modernos. Es más, se hace recaer la responsabilidad de su situación sobre ellos mismos y se los criminaliza. Por supuesto, los delitos de guante blanco, que son los que realmente afectan al tejido social, son castigados con penas ridículas, cuando directamente ni se los contempla en el sistema penal.
          Por supuesto, esto es una aberración. Primero, y sobre todo, porque es injusto. Y segundo, porque no hay una sola estadística que demuestre correlación entre mayor represión y desaparición del delito. Pero eso no importa. El estado neoliberal ha captado la normal sensación de inseguridad por el futuro que sentimos los ciudadanos medios, el miedo a no poder dejarle nada a nuestros hijos, el miedo a la inestabilidad laboral, al despido, a las bajadas de sueldo, al paro, etc... y lo ha reconducido hacia sensación de inseguridad por la delincuencia, cuando, en rigor, el número de delitos no sólo no ha aumentado en los últimos años, sino que ha descendido.

           Pensar que esto es sólo una cuestión americana, que nos toca muy de lejos y que estamos a salvo en Europa, baluarte del bienestar, es un error grave. Sólo hace falta ver las nuevas leyes con las que nos amenazaba el gobierno: en Madrid se pretendía multar a los mendigos por dormir en la calle, leyes antimanifestación, los profesores nos convertimos en autoridad como si fuésemos policías y otras muchas más que ahora no recuerdo. En lo que me toca más de cerca, casi todos los días oigo hablar de lo peligrosos que son Resistencia Galega, a los que las autoridades del estado no dudan en llamar grupo terrorista. No soy sospechoso de simpatizar con Resistencia Galega. Por si acaso lo repito: no estoy de acuerdo en nada con ellos. Pero decir que unos chavales que quemaron cuatro cajeros y tiraron un cóctel molotov a la sede del PP son una amenaza social creo que es decir mucho.  Blesa, Rodrigo Rato, Méndez y ese larguísimo etcétera de banqueros que se dedicaron a hacer economía de casino -por cierto, fue Clinton el que permitió que la banca tradicional se metiera en cuestiones financieras- han resultado ser mucho más dañinos, y, en caso de que los condenen, dudo mucho que les apliquen la ley antiterrorista. Y repito que no me caen nada bien los de Resistencia Galega.



  
       Si a alguien le interesa esta tema, recomiendo leer Parias urbanos, El estado de la inseguridad social o Cárceles de la miseria.