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domingo, 16 de agosto de 2015

Löic Wacquant. Merodeando las calles

 


    En este libro Loic Wacquant analiza tres investigaciones sobre la vida de diferentes colectivos de marginados estadounidenses. Según el autor, estos estudios son aparentemente progresistas y quieren ponerse de parte de los desfavorecidos. Sin embargo, detrás de estas tres investigaciones hay una tendencia moralista llena de prejuicios de clase que distingue entre pobres buenos y malos. Los pobres buenos son aquellos que trabajan y que se comportan de acuerdo con los valores morales de la clase dominante estadounidense, y los pobres malos son todos aquellos que muestran actitudes morales divergentes. Loic Wacquant denuncia que estas tres investigaciones lo que están haciendo en última instancia es defender la moral del poder de forma hipócrita, ya que aparentemente hacen bandera de los valores progresistas. En opinión de Wacquant, las verdaderas razones de la situación desfavorecida son un sistema socioeconómico injusto y la incorporación de habitus propios de las clases desfavorecidas.

   Loic Wacquant es un pensador más que interesante. Explica perfectamente el modo en que el Estado del bienestar ha sido sustituido por el Estado penal y sus ácidas críticas al sistema neoliberal siempre son acertadas. Este libro desde luego no es uno de sus mejores. Para empezar, difícilmente uno puede valorar lo dicho en el sin haber leído previamente las tres investigaciones a las que hace referencia, y eso no puede hacerse en España. Además, es un ensayo fundamentalmente negativo que se dedica desmontar las ideas de los demás y no aporta apenas ninguna idea propia (Wacquant tiene muchas y muy interesantes, pero aquí apenas las desarrolla). Por eso, si alguien quiere empezar con este autor, no le recomiendo en absoluto Merodeando las calles. Puede hacerlo con El gobierno neoliberal de la inseguridad social, Parias urbanos o las Cárceles de la miseria. Si, por el contrario, ya conocemos el pensamiento de este autor, Merodeando las calles puede ser una lectura entretenida, aunque, como digo, no aporta demasiado más allá de desmontar tres investigaciones construidas desde el discurso oficial.

    Si te interesa una breve introducción al pensamiento de este autor pincha aquí.




viernes, 22 de mayo de 2015

Manipulación del lenguaje político




      La gente no es gilipollas. Ya sé que todos alguna vez hemos dicho, al ver algo que no nos gustaba o no comprendíamos, que la gente es gilipollas. Pero realmente no lo es. Así, en general, nadie busca su propio perjuicio. Si cogemos a diez personas, sean las que sean, y les decimos: "Oíd, ahí hay un botón que, si lo aprietas, te cortan una oreja".Nadie va y aprieta el botón porque no son gilipollas. Sin embargo, muchos somos los que no preguntamos cómo es posible que, con lo que está pasando en este país, no arda la calle -que quede claro que "arda la calle" es una expresión metafórica e hiperbólica; no quiero que los revoltosos quemen los bancos ni nada de eso, no vaya a ser que me apliquen el mismo rasero que a César Strawberry y acabe en el calabozo por enaltecimiento del terrorismo-. Como decía, hay mucha gente que no entiende que la población española asista con pasividad a lo que está pasando. Y no sólo eso. Parece que, aunque pierdan las mayoría absoluta, el Partido Popular va a seguir siendo la fuerza más votada en las elecciones del domingo. 
      Hay muchas razones para explicar este fenómeno. Loïc Wacquant habla del nuevo estado penal, David Garland de la cultura del control, yo hablé en otro momento de la democracia de masas, del chantaje de los medios de comunicación, etc... Todas razones por las cuales el sistema se perpetúa y nadie hace nada. Este post es para hablar de otra estrategia del poder: la manipulación del lenguaje político.
     Es evidente que existe una relación directa entre lenguaje y pensamiento. Si una persona carece de una palabra para un concepto, difícilmente podrá ser consciente de él. Si fuésemos esclavos y no existiese la palabra libertad, nadie pensaría que podría haber otra vida alternativa. George Orwell se dio cuenta de este fenómeno en 1984. En esta novela, una de las estrategias del Gran Hermano para perpetuarse en el poder era mantener a la población satisfecha. La represión brutal funciona como modo de perpetuación, pero sólo a corto plazo. A la larga, si la mayoría de la población vive descontenta, surgirán movimientos de resistencia que, al gozar del apoyo de la gente, acabarán por derrocar al poder. Es mucho más útil que los gobernados sientan que el sistema es el mejor de los sistemas posibles, y así ningún movimiento de resistencia gozará de acogida. Con tal objetivo, El Gran Hermano había diseñado un departamento de neo-lengua, cuya función era eliminar todas las palabras desagradables del idioma y sustituirlas, o bien por eufemismos, o bien por su antónimo con el adverbio negativo "no" delante. Así, "mal" se convertía en "no-bien" y los ciudadanos poco a poco iban perdiendo las palabras para concebir el desencanto y acababan convencidos de que aquel sistema de pesadiilla era el mejor posible.
       Orwell era un visionario en muchos aspectos y aquí la clavó. Escuchar las noticias en estos momentos es un auténtico ejercicio de neolengua. Nuestros políticos y su brazo armado -los tertulianos- han conseguido borrar del lenguaje cualquier rastro de realidad negativa. Han sustituido estos conceptos por términos cargados con connotaciones positivas y así los ciudadanos percibimos como buenas todas esas medidas que atentan directamente contra nuestros derechos. Os pongo algunos ejemplos:
     a) Recortes. Hay recortes para todo. Recortes salariales, recortes en las prestaciones sociales, recortes de plantilla, etc... En la primera acepción de la RAE se define recortar como "cortar o cercenar lo que sobra de algo". Ojo: "lo que sobra de algo". Todos estaréis conmigo en que lo que sobra hay que eliminarlo y eso es bueno. Luego las bajadas de sueldo, la supresión de derechos sociales como la sanidad o la educación, etc... es percibido como algo positivo. Y así llegamos a afirmaciones tales como que "es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades", "es que aquí ha habido mucho despilfarro", etc... Yo no sé vosotros, pero a mí no me tienen que recortar el sueldo ni me tienen que cerrar una planta de un hospital de la Seguridad Social, porque eso no sobraba.
    b) Crecimiento negativo. Un clásico de Luis de Guindos. "La economía está en un periodo de crecimiento negativo". Un juego fantástico de neolengua para eludir la realidad: la economía decrece, va a peor. En 1984 hubiesen dicho "no-crecimiento". De Guindos, que es mucho más pedante, dice "crecimiento negativo".
       c) Copago. A este neologismo se recurre para referirse a que en la farmacia tenemos que pagar otra vez por las medicinas, aunque vayamos con receta. El prefijo "co" significa entre dos o más personas. Así, "colaborar" significa que dos o más personas laboran juntas, es decir, trabajan juntas en pos de un objetivo común. Utilizando el neologismo "copago" parece que, cuando vamos a la farmacia y pagamos un euro por receta, el Estado y nosotros estamos pagando juntos algo. Pero la realidad es bien distinta. El Estado no regala nada y, si podemos llevarnos medicamentos de las farmacias por poco dinero, es porque antes hemos adelantado ese dinero en forma de impuestos. Así que de "copago" nada. La palabra adecuada es "repago".
     d) Ajustes. Eso que tanto parece gustarle a Bruselas y no paran de mandarnos hacer. Volviendo a la RAE, ajustar es "Conformar, acomodar algo a otra cosa, de suerte que no haya discrepancia entre ellas". Es por tanto, una acción positiva. Hacemos que las cosas que no encajan o no funcionan bien, lo hagan. Pues este eufemismo es el que se emplea para hablar de disminución en las prestaciones de desempleo, de despedir a los trabajadores sin indemnización, de privatizar sectores fundamentales de la Administración Pública, etc... Antes de lanzarnos a todas estas acciones, habría que ver si realmente esos sectores no funcionaban. 
      e) Flexibilidad. Flexible es algo que se adapta. Luego es algo bueno. Y así hablan de "flexibilidad laboral" para referirse a rebajar las indemnizaciones por despido, a los cambios de localidad de trabajo sin contrapartidas, a poder bajarle el sueldo a un trabajador o a degradarlo con la consiguiente merma salarial, etc...A mucha gente parece gustarle esto porque nos lo han vendido como algo cool, como ser una persona en crecimiento continuo, lo opuesto a vago funcionario apoltronado en su sillón. Pero estos cambios son impuestos de desde fuera, son ajenos a nuestra voluntad, de modo que perdemos libertad y es imposible plantearse un proyecto de vida a largo plazo. Hoy mismo han llegado al instituto unas niñas que, por cuestiones de trabajo de sus padres, llevan cambiando de centro de estudio a mitad de curso desde hace cinco años. Vosotros veréis si ese es el modo de vida que queréis para vuestros hijos. Por no hablar de cómo afecta eso a la corrosión del carácter.
      f) Moderación salarial. Otro clásico. Lo moderado se opone a radical, que es algo malo. Moderación salarial es, exactamente, bajarnos el sueldo porque, ya se sabe, que nos suban el sueldo con el IPC es propio de comunistas radicales.

     Y podría seguir así con una lista interminable para que este país pueda "ser competitivo con el mercado chino", es decir, que para poder competir con china, pretenden que nuestras condiciones de trabajo se pongan al nivel de las de los chinos. 


      P. D. Por si os interesa, os dejo un enlace de Huffington Post en el que recoge algunos de estos eufemismos políticos.
   
      

jueves, 12 de junio de 2014

David Garland: La cultura del control.







        El acaloradísimo debate tras la derogación de la doctrina Parot; el padre de Mariluz, la niña asesinada por un pederasta, paseado por la televisión; la indignación popular ante Miguel Carcaño, el asesino de Marta del Castillo; la durísima ley de seguridad ciudadana de Fernández Díaz; ese mimo ministro que encarcela a un par de personas por verter comentarios de muy mal gusto en Twitter; y otras muchas cosas más, todos fenómenos aislados hasta que leí La cultura del control.
     David Garland divide en dos fases bien diferenciadas la historia del delito en la era actual.
David Garland
La primera de ellas abarca desde el final de la Segunda Guerra mundial hasta la década de los setenta. Es lo que comúnmente se conoce en Estados Unidos como welfare y en Europa como socialdemocracia. La filosofía que había detrás de esta organización social era la propia de la Ilustración. Se considera que el individuo es bueno por naturaleza y que el delito es el resultado de una mala socialización, de una educación desviada o de la marginación. La lucha contra el crimen se concretaba en una serie de prácticas políticas encaminadas a paliar dicha marginación, como ayudas sociales para evitar la aparición de esas condiciones de vida, y en prácticas educativas de resocialización. La cárcel no era el justo castigo de un pérfido delincuente, sino un instrumento para reeducar a víctimas de un sistema injusto -programas de reinserción-.

     A partir de 1970 en el mundo anglosajón triunfa el modelo neoliberal. El hombre ya no es ese ser inocente corrompido por la sociedad, sino un animal egoísta movido por sus propios intereses, las más de las veces espúreos. Se acabó Rousseau; es el tiempo de Hobbes -y hasta de Schopenhauer, diría yo-. 
    Surgen las críticas al modelo penal socialdemócrata, al que se tacha de inoperante -la cárcel no rehabilita, sino que empeora-, de ser carísimo -cuesta mucho sin resultados-, y de totalitario, ya que no respeta al individuo al obligar a todas las personas a ser iguales dentro de la legalidad. 
    En cuanto al castigo, la nueva filosofía neoliberal reduce todo a modelos económicos que aplican a otras esferas del comportamiento humano. Interpretan así el delito a partir de la teoría de la acción racional: el hombre se inclina al delito por naturaleza, luego hay que poner unas penas tan fuertes que hagan que delinquir no merezca la pena en el balance costes/beneficios. 
       Asímismo, el neoliberalismo exalta al individuo por encima de todas las cosas. El delito es
el resultado de una decisión individual. No se cree, como en el modelo socialdemócrata, que las personas son víctimas de sus circunstancias, sino que se sostiene que ser humano siempre es libre para elegir. La responsabilidad del delito se desplaza así de la sociedad al individuo. No habrá piedad ni derechos para esos malvados delincuentes. Se los castiga con penas de muerte, trabajos forzados y a vestir ropa de rayas. Los derechos de los delincuentes desaparecen. Para ello se apela al derecho de las víctimas y de sus familias, a las que no se duda en exhibir por platós de televisión para edificar a los telespectadores con su sufrimiento.

     En cuanto a la prevención del delito, los cambios se orientan más hacia el control que el bienestar social y la educación. El delito no está causado por la privación, sino por un control inadecuado. La única forma de luchar contra él es con políticas de control. Este control se da en varios niveles:

     a) En una filosofía que exalta al individuo, es lógico que la responsabilidad de la seguridad propia recaiga en uno mismo. Ponemos alarmas en nuestras casas y nuestros negocios, los americanos llevan armas, sprays de defensa, vivimos en urbanizaciones con seguridad privada, etc...

      b) Ya que si tenemos la oportunidad, todos delinquiríamos,
lo que hay que hacer es evitar todas esas posibles situaciones: se ponen cámaras, verjas de seguridad, hay guardas por todas partes, etc...


  c) La función de la cárcel, además de castigar a los malvados, sirve para encerrarlos, apartarlos y que dejen de ser un peligro potencial. Cuanto más tiempo estén fuera de la circulación, mejor. Mientras estén en prisión, no tendrán oportunidad de delinquir.





     Paradógicamente, este Estado obsesionado con controlar, reconoce que no es capaz de
Cárcel privada en Chile
atajar el delito. Y así lo asume todo el mundo. La responsabilidad se traspasa a agentes externos como campañas de concienciación, y surgen diversos espacios privados con seguridad privada, como los centros comerciales. Es la privatización de la seguridad, una oportunidad de hacer negocios, actividad en torno a la cual gira toda la filosofía neoliberal. Esta oportunidad de ganar dinero llega incluso a la gestión privada de las cárceles.

       Como se desprende de lo que he explicado aquí, Garland sostiene que el cambio en las
políticas penales y de prevención del delito son consecuencia de un cambio en el modelo socioeconómico, del paso de la socialdemocracia al neoliberalismo. Él dedica un montón de páginas a diseccionar este cambio. Resumirlas aquí sería demasiado tedioso. Me quedo con los aspectos que me parecieron más interesantes:

   1. Durante la socialdemocracia, la política penal estaba en manos de expertos profesionales. Ahora, en el neoliberalismo, son los políticos los que la determinan con sus soflamas populistas de mano dura con los criminales. Se ha degradado el conocimiento científico por el sentido común y esa experiencia que supuestamente tenemos todos.
        2. Hay una continua y sistemática propaganda del miedo para justificar el cambio en las políticas penales. Se le da una cobertura excesiva a los delitos, de modo que el ciudadano medio tenga una permanente sensación de sentirse amenazado. Cualquiera puede ser una víctima. Hay una percepción social de que el delito ha aumentado muchísimo en los últimos años y que el sistema socialdemócrata no ha hecho nada para solucionarlo. Se construye así un público temoroso y resentido. El sistema económico neoliberal hace que las personas vivan con miedo a bajadas de sueldo, a perder su empleo, etc... Esta inseguridad vital y económica se redirige por medio de la propaganda de la que acabamos de hablar hacia inseguridad hacia el delito y así se justifican las políticas represivas. -de esta última idea se hace eco Löic Wacquant en El estado de la inseguridad social-.