jueves, 23 de agosto de 2018

Alan Moore:The Courtyard.





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   Este cómic es una adaptación de un cuento de Lovecraft. 

  Un agente federal especializado en casos extraños investiga una serie de terribles asesinatos en serie con rasgos comunes, pero cuyos reconocidos autores no tienen nada que ver entre ellos. La investigación le lleva a un club y a una extraña droga. 

   Desde luego no es el mejor cómic del mundo. Tiene algunas cosas interesantes. El dibujo, por ejemplo. Es correcto, no muy original, pero bien solucionado. También me gusta la disposición de las viñetas, que divide en dos la página a partir del eje vertical. También tiene algunas situaciones interesantes. 

  Pero en general me parece un cómic total y absolutamente prescindible. 

  Para empezar no soy muy fan de Lovecraft. No me interesa mucho su universo, así que difícilmente me iba a interesar este cómic. 

  Además, la historia es bastante predecible, es lenta y hasta diría que está descompensada. El planteamiento es larguísimo -todo el primer tomo-, casi no hay nudo, y el desenlace es una chorrada. No quiero hacer un spoiler, pero el final es una bobada. Dado que adapta una obra de Lovecraft, no me esperaba que ese detective diese con el criminal reconstruyendo las pistas con la precisión de un reloj suizo. Esperaba, como es lógico, algo de literatura fantástica, cercana al terror. Pero una cosa es eso, y otra que uno pueda terminar la historia de una forma tan chapucera. 

   Nota: 3 sobre 10.

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Jonathan Lethem: Huérfanos de Brooklyn.




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     Esta es la típica historia de mafiosos de medio pelo. Unos chicos que se criaron en un orfanato, que se hicieron amigos y acabaron siendo mafiosos. Además del marco, tiene todos los tópicos del género: una mujer fatal, intriga, delincuencia y exaltación de la amistad. 
  
   Me gustaría decir cosas inteligentes de este libro, pero no tengo mucho que contar. Se lee bien. Su fuerte está en el narrador, un chico con síndrome de Tourette, que le hace decir todo lo que le pasa por la cabeza. No sé si Lethem se lo proponía, pero me hizo reír varias veces. Es una forma bastante original de provocar situaciones absurdas y disparatadas. 

  El problema es que un chiste repetido demasiadas veces cansa, por lo que la obra se desinfla a medida que vas leyendo. Si el argumento diese alguna vuelta inesperada, si tuviese algo de original, tal vez acabase siendo una gran novela. Pero no es así, por lo que queda en correcta, sin más. 

   Por otra parte, esto de coger un género clásico y darle la vuelta desde el humor y el distanciamiento es un mecanismo clásico de la postmodernidad. Tampoco es nada original.

   Me gustaría decir más cosas. Supongo que los fans incondicionales de Lethem comparán esto con La educación sentimental, en el sentido de que es una obra que cuenta cómo unos chicos se hacen adultos. Pero le faltan años luz para llegar al conocimiento del alma humana de Flaubert. 

   Nota: 5 sobre 10.


Haruki Murakami: Baila, baila, baila.



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   Resumen del argumento de la página de descarga libros de la que suelo descargármelos: 

   En marzo de 1983, el joven protagonista de esta novela, redactor freelance todoterreno, después de pasar días sombríos, siente la necesidad de volver a ciertos escenarios de su vida para ajustar cuentas con el pasado. Viaja a Sapporo con la intención de alojarse en el Hotel Delfín, donde años atrás pasó una semana con una misteriosa mujer que, de manera inesperada, desapareció de su lado. A su llegada descubre que han derribado el hotel y que en su lugar se alza otro, moderno y lujoso, pero su estancia allí propicia la aparición de personajes envueltos en un aura de irrealidad: una guapa recepcionista que ha vivido experiencias inverosímiles, una adolescente dotada de una aguda sensibilidad, o un antiguo compañero de colegio, ahora actor de éxito, que lo meterá en graves aprietos. Asesinatos, viajes a Hawai, pasajes a otros mundos y fiestas se suceden al ritmo de la música que suena en la radio de su destartalado Subaru. Lo cierto es que, como afirma un enigmático personaje, todo está conectado. Porque sólo se regresa al Hotel Delfín para poder empezar de nuevo. 

   A mí Murakami no me vuelve loco. Suelo escoger sus novelas cuando necesito leer algo entretenido, pero intrascendente. Hacía tiempo que no lo leía. Tokio Blues me entretuvo -de hecho me parece su mejor novela-; 1Q84 también me entretuvo, aunque la fantasía indiscriminada al final de la obra es un poco absurda; del resto de novelas que leí de él, unas cuatro o cinco, no recuerdo apenas nada, lo que es significativo. 

   Baila, baila, baila es Murakami 100%, con esa fantasía absurda, su mitología y símbolos de siempre, esos personajes solitarios y sus acciones extravantes. No aporta nada más. Es fácil de leer y supongo que le interesará a esos incondicionales de la cultura japonesa. A mí, que no lo soy, solo me entretuvo un poco y, si hago esta reseña, es para no olvidarme de que la leí. 

Ángel de la Calle: Pinturas de Guerra.



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    Reseña de La Casa del Libro:

   Un español llega a París en busca de documentación sobre la actriz Jean Seberg. Casi sin advertirlo, se ve envuelto en una trama de represión contra pintores latinoameticanos que han escapado de las dictaduras militares de sus países. En palabras del escritor Paco Ignacio Taibo ii, prologuista de este cómic, «lo que hace genial Pinturas de guerra es que maneja con precisión las claves narrativas, que permiten que decenas de personajes y sus historias se reúnan en una historia central: un agente de la cia, su homólogo de los servicios secretos franceses involucrado en el pasado de la guerra sucia contra Argelia, una pintora chilena, un pintor tupamaro, un superviviente mexicano de la matanza de Tlateloleo, un pintor montonero argentino, y todos ellos reencontrándose en un París de fecha imprecisable, gracias al error que un joven español comete cuando llega a la ciudad para escribir una biografía de la princesa maldita del cine norteamericano». 


    Tiene que haber obras como esta.  Es importante que no olvidemos lo que pasó. Es un tópico eso de que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. No sé si es verdad. Pero es necesario que obras como Pinturas de Guerra nos recuerden lo que fueron las dictaduras latinoamericanas y el papel que jugó la CIA. Es una cuestión de justicia. 

   Dicho esto, no es un cómic que me leyese de una sentada ni mucho menos. Me lo leí a poquitos, porque tendía a aburrirme. Las partes en las que vemos las torturas salvajes a los disidentes políticos son brutales y no podía parar de leer, absolutamente horrorizado. Aunque uno ya sabe lo que pasó, no deja de aterrarme. Pero el resto no. Hasta diría que me aburría un poco. 

  La influencia de Los detectives salvajes es evidente. De hecho, cita a Bolaño en el epílogo final. Pinturas de Guerra tiene un tinte muchísimo más político que Los detectives salvajes, pero la idea marco es la misma: unos artistas jóvenes y sus primeros pasos. Lo que sucede es que Bolaño es capaz de crear un universo propio muy particular -y atractivo- y darle un aire lírico a sus poetas sin talento. Ángel de la Calle no. 

   El dibujo es personal y se lo reconozco, aunque a veces se me hacía un tanto abigarrado y me costaba seguirlo. 

   Nota: 6 sobre 10.
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Jacques Tardi y Pierre Siniac: El secreto del estrangulador.



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    Durante una huelga policial, tienen lugar unos asesinatos misteriosos. 
  
   Creo que es lo más flojo que he leído de Tardi. Tiene un par de cosas interesantes:

   - La historia contada desde el punto de vista del asesino, lo que hace que te identifiques con el malo. Convierte al antagonista en un protagonista por medio de un juego formal. No es nada original. Ya lo había hecho mucho antes Patricia Highsmith, por ejemplo. Pero es resultón. 

  - Lo de tener varios finales alternativos. Tampoco es original, pero es curioso. 

  Pero, al final, me parece la obra más plana de Tardi. No deja de ser una trama policiaca, con un crimen extraño. Toda la intriga nace de saber cómo se cometen los asesinatos y si la policía atrapará o no al delincuente. 

  Además, tono reivindicativo y político de otras de sus obras está muy desdibujado. 

   Nota: 5 sobre 10. 
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jueves, 9 de agosto de 2018

Naoki Urasawa: 20th Century Boys




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    Resumir brevemente el argumento de 20th Century Boys es imposible. Me remito a lo que dice la Wikipedia, aunque se deja fuera el 99% del manga:

  Kenji Endo es el encargado de un pequeño supermercado en Tokyo. Vive con su madre y con Kanna, la hija de su hermana, la cual dejó a su cargo el bebé antes de desaparecer. Kenji asiste al funeral de un antiguo amigo de la infancia, Donkey, y al reunirse con sus ex-compañeros de colegio no tarda en relacionar la muerte de Donkey con otras extrañas muertes que se van sucediendo y en cuyos alrededores aparece un extraño símbolo, un símbolo que el propio Kenji y sus amigos crearon cuando eran pequeños como parte de un juego en el que creaban una base secreta, y que ahora parece hacerse realidad por medio de una secta que parece estar liderada por un enigmático individuo llamado Amigo.

   Kenji y sus amigos juraron defender la paz y la justicia en el mundo cuando algún día ésta se viese amenazada por una malvada organización. Sin embargo, todos ellos ven como cada una de las predicciones que hicieron se van cumpliendo, incluida la más temida: la Nochevieja Sangrienta del año 2000 en el que se pondrá en juego la supervivencia del planeta.

   20th Century Boys tiene todas las virtudes y todos los defectos del manga.

  Virtudes:

  a) Exaltación de la amistad. Te hace reconciliarte con tus semejantes. 

  b) Una lucha del bien contra el mal, que al final te deja muy buen sabor de boca, aunque sea una distopía futurista que plantea un nuevo mundo de pesadilla. 

  c) Muchísima acción, lo que hace que, por momentos, la acción sea muy dinámica. 

  d) Bien generada y dosificada la intriga, con un uso constante del cliff-hunger que te deja continuamente con la miel en los labios y ganas de seguir leyendo para saber quién demonios es "Amigo". 

   Y además, de propina, da para reflexionar sobre el modo es que los gobiernos gestionan y se aprovechan del miedo de las personas y cómo se puede manipular a la opinión pública. 

  Inconvenientes:

  a) Se hace un poco larga de más. Son 22 tomos. Con ocho o nueve era suficiente. Pero el manga es un negocio, y hay que mantener a los fans enganchados a una serie lo más larga posible para que compren. 20th Century Boys no es One Piece, pero podían haber aligerado un poco. 

  b) Demasiadas tramas paralelas, algunas con poco interés, con toda seguridad derivado del intento de alargar la serie lo máximo posible. 

 c) El uso indiscriminado del cliff-hunger hace que al final algunas cosas queden sin explicar o no se expliquen del todo bien. 

  Sea como sea, y además porque es un manga de cuando yo era joven y eso siempre me predispone a su favor, recomiendo mucho leerlo. 

  Nota: 7.5 sobre 10.


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Jaime Martín: Jamás tendré veinte años.





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    Jamás tendré veinte años cuenta la vida de los abuelos de José Martín, centrándose en los acontecimientos políticos que marcaron estas vidas, desde la Guerra Civil a la Democracia, pasando por la represión franquista. 

  Vaya por delante que el cómic me gustó. 

  Solo le pongo una pega, y es que en él los franquistas son todos muy malos y los republicanos todos muy buenos. Yo no creo que una persona sea mala por abrazar una ideología. La mayoría lo hace de buena fe, pensando que es lo mejor para él y para los demás. Sí creo que hay ideologías malas e ideologías buenas, y que el fascismo es una de las peores ideologías posibles. Pero no creo que debamos confundir el fascismo con las personas que creyeron en él. Aquí dejo a los criminales aparte. Evidentemente, esos malnacidos que le dieron el paseíllo a la gente o que se aprovecharon de la guerra para cometer todo tipo de desmanes eran muy malas personas. Pero hubo otras muchas que, de buena fe, aunque equivocados, pensaron que el fascismo era lo mejor para España. Yo no creo que media España abrazase el fascismo porque querían que les fuese muy mal a los demás. No creo que las personas sean malas. Otra cosa muy distinta es que hubo gente que utilizó el fascismo para asesinar, torturar y cometer todo tipo de desmanes. Y, sobre todo, creo que muchos de esos fascistas estaban equivocados porque creyeron en un sistema político que instauró un régimen que institucionalizaba la tortura, el crimen y la desigualdad. El problema de Jamás tendré veinte años es que confunde a las personas con las ideologías al hacer que todos los nacionales sean malísimos y  todos los republicanos buena gente. No todos los votantes de PP o de Ciudadanos son malos. Solo están equivocados. Hay que tener mucho cuidado con esas cosas, porque son el comienzo del fanatismo. Y aunque el fanatismo defienda las ideas en las que yo creo, hay que tener cuidado. En este sentido, Jaime Martín no es Sholojov, que, pese a ser el escritor oficial del stalinismo, fue capaz en El Don Apacible de escribir sobre la guerra civil y trazar una historia humana, marcada por las ideologías, pero humana. 

   Dicho esto, el cómic me gustó mucho. 

  En primer lugar, deja muy claro qué es el fascismo y cómo se instaura un sistema político que hace del crimen, el miedo y la represión su razón de ser. También deja muy claro lo que es la izquierda y la derecha, y qué hay detrás de cada una de las ideologías. Una que defiende los privilegios de clase y otra que pretende la igualdad. Muchos políticos actuales deberían tomar nota de esto, ahora que hablan de fascismo con tanta ligereza. 

  En segundo lugar, está muy bien contado. La narración es rápida y amena. No necesita cientos de viñetas para transmitirnos la emoción de lo que quiere contar. Las viñetas adecuadas, bien ordenadas, todo en su punto exacto. 

  Y un dibujo muy digno. 

  Nota: 7 sobre 10. 

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