miércoles, 25 de julio de 2018

Fabien Nury y Thierry Robin: La muerte de Stalin.


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    Reseña de la editorial:

   El 2 de marzo de 1953 el camarada Josef Stalin sufre un repentino ataque cerebral tras leer una breve nota de la solista María Yudina. Los miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética se reúnen en comité, pero las resoluciones se demoran y la ayuda médica llega tarde.

Dos días después se hace pública la muerte del “Padre de los Pueblos” y, mientras el partido se debate en busca de un sucesor, Vassili, su hijo, intenta destapar una conspiración organizada contra su padre. Es entonces cuando las pompas fúnebres se convierten en un juego estratégico de acusaciones internas y traiciones al Partido, una lucha entre la asunción del poder y la pura supervivencia.

   Si no existiese El grito del pueblo de Tardi este sería el mejor cómic histórico que he leído en mi vida. 

   La documentación histórica es impresionante. El subtítulo es "Una historia soviética", y es una historia soviética de verdad. No hablo solo de los hechos acaecidos cuando murió Stalin -muchos de ellos son recreaciones artísticas, pero se ha ceñido bastante a la realidad-, sino al ambiente, la estética. Leyendo La muerte de Stalin uno tiene la sensación de estar realmente en la antigua Unión Soviética. Los uniformes, las caras de los personajes, su ropa, sus bigotes, barbas y gafas, sus habitaciones, sus palacios... Hasta el diseño de los planos, con perspectivas enormes. Todo. Absolutamente todo es soviético 100%. Y eso ya es más que suficiente para mí. No soy fetichista en absoluto, excepto con lo que tiene que ver con la URSS. Veo un uniforme del Ejército Rojo y me vuelvo loco de emoción. 

   Lo de que prácticamente no aparezca Stalin y, al mismo tiempo su presencia sea tan abrumadora, da buena idea de lo que debió ser su dictadura de terror. En este sentido, el pánico que siente el director de la radio al principio de la historia me recordó mucho a Vida y Destino, cuando aquel científico judío vivía aterrado esperando la llamada telefónica del padrecito Stalin. Conseguir esto no es fácil. Hay que dominar muy bien la técnica narrativa. Y Nury lo consigue. 

   También me flipa el retrato de las bambalinas del poder. Los subalternos, el modo en que la muerte de Stalin desencadena una red de intrigas por sucederle. Los aspirantes ocultan sus deseos, al tiempo que maquinan en secreto contra sus compañeros de partido/gobierno. Nunca he estado cerca de esos círculos, pero supongo que será algo parecido. 

   Nury recrea ante nuestros ojos una historia de política que es todo un tratado de psicología del poder. De los que lo ejercen, de los que aspiran a él, y de los que lo sufren. 

   Podría estar horas y horas dando razones por las que La muerte de Stalin me parece un flipe, pero esto es un post y nadie se lee posts de más de cinco párrafos. Así que paro. Creo que con lo dicho es suficiente para recomendarlo. 

   Sin embargo, y dado que soy profesor y que estas reseñas de cómics las utilizo para mis alumnos y mis compañeros, me gustaría prevenir a algún que otro profesor de historia que pretenda utilizar este cómic "para enseñar un poco de historia". La muerte de Stalin es un cómic como la copa de un pino de principio a fin, pero a un chaval de dieciséis años se le cae de las manos. Por muy buen estudiante que sea, no va a aguantar ni dos páginas -puede haber alguna excepción-. Ni el ritmo narrativo, ni los personajes, ni el ambiente, ni la temática está cerca de lo que suelen leer. El esfuerzo que tendrá que hacer para recrear todo eso en su mente será demasiado para que puede disfrutar. Si queremos que nuestros alumnos disfruten de La muerte de Stalin, es mejor esperar unos años a que tengan el bagaje cultural necesario para entenderlo. 

  Nota: 9.5 sobre 10.





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Manu Larcenet: Vida de Perros, Una aventura rocambolesca de Sigmund Freud




   Reseña de la editorial: 

   ... nos muestra una peculiar visión del psicoanálisis. Sigmund Freud decide dejar su Viena natal y embarcarse rumbo a las Américas, con el único objetivo de estirar en su diván a un auténtico cowboy.

   A lo que yo añadiría que se encuentra con Spot, un perro sin dueño al que han metido en prisión y que se fuga en busca de su alma para sentirse mejor. De este encuentro surgirán toda una serie de situaciones absurdas que pretenden hacernos reír. Freud es un iluminado que no se entera de nada y, si no es por su criado, sabe Dios si hubiese sobrevivido en el nuevo mundo. 

  Todo esto contado con bastante ritmo narrativo y un dibujo caricaturesco, en consonancia con el tono de la obra. 

  Pese a que se trata del gran Manu Larcenet, y pese a que gente que respeto mucho me la había recomendado, a mí no me dijo nada en absoluto. No me hizo reír, no me hizo pensar, y la verdad es que me aburrió bastante. Me da un poco de apuro tratándose de Manu Larcenet, pero Vida de perros me pareció un rollo. Tal vez no fuese el momento y, si vuelvo a ella tiempo después, descubriré una pequeña joya. No lo sé. El caso es que por ahora me parece una obra del montón. 

   Nota: 4 sobre 10.



Hugo Pratt: Corto Maltés: Fábula de Venecia.




CORTO MALTÉS: FÁBULA DE VENECIA


      Esta es la típica historia del Corto Maltés. Lo tiene todo: 

   a) una estupenda documentación histórica; 

   b) sectas secretas: masones, rosacruces, esotéricos...;

   c)  una historia cargada de intriga. Venecia es una ciudad cargada de secretos -es casi una obra policíaca-; 

  d) un protagonista potentísimo, del que se sugiere mucho y se explicita poco -en el misterio está la poesía-; 

  e) secundarios de lujo -Hipatia es fantástica-; 

  f) acción a tope -la obra va como un tiro-. 

  g) un dibujo muy serio, muy profesional. 

  Sumándolo todo, da una novela gráfica entretenidísima que aguanta -y casi pide- varias lecturas seguidas. 

  Sin embargo, tengo un amigo librero que una vez me dijo:

  - Vendo muchísimo Corto Maltés, pero nunca a nadie de menos de cuarenta años. 

  Es curioso, porque tenemos varias obras suyas en la biblioteca de mi instituto y lo que dice mi amigo es cierto. Corto Maltés no funciona en absoluto. Tenemos los volúmenes muertos de asco, mientras el manga circula sin descanso. 

  ¿Por qué? 

   No lo sé. Porque este cómic tiene todo lo que tiene el manga mainstream: intriga, rapidez en el desarrollo de la trama, peleas, etc... Tal vez lo vean antiguo, de otra generación, y en un mundo de hipervalora la juventud y la novedad es un pecado mortal. No lo sé. Quizá sea eso. Pero el caso es que a las nuevas generaciones no les gusta en absoluto. 

   Pero a mí sí.

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   Nota: 8.5 sobre 10.

   

James Robinson y Tony Harris: Starman.


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    Esta es otra revisión moderna de un clásico de la época dorada del cómic, en este caso del personaje de Starman. La originalidad con respecto al trabajo de Moore o Miller es que no coge al personaje original (Ted Knight) y le da una vuelta, haciéndolo más oscuro, más humano, etc... James Robinson opta por que Ted Knight le pase el testigo a su hijo. Starman está viejo y ya está para jubilarse y el su hijo es el heredero. 

   Este cómic tiene cosas interesantes. 

   Me gusta que Jack Knight no quiere ser superhéroe. Él está tranquilo con su tienda de antigüedades y su coleccionismo y es el destino el que viene a buscarlo. Se ve obligado a recoger el testigo de su padre aunque sea en contra de su voluntad. Este motivo le da a Robinson para reflexionar, en clave de superhéroe, sobre las relaciones padres/hijos; sobre aquellas familias en las que hay que heredar el negocio familiar porque es la tradición y, en caso de no hacerlo, se perderá algo de la identidad de la familia; sobre las obligaciones que las personas nos vemos a tomar en nuestras vidas cuando nos hacemos adultos; etc... En este sentido el cómic me pareció bastante interesante, porque parte de un motivo muy concreto para hablar de temas universales. 

   También son bastante sugerentes el planteamiento de algunas de las aventuras y algunos personajes secundarios, sobre todo Shade. Lo que hace que la lectura sea bastante amena y, por lo menos en mi caso, despertó mi atención. 

   Y me gustó muchísimo el dibujo, lo que, sumado a una muy buena edición de Planeta de Agostini, hacen del libro casi un objeto de coleccionismo. Yo no soy fetichista en absoluto. Solo leo en bibliotecas y no tengo libro alguno en casa. No me gustan. Cogen polvo y, si quiero volver a leerlos, basta con descargarlos de nuevo o acercarme a la biblioteca, que la tengo a cinco minutos. Pero, en este caso, hasta pensé en comprarme el libro, porque me sorprendí a mí mismo varias veces observándolo con fascinación. 

   Sin embargo tampoco creo que Starman sea para volverse loco. Es cierto que le da vueltas a temas universales de la literatura, pero no es Shakespeare. Aparecen ahí reflejados, pero tampoco es que tenga un profundidad de pensamiento que vaya a cambiar nuestras vidas. 

  Y el desarrollo de las aventuras es bastante similar al de los clásicos del cómic: se plantea un crimen que se resuelve con una pelea. Ya no me volvía loco en los clásicos, menos aún ahora. 
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   Nota: 7 sobre 10.

martes, 24 de julio de 2018

Manu Larcenet: Los combates cotidianos.


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   Marco es un fotógrafo que pasa por una crisis existencial y se retira al campo para pensar, encontrarse a sí mismo o simplemente para que pase el tiempo. 

  Con esta sinopsis, y con una lectura superficial, puede parecer que en este cómic no pasa nada, que se limita a contar la cotidianeidad o la vida intrascendente de un personaje. Pero, si nos detenemos en su lectura, nos daremos cuenta de que Los combates cotidianos es un cómic tremendamente rico, que, bajo una apariencia de intrascendencia, toca muchísimos temas y casi me atrevería a decir que es una radiografía de nuestra sociedad contemporánea. 

   Los combates cotidianos se pregunta por el sentido de la vida en una sociedad que parece dárnoslo todo. ¿Qué motivación podemos encontrar para vivir vidas en las que no tenemos que esforzarnos para conseguir nada? Como decía Schopenhauer, la vida oscila entre el tedio y el dolor. Dolor porque carezco de algo y sufro para conseguirlo; y tedio tras un breve periodo de júbilo cuando esa meta que había conseguido deja de llenarme. Eso es lo que nos pasa a las personas en nuestra sociedad. No hay grandes guerras, basta con bajar al supermercado para conseguir comida, etc... Cuando el motor de la vida deja de ser el instinto de supervivencia, cuando ha desaparecido el consuelo de la religión para darle sentido a todo esto, la felicidad es el único objetivo que podemos tener para seguir viviendo. Pero no es tan fácil. No hay un manual que nos diga como ser felices. Y ese el problema de Marco. 

   Pero Larcenet no se detiene ahí, reflexiona sobre las relaciones entre padres e hijos en una sociedad que hipervaloriza lo nuevo y reniega de la tradición; sobre el miedo a comprometerse en una relación estable cuando el modelo de familia tradicional burguesa se ha descompuesto; sobre la hipocondría, el sino de la sociedad científica; etc...

   Incluso se atreve con la política, con las cicatrices de la guerra de Argelia y con el auge del Frente Nacional. En este último punto el cómic me pareció muy original y muy humano. Lo fácil hubiese sido ridiculizar a los votantes del Frente Nacional. Sin embargo, Larcenet los entiende. Entiende -y contempla con ternura- a esa gente que necesita una esperanza y se agarra a los únicos que le ofrecen una vida mejor, aunque sepan que las promesas del paraíso perdido de la extrema derecha son mentira. Larcenet entiende que necesitan esperanza, y sus dardos van más contra esos políticos que se aprovechan de la desesperación de la gente. De verdad que solo por el sutil análisis del proceso psicológico del estibador votante del Frente Nacional merece gastarse la pena en los euros que cuesta este cómic. 

   Y todo ello con un dibujo sencillo, caricaturesco, muy adecuado al tono y contenido de la obra. 

  Nota: 9.5 sobre 10. 

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