jueves, 23 de agosto de 2018

Ángel de la Calle: Pinturas de Guerra.



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    Reseña de La Casa del Libro:

   Un español llega a París en busca de documentación sobre la actriz Jean Seberg. Casi sin advertirlo, se ve envuelto en una trama de represión contra pintores latinoameticanos que han escapado de las dictaduras militares de sus países. En palabras del escritor Paco Ignacio Taibo ii, prologuista de este cómic, «lo que hace genial Pinturas de guerra es que maneja con precisión las claves narrativas, que permiten que decenas de personajes y sus historias se reúnan en una historia central: un agente de la cia, su homólogo de los servicios secretos franceses involucrado en el pasado de la guerra sucia contra Argelia, una pintora chilena, un pintor tupamaro, un superviviente mexicano de la matanza de Tlateloleo, un pintor montonero argentino, y todos ellos reencontrándose en un París de fecha imprecisable, gracias al error que un joven español comete cuando llega a la ciudad para escribir una biografía de la princesa maldita del cine norteamericano». 


    Tiene que haber obras como esta.  Es importante que no olvidemos lo que pasó. Es un tópico eso de que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. No sé si es verdad. Pero es necesario que obras como Pinturas de Guerra nos recuerden lo que fueron las dictaduras latinoamericanas y el papel que jugó la CIA. Es una cuestión de justicia. 

   Dicho esto, no es un cómic que me leyese de una sentada ni mucho menos. Me lo leí a poquitos, porque tendía a aburrirme. Las partes en las que vemos las torturas salvajes a los disidentes políticos son brutales y no podía parar de leer, absolutamente horrorizado. Aunque uno ya sabe lo que pasó, no deja de aterrarme. Pero el resto no. Hasta diría que me aburría un poco. 

  La influencia de Los detectives salvajes es evidente. De hecho, cita a Bolaño en el epílogo final. Pinturas de Guerra tiene un tinte muchísimo más político que Los detectives salvajes, pero la idea marco es la misma: unos artistas jóvenes y sus primeros pasos. Lo que sucede es que Bolaño es capaz de crear un universo propio muy particular -y atractivo- y darle un aire lírico a sus poetas sin talento. Ángel de la Calle no. 

   El dibujo es personal y se lo reconozco, aunque a veces se me hacía un tanto abigarrado y me costaba seguirlo. 

   Nota: 6 sobre 10.
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Jacques Tardi y Pierre Siniac: El secreto del estrangulador.



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    Durante una huelga policial, tienen lugar unos asesinatos misteriosos. 
  
   Creo que es lo más flojo que he leído de Tardi. Tiene un par de cosas interesantes:

   - La historia contada desde el punto de vista del asesino, lo que hace que te identifiques con el malo. Convierte al antagonista en un protagonista por medio de un juego formal. No es nada original. Ya lo había hecho mucho antes Patricia Highsmith, por ejemplo. Pero es resultón. 

  - Lo de tener varios finales alternativos. Tampoco es original, pero es curioso. 

  Pero, al final, me parece la obra más plana de Tardi. No deja de ser una trama policiaca, con un crimen extraño. Toda la intriga nace de saber cómo se cometen los asesinatos y si la policía atrapará o no al delincuente. 

  Además, tono reivindicativo y político de otras de sus obras está muy desdibujado. 

   Nota: 5 sobre 10. 
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jueves, 9 de agosto de 2018

Naoki Urasawa: 20th Century Boys




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    Resumir brevemente el argumento de 20th Century Boys es imposible. Me remito a lo que dice la Wikipedia, aunque se deja fuera el 99% del manga:

  Kenji Endo es el encargado de un pequeño supermercado en Tokyo. Vive con su madre y con Kanna, la hija de su hermana, la cual dejó a su cargo el bebé antes de desaparecer. Kenji asiste al funeral de un antiguo amigo de la infancia, Donkey, y al reunirse con sus ex-compañeros de colegio no tarda en relacionar la muerte de Donkey con otras extrañas muertes que se van sucediendo y en cuyos alrededores aparece un extraño símbolo, un símbolo que el propio Kenji y sus amigos crearon cuando eran pequeños como parte de un juego en el que creaban una base secreta, y que ahora parece hacerse realidad por medio de una secta que parece estar liderada por un enigmático individuo llamado Amigo.

   Kenji y sus amigos juraron defender la paz y la justicia en el mundo cuando algún día ésta se viese amenazada por una malvada organización. Sin embargo, todos ellos ven como cada una de las predicciones que hicieron se van cumpliendo, incluida la más temida: la Nochevieja Sangrienta del año 2000 en el que se pondrá en juego la supervivencia del planeta.

   20th Century Boys tiene todas las virtudes y todos los defectos del manga.

  Virtudes:

  a) Exaltación de la amistad. Te hace reconciliarte con tus semejantes. 

  b) Una lucha del bien contra el mal, que al final te deja muy buen sabor de boca, aunque sea una distopía futurista que plantea un nuevo mundo de pesadilla. 

  c) Muchísima acción, lo que hace que, por momentos, la acción sea muy dinámica. 

  d) Bien generada y dosificada la intriga, con un uso constante del cliff-hunger que te deja continuamente con la miel en los labios y ganas de seguir leyendo para saber quién demonios es "Amigo". 

   Y además, de propina, da para reflexionar sobre el modo es que los gobiernos gestionan y se aprovechan del miedo de las personas y cómo se puede manipular a la opinión pública. 

  Inconvenientes:

  a) Se hace un poco larga de más. Son 22 tomos. Con ocho o nueve era suficiente. Pero el manga es un negocio, y hay que mantener a los fans enganchados a una serie lo más larga posible para que compren. 20th Century Boys no es One Piece, pero podían haber aligerado un poco. 

  b) Demasiadas tramas paralelas, algunas con poco interés, con toda seguridad derivado del intento de alargar la serie lo máximo posible. 

 c) El uso indiscriminado del cliff-hunger hace que al final algunas cosas queden sin explicar o no se expliquen del todo bien. 

  Sea como sea, y además porque es un manga de cuando yo era joven y eso siempre me predispone a su favor, recomiendo mucho leerlo. 

  Nota: 7.5 sobre 10.


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Jaime Martín: Jamás tendré veinte años.





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    Jamás tendré veinte años cuenta la vida de los abuelos de José Martín, centrándose en los acontecimientos políticos que marcaron estas vidas, desde la Guerra Civil a la Democracia, pasando por la represión franquista. 

  Vaya por delante que el cómic me gustó. 

  Solo le pongo una pega, y es que en él los franquistas son todos muy malos y los republicanos todos muy buenos. Yo no creo que una persona sea mala por abrazar una ideología. La mayoría lo hace de buena fe, pensando que es lo mejor para él y para los demás. Sí creo que hay ideologías malas e ideologías buenas, y que el fascismo es una de las peores ideologías posibles. Pero no creo que debamos confundir el fascismo con las personas que creyeron en él. Aquí dejo a los criminales aparte. Evidentemente, esos malnacidos que le dieron el paseíllo a la gente o que se aprovecharon de la guerra para cometer todo tipo de desmanes eran muy malas personas. Pero hubo otras muchas que, de buena fe, aunque equivocados, pensaron que el fascismo era lo mejor para España. Yo no creo que media España abrazase el fascismo porque querían que les fuese muy mal a los demás. No creo que las personas sean malas. Otra cosa muy distinta es que hubo gente que utilizó el fascismo para asesinar, torturar y cometer todo tipo de desmanes. Y, sobre todo, creo que muchos de esos fascistas estaban equivocados porque creyeron en un sistema político que instauró un régimen que institucionalizaba la tortura, el crimen y la desigualdad. El problema de Jamás tendré veinte años es que confunde a las personas con las ideologías al hacer que todos los nacionales sean malísimos y  todos los republicanos buena gente. No todos los votantes de PP o de Ciudadanos son malos. Solo están equivocados. Hay que tener mucho cuidado con esas cosas, porque son el comienzo del fanatismo. Y aunque el fanatismo defienda las ideas en las que yo creo, hay que tener cuidado. En este sentido, Jaime Martín no es Sholojov, que, pese a ser el escritor oficial del stalinismo, fue capaz en El Don Apacible de escribir sobre la guerra civil y trazar una historia humana, marcada por las ideologías, pero humana. 

   Dicho esto, el cómic me gustó mucho. 

  En primer lugar, deja muy claro qué es el fascismo y cómo se instaura un sistema político que hace del crimen, el miedo y la represión su razón de ser. También deja muy claro lo que es la izquierda y la derecha, y qué hay detrás de cada una de las ideologías. Una que defiende los privilegios de clase y otra que pretende la igualdad. Muchos políticos actuales deberían tomar nota de esto, ahora que hablan de fascismo con tanta ligereza. 

  En segundo lugar, está muy bien contado. La narración es rápida y amena. No necesita cientos de viñetas para transmitirnos la emoción de lo que quiere contar. Las viñetas adecuadas, bien ordenadas, todo en su punto exacto. 

  Y un dibujo muy digno. 

  Nota: 7 sobre 10. 

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sábado, 4 de agosto de 2018

Sexo X: Pornografía.


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   Siempre ha habido pornografía. Sin ir más lejos, ya había grabados con personas practicando sexo explícito en las ediciones de Las mil y una noches o del Kamasutra. Nunca ha sido difícil comprar libros que contuviesen grabados con escenas pornográficas. En este sentido, la modernidad no ha inventado la pornografía. Pero no ha sido hasta la eclosión de los medios de comunicación que la pornografía se ha convertido en un fenómeno generalizado. 

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Dibujo del Kamasutra. 


    Yo englobaría el consumo de pornografía dentro de las actividades vicarias, como los videojuegos o el cine. A propósito de estas actividades, decía Norbert Elías en Deporte y ocio en el proceso de civilización que, en las sociedades modernas, los individuos tenemos que autocontrolarnos continuamente. Debemos reprimir muchísimas emociones y acciones como la ira, la agresividad, etcétera. Las actividades vicarias como el deporte, el teatro, el cine o, en el caso que nos ocupa, la pornografía, da rienda suelta a estas emociones, permite sacarlas a la luz, pero de forma controlada, sin el riesgo que implicaría llevarlas a cabo en la vida real. Asimismo, la vida en las sociedades modernas es gris, sin apenas alicientes. Las actividades vicarias permiten vivir las emociones de la vida, pero sin el riesgo que éstas conllevan. En este sentido, la pornografía es una imitación de las relaciones sexuales. A gran parte de la población le gustaría llevar una vida sexual más activa, con diferentes parejas y prácticas distintas, más atrevidas. Sin embargo, no es fácil conseguir tantos compañeros sexuales dispuestos a hacer todas esas cosas. Asimismo, introducir nuevos compañeros dentro de la pareja podría amenazar la perdurabilidad de esta, por lo que vivimos una vida sexual paralela en forma de pornografía. Este consumo controlado no amenaza la estabilidad de nuestras vidas. 

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August Ames, una actriz porno que se suicidó. 

   Significativo en este sentido me parece unos testimonios que recoge Giddens a propósito de los chats eróticos en La transformación de la identidad. Según él, la inmensa mayoría de las mujeres entrevistadas afirmaron que solo frecuentaban esos chats para flirtear, pero que nunca llegaban al sexo explícito. 

   Elias considera que la sociedad implica represión y que esta represión sobre nuestros instintos puede ser negativa para la psicología de la persona. Para liberar esta tensión tenemos las actividades vicarias -deporte, cine, teatro, etc...-. El sexo es en nuestra sociedad es muy complicado. Vivimos una sociedad un tanto esquizofrénica en lo que a él se refiere. No paramos de hablar de él, pero, al mismo tiempo, lo convertimos en algo complejo, con muchos convencionalismos sociales. Además, nuestra cultura liga  sexo y amor, lo que lo complica aún más porque introduce una variable nueva que además es impredecible y nos puede hacer sufrir mucho. De acuerdo con las teorías de Elias, la pornografía sería una válvula de escape para que liberemos de forma segura y controlada toda la tensión acumulada por la represión sexual. 

Bree Olson, una actriz pornográfica a la que la industria jodió la vida -o eso dice ella al menos-.

   Cierto tipo de cine y literatura nos permiten vivir de alguna manera con lo que soñamos. En el cine o leyendo vivimos aventuras increíbles y experiencias amorosas con hombres y mujeres excepcionalmente bellos. Llevamos vidas ideales. Son, en todo el sentido de la expresión, formas de evasión. Durante las dos horas que dura la película o durante el tiempo que pasemos leyendo, podemos vivir una vida mejor que la nuestra, nos evadimos, y recargamos pilas para volver a esa vida que no nos llena tanto. Esto es lo que se conoce como cine o literatura de evasión, series como The Bing Bang Theory, películas como las de Jennifer Aniston o novelas como Los pilares de la Tierra o cualquier best seller que encontramos en las estanterías de la FNAC sirven exactamente para eso. No plantean ninguna reflexión acerca de la sociedad o la naturaleza humana. Solo nos aseguran pasar un buen rato y olvidarnos durante un rato de nuestras vidas, soñando -o más bien viviendo vicariamente- que somos otras personas. 

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Película de mierda de Jennifer Aniston. 

  La pornografía funciona exactamente igual. Consumiéndola, tenemos las relaciones sexuales que deseamos, con las mujeres que deseamos y nos olvidamos por un tiempo que nuestra vida sexual no es así en absoluto. En este sentido, la pornografía es muy útil a las personas que tienen problemas para encontrar compañeros sexuales. 


   Antes de continuar, me gustaría dejar claro que la pornografía es un fenómeno mayoritariamente masculino. Aunque hay pornografía femenina, la inmensa mayorías está destinada a los varones. De ahí que en las películas la cámara se centre en ellas, que ellas sean las que responden al estereotipo de belleza deseado y que su actitud en la cama esté dedicada integramente a satisfacer al varón. Pero esto no cambia el significado de la pornografía. Las pocas películas de pornografía femenina les ofrecen a ellas su sexualidad deseada. El bajo porcentaje de películas para mujeres no indica que la pornografía no sea igual para hombres que para mujeres, sino que vivimos en una sociedad en la que la sexualidad de las mujeres ha sido negada, por lo que hay pocos productos enfocados a ella. Pero, cuando los hay, funcionan igual. 

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Imagen sacada de una página porno para mujeres.

   Desde determinados colectivos feministas se sostiene que la pornografía degrada a la mujer. Desde luego el sexo que se practica en la mayoría de las películas es claramente falocéntrico, pero no tengo tan claro que la pornografía como fenómeno general degrade a la mujer. Otra cosa son determinadas películas en concreto -o la mayoría de las películas-, pero no todas. Como acabo de señalar, hay pornografía femenina, en la que los cuerpos de los hombres también son sexualizados y reflejan el gusto de la sociedad.  ¿Y qué sucede con la pornografía homosexual masculina? ¿Degrada al hombre? Más que que la pornografía degrade a la mujer, yo creo que lo que degrada a la mujer es que haya tan poca pornografía femenina, porque refleja unas relaciones desiguales entre sexos. 

   Muy distinto es el caso de determinadas películas en las que se juega con la humillación de la mujer, como el género de anime Hentai, o una página web que se llama humiliated.com que ofrece vídeos cuyo contenido ya está claro en el título de la página. Si te excitan esas cosas y te masturbas viéndolas, estás dando rienda suelta a un instinto o una fantasía muy machista.

      El problema que creo que tiene la pornografía en tanto que actividad vicaria es que algunos sujetos confunden la ficción con la realidad. Del mismo modo que las películas de acción no son reales y no vamos por ahí como si fuésemos Rambo, deberíamos tomar nota y hacer algo similar con el porno y el sexo. Desgraciadamente hay muchos chicos cuyas primeras experiencias sexuales consisten en consumir pornografía. Esto hace que interioricen unas prácticas sexuales muy masculinizadas, basadas exclusivamente en el pene, la penetración vaginal y anal, el sexo oral y sin apenas prolegómenos. Luego, cuando tienen relaciones sexuales reales, tienden a reproducir estas prácticas, que no siempre son las adecuadas para disfrutar del sexo en pareja. 

   Asimismo, habría que hablar de los cuerpos de la pornografía. Como todo ideal, tiende a exagerar los patrones de belleza de la sociedad -no cuerpos, que diría Le Breton (aquí)-.

   Tanto en los cuerpos, como en los gustos y las prácticas, la relación de la pornografía y la sociedad es de doble dirección. Por un lado, la pornografía tiende a reproducir los gustos y las prácticas de la vida real, pero, al mismo tiempo, hace que estas prácticas se perpetúen. Es una camino de doble dirección, la pescadilla que se muerde la cola. 


lunes, 30 de julio de 2018

Alex Robinson: Malas ventas.



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    Esta novela gráfica cuenta el día a día de una serie de amigos veinteañeros neoyorkinos. 

   El que espere acción a tope, peleas, intriga, etc... que no se le ocurra leer Malas Ventas. Es exactamente lo contrario. Costumbrismo, cotidianeidad de esa etapa de la vida en la que las personas dejamos de ser niños y tomamos la rienda de nuestras vidas. Es un época de muchas dudas, de inseguridades, de sufrimiento, porque hay que tomar decisiones que determinarán lo que será nuestra vida. Es un tema clásico de la historia de la literatura; Pushkin en Eugenio Oneguin contó la historia de un joven en el que en esa etapa de la vida contraía un matrimonio equivocado. Conrad en La línea de sombra nos habló de ella por medio de un joven capitán de barco que se ve envuelto en una aventura a vida o muerte al quedarse su barco clavado en medio del océano sin un soplo de viento que los acercase a la costa; y Alex Robinson, como si de una película de Robert Altman se tratase, traza una historia coral, en la que jóvenes dan sus primeros pasos en la vida. 

   Hay muchas razones para leer Malas Ventas. 

   La primera -y siempre la más importante- es que es muy ameno de leer. A Robinson no le hacen falta crímenes misteriosos, ni fantásticos superhéroes para tenernos horas enganchados a su historia. La cotidianeidad de estos personajes está tan bien traída, que hasta sentimos la necesidad de seguir leyendo solo para saber qué va a ser de sus vidas, aunque sabemos de sobra que nada excepcional. 

  Esto me lleva a la segunda razón por la que leer Malas ventas, y es que uno se siente increíblemente identificado con los personajes. No con uno en concreto, sino con todos, en algún momento de la obra. 

  Y esto me lleva a la tercera razón,  que es Robinson demuestra conocimiento del alma humana y es lo que hace de Malas ventas una obra universal. La vida de esos neoyorkinos puede ser la nuestra, aunque vivamos los veinte años a miles de kilómetros de distancia o muchos años antes o después. 

  En un primer momento pensaba que haber recurrido a un chico que quiere convertirse en escritor y a varios dibujantes de cómics era un tópico. "Otra vez más escritores hablando de escritores", pensé. "Es como cuando en la radio los periodistas se ponen a debatir sobre el periodismo, cosa que solo les interesa a ellos. Nosotros queremos las noticias, no darle vueltas a la profesión". Pero, a medida que iba leyendo, me fui dando cuenta de que la elección de estos personajes era la acertada, porque, a fin de cuentas, ¿quién no sueña a los veinte años en ser artista?

  
   El dibujo, funcional, se ve muy bien y es muy agradable. Es cierto que no es un alarde de virtuosismo continuo, pero creo, si así fuese, hubiese distraído del verdadero objetivo de la obra. 

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Manuel Loureiro y Vicente Vegas: Apocalipsis Z.


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      Esta es una adaptación a cómic hecha por Vicente Vegas de la trilogía de novelas de Manuel Loureiro -solo de la primera, así que la historia se queda sin terminar-. 

   El argumento no es muy original, sobre todo si tenemos en cuenta que en los últimos tiempos el tema zombie ha estado muy de moda y nos saturado de series, películas, novelas y cómics con muertos vivientes. Aquí se supone que un virus horrible que convierte a la gente en zombies se origina en Europa del Este y que se propaga por el mundo entero. Esto coge al protagonista -un abogado- en Pontevedra. Este señor normal, tendrá que sobrevivir al holocausto y de ahí surgen las aventuras que nos cuentan Manuel Loureiro y Vicente Vegas. 

   A mí este cómic no me dijo absolutamente nada. Creo que no aporta nada y que todo lo que trata de contar ya está más visto que el tebeo. Por ahí he leído que su fuerte es que el protagonista es una persona normal que tendrá que hacer todo tipo de cosas para sobrevivir. Puede ser, quizá porque nos lo pintan como un abogado, pero creo que en los primeros tomos de The Walking Dead los personajes también son gente normal que se ve en una situación extrema. Con la diferencia de que The Walking Dead plantea un dilema moral o una reflexión sobre la naturaleza humana o el origen de la civilización en cada uno de sus volúmenes, y aquí no hay nada de eso.

   Me sabe mal ser tan duro, porque la obra está ambientada en Pontevedra y me duele el orgullo patrio. Me gustó ver Pontevedra, Vigo y Bueu convertidos es escenarios de pesadilla, pero creo que eso me interesa a mí que vivo a quince minutos de cada uno de estos sitios. Si eres un lector de Barcelona, dudo que esto te motive lo más mínimo. 

  A parte de eso, creo que la factura de Vicente Vegas está bastante bien, pero, por mucho que haga, si la historia no da para más, no da para más. 

  Quizá si hubiese sido la primera que enfocaba así el tema zombie... Pero no lo es y mucho me temo que su éxito se debió a que era algo que estaba de moda, no a la calidad per se de la obra. 

   Además solo adapta la primera novela y te quedas con cara de tonto sin saber cómo acaba. 

  Nota: 3 sobre 10. 
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