Estamos en el Japón del S. XVI. Una de las incontables guerras entre clanes samuriais asolan el país. Una princesa destronada tiene que volver a su casa y para ello cuenta con la ayuda de un veterano samurai y con la de dos codiciosos y bobos campesinos.
Es una película de aventuras de principio a fin. Con ella dudo que Kurosawa se propusiese algo más que entretener al público. Si ese era su fin, conmigo desde luego lo consiguió. No es que sea la película definitiva, pero está bien, y se me ocurren varias razones para verla:
a) Es el argumento de siempre. Una aventura en la que hay que cruzar territorio enemigo para llevar a una princesa a casa. Nada nuevo. Algo mil veces repetido. Pero que funciona. Porque para hacer buen cine o buena literatura no es necesario descubrir la pólvora. Hay esquemas, motivos, tópicos, etc... que están ahí desde el Poema del Gilgamesh. Sabemos que funcionan porque apelan a lo más profundo del ser humano. No sé si a eso que Jung llamaba el inconsciente colectivo o a algo menos místico que tendrá que ver con estructuras mentales grabadas en nuestro ADN tras millones de años de evolución. Sea como sea, nos mueve las pasiones porque es algo inherente a la naturaleza humana. En este caso concreto, el motivo/tópico/estructura es el del viaje iniciático que estudió Campbell en El héroe de las mil caras y que podemos encontrar desde en el periplo de Jesús de Narareth en El Nuevo Testamento hasta El señor de los anillos. Nada nuevo, como digo. Y es perfectamente lícito recurrir a este material que nos han legado miles de años de tradición con tal de que lo manejemos bien. Y Kurosawa lo hace.
b) Los dos personajes principales están muy bien interpretados. El samurai Rokurota Makabe (Mifune) y la princesa Yukihime (Misa Uehara) lo hacen muy bien y son muy creíbles. La risa sardónica del primero y la combinación de altivez y humanidad de la segunda le dan a los personajes cierta altura al tiempo que los acercan al espectador. Volvemos con ellos a la idea del párrafo anterior. Greimas, en el ámbito de la narratología, distinguía entre actantes (la función del personaje) y actores (su caracterización). Rokurota Makabe es el protagonista de la acción y la princesa Yukihime y su destino feliz el objeto. Dos actantes o funciones que hemos visto hasta la saciedad. Pero hay que saber hacerlo bien y los dos actores les dan un toque personal y humano que hace que te los creas y hasta te encariñes con ellos. Cuando se cuenta una historia con una princesa, lo esperable sería que el espectador se enamorase de ella. Pero hay que saber enamorar al espectador. Misa Uehara lo hace. Michelle Rodríguez, de la lamentable Fast and Furious, no.
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| Samurai Rokurota Makabe |
c) Tiene bastante ritmo. No un ritmo moderno, con escenas de persecuciones continuas siempre al borde de la muerte. Tampoco hay cliff hunger tras cliff hunger, pero Kurosawa no necesita recurrir a esos trucos baratos. La película va rápido. No porque te oculte información o porque los protagonistas estén continuamente a punto de morir, sino porque cuenta las cosas bien, con naturalidad y agilidad.
d) Hay escenas memorables. La danza del fuego, la persecución a caballo del samurai tras los tres soldados y el duelo de lanzas son estéticamente maravillosas. Si no os las describo ahora es por no destripároslas.
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| Pricesa Yukihime |
e) A pesar de ser una película de aventuras, la acción se mueve más por las relaciones de los personajes que por combates coreográficos en el periplo de vuelta a casa. Esto probablemente sea un problema para el espectador actual, acostumbrado a cine estilo Ridley Scott, con fuegos de artificio que no llevan a nada, pero ya he comentado muchas veces que a mí me interesan mucho más las historias de personaje que las de acción. El modo en que se nos apunta la relación entre Rokurota Makabe y la princesa, sin detenerse a pormenorizar los detalles, pero viendo cómo se desarrolla bajo los diálogos, las acciones y hasta los silencios, es fascinante.
Esta última idea me lleva a algunos peros por los que creo que no envejece bien y por lo que creo que al público actual de menos de veinticinco años -víctimas de la LOGSE- no les va a enganchar.
a) Está en blanco y negro. A muchos de los que me leáis esto os parecerá una chorrada. Pero como profesor de secundaria, os aseguro que es un obstáculo casi insalvable para el espectador adolescente actual. Sabe dios por qué, no son capaces de ver una película en blanco y negro.
b) No tiene movimientos de cámara trepidantes. Para mí esto es una virtud, pero cualquiera de mis alumnos no percibe un ritmo ágil si no lo engañan con cámaras que dan vueltas y se mueven a toda velocidad. Es un engaño para bobos, lo sé, porque la tercera entrega de El señor de los anillos es un auténtico coñazo de tres horas de batallita y, en lugar de percibirla como una mierda en la que lo único que hay son mamporros, la perciben como una película trepidante. Será porque muere mucha gente.
c) El tándem cómico no acaba de encajar. Los exsoldados tontos y codiciosos que acompañan a la princesa en su huida retardan la acción y por momentos la desvían. Nunca me han gustado las películas que combinan aventura y humor, porque para mí son dos géneros distintos. La aventura requiere tensión, dinamismo. Y si aparecen chistecillos por el medio, la tensión se esfuma y me voy de la película. Además, los dos actores que hacen de dúo cómico están muy sobreactuados. Dicen por ahí que para destacar su carácter codicioso. También diría yo que porque la comedia surge frecuentemente de la exageración. Pero, en cualquier caso, no pegan. No puedo estar viendo una escena de tensión máxima con dos samurais jugándose la vida en un duelo de lanzas e, inmediatamente, ver a dos bobos diciendo tonterías casi a lo Bud Spencer y Terence Hill.
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| Los dos idiotas que ponen el contrapunto cómico. |
En cualquier caso, si no eres un estudiante de secundaria abducido por la basura de aventuras actual estilo Nicolas Cage, es una película más que recomendable para pasar un buen rato. No le pidas peras al olmo. Es una peli de aventuras, no una de Ken Loach.
P.D. Esta película inspiró a George Lucas para hacer La Guerra de las Galaxias. Y se nota un montón. En lo de llevar a una princesa perseguida a su casa y en lo del contrapunto de la pareja cómica. R2D2 y C3PO son un calco de los dos imbéciles de la foto de ahí arriba.

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