Ocho apellidos vascos
Todo el mundo habla de ella, la película española que más ha recaudado de la historia, está permanentemente en radio y televisión... Todo esto no es mucho decir, porque en esta nómina también están Airbag, Torrente o El Día de la Bestia, películas que tienen algún chistecillo pero que no dejan la más mínima huella. Esto por no hablar de los bodrios de Garci.
Ocho apellidos vascos es una película total y absolutamente insustancial.
Un amigo -cuya presencia en este blog empieza a ser fija- me dijo que daba la impresión de que el Dani Rovira tenía cuatro chistecillos más o menos graciosos y que no sabía cómo engancharlos. Entonces los encajó en la estructura típica de la comedia romántica moderna. Y eso es exactamente Ocho apellidos vascos: la típica comedia de Jennifer Aniston o Hugh Grant salpimentada con cuatro chistes de estereotipos de vascos y andaluces -un recurso, por otra parte, bastante manido. De toda la vida se han hecho chistes sobre vascos, gallegos, catalanes, etc... apelando a los tópicos sobre el carácter de los pueblos-. Si en lugar de Clara Lago y Dani Rovira, estuviesen Jennifer Aniston y cualquier otro galán hollywoodiense, y, si en lugar de Andalucía y el País Vasco, fuesen Montana y Utah, por ejemplo, tendríamos una de esas comedias románticas edulcoradas que echan los Sábados por la tarde en Antena 3.
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| La ventana en Bilbao |
Hace un par de semanas, el magazine radiofónico de mayor audiencia se desplazó a Bilbao para festejar el modo en que Ocho apellidos vascos desmonta los tópicos sobre las distintas nacionalidades españolas, todo ello con el tonillo progre que tiene este programa. Esto es el colmo de querer aprovechar un fenómeno comercial para llenar cuatro horas de radio y de autobombo, porque Ocho apellidos vascos no desmonta nada de nada. De experimento artístico-sociológico nada.
En una de esas revistas que dan con los periódicos los Domingos y que sólo sirven para ojear mientras uno está sentado en la taza del wáter, Clara Lago decía que estaban sorprendidos por el revuelo que estaba provocando la película. No leí la entrevista entera -me llegó con el titular-, pero creo que en esta declaración sale a la luz la verdad de la película: que ellos sólo se proponían hacer una chorradita romántico-cómica, sin más pretensiones -cosa que respeto profundamente- y que el resto fue una estrategia comercial que aprovechó el momento.
El otro día, comentando la película con mis compañeras de trabajo, una me dijo que Ocho apellidos vascos demostraba que la gente quiere ver cosas de aquí. Esto es una verdad a medias. A los españoles no nos gusta el cine español. Prueba de ello es que la inmensa mayoría de las películas que triunfaron en taquilla -El día de la Bestia, Amenábar, etc...- eran cine americano un poco maquillado con escenarios y actores españoles -con la única excepción de Almodóvar, que tampoco me gusta, pero ese es otro tema-. Supongo que esto es normal, porque, a fin de cuentas, el cine americano es el que estamos acostumbrados a ver, nos resulta fácil porque reconocemos las estructuras que sustentan la narración de modo que no tenemos que hacer esfuerzos de comprensión, y por eso nos gusta. Pero los españoles también somos bastante nacionalistas, así que, si el director nos engaña haciéndonos creer que estamos viendo un producto typical spanish sólo con poner actores españoles y paisajes españoles, estamos encantados y llenamos los cines para fomentar nuestro cine. Pues bien. Esto es fomentar nuestro cine también a medias. Fomentamos nuestras productoas -este uso del posesivo en plural es un poco torticero, porque yo no tengo ninguna participación en esas productoras-, pero de cine español nada de nada. Es cine hecho en España, pero con los moldes americanos. Fomentamos copias de segunda, no un producto característico de aquí. -aunque, si lo pienso, el producto cinematográfico característico de España es la enésima película sobre la Guerra Civil, y no sé qué preferiré-.
Para más inri, Ocho apellidos vascos no me hizo reír absolutamente nada. No porque los chistes sean malos, sino porque ya los había visto en los millones de cortes publicitarios que copan los medios de comunicación, así que no pude quedarme con el componente cómico de la película, y en lo poco que me pude fijar fue en la parte romántica.
En conclusión: si se ve como una película sin pretensiones, de esas que uno ve con su novia o pareja con una Fanta y unas palomitas, no tengo nada que objetar. Todo tiene su momento y uno no va a estar todo el día viendo cine expresionista alemán. Cuando llego a casa, después de un día duro de trabajo, no me apetece ver Dies Irae, por decir algo. Prefiero algo ligerito que no me haga pensar. Pero si queremos ver en Ocho apellidos vascos algo más, nos estamos equivocando de parte a parte. Recomendada para los incondicionales de la comedia romántica. Hay perversiones de todo tipo. A mí me gustó la primera temporada de True Blood y sé que es una mierda con todas las letras. Pero para nadie más.
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| El gag en la manifestación que estamos hartos de ver. |
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| Los amigos andaluces. Para mí lo mejor de la peli. |



