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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Antropología de la droga VII: Fumadores y brujas.



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     Desde que a aquella ministra socialista se le ocurrió lo de no poder fumar en espacios públicos cerrados, he visto un paralelismo entre las brujas medievales y renacentistas y los fumadores. Ambos son fenómenos peligrosos, que no encajan en el sistema de valores de su cultura. Las brujas desafiaban el sistema moral basado en la religión adorando al diablo. Por tanto, habían de ser perseguidas, torturadas y quemadas vivas. Es lo esperable con todo aquellos fenómenos sociales considerados peligrosos. Como dice Mary Douglas en Pureza y Peligro, aquellos fenómenos que son culturalmente contradictorios o ambiguos son automáticamente rechazados. A medida que los seres humanos vamos creciendo y va pasando el tiempo, acumulamos gran cantidad de sugestiones atendiendo a los criterios que acabamos de señalar. De este modo vamos confirmando nuestros esquemas mentales -todo lo que no encaja es rechazado- y así, poco a poco, vamos construyendo prejuicios conservadores. Estos prejuicios nos infunden confianza y, cuando nos topamos con estímulos que no encajan en ellos, normalmente nos provocan sensaciones desagradables. Los individuos poseemos la facultad de cambiar o revisar nuestros esquemas mentales. Esta revisión es relativamente fácil a nivel individual, pero, según Mary Douglas, es mucho más complejo cuando se trata de cuestiones culturales, ya que cambiar de cultura es mucho más difícil que cambiar de opinión. Como es de suponer, cualquier cultura se enfrenta con cierto número de anomalías que no encajan bien dentro del sistema o esquema cultural común. Hay varias formas de enfrentarse a las anomalías. Generalmente las culturas tratan de modificar o adaptar esas anomalías para encajarlas dentro del sistema. Pero no siempre es posible. En esos casos, se consideran peligrosas y son perseguidas. Tal fue el caso de las brujas. En tanto que peligrosas, fueron perseguidas y quemadas en el fuego purificador de la hogueras de la Inquisición. 

     Salvando las distancias -en Occidente los castigos no son tan agresivos para el cuerpo- los fumadores padecen algo parecido. Son personas que insisten en una actividad que provoca enfermedades respiratorias y coronarias y que multiplica el riesgo de una muerte prematura. Todo un desafío al sistema de valores de nuestra sociedad actual, donde la salud se ha erigido en valor moral. (Si quieres saber más sobre la identificación de salud y moral puedes consultar este post: Droga II: Salud, estigma y persecución). De ahí que a los fumadores se les aparte de los lugares  públicos, se les oculte a los ojos de los niños -no se puede fumar a menos de quinientos metros de un colegio-, haya quien defienda que no se les atienda en la Seguridad Social, etc... 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Antroplogía de la droga V: Droga y arte.


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     La relación entre la droga y el arte arranca más o menos con el romanticismo, y se acentúa durante el modernismo, que, como señala Octavio Paz en Los hijos del limo, no deja de ser una continuación del romanticismo. 

    Isaiah Berlin en Las raíces del romanticismo el romanticismo es una reacción a la Ilustración. La Ilustración aspiraba a un orden racional y cósmico. Esto deriva en una epistemología que clasifica el mundo. El modo de conocimiento consiste en hallar las categorías que se correspondan con el mundo. Se presupone ese orden cósmico. Para conocerlo, hay que encontrar las categorías que lo reflejan y sus relaciones. Frente a esto, el Romanticismo reivindica lo individual. Al hacer las generalizaciones necesarias para realizar esas clasificaciones, se pasa por alto la individualidad de los fenómenos, que es la verdadera identidad. La generalización es es totalizadora. 

    El Romanticismo también reacciona contra la razón ilustrada. La razón precisamente lo que hace es generalizar y totalizar. En el hombre hay muchas cosas que no son racionales. No podemos reducir el hombre a algo puramente racional porque lo deshumaniza. La poesía de William Blake es la expresión de esta nueva sensibilidad.


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Pintura de William Blake

     Schopenhauer, uno de los filósofos que más influyó en el romanticismo y en el modernismo, sostiene que la Voluntad se expresa en los hombres en forma de deseo. Los seres humanos deseamos cosas, y ese es el motor de nuestra acción. Mientras no alcanzamos el objeto de nuestros deseos, sufrimos. En el momento de conseguirlo, experimentamos un breve periodo de felicidad, pero, pasado el tiempo, nos aburrimos de eso que hemos conseguido y caemos en el tedio. Por eso volvemos a desear otra cosa, este deseo que nos hace sufrir de nuevo nos mueve otra vez a la acción, y, cuando alcanzamos ese nuevo objetivo, volvemos a caer en el tedio y volvemos a empezar. La única forma de escapar de este terrorífico círculo tedio/sufrimiento es por medio de la contemplación de la belleza. La contemplación de algo bello nos pone en contacto con la Voluntad, la fuerza que mueve el mundo. Las dos vías para contemplar la belleza son la Naturaleza y el Arte. De ahí que cuando contemplemos un paisaje impresionante o nos emocionemos con una obra de arte, experimentemos esa sensación de total abandono, casi de éxtasis. 



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Schopenhauer
    Sintetizando los tres párrafos anteriores, podemos afirmar que los románticos creían que existían unas grandes verdades más allá de lo que la razón puede aprehender. El amor, la belleza, etc... son inaprehensibles para la razón. Defienden, por tanto, que hay una forma de conocimiento más allá del puramente racional. El modo para llegar a esas grandes verdades que están más allá de lo material/racional, es el sentimiento, la intuición o la contemplación de la belleza. La droga, que se supone que provoca la suspensión del juicio, también puede ser un modo de alcanzar ese conocimiento irracional y salir del círculo tedio/dolor. -Si no recuerdo mal, Schopenhauer no habla para nada de la droga. Son otros románticos y modernistas posteriores los que vulgarizan un poco su pensamiento y lo llevan hasta la droga-.

    Dado que soy profesor de jóvenes y adolescentes, y a estas edades uno tiende a mantener una actitud vital contestataria, puede que alguno tenga la tentación de utilizar lo que acabo de decir para justificar su pseudodiscurso outsidder. Lo siento. Los románticos,  sobre todo sus vulgarizadores, estuvieron equivocados en muchas cosas -entre ellas son los padres intelectuales de una ideología tan falsa y nefasta como el nacionalismo-. Y la droga es una de ellas. En primer lugar, drogado uno no puede hacer una obra de arte. Puede que con el colocón tenga la sensación de que lo que está haciendo es la repera, pero, al día siguiente, sereno y con actitud crítica, te das cuenta de que lo que has hecho es una mierda. Y eso le pasa a todo el mundo. En segundo lugar, que existan unas grandes verdades más allá del conocimiento racional está por ver. Y, aunque así fuese, que la droga te lleve hasta ellas es un disparate. Sostener algo así no es más que pose para crear el personaje del artista marginado, el outsidder al margen de la sociedad. 

     Esta última idea me lleva al personaje del dandi. De la concepción del arte romántica se deriva la idea de que el artista es un ser superior, casi una divinidad, ya que es capaz, gracias a su especial sensibilidad, de crear algo que te pone en relación con las grandes verdades de la existencia. Por tanto, está por encima de los valores del resto de la sociedad, atrapada en el mundo racional material. El dandi tiene unos valores propios, diferentes. Y estos valores se expresan simbólicamente en una forma de vestir distinta o haciendo cosas que escandalizan la sociedad bienpensante. Dado que nuestra cultura demoniza el uso no terapeútico de la droga, es frecuente que los dandis la consuman. Este personaje casi arquetípico nace a finales del siglo XVIII y se prolonga hasta nuestros días en forma de rockeros que se drogan mucho y son unos malotes. Supongo que no hará falta que le explique a esos jóvenes ávidos de justificar su actitud vital y su consumo de drogas que, así concebida, la droga está al nivel de vestirse de modernete o ponerse un chapa. 
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Pues eso. Un rockero que se piensa que es muy moderno,
pero que en el fondo sigue manteniendo actitudes propias de una filosofía del S. XIX.

    Por otra parte, el consumo de drogas como forma de resistencia a un sistema de valores dominante no es original de nuestra cultura ni de nuestro tiempo. También lo hacían los movimientos mesiánicos que se resistían al colonialismo. 

    Otra forma de relación entre arte y consumo de droga es como modo de evasión de una realidad deprimente. Se supone que el artista es un ser con una sensibilidad superior que no encaja en la sociedad. Condenado a tener que vivir entre seres vulgares, el artista solo puede deprimirse o aburrirse. La droga funciona como una forma de evasión temporal de este spleen o de este sufrimiento. 

    Aunque justificado con un discurso filosófico, esta razón para tomar drogas no se diferencia mucho de los niños magrebíes que esnifan pegamento para poder sobrellevar la vida en las calles o los negros de barriadas depauperadas de EEUU que fuman crack. 

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Personas que toman droga para soportar una vida de mierda. 


lunes, 20 de noviembre de 2017

Antropología de la droga IV: Droga y hedonismo capitalista.


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     A pesar de que, como  hemos comentado en anteriores posts, Occidente no acepta el consumo de drogas con fines no medicinales, es evidente que hay mucha gente que las consume. Lo lógico sería que, si tan mal vistas están, nadie las consumiese. Pero no es así. ¿Por qué?

    Hay bastantes razones. La primera, y creo que principal, es que, además de una sociedad científica, vivimos en una cultura hedonista. Según Max Weber la cultura del capitalismo nace con los puritanos en el Renacimiento. 

   Me cito a mí mismo resumiendo Ética protestante y el espíritu del capitalismo: 

   La obra de Weber se puede resumir en los siguientes puntos:

   1) La nueva ética protestante que surgió en el Renacimiento es la responsable del nuevo sistema capitalista. 

    2) El calvinismo considera que Dios reconoce a aquellos que serán sus elegidos otorgándoles bienes materiales en este mundo. Así, los ricos son los buenos a los ojos de Dios, los pobres los malos. 

   3) De acuerdo con lo dicho en el punto anterior, la ética protestante establece una relación directa entre riqueza y pobreza y la moral. Un rico es bueno, un pobre es malo. 

    4) El deber de todo cristiano es el trabajo. 

   5) El fruto de este trabajo son los bienes materiales, cuya posesión o no nos identifica con los buenos o los ojos de Dios. 

   6) El deber de todo cristiano es tratar de acumular todos los bienes materiales posibles por medio del trabajo. 

   7) La voluntad de beneficio individual es indispensable para que el capitalismo funcione. Nadie se aventuraría a hacer negocios si no quisiese ganar dinero y hacerse rico. 

  8) La nueva moral protestante nos encamina a esa búsqueda de beneficio material. 

    Resumiendo, nuestra cultura valora positivamente la posesión de bienes materiales. 


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     Además, para que el capitalismo se desarrollase era necesaria una nueva ética individualista. Si no hay voluntad de lucro individual, difícilmente una persona se embarcará en negocios. El  motor del capitalismo es el deseo de los individuos de obtener bienes materiales.

     Esta era la ética protestante del capitalismo hasta más o menos mediados del siglo XIX. Como se ve, fundamentándola había un componente religioso. Era la voluntad de Dios por la que los individuos debían reponder al calling divino. Pero a mediados del siglo XIX la ciencia y la razón acaban por ocupar el lugar de la religión en la cosmovisión occidental. Deja de ser Dios la razón primera de las cosas, para ser la ciencia y la razón las que explican el mundo. De ahí esa frase de Nietzsche de que "Dios ha muerto". Esto supone un cambio importante en la moral de Occidente, porque, si ya no esperamos la vida eterna, estamos obligados a encontrar la felicidad aquí, en esta vida. Antes de la revolución científica, una vida de padecimientos estaba justificada siempre y cuando nos llevase a la vida eterna. Pero, sin vida eterna en la que creer, una vida desgraciada es una vida desperdiciada. Así, los hombres y mujeres de la sociedad científica se ven ante la tesitura de buscar la felicidad aquí. 

    Sin embargo, el capitalismo sigue siendo el sistema mundial. Continuamos, por tanto, con una cultura que encamina a los individuos hacia lo material. 


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    Y de la convergencia del materialismo capitalista y de la obligación de encontrar la felicidad en este mundo, surge el hedonismo capitalista, que ha llegado al extremo en el capitalismo de consumo. Vivimos en una sociedad hedonista, que busca el placer en las cosas materiales. Y la droga es placentera. De ahí que, disimuladamente, se consuma. Así es como se explica que, al mismo tiempo, la droga se persiga mucho y se consuma mucho. La droga está en la encrucijada entre una sociedad de la salud y una sociedad hedonista. Nadie lo reconoce en público, pero muchísimos la toman.