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viernes, 13 de abril de 2018

Saskia Sassen: Expulsiones


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     Este ensayo se en las consecuencias de exclusión económica y social y en la degradación de la naturaleza que provoca el actual sistema neoliberal.  Estas consecuencias ya no se dan en el marco de un estado nación, sino que tienen lugar a nivel global. La hipótesis central de este libro es "que el paso del keynesianismo a la era global, de privatizaciones, desregulación y fronteras abiertas para algunos, implicaba un pasaje de una dinámica que atraía gente hacia el interior a otra dinámica que empuja gente hacia afuera". Para referirse a estas zonas de exclusión social, económica y natural, Sassen habla de "filo del sistema". Todo lo que no encaje con la nueva lógica del crecimiento macroeconómico es expulsado del sistema. Así, los desempleados griegos y españoles se ven obligados a emigrar, del mismo modo que en Estados Unidos aumenta alarmantemente el número de personas encarceladas. 

   Hasta la década de los ochenta del pasado siglo las políticas de los estados estaban orientadas hacia la construcción de una sociedad justa. De una forma u otra, los estados se preocupaban del bienestar de los ciudadanos, incluyendo entre entre estos estados a los comunistas o Nasser en Egipto. La lógica de estas políticas era la inclusión de los ciudadanos y para ello se trataba de sacar a las personas de la marginación y la pobreza. Pero había un movimiento subyacente que estaba orientando el mundo hacia el sistema neoliberal. Hacia la década de los ochenta los estados de bienestar y los sindicatos ya estaban prácticamente devastados. 

    Sassen afirma que:

    hemos caído bajo el influjo de una concepción peligrosamente estrecha del crecimiento económico. El crecimiento, desde luego, era esencial para el proyecto del Estado de bienestar, pero también era un medio de impulsar el interés público, de aumentar una prosperidad que sería compartida por muchos, aunque por algunos mucho más que por otros. En contraste con eso, hoy nuestras instituciones y nuestros supuestos están cada vez más al servicio del crecimiento económico corporativo. Esa es la nueva lógica sistémica. Tal vez no todas, pero suficientes corpo­ raciones han buscado liberarse de toda constricción, incluidas las del interés público local, que interfiera con su búsqueda de lucro. Cualquier cosa o cualquier persona, ya sea una ley o un esfuerzo cívico, que dificulte el lucro, corre el riesgo de que la hagan a un lado, de que la expulsen.

(...)

 las corporaciones tienen notables herramien­tas nuevas a su disposición: matemáticas y comunicaciones avan­zadas, máquinas que literalmente mueven montañas, libertad de movimientos y de maniobra global que les permite ignorar o inti­midar a gobiernos nacionales, y cada vez más instituciones inter­nacionales que imponen a todo el mundo el cumplimiento de sus agendas. Los gobiernos occidentales, los bancos centrales, el FMI e instituciones internacionales afines ahora hablan de la necesidad de reducir las deudas gubernamentales excesivas, los programas de bienestar social excesivos, la regulación excesiva. Ese es el lenguaje de las principales instituciones que ponen orden en Occidente y cada vez más en todas partes. Contiene la promesa implícita de que si pudiéramos reducir esos excesos volveríamos a la normalidad, a los días fáciles de la posguerra. Pero esa promesa oculta la medida en que ese mundo se ha ido de verdad, y la medida en que, aparte de lo que puedan decir los gobiernos nacionales, demasiados acto­res económicos corporativos no quieren que vuelva. Quieren un mundo en el que los gobiernos gasten mucho menos en servicios sociales o en las necesidades de las economías de barrio o las pequeñas empresas, y mucho más en las desregulaciones e infraes­ tructuras que los sectores económicos quieren.

    En realidad es el suyo un proyecto de contraer el espacio de la economía de un país, pero no la rentabilidad económica del sector corporativo. 

     Sassen pone como ejemplo lo sucedido en España, Portugal y Grecia con la crisis económica. Los recortes han expulsado a gran parte de la población o bien fuera del país, o bien hacia la pobreza y la marginación. Paralelamente, las políticas impuestas por el FMI, el BCE, los gobiernos neoliberales, etc... han retirado a estos expulados del sistema cualquier tipo de ayuda o prestación social o médica. Todo ello con la excusa de recuperar la economía, que, supuestamente, estaba lastrada por el peso excesivo del gasto del estado del bienestar. Y, efectivamente, parece que esa recuperación se está produciendo, por lo menos a nivel macroeconómico. Pero lo que no nos dicen es que esa recuperación es a costa de haber expulsado a la población a la emigración, el paro, la pobreza y la marginación. Los estados se adelgazan para que las grandes corporaciones puedan engordar. El problema es que el adelgazamiento de los estados genera pobreza y marginación. 


    Una de las intenciones de este libro era hacer visible el cruce hacia el espacio de los expulsados: captar el sitio o el momento vi­sible de expulsión, antes que lo olvidemos. Los aldeanos y pequeños agricultores expulsados de sus tierras debido al desarrollo de plan­taciones de palmas pronto se materializan como habitantes de ba­rrios paupérrimos en vastas megaciudades, completando la supresión de su pasado como pequeños agricultores. En Grecia los empleados del gobierno despojados de sus empleos en nombre de las demandas de la UE de reducir la deuda pronto pasaron a formar parte de la masa de los desempleados, dejaron de ser reconocidos como antiguos empleados del gobierno. Extensiones de tierra muerta, envenenada por emisiones tóxicas de fábricas o minas, son expulsadas de la tierra trabajada y olvidadas.

    La hipótesis organizadora es que por debajo de las especificidades de cada uno de los grandes campos examinados en este libro hay tendencias sistémicas que están emergiendo. A pesar de sus órdenes visuales y sociales enormemente diversos, desde el empoderamiento de la corporación global hasta el debilitamiento de la democracia local, son conformados por unas pocas dinámicas básicas de búsqueda de lucro en libertad e indiferencia hacia el medio ambiente. 

  (...)

 Cuando las fuerzas destructivas hacen erupción y se vuelven visibles, el problema que surge es de interpretación. Las herramientas que tenemos para interpretarlas son anticuadas, y caemos en las categorías familiares: hablamos de gobiernos que carecen de responsabilidad fiscal, de hogares que adquieren más deuda de la que pueden manejar, de asignaciones de capital que son ineficientes porque hay demasiada regulación, etcétera. No niego que esos problemas pueden ser reales: hay exce­lentes investigaciones empíricas que los documentan, y yo las uso y en parte dependo de ellas, pero mi esfuerzo en este libro fue el de explorar si no hay además otras dinámicas activas, dinámicas que cortan transversalmente esas familiares y bien establecidas fronteras conceptuales/históricas. 


    En cada uno de los capítulos, Sassen se centra en una exclusión particular del sistema: 

    En el capítulo 1 se centra en los países desarrollados que han suprimido servicios sociales y médicos, han concentrado empresas en manos de unas pocas corporaciones, y que cada vez tienen menos trabajadores y menos consumidores; en el capítulo dos estudia las consecuencias en los países del Cono Sur y las largas cadenas que implican la compra de tierra en un país soberano extranjero; en el tres a los desplazados en el Norte global por la manipulación financiera de su deuda,; y en el capítulo cuatro se centra en los excluídos por culpa de la destrucción de la Naturaleza y el cambio climático.
 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tetralogía de los parias contemporáneos IV: Oscar Lewis y La antropología de la pobreza




    Hace tiempo que empecé con esta tetralogía de los parias contemporáneos. Mi plan era liquidarlo en un mes, a razón de un post a la semana. Pero surgieron otras cosas, otros temas y lo fui dejando. No es conveniente que pase tanto tiempo, y por eso retomo hoy esta tetralogía para cerrarla de una vez por todas.
    Oscar Lewis es un autor muy, muy polémico. Se le ha acusado de todo. A la vista del resumen de sus ideas que hago aquí, vosotros juzgaréis. 
     La premisa fundamental de Lewis es que la pobreza es algo más que una situación de privación de bienes materiales. Según él, ser pobre no es sólo no tener las necesidades básicas cubiertas, sino que es una forma de vida, un modo de comportarse, de ahí que hable de "cultura de la pobreza". Oscar Lewis se dedicó a estudiar durante años las chabolas y los barrios marginales de grandes ciudades como México D.F., Nueva York o Lima, y llegó a la conclusión de que los pobres aprenden desde niños un modo particular de entender el mundo y, en consecuencia, de actuar. Por eso habla de "cultura de la pobreza", ya que la pobreza, además de un estado de privación, se aprende. Los seres humanos estamos sometidos desde el momento de nuestro nacimiento a modelos y estructuras mentales que determinan nuestro comportamiento. Estos modelos y estructuras es lo que comúnmente se conoce como cultura. La cultura tiende a perpetuarse, porque las personas tendemos a reproducir lo que hemos aprendido. La antropología tradicional vinculaba la cultura con el territorio, y por eso hablábamos de una cultura francesa, española, vasca, catalana, gallega o lo que se quiera. Sin embargo, ya los primeros estudios del siglo XX, sobre todo desde que la globalización económica emprendió su vertiginoso camino, demostraron que la cultura no podía limitarse a un territorio. Oscar Lewis se inserta en esta nueva corriente y vincula la cultura no ya a un territorio, sino a una clase social. En su opinión, más allá de las diferencias territoriales, existe una cultura que afecta a toda una clase social: los pobres. Desde niños, los pobres se ven sometidos a los modelos y estructuras mentales propios de su condición de masa privada de recursos económicos. En consecuencia, su modo de entender el mundo y su forma de comportarse es heredada y se perpetúa de generación en generación. Los comportamientos que aprenden y reproducen los pobres son:

   "(...) la lucha constante por la vida, periodos de desocupación y de subocupación, bajos salarios, una diversidad de ocupaciones no calificadas, trabajo infantil, ausencia de ahorros, una escasez crónica de dinero en efectivo, ausencia de reservas alimenticias en casa, el sistema de hacer compras frecuentes de pequeñas cantidades de productos alimenticios muchas veces al día a medida que se necesitan, el empeñar prendas personales, el pedir prestado a prestamistas locales a tasas usurarias de interés, servicios crediticios espontáneos e informales (tandas) organizados por vecinos, y el uso de ropas y muebles de segunda mano.
Algunas de las características sociales y psicológicas incluyen el vivir incómodos y apretados, falta de vida privada, sentido gregario, una alta incidencia de alcoholismo, el recurso frecuente a la violencia al zanjar dificultades, uso frecuente de la violencia física en la formación de los niños, el golpear a la esposa, temprana iniciación en la vida sexual, uniones libres o matrimonios no legalizados, una incidencia relativamente alta de abandono de madres e hijos, una tendencia hacia las familias centradas en la madre y un conocimiento mucho más amplio de los parientes maternales, predominio de la familia nuclear, una fuerte predisposición al autoritarismo y una gran insistencia en la solidaridad familiar, ideal que raras veces se alcanza. Otros rasgos incluyen una fuerte orientación hacia el tiempo presente con relativamente poca capacidad de posponer sus deseos y de planear para el futuro, un sentimiento de resignación y de fatalismo basado en las realidades de la difícil situación de su vida, una creencia en la superioridad masculina que alcanza su cristalización en el machismo, o sea el culto de la masculinidad, un correspondiente complejo de mártires entre las mujeres y, finalmente, una gran tolerancia hacia la patología psicológica de todas clases." (Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez. "Introducción")

Y a estas características habría que añadirle el odio y la desconfianza hacia la policía y el gobierno y el cinismo frente a la iglesia.

Para Lewis la cultura de la pobreza no es algo peyorativo. Gracias a estos modelos de comportamiento los pobres pueden sobrevivir en un mundo hostil.

Muchos rasgos de la subcultura de la pobreza pueden considerarse como tentativas de soluciones locales a problemas que no resuelven las actuales agencias e instituciones, porque la gente no tiene derecho a sus beneficios, no puede pagarlos o sospecha de ellos. Por ejemplo, al no poder obtener crédito en los bancos, tiene que aprovechar sus propios recursos y organiza expedientes informales de crédito sin interés, o sea, las tandas. Incapaz de pagar un doctor, a quien se recurre sólo en emergencias lamentables, y recelosa de los hospitales «adonde sólo se va para morir», confía en hierbas y en otros remedios caseros y en curanderos y comadronas locales. Como critica a los sacerdotes, «que son humanos y por lo tanto pecadores como todos nosotros», raramente acude a la confesión o la misa y, en cambio, reza a las imágenes de santos que tiene en su propia casa y hace peregrinaciones a los santuarios populares. (Oscar Lewis. Los hijos de Sánchez. "Introducción".)

Las implicaciones de estas tesis son múltiples y por ellas le llovieron las críticas a Lewis:

En primer lugar, la pobreza así entendida no incluye a los pueblos primitivos cuyo retraso es el resultado de su aislamiento y de una tecnología no desarrollada, y cuya sociedad en su mayor parte no está estratificada en clases, porque tales pueblos tienen una cultura relativamente integrada, satisfactoria y autosuficiente.
En segundo lugar, pobreza no es sinónimo de clase trabajadora, asaliariado o explotado. La mayoría de los obreros occidentales estarían al margen de la pobreza. Son lo que Saskia Sassen llamaría aristocracia obrera. 
En tercer lugar, para combatir la pobreza, no basta con darle dinero a la gente. Hay que reeducarla. Aquí es donde más caña le han dado y yo creo que un poco injustamente. Es verdad que ciertos políticos republicanos americanos con muy pocos escrúpulos utilizaron las teorías de Lewis para justificar sus políticas. No había que repartir el dinero, La culpa que que los pobres fuesen pobres era exclusivamente suya. Lo único que había que hacer para solucionar su situación era reeducarlos. Pero que políticos con muy poca moral se aprovechasen de Lewis no quiere decir que no haya algo de cierto en lo que dijo. Basta con ver a Maradona para darse cuenta. No le bastó con ganar mucho dinero. Había un problema de fondo mayor. La necesidad de educación no implica que no sea necesario también un reparto justo de bienes. Que yo sepa, Lewis no dijo nada de esto. O por lo menos yo no lo he leído.
Y hasta aquí lo más interesante de Oscar Lewis. Vosotros lo juzgaréis.