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lunes, 18 de mayo de 2015

Mary Douglas: Símbolos naturales.

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    Mary Douglas clasifica las sociedades en torno a dos polos opuestos: las sociedades densas y las sociedades livianas. Por las primeras entiende aquellas en las que hay muchas posiciones sociales. Esto quiere decir que en ellas hay muchos roles, muchos papeles sociales que desempeñar. Estos roles, a su vez, pueden ser desempeñados por una persona o por varias, y una persona puede desempeñar un solo rol o varios. Así por ejemplo, podríamos etiquetar nuestra sociedad como muy densa, ya que en ella hay infinitud de posiciones sociales. Los individuos en función de nuestro trabajo, de nuestra edad, de nuestro estado civil, de nuestra relación, etc... adoptamos ciertos roles. Una persona puede ser abogado, casado, persona madura, con una pandilla de amigos, etc... En relación con cada uno de estos roles los demás nos comportaremos con él de una u otra manera y se espera de él que que haga lo propio. Como puede desprenderse de la definición, las sociedades densas están muy jerarquizadas. Ya que las culturas son sistemas clasificatorios, una cultura con muchas clasificaciones deberá ejercer mucho control sobre sus miembros. Por el contrario, hay sociedades en las que los patrones sociales son muy escasos. En el polo opuesto de nuestra sociedad postcapitalista, están las sociedades tribales que estudió Marshall Sahlins. En ellas, las posibilidades de especialización del trabajo eran muy escasas. Uno era cazador-recolector y poco más. Al contrario que las sociedades densas, las livianas son extremadamente igualitarias y apenas si provocan marginados. Evidentemente, estos son los dos polos opuestos de una larga línea con muchas posiciones intermedias. Las culturas pueden situarse en esta línea aproximándose más a un extremo o a otro.
     Mary Douglas sostiene que cuanto mayor es la densidad de una sociedad, más ritualizada está. Se apoya en Basil Bernstein y sus teorías sobre el aprendizaje de las lenguas. De acuerdo el lingüísta/sociólogo británico hay dos formas de aprender el lenguaje: o bien por medio de órdenes automatizadas, o bien por medio de razonamientos. Las posiciones sociales, según Douglas, se aprenden del mismo modo. En sociedades en las que hay muchas y, por tanto, el nivel de represión de los miembros es mucho mayor, tiene que haber, por fuerza, muchos rituales, ya que estos nos hacen repetir acciones y comportamientos de forma automática sin reflexión alguna. Aceptamos la secuencia actancial del ritual y su significado sin cuestionarnos nada. Esto repercute de forma positiva en el mantenimiento de las sociedades densas ya que las jerarquías generan irremediablemente tensiones y fricciones. El ritual en el que los participantes actúan de forma automática e irreflexiva está al servicio de la cohesión social. No sólo sirve para liberar esas tensiones, sino también para que los miembros de la sociedad asuman el sistema de posiciones sociales. Por el contrario, las sociedades livianas no necesitan rituales. Este tipo de sociedades funcionan de acuerdo con la otra lógica del lenguaje propuesta por Bernstein. No hay demasiadas fricciones ya que, al haber pocas posiciones, no se generan tantas tensiones ni desigualdades. Por ello no es necesario el ritual que lleve a sus miembros a aceptar inconscientemente el sistema. Se acepta el sistema por razonamiento.
     Mary Douglas se detiene a estudiar el cuerpo y el control al que se le somete en las sociedades densas. El cuerpo humano es una extensión de la sociedad -como decía Marcel Mauss, el cuerpo humano es la imagen de la sociedad-, de modo que es lógico que una sociedad que controla mucho a sus miembros, también controle el cuerpo de estos. De ahí que, por ejemplo, en nuestra sociedad haya un férreo control sobre el estornudo, la defecación o el vómito por medio de rigurosas normas de etiqueta.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Desmontando paridas sobre educación: Por qué la la ley Wert es una puta mierda.




     Una vez más la reforma educativa del Partido Popular vuelve generar polémica. Van a hacerle unas pruebas a alumnos de tercero de primaria y esto ha provocado todo tipo de reacciones, desde niños de ocho años al borde del ataque de histeria, hasta un movimiento de padres por la insumisión. Como soy profesor, este tema me toca directamente. Podría hablar largo y tendido sobre las implicaciones de esta reforma, pero esto es un post, un formato diseñado para leer en un par de minutos, así que os ofrezco unos apuntes.
      La ley Wert es una puta mierda porque es elitista y clasista, lo que supone un retroceso bestial en la igualdad de oportunidades. 
     A Wert y a los contertulios que el Partido Popular tiene a sueldo en las tertulias de los medios se les llena la boca justificando la reforma porque "fomenta la competitividad". A esta afirmación cabría hacerle muchas objeciones. Para empezar, parte de la premisa de que hacer que las personas compitan unas contra otras es bueno porque saca lo mejor de cada uno. Una afirmación como esta se ha convertido en lo que Mary Douglas llamaba representaciones colectivas, ideas que la sociedad sanciona como evidentes, más allá de toda reflexión. Yo no sé si la competividad saca lo mejor de cada uno. Lo que sí sé es que genera tensión, estrés y frustra a la mayor parte de la población porque pocos son los que triunfan. Además, no hacía falta hacer aún más competitiva la educación. Tal y como estaba ya lo era suficiente. A los alumnos al final de cada trimestre les ponemos unas notas de uno a diez. Estas notas sirven para compararlos y para que, al final de la enseñanza secundaria obligatoria, unos tengan que dejar de estudiar, otros vayan a los ciclos formativos y otros al bachillerato. Esta primera clasificación hecha por el sistema educativo determina en gran manera el trabajo que desempeñarán en su vida adulta. Pero es que, además, en la enseñanza secundaria postobligatoria y en la universidad seguimos con el mismo cuento porque, en función de su expediente, unos tendrán más fácil que otros encontrar un buen trabajo y, por tanto, una buena vida. Creo que, como se puede comprobar, el sistema educativo ya era lo suficientemente competitivo.
       Pero bajo esa palabra tan de moda hoy en día se esconden dos implicaciones aún más graves.
       Al final de cada etapa los alumnos serán examinados por evaluadores externos al centro. En caso de no aprobar ese examen no titulan. Este examen tiene dos consecuencias fundamentales:
        1) Wert vincula la financiación de los centros a los resultados en estos exámenes, pero, en lugar de hacerlo como los finlandeses -los centros con peores resultados reciben más fondos para tratar de paliar el problema-, lo hace al revés. Cuanto mejores sean tus resultados, más pasta te dan. Así, los centros que funcionan bien lo harán cada vez mejor, y los que lo hacen mal, irán a peor. Es el primer paso para crear centros de primera y centros de segundo. 
      Por si esto no fuese suficiente, volvemos a la circunscripción única. Esto quiere decir que los papás podrán elegir el centro que les dé la gana. Es decir, que los centros con buenos resultados tendrán un aluvión de peticiones y los malos no tendrán ni una. Lo que harán los centros con buenos resultados y buena financiación será elegir a los alumnos que les aseguren buenas notas y no den problemas, y así la brecha entre unos centros y otros se agrandará. Esto ya no es sólo un paso hacia centros de primera y centros de segunda, es crear guetos directamente. Y siento decirles a todos esos padres que no quieren que sus hijos vayan al instituto con delincuentes, que el porcentaje de buenos alumnos es pequeño y que lo más probable es que no acepten a sus hijos en centros de élite. Sé que es duro aceptarlo, pero vuestros hijos no van a ir a esos colegios. Os lo digo por experiencia. En el mejor de los casos tendréis que pagar en un concertado -lo que es ilegal- y rezar para que ahí os lo admitan. A lo mejor conocéis a alguien en la directiva, pero estaréis conmigo en que no es la forma de adscripción más justa y equitativa del mundo. 
        2) La reválida supone que lo que los profesores dan o dejan de dar es controlado desde el Estado Central. Lógicamente, si la titulación de tus alumnos depende de un examen, vas a dar en clase exactamente lo que les entra en ese examen. Esto resulta bastante curioso, porque se da la paradoja de que la ley también insiste en la atención a la diversidad, es decir, que tus contenidos y tu metodología se adapte a las necesidades de tus alumnos. Y, al mismo tiempo, te controlan lo que hay que dar diseñando un examen igual para todos, un examen para un alumno estándar.
        Otra razón por la que la ley Wert es una puta mierda es porque otorga al director del centro la capacidad de contratar a personal. En lugar de ir destinado al centro por un concurso público, el director puede pedir a tal o cual profesor. Este profesor puede ser funcionario de carrera o interino. Para esto último basta con haberse presentado a la oposiciones una vez en la vida, aunque hayas dejado el examen en blanco. Esto, como supondréis, puede dar pie a todo tipo de chanchullos. No sólo que el director pida a un funcionario amiguete que tiene el destino lejos de su ciudad, sino que directamente enchufe a colegas que sólo tienen que inscribirse en una oposición y dejar el examen en blanco. Además, esta facultad del director le permite tener controlados a todos aquellos cuyo contrato depende de él. Es decir, hace que los profesores sean dóciles con el poder. Se suponía que la ley Wert iba a acabar con ciertas prácticas clientelares ilícitas y, de hecho lo hace. Las legaliza al permitir que el director se comporte con el instituto como el señor de un cortijo. 
      Hasta hoy, el director del instituto era elegido en unas elecciones en las que participaba toda la comunidad educativa. Se presentaban unos proyectos y se votaba y ganaba el que le gustaba más a la gente. Con la reforma de Wert, el director puede ser nombrado a dedo por un cargo político. Control político de los centros, enchufismo y clientelismo. 
       Y podría seguir así durante muchísimos párrafos. Podría, entre otras cosas, decir que la reválida de lengua parece que va a ser un examen tipo test. Ojo. Un test en lengua. Ya no hace falta saber escribir ni media palabra sin faltas de ortografía. También podría decir que se contempla la posibilidad de que, si el Ayuntamiento de turno cree que hace falta un colegio o instituto donde sea, tiene la facultad de expropiar el terreno -pagarlo a cuatro duros-, hacer un colegio con fondos públicos y convertirlo automáticamente en un centro concertado, es decir, gestionado por una empresa privada que se queda con los beneficios y que no tiene que hacer una inversión de nada porque la pasta la ha puesto el Ayuntamiento. Conociendo este país, es evidente, además, que estos centros se van a asignar a amiguetes de los gobernantes de turno. 
     Y podría seguir así mucho tiempo, párrafo tras párrafo, pero esto es un post y no se lee nada que lleve más de dos minutos, 
     

jueves, 23 de abril de 2015

Mary Douglas: Pureza y peligro.




    Mary Douglas sostiene en Pureza y peligro que aquellos fenómenos que son culturalmente contradictorios o ambiguos son automáticamente rechazados1. Según esta antropóloga, percibir es permitir que una impresión externa prefabricada sea captada por nuestro entendimiento. Los seres humanos tenemos en la mente una serie de esquemas previos -representaciones colectivas- en los que tendemos a colocar o encajar los estímulos externos que nos llegan. Las sugestiones externas que se ajustan bien a nuestros esquemas son aceptadas inmediatamente; tendemos a tratar las ambiguas como si encajasen imperfectamente en el esquema, y a rechazar las contradictorias: “los hechos incómodos, que se niegan a ajustarse, tendemos a ignorarlos o a distorsionarlos para que no turben estos supuestos establecidos. Cualquier cosa de la que tenemos noticia es, de un modo general, seleccionada y organizada en el mismo acto de percibir”.
    A medida que los seres humanos vamos creciendo y va pasando el tiempo, acumulamos gran cantidad de sugestiones atendiendo a los criterios que acabamos de señalar. De este modo vamos confirmando nuestros esquemas mentales -todo lo que no encaja es rechazado- y así, poco a poco, vamos construyendo prejuicios conservadores. Estos prejuicios nos infunden confianza y, cuando nos topamos con estímulos que no encajan en ellos, normalmente nos provocan sensaciones desagradables. Evidentemente, esto no siempre es así, y, en ciertos casos, no sentimos rechazo ante la ambigüedad, como suele ocurrir en el caso de la poesía, que es ambigua. Asimismo, los individuos poseemos la facultad de cambiar o revisar nuestros esquemas mentales. Esta revisión es relativamente fácil a nivel individual, pero, según Mary Douglas, es mucho más complejo cuando se trata de cuestiones culturales, ya que cambiar de cultura es mucho más difícil que cambiar de opinión. Según Douglas,

“no es imposible que un individuo someta a revisión su propio esquema personal de clasificación. Pero ningún individuo vive aislado y habrá recibido su esquema de otros, siquiera sea parcialmente.
La cultura, en el sentido de los valores públicos establecidos de una comunidad, mediatiza las experiencias de los individuos. Provee de antemano algunas categorías básicas y configuraciones positivas en que las ideas y los valores se hallan pulcramente ordenados. Y por encima de todo, goza de autoridad, ya que induce a cada uno a consentir porque los demás también consienten. Pero su carácter público hace más rígidas sus categorías. Un particular puede o no revisar sus supuestos. Se trata de un asunto privado. Pero las categorías culturales pertenecen a la cosa pública. No pueden ser fácilmente sometidas a revisión”.

Como es de suponer, cualquier cultura se enfrenta con cierto número de anomalías que no encajan bien dentro del sistema o esquema cultural común. Hay cinco opciones de respuesta ante estas anomalías. En primer lugar, las anomalías pueden ser reajustadas dentro del sistema:

“Por ejemplo, cuando tiene lugar un nacimiento monstruoso las líneas de demarcación entre lo humano y lo animal pueden verse amenazadas. Si podemos rotular el nacimiento monstruoso como acontecimiento de un género peculiar, las categorías podrán ser reconstituidas. Así, los nuer consideran los partos monstruosos como crías de hipopótamo que nacen accidentalmente de los seres humanos; con esta rotulación la acción apropiada es clara. Dulcemente los arrojan al río, al que pertenecen”.

En segundo lugar, la anomalía puede ser controlada físicamente:

“Así, en algunas tribus del oeste de África la regla de que se debe matar a los gemelos tan pronto nacen elimina una anomalía social, si se sostiene que dos seres humanos no pueden nacer del mismo vientre al mismo tiempo. O tómese a los gallos que cantan de noche: si al punto se les retuerce el pescuezo, no viven para contradecir la definición de que cantan al amanecer”.

En tercer lugar, se puede diseñar una regla para evitar las anomalías y reforzar de este modo las definiciones con las que esta anomalía parece no estar conforme: “Así pues, allí donde el Levítico aborrece de los seres que reptan, debemos ver la abominación como el lado negativo del modelo de las cosas aprobadas”.
    En cuarto lugar, las anomalías pueden ser consideradas como peligrosas. A este respecto, Mary Douglas señala que los individuos no funcionamos como las instituciones. Mientras que los individuos, ante la anomalía, podemos intentar convencer a los demás o replantearnos nuestras convicciones, las instituciones, al considerarlas peligrosas, las ponen más allá de toda discusión.
Y, en último lugar, por medio del mito y del rito, podemos sublimar esas anomalías y reintroducirlas en el sistema de representaciones colectivas culturales. Nos enfrentamos a la anomalía desde el orden social, la reconocemos y, de este modo, la reinsertamos en los sistemas culturales:
“podemos emplear símbolos ambiguos en la poesía y en la mitología con el objeto de enriquecer el significado o de llamar la atención sobre otros niveles de existencia [...]. El rito, por usar los símbolos de la anomalía, puede incorporar el mal y la muerte junto con la vida y la bondad dentro de una configuración única y grandiosa [...]. Si la impureza es la materia fuera de sitio, debemos acercarnos a ella a través del orden”

Para relacionar estos conceptos de antropología simbólica con la antropología política, Mary Douglas sostiene que

“muchas ideas sobre el poder se basan en una idea de la sociedad como serie de formas que contrastan con los informes que tiene en derredor. Hay poder en las formas y otro poder en el área desdibujada, en los márgenes, en las líneas confusas y más allá de los límites extensos”

Cada estructura social posee una serie de símbolos en los que se manifiesta. Estas representaciones colectivas se consideran puras, no contaminadas. Todo aquello que no encaja dentro de estas representaciones colectivas se trata de impuro y se margina. Así sucede por ejemplo con los expresidiarios y el problema que estos tienen para encontrar trabajo debido al miedo que suscitan en el resto de la sociedad. Si no existe un nuevo rito de asimilación, los expresidiarios permanecen al margen del sistema junto con otras personas a los que se les atribuyen todas las acciones sociales equivocadas.
 De acuerdo con Mary Douglas, hay cuatro clases de contaminación social: el peligro que amenaza las fronteras externas, el peligro que procede de la transgresión de las líneas internas del sistema, el peligro que aparece en los márgenes de las líneas y el peligro que parte de la contradicción interna, cuando algunos postulados básicos se hallan negados por otros postulados básicos, de modo que, en algunos aspectos, el sistema parece contradecirse a sí mismo.
 Mary Douglas dice que la contaminación y la moral no tienen por qué estar siempre relacionadas, aunque en ocasiones puedan estarlo. Según ella, hay cuatro relaciones:

“(1) Cuando una situación está moralmente mal definida una creencia de contaminación puede proporcionar la regla que determine post hoc si ha tenido o no lugar la infracción.
(2) Cuando los principios morales entran en conflicto, una regla de contaminación puede reducir la confusión por el simple hecho de proporcionarle un motivo de inquietud.
(3) Cuando una acción que se considera moralmente mala no provoca indignación moral, la creencia en las consecuencias perjudiciales de la contaminación puede tener el efecto de agravar la importancia de la ofensa, y de alinear así a la opinión pública del lado de lo que es justo.
(4) Cuando las sanciones prácticas no refuerzan la indignación moral, las creencias de contaminación pueden proporcionar un medio de disuadir a los posibles malhechores”

Cruzar la barrera social se considera una contaminación peligrosa que se debe evitar. Cuando se ataca a la comunidad desde fuera, el peligro externo fomenta la solidaridad de los miembros de la cultura. Cuando esto mismo se hace desde dentro, por obra de individuos indisolutos, estos pueden ser castigados y volver así a consolidar públicamente la estructura. Algunas contaminaciones son demasiado graves para permitir que sobreviva el ofensor, pero, en la mayoría de los casos, estas contaminaciones sólo exigen remedios muy sencillos que deshagan sus efectos. Para ello, las diferentes culturas disponen de ritos para revertir, lavar, borrar y subsanar las contaminaciones. Gracias a ellas se pueden eliminar los efectos de la contaminación para satisfacción de todos en poco tiempo y con poco esfuerzo. Como señalaba Mary Douglas, tiene que haber un rito para que lo anómalo sea reinsertado. Esta es una de las funciones principales de los ritos. Así, por ejemplo, cuando un miembro de la sociedad ya no es un adulto, pero aún no desempeña ese rol, es ambiguo, porque no es niño ni adulto, no es una cosa ni la otra, está en el margen, en la frontera, en el limen. Para solucionar esta ambigüedad, surgen en las diferentes culturas los diferentes ritos de paso de niño a adulto.

Mary Douglas


martes, 23 de septiembre de 2014

George Lakoff: No pienses en un elefante


    No pienses en un elefante es una reflexión sobre por qué ganan elecciones los republicanos de EEUU, si llevan a la práctica políticas que perjudican a la mayoría de la población -por no hablar de las mentiras y los muertos de la guerra de Irak-. Este reflexión, en principio local, puede aplicarse a cualquier país democrático del mundo. ¿Cómo es posible que votemos en contra de nuestros intereses?
      Lakoff es uno de los mayores especialistas en lingüística cognitiva del mundo. Su teoría es que el cerebro humano se ordena en torno a marcos conceptuales. Estos marcos son estructuras mentales que conforman nuestra forma de entender el mundo. En este sentido, Lakoff no se aleja mucho de ciertos antropólogos como Durkheim o Mary Douglas, que hablaban de “representaciones colectivas”. Para estos, la cosmovisión de los seres humanos se construye a partir de ideas aprendidas en el seno de la cultura y sobre las que no reflexionamos porque las consideramos evidentes. Estas representaciones colectivas funcionan a modo de cimientos sobre las que construimos nuestro pensamiento, entendiendo por pensamiento no sólo los conceptos, sino también los valores y las actitudes. Lakoff expresa esta misma idea, con la salvedad de que lo hace con un lenguaje científico más moderno.
      Lakoff sigue con las ideas de Mary Douglas en Pureza y peligro, no sé porque se lo leyó y le convenció, o porque llegó a las mismas conclusiones por otro camino. Según Lakoff y Douglas, cambiar esos marcos conceptuales es extremadamente difícil, porque operan a nivel inconsciente. Por eso, cuando nos encontramos con un fenómeno que no encaja en esos marcos, o rechazamos inmediatamente.
      La respuesta de Lakoff a por qué votamos a partidos que actúan en contra de nuestros intereses es sencilla: porque apelan a esos marcos conceptuales/ representaciones colectivas. Así las cosas, el voto es una cuestión más inconsciente que consciente.
      La argumentación de Lakoff se centra en concreto en dos marcos conceptuales. Según él, la cultura norteamericana inculca desde niños a sus miembros dos marcos: el del padre estricto y el del padre protector. El padre estricto es ese padre autoritario que disciplina a sus hijos y los educa para luchar en un mundo competitivo en el que triunfarán si son fuertes, seguros y disciplinados. Por el contrario, el marco del padre protector cree que la educación es una tarea cooperativa entre padre y madre, que estos deben comprender y apoyar a sus hijos y darles confianza para que trabajen en armonía con los demás.
        Los norteamericanos proyectan estos dos marcos conceptuales sobre los dos modeles posibles de estado: el estado conservador, autoritario, y el estado socialdemocráta, que protege a los ciudadanos más desfavorecidos.
    Los republicanos ganaron las elecciones porque consiguieron activar el marco conceptual del padre estricto en la mayoría de los votantes estadounidenses. George Bush, con su guerra y todo, era el padre autoritario, los impuestos una carga y no una reinversión en la sociedad, y el matrimonio homosexual una flagrante delito contra la familia.
     Esta parte del ensayo puede ser la más endeble. Pensar y entender el mundo en función de estas metáforas familiares quizá sea un poco rígida. Pero si ampliamos los conceptos de padre autoritario a la máxima grecolatina de que el hombre es un lobo para el hombre y el Leviatan de Hobbes, y al padre protector al buen salvaje rousseauniano, tenemos las dos concepciones del Hombre y la Naturaleza desde los orígenes de la humanidad.
      Lakoff tampoco es un cognitivista radical. No todo el voto se mueve en función de inclinaciones inconscientes. Evidentemente hay mucha gente que reflexiona y hace una elección racional de su voto. Pero hay otra mucha gente que no, y con demasiada frecuencia estos últimos son los que decantan las elecciones.