Mostrando entradas con la etiqueta Becker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Becker. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de enero de 2022

Ernest Becker: La negación de la muerte.




Para este libro, Becker parte, fundamentalmente, de los trabajos de tres autores: Freud, Otto Rank y Kierkegaard.

Tres experiencias fundamentales en torno a las que se construye la existencia humana:

a) La conciencia de que el mundo es hostil. La Naturaleza es una lucha continua de unos seres contra otros. Es agresiva y cruel.

b) Los seres humanos somos conscientes de nuestra muerte. Sabemos que vamos a morir y eso nos aterra. 

c) Tratamos de superar el miedo a la muerte por medio de la trascendencia. Creamos religiones, imágenes de héroes, reprimimos nuestros instintos, etc... con la intención de ocultar a nuestra consciencia la idea de nuestra propia muerte. 

Todas las culturas, independientemente de que sean religiosas o no, son sistemas de valores. Estos sistemas de valores están diseñados para que las personas puedan verse a sí mismas como héroes. Uno puede ser un héroe guerrero, un gran científico o un padre cuya familia le sobrevivirá varias generaciones. Sea como sea, detrás de todos y cada una de estas imágenes de héroes, lo que hay es la necesidad humana de trascender la muerte. El héroe es el ser humano que vence a la muerte. De hecho, en las primeras manifestaciones religiosas que conservamos, los héroes son seres humanos que han cruzado el umbral de la muerte y que han vuelto. 

Becker encuentra en el niño dos características que derivan en la tendencia humana a convertirse en héroe para superar la muerte:

a) el narcisimo: los niños solo piensan en su propio interés y bienestar. 

b) la necesidad de aprobación: los niños necesitan que los demás les digan que valen mucho, que son buenos y maravillosos.

Becker recoge la teoría de Kierkegaard acerca de la ansiedad de la existencia:

Lo que diferencia a los seres humanos del resto de animales es su conciencia, alma o como queramos llamarle a esa conciencia de existir y ser un individuo. Aparejada a esta conciencia de sí, nace la ansiedad de saber que moriremos, del sentido de la vida, de nuestro destino -decisiones sobre el futuro-, etc... De acuerdo con Kierkegaard, esta es la primera y fundamental experiencia humana. Evidentemente, esta experiencia es angustiosa. La cultura humana nos ayuda a sobrellevar esta angustia por medio de la negación y la represión. Desde que somos niños, aprendemos a centrar nuestra atención, a preocuparnos y desvelarnos por otras cuestiones menores con las que podemos vivir más cómodamente. Aprendemos a preocuparnos por el matrimonio, por la hipoteca, por la familia, etc... Kierkegaard cree que esto nos lleva a vivir una vida falsa. Nosotros no somos todo eso que hemos aprendido y que nos distrae/protege de la verdadera naturaleza de la existencia. Para llevar una vida verdadera, las personas debemos desprendernos de todo eso que nos ha enseñando la cultura. Entonces entenderemos que no somos más que una partícula insignificante en el enorme plan de la creación. Este papel deriva inevitablemente en la fe. 

En este punto Becker vuelve a echar mano del psicoanálisis. Recoge, en concreto, el concepto de transferencia. Cuando tenemos un trauma o simplemente hay algo a lo que no nos podemos enfrentar con éxito, creamos un "loci", un espacio, un concepto, al que atribuimos la causa de nuestros desvelos. Esto se ve muy claro, por ejemplo, en la hipocondría. Aparentemente, lo que aflige a un hipocondríaco es la enfermedad. Pero realmente la enfermedad no es la causa de sus desvelos. Hay algo, un trauma, un desequilibrio oculto. En lugar de enfrentarnos directamente a él, ponemos la enfermedad en el medio para ocultarlo. Así nos resulta más fácil la existencia. 

La conciencia de uno mismo implica tener dos sentimientos antitéticos: en primer lugar sabemos que somos un individuo diferenciado y, en segundo lugar sabemos que pertenecemos a un todo, al plan de la creación. La religión fue el medio por el que las personas consiguieron darle sentido a sus vidas. Gracias a la transferencia, nos sentíamos parte del plan divino y así nos abandonábamos. Al mismo tiempo, conjugábamos esta disolución de la persona en el plan divino siendo una suerte de héroe religioso. Recordemos que para Becker el héroe es el que se comporta de acuerdo con los valores de la sociedad. Un héroe religioso era el que, con sus actos, se ganaba un lugar en el paraíso. 

En el último capítulo Becker vuelve a Otto Rank. Muertas ya la vieja sociedad religiosa católica, Europa busca la transferencia en el amor romántico. La persona se abandona al orden cósmico del amor. El amor le da sentido a la vida. Encontrando a nuestra media naranja, formamos parte de ese orden cósmico. Sin embargo, esta solución no pudo dar respuesta a la necesidad humana de sentido, ya que el amor, el sexo y la reproducción son y pasan por el cuerpo. Y el cuerpo es aquello que limita nuestra libertad, es la causa de la angustia fundamental: la muerte. 


domingo, 12 de septiembre de 2021

Howard Becker:Outsiders, hacia una sociología de la desviación.

 Outsiders: Hacia una sociología de la desviación (Sociología y Política) :  Howard Becker: Amazon.es: Libros



    Todas las sociedades tienen individuos que viven al margen del sistema. Estos son los que dan título al libro: outsiders.

    El autor se pregunta qué lleva a un individuo a convertirse en un desviado, exponiéndose a las sanciones legales y sociales que ello supone. Frente a las teorías que lo achacaban a una desviación personal o a la enfermedad, Becker sostiene que es un grupo de individuos el que fija unas normas morales y de conducta y el que crea una categoría para aquellos que no se ajustan a ellas. Es la sociedad la que crea la categoría, no la persona la que, en una decisión individual y racional, decide comportarse al margen del sistema de reglas establecido. En este sentido, el autor insiste en que no es la motivación la que lleva a la conducta, sino al revés: un determinado comportamiento desviado de una persona es la que la arrastra a partir de ese momento. Esto no quiere decir que la persona no tenga responsabilidad alguna cuando toma una decisión que lo convierte en un desviado. Evidentemente, sabe que lo que va a hacer lo convierte, pero ha sido la creación de esa categoría la que lo posibilita. 


    La clasificación de un individuo dentro de la categoría solidifica a la persona dentro de él. Una vez uno se perciba a sí mismo como un ladrón, un homosexual, un drogadicto o cualquier otra conducta considerada desviada, la persona tiende a aprender unos modos de conducta de acuerdo con esa categoría -adopta el rol-. 

    Ser clasificado dentro de la categoría de desviado lleva a las personas a buscar justificaciones a su conducta, bien considerando desviados a las propias personas que han creado la norma, bien como el resultado de la falta de opciones, etc...

    Ser clasificado como desviado estigmatiza a la persona, en el sentido que le daba Goffman: lo destruye como persona ante los demás. Un fumador de marihuana o un homosexual pueden, por ejemplo, desempeñar perfectamente el trabajo de oficina. Sin embargo, si sus compañeros de trabajo o su jefe se enteran de su condición desviada, probablemente serán despedidos, aunque esta condición no afecte en absoluto a su capacidad como trabajador. 

    Para que exista una conducta desviada, es necesario que una persona o grupo de personas identifique y sancione esa conducta. Estas personas son designadas por el autor como cruzados. Las motivaciones de los cruzados pueden ser muchas y muy variadas, pero, en general, tienden a hacerlo porque consideran que es bueno para la sociedad y para las personas. Becker pone como ejemplo aquellos que lucharon por prohibir el consumo de alcohol en EEUU a comienzos del siglo XX. Creían que una sociedad sin alcohol era mejor porque se evitaban muchos problemas de violencia, de familias desestructuradas, etc... Asimismo, estaban convencidos de que ayudaban a las personas que consumían alcohol porque, prohibiéndoselo, les evitaban ceder a su debilidad. 

    Becker diferencia entre valores y normas. Los valores es aquello que la sociedad considera que está bien o está mal. Con frecuencia, estos valores son ambiguos e, incluso, hay diferentes valores que chocan entre sí. Por ejemplo, el valor de la libertad individual puede chocar con la búsqueda de una salud óptima. Así, el consumo de alcohol o drogas se encuentra entre estos dos valores. La persona debe ser libre para hacer con su vida lo que le dé la gana, al tiempo que las drogas son malas para la salud -el ejemplo es mío, no de Becker-. Para solucionar estos problemas las sociedades crean normas, que son mucho más concretas y que nos dan a las pautas de conducta de acuerdo con las que tenemos que actuar. Estas normas están impulsadas por los cruzados y pueden tomar forma de leyes o simplemente de un acuerdo tácito entre las personas.