martes, 14 de marzo de 2017

Moaña: Una sociedad en tránsito desde el folk al urbano.

    
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 Una de las cosas que más me llamó la atención cuando llegué a Moaña fue la brecha generacional entre los nietos y los abuelos. Por las mañanas iba a trabajar al instituto y allí interactuaba con mis alumnos, que apenas si se diferenciaban en nada de los alumnos que había tenido en Vigo el año anterior. Les gustaba la misma música, algunos practicaban deportes urbanos como el skate o el bike, hablaban de las mismas series, y los fines de semana hacían cosas semejantes. Eran, y son, formas de vida similares. Pero los miércoles mi casera me invitaba a comer. Mis caseros son dos señores jubilados de unos setenta años. En la sobremesa, yo les hacía preguntas y ella me contaba cómo era la vida cuando era niña. Me contó cómo con apenas siete años dejó la escuela para ayudar a su madre en las tareas del campo; me contó cómo Moaña era un pueblo pequeño en el que todas las personas se conocían; cómo eran las romerías; cómo todos los vecinos de la parroquia colaboraban para sacar adelante diversos trabajos; y, en definitiva, cómo era la vida rural hace setenta años. 

    -Las cosas han cambiado muchísimo.- repetía ella una y otra vez. 

    -Antes estábamos muy atrasados.- apostillaba su marido. 

    El tema me interesó y empecé a hacer un documental con mi mujer. La idea era recoger leyendas propias de la zona que reflejasen aquel modo de vida. Nos entrevistamos y grabamos a un montón de ancianos que nos contaron cosas fabulosas. Aún no hemos terminado el documental. Pero aprovecho que un compañero me ha pedido unos párrafos sobre el modo en que Moaña está mutando de una sociedad folk en una urbana para escribir un post, avanzar algunas de las conclusiones a las que llegué tras mi estudio y, de paso, hablar del tema con mis estupendas alumnas de sociología. 

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Ayuntamiento de Moaña.

    Es un clásico en antropología establecer una división entre sociedades folk y sociedades urbanas. No se trata de dos compartimentos estancos en los que colocar diferentes sociedades en función de sus características, sino de dos ideales que se ponen en cada uno de los extremos de un continuum. En un extremo están las sociedades folk, y en otro las urbanas. Casi ninguna sociedad se puede colocar en el extremo, pero su posición nos indica el grado en que se asemejan a una u otra. 

     La cultura de Moaña a principios de siglo XX tenía varias características del ideal folk. Robert Redfield describía las sociedades folk como aquellas que: 

    a) Tienen una cultura local. Los mayores de Moaña tienen unos valores, una cosmovisión y unos patrones de conducta particulares, propios de este pueblo. Esta idiosincrasia se refleja, por ejemplo, en la cantidad de leyendas que he estado estudiando y que recogió Xosé Carlos Villaverde Román en su libro Lendas de Moaña

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Xosé Villaverde dando una charla a mis alumnos.


    b) La transmisión del saber se hace forma oral, de padres a hijos. Esto provoca sociedades homogéneas en la que los cambios se producen lentamente. Los niños moañeses de principios de siglo XX apenas si iban a la escuela a aprender a leer y a escribir y pronto se incorporaban a la economía doméstica, ayudando a sus padres en las tareas del campo. Así le sucedió, por ejemplo, a mis caseros. A los dos. Y, como dice siempre mi casera, Moaña ha cambiado más en los últimos veinte años que en los doscientos anteriores. 



    c) Hay poca división del trabajo, apenas si por género o edades. En comparación con el ideal de las sociedades folk, la Moaña de principios del siglo pasado tenía bastante división del trabajo. Había marineros, campesinos, guardias civiles, amas de casa, albañiles, etc... Pero, si lo comparamos con sociedades urbanas actuales, el número de trabajos era limitado. 


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Mujeres de Moaña el siglo pasado.


     d) Mundo económicamente independiente. Produce lo que consume y consume lo que produce. Hace cien años algunos moañeses trabajaban en Vigo o vendían sus legumbres u hortalizas allí. Sin embargo, aquí sucede lo mismo que con la característica anterior. La inmensa de la mayoría de la producción se hacía en Moaña y era consumida allí, en el seno de las familias, o fruto del intercambio entre ellas. El porcentaje que se destinaba o procedía del exterior era mínimo. 

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Muelle de Samertolameu hace ochenta años. 



    Tres generaciones después las cosas han cambiado notablemente: 

    a) La cultura de mis alumnos no tiene absolutamente nada de local. Sus gustos, sus intereses, sus conversaciones, sus actitudes, y, en definitiva, su cosmovisión, apenas si difiere de la de chavales de su edad de ciudades como Vigo, Coruña o incluso Valencia. 

    b) La alfabetización universal en las escuelas y la revolución de los medios de comuncación -internet, televisión, etc...- ha provocado que los niños y adolescentes de Moaña accedan al saber a través de libros o pantallas de televisión y ordenador. Esto los mantiene en contacto a tiempo real con los movimientos culturales mundiales, de ahí que adopten los cambios al mismo tiempo que cualquier ciudad. 

    c) La división del trabajo en Moaña actualmente es aproximadamente la misma que en las ciudades. Es cierto que su tamaño -en torno a veinte mil habitantes- imposibilita que haya gente que se gane la vida con empleos muy específicos, como actor de cine, artista o profesor universitario. Sin embargo, y aunque parezca increíble, algún actor, escritor y profesor universitario hay, porque ya no necesitan mudarse a grandes ciudades para mantenerse en contacto con las novedades de su profesión. 

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Vista aérea de Moaña.


    d) Económicamente Moaña está integrada dentro de esferas superiores. Su economía depende fundamentalmente de Vigo, donde trabaja gran parte de su población. El puente de Rande que cruza la ría permite a los moañeses estar en Vigo en veinte minutos y el autopista en Pontevedra en otros veinte. Asimismo, comparte negocios con los otros pueblos de la península del Morrazo, como Cangas, Bueu y Marín. Y, por supuesto, dependemos de cómo vayan las cosas en Galicia, España y Europa. 

    Este tránsito tan brusco de una sociedad folk a una urbana no es exclusivo de Moaña. De hecho, es un fenómeno que está teniendo lugar en Occidente de forma generalizada. La globalización empieza con el capitalismo, pero al final del siglo XX hay un cambio radical. La fluida circulación de capitales, bienes, mensajes y personas implica que la influencia de la ciudad llega a los lugares más remotos, de tal manera que éstos también devienen en urbanos (Leeds).

    Desde posturas nostálgicas y nacionalistas se interpretan fenómenos como el que acabo de describir como una pequeña catástrofe. El mundo avanza hacia una cultura única en la que todos los seres humanos seremos iguales. Se pierden los viejos modos de vida, el encanto de la diversidad, camino de un homogéneo gris universal. Nada más lejos de la realidad. 

    En primer lugar, el futuro no es gris. Evidentemente, no vivimos en la mejor de las sociedades y los peligros sociales y medioambientales del neoliberalismo desatado son reales. El planeta ya no puede más y las desigualdades sociales amenazan la felicidad de las personas. Pero basta con escuchar a mis caseros media hora para darse cuenta de que Moaña ha mejorado muchísimo. Entre otras cosas, porque la gente ya no pasa hambre. 

    En segundo lugar, el cambio es inherente a la naturaleza humana. Las culturas cambian. Por mucho que queramos forzar la realidad para encontrar un espíritu o volkgeist de la cultura gallega, esto ha cambiado mucho desde la Edad Media, por ejemplo. 

   Y en tercer y último lugar, el mundo nunca será un lugar culturalmente homogéneo. Las culturas siempre han estado sometidas a movimientos centrípetos y centrífugos. Al tiempo que los contactos entre culturas hacía que unas adoptasen características de otras, se dan estrategias de repersonalización e individualización. Los grupos humanos tienden también a diferenciarse y disgregarse. Pese a la romanización, Rumania y Galicia no son lo mismo. Por mucha televisión e internet que vean, mis alumnos skaters nunca lo serán igual que los niños del Bronx. 



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