domingo, 17 de enero de 2016

Crónicas del Club Manga: Manga, Anime y Contracultura.



   En “El urbanismo como modo de vida” Louis Wirth señala la heterogeneidad como una de las características definitorias de la moderna vida urbana. En las ciudades vive gente muy diversa. Esta diversidad permite que esas personas diferentes se busquen entre ellas en función de sus gustos e intereses y creen sus propias subculturas. En palabras de Wirth “(la ciudad) ha unido a gentes de los confines de la tierra por ser diferentes”. Así surgen la comunidad gay, las tribus urbanas o la asociación de los amigos del queso. Y también los Clubes manga.

   Son las 8:30 a.m. Llueve y hace frío. Los miembros del Club manga están en el zaguán. Al profesor le llama la atención que entre ellos no esté ninguna de las chicas.
   -¿Y las chicas? -pregunta.
   -Están cosplayeando en el baño. -dice alguien.
   -Ah, cosplayeando. -repite él como si supiera de qué están hablando.
   Se acerca al baño de mujeres y llama discretamente a la puerta, no vaya a ser que estén
Cosplayer
haciendo alguna gamberrada. Le abren. Dentro están S, A y L caracterizándose como personajes de cómic, porque cosplayear, como explicará L horas después, resulta que es un neologismo/extranjerismo espantoso formado por la fusión de dos palabras inglesas, costume -disfraz- y play -juego-, más un sufijo que españoliza la palabra y la convierte en verbo. El manga, con cuatro tebeos, ha conseguido lo que el ministro Werth no pudo a golpe de ley orgánica: ha hecho alumnos bilingües y, de paso, los ha españolizado. Pero esto es una reflexión de profe de lengua y aquí lo que importa es lo que hicieron los miembros del Club manga, así que volvamos a ellos.
   A las nueve y veinte cogen el microbús. El conductor es un señor muy simpático que tiene un hijo guardia civil en Valencia. Los deja en la farola grande de Vigo, al final de la calle Príncipe. Van andando hasta Norma Cómic. Por la calle la gente los mira, lo que es bastante normal porque más de la mitad van disfrazados de personajes manga y anime. En la tienda les espera la dueña, otra señora muy simpática con el pelo corto y gafas de pasta. Se saludan y los miembros del Club manga entran en tromba. Cogen los tebeos de las estanterías, ríen, gritan, dicen palabras en japonés y hacen comentarios que no se entienden. El profesor ha calculado una hora para comprar para la biblioteca del instituto, pero en menos de diez minutos el mostrador está cubierto por dos montañas de tebeos.
   -Ya te lo había dicho yo. -le dice la dueña de la tienda- Ellos saben perfectamente a lo que vienen.
   Para los aficionados al manga Norma Cómic es una suerte de paraíso lleno de huríes. No solo hay millones de tebeos, sino que también hay pósters, disfraces, caretas, tazas con estampados, juegos de rol y todo tipo de juguetes.
   -No son juguetes. -le explica M al profesor- Son figuras.
   -¿No puedes jugar con ellas? -pregunta él.
   -No.
   -¿Y entonces para qué las quieres?
   -Para tenerlas en las estanterías y mirarlas.
   -Ah, si es para eso...
   Mientras los demás fisgan por la tienda, L aprovecha para ultimar la caracterización de A, porque se ve que no tuvo tiempo en la hora que pasaron en el baño. Le pinta el ojo como si lo hubiesen golpeado salvajemente y dibuja unas venitas negras saliendo del lagrimal. El profesor hace fotos, la dueña de la tienda también quiere hacerse una -como compensación les regalará unos abanicos- y finalmente se van.
   El conductor simpático del hijo guardia civil les está esperando en la farola grande. Se suben al microbús y los lleva al otro Instituto de Enseñanza Secundaria. Allí, en el zaguán, se reúnen los Clubs manga de los tres institutos. Al principio los chicos se muestran un poco reticentes. Hay tres grupos separados que se miran, hacen comentarios entre ellos, pero no se mezclan. Aparece J, el profesor encargado del Club manga que hoy es el anfitrión. J y el profesor son amigos. Se saludan y entran en el salón de actos. Los del Club manga del tercer instituto también andan por ahí.
   El salón de actos es un poco de otra época. Tiene un escenario muy alto, como si allí se diesen conciertos, sillas que se parecen a las del cine y unas cortinas de terciopelo morado llenas de polvo. J se sube al escenario para dar una breve charla. Dice que esto de los Clubes manga requiere de la participación activa de los alumnos y bla... bla... bla... Hace cuatro chistes, se ríen y, en general, piensan que es un tipo simpático. Luego le toca hablar a un dibujante profesional de cómic que va a ayudarles a hacer una revista. Les explica un poco cómo va la cosa y les informa de que en Abril va a haber una convención por los alrededores y que, además de presentar oficialmente la revista allí, la sección manga de la convención es para ellos. Algunos le hacen preguntas y al final parece que todo queda claro.
   Entonces es el momento de L. Se sube al escenario y todos aplauden. Incluso hay quien grita “guapa” y la pobre L se muere de vergüenza. Lleva una peluca violeta desvaído, lentillas azules, unas pestañas enormes y mucho polvo blanco en la cara. También se ha puesto una chaqueta de lana granate y un vestido que le dan un aire de colegiala. El resultado es sobresaliente, porque parece una muñequita manga. Sube al escenario. Con un enorme powerpoint proyectado a sus espaldas se la ve bastante pequeña, pero no importa porque, a medida que va hablando, se va creciendo. Ni siquiera el burro del profesor que no sabe pasar las páginas del powerpoint consigue estropear la charla sobre cosplay. Una profesora mira al profesor y le hace un gesto discreto con la mano como diciendo “caramba con la niña”. Por su parte, su amigo J se le acerca y le hace un comentario al oído.
   -Tu cosplayer es una crack.
   El profesor asiente muy orgulloso. Los otros tendrán un instituto muy molón en Vigo, pero
Cosplayer
ellos tienen a la Messi del manga.
   L termina y hay una ovación general. Luego le toca a los del tercer instituto. Hablan del Studio Ghibli, un estudio japonés de animación que ha producido películas como El viaje de Chihiro. Luego J sortea una taza y un tebeo. Una chica de gafas gana la taza y el libro un chaval que se llama A y que va cospleado del mismo personaje que A, la del ojo machacado. Hay más aplausos y terminan los actos en el escenario.
   Entre todos sacan unas mesas que ponen en medio del salón y sirven un bizcocho y un poco de sushi. La comida sirve como lubricante social. Todos se mezclan y empiezan a hablar entre ellos. El profesor da vueltas por ahí sacando fotos a los cosplayeados. Lógicamente, los primeros son A y A. Ambos llevan traje negro, una peluca gris con un flequillo que les tapa un ojo morado y una máscara de gas que parece un hocico. Pero no son los únicos que llevan el mismo cosplay. I ha encontrado una chica de segundo de bachillerato que va de Pikachu como él. Aprovecha la foto para pasarle un brazo por encima de los hombros. Finalmente se sacan un selfie colectivo y se van.
   Camino de vuelta, mientras habla del tiempo con el conductor simpático del autobús, el profesor escucha la conversación de los miembros del Club manga. Hablan de tebeos, de gente muy importante que se ha cosplayeado muy bien y que, al parecer, todos conocen y admiran. Tienen sus propios códigos y el profesor no entiende de qué hablan porque todo está vacío de significado para él. Sin embargo, los admira y los envidia. Llegan, se despiden y cada uno se va a su casa.

Cosplayer
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   Pierre Bourdieu en La distinción explica que el gusto canónico, lo que se entiende por alta cultura, es el gusto de las clases altas que se impone al resto de la sociedad. En función de las inclinaciones e intereses de los poderosos se decide qué es bueno y digno de ser admirado y qué es subcultura pulp, cultura de masas o chorradas de adolescentes. Es una de las formas de la violencia simbólica. Y así, en los institutos estudiamos a Cervantes y Lope de Vega y no Naruto Shippuden. Pero el arte está para ser disfrutado y, según Bourdieu, la única razón por la que Quevedo es mejor que Soul Eater es porque es un discurso de poder. A Tolstoi, uno de los escritores canónicos, no le gustaba Shakespeare, el más canónico de todos. Y con esto no quiero decir que Shakespeare sea una porquería, sino que los miembros del Club manga me han dado una lección de contracultura. Esta misma noche me veo los primeros capítulos de Death Note.

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