martes, 28 de julio de 2015

Día de playa I: Exhibición de cuerpos.




    Ana y yo caminamos por la pasarela de tablas de madera. A ambos lados hay una extensión ondulante de arena cubierta por ramitas y malas hierbas. Al frente se ve una duna muy larga, tras la cual se intuye la playa. Al final de la pasarela hay una ducha. Ana camina delante como una reina con una bolsa de esparto al hombro. Yo voy detrás envuelto en ropa como un tuareg. Atrás quedan los veinte minutos buscando sitio para aparcar, el polvo que levantaban las ruedas de los coches y el horrible golpe de calor que me sacudió al abrir la puerta. 
    Delante, en la ducha, acudimos a la primera escena costumbrista de exhibición del cuerpo. Un padre llama a gritos a su hija que camina con un cubo de plástico en la mano. La niña se acerca tambaleándose y el padre le ordena que coloque los pies bajo el lavapiés. La niña obedece tímidamente. Desgraciadamente para ella, los lavapiés de las playas están diseñados para adultos y no para niños de cuatro años. Su padre aprieta el botón y el chorro la empapa de los pies a la cabeza. Se pone a llorar. El padre, que es el causante del desaguisado, aún por encima se enfada y regaña a su hija. La niña llora aún más alto. 
    -¿Qué pasa ahí? -me pregunta Ana.
    -Nada. Que para ser padre no piden ni el título de la ESO.
    Entonces es el momento de que intervenga la madre, una señora con pareo a modo de vestido que había estado mirando el watsap. Se acerca con una toalla. Ya que la niña está mojada, aprovecha para ducharla. Le quita el bañadorcito empapado, aprieta de nuevo el botón del agua y le frota el cuerpo para quitar bien todas las arenas. La niña sigue llorando, pero ahora también hipa. Es el precio de que te consideren inmaduro para tomar decisiones, que los demás controlan tu cuerpo.
     Cuando llegamos a su lado, la madre está secando a la niña con la toalla y el padre mete los pies bajo el chorro de agua. Mueve el pie hacia los lados y abre los dedos para que el agua circule bien. Trato de no mirar.
     -Qué hijo de puta. -digo cuando ya llevamos un rato andando por la arena blanda.
    -¿Qué pasa? -pregunta Ana.
    -Esos pies. No tenía que lavarlos, tenía que amputarlos. 
    -No empieces. -dice ella.
    -Los pies son una parte íntima y sugerente del cuerpo. Por eso las mujeres se hacen la pedicura. No hay derecho a que ese cabrón nos enseñe lo que tiene entre los dedos de los pies.
    Ana me ignora. Yo sigo a mi rollo.
   -La niña es una niña, pero él ya es responsable para ir enseñando esos pies. Yo sólo pido un poco de civismo. Si es que abría los dedos...
    Continuamos caminando hacia un extremo de la playa, un lugar tranquilo donde yo pueda leer y Ana tomar el sol. Planto la sombrilla junto a unas rocas, y me refugio debajo con mi gorra y mi camiseta y mi pantalón largos. Ana se tumba a mi lado. Me embadurno la cara con crema protección total. 
    La primera hora es bastante tranquila. Ana toma el sol y yo leo a la sombra la última novela de Donna Tartt. Sin embargo, el espíritu gregario humano hace que poco a poco vaya proliferando una pequeña colonia a nuestro alrededor. Primero llegó un tipo de unos treinta años y media melenita y se sentó en las rocas. Luego vino una señora arrugada como una pasa que se puso a tomar el sol a unos diez metros. Más tarde dos familias y unos malotes supercachas con tatuajes. Finalmente una pandilla de adolescentes coloca sus toallas a escasos cincuenta centímetros de nosotros -literalmente-. 
     -Pero estos... -dice mi mujer indignada- Tenían toda la playa para ellos.
     La pobre no entiende nada de la psicología adolescente, porque esto no ha hecho nada más que empezar. No contentos con invadir nuestro espacio íntimo, los adolescentes empiezan a decir tonterías a gritos, correr, saltar y, en definitiva, molestar mucho.
    -¿Pero qué coño les pasa? -dice Ana que está a punto de cometer un acto de violencia.
   -Toda esa energía que tienen dentro del cuerpo tiene que salir de alguna manera. -le explico.
   -¿Y por qué no lo hacen de otra forma?
   -Porque no saben. 
   Ella emite un bufido. 
  En vista de que con tanto jaleo no voy a poder seguir leyendo, me pongo a mirar a la gente. No lo que hacen, sino sus cuerpos, porque hay pocos espacios donde la relación entre la sociedad, las personas y sus cuerpos sea tan intensa como en la playa. Ya sé que hay una ley tácita que dice que uno no debe observar los cuerpos de otras personas en la playa, como no se debe mirar fijamente los ojos de un desconocido que se nos sienta enfrente en el autobús. Dice Goffman que la otra persona puede sentirse intimidada al ver vulnerada su intimidad. Pero en la playa esto es cierto sólo a medias. Es cierto, por ejemplo, en el caso de esa madre que está en la orilla jugando con su hijo. Si me sorprendiese observando con atención sus varices, esa celulitis que le cae fofa por las caderas como piel de melocotón y los pliegues del abdomen que revelan unos partos de los que no se ha recuperado, es muy probable que se sintiese incómoda. Pero no sucede lo mismo con los cachitas tatuados que tengo a mi izquierda. En la playa cobran sentido todas esas horas de ejercicio extenuante en el gimnasio y el dinero y el dolor invertido en tatuajes. La playa es su momento de gloria. Aquí pueden enseñar su cuerpo porque la playa es a los cuerpos musculados lo que los museos a la pintura. 


Los cachitas de la playa podrían ser algo así.


     Nuestra pequeña colonia humana del extremo de la playa es una comunidad privilegiada para comprobar que el cuerpo es un espacio social. Además de los adolescentes y los cachitas, está el marido de la señora de las pistoleras y la celulitis. Es un tipo de unos cuarenta y cinco años, calvo, un poco barrigudo y hombros caídos. Tiene la piel blanca, pero se ha quemado los hombros, que lucen un tono rosáceo. De esa calva y el cuerpo poco cultivado se infiere una vida sedentaria, propia de un individuo cuyas preocupaciones giran en torno a la familia, el trabajo y la hipoteca, y no en buscarse una compañera sentimental en el mercado de la noche como es evidente en el caso de los cachitas de los tatuajes. Asimismo, de su piel blanca quemada por el sol del primer día de playa y de su cuerpo fofo se deduce que es lo que Upton Sinclair llamaba trabajador de cuello blanco, un oficinista, administrativo o coordinador de ventas. Su comportamiento social será más o menos el prescrito para este rol: se levantará todos los días a las siete de la mañana, hará jornadas muy largas en la oficina y padecerá de estrés y colesterol alto provocados por la tensión competitiva de la sociedad capitalista. Cuando termina la jornada laboral, a veces se toma una caña con compañeros del trabajo, pero normalmente vuelve a casa para estar con su mujer y sus hijos. Apenas lee. En la televisión ve el fútbol y alguna serie de producción española. Es conservador por esa falsa conciencia de clase media de poseer ciertos privilegios que debe proteger. Los fines de semana no hace nada especial. Da paseos, toma algo en cafeterías y tal vez visite a sus padres. Es del Real Madrid. 
    Un poco más alejada está la otra familia. La unidad familiar consta de cinco miembros:
    a) El padre. Un hombre de más de cincuenta años, de espalda ancha y brazos fuertes. Muy moreno, pero no un moreno natural, sino ese moreno un poco dorado que se les pone a losque que pasan muchas horas al sol. Su relación con el cuerpo es la opuesta a la de los dos cachitas tatuados. Dice Bourdieu que el gusto es una cuestión social. Las clases populares tienen una relación utilitaria con todo aquello que les gusta. Debe servir para algo, aunque sólo sea para demostrarle al resto del mundo que poseen los recursos suficientes para dilapidarlos en cosas inútiles. De ahí su gusto ostentoso y que, cuando se gastan doscientos euros en una camiseta Armani, tenga la marca bien grande para que se vea. Los cachitas tatuados cultivan su cuerpo porque es un instrumento para encontrar parejas sexuales. Por el contrario, este cincuentón está fuertecito y moreno porque hace deporte al aire libre, rollo aventurero, en plan De la Cuadra Salcedo. Probablemente practique vela, que es bastante elitista. La relación de su cuerpo con la actividad física no es instrumental, sino simplemente de pasatiempo. No tiene los abdominales perfectamente definidos porque, además de la vela, le gusta la buena mesa. Es lo que ahora se conoce como un fofiguapo. Lógicamente, es conservador, pero, a diferencia del marido de la de la celulitis, este lo es porque defiende sus privilegios de clase, unos privilegios que le permiten dedicar muchas horas a deportes exclusivos y a gastar bastante dinero en restaurantes caros. 


De la Cuadra Salcedo. un modelo pijo para
 horteradas como el Coronel Tapioca.


    b) La mujer. Veinte años más jóven que su marido. Aunque tiene tres hijos, su figura se mantiene esbelta. Es lo que la mayoría de la gente consideraría una mujer guapa. Apenas si se nota que ha pasado tres partos -el último bastante reciente-, así que supongo que no trabajará y dispondrá del tiempo y los recursos necesarios para mantener su cuerpo como cuando tenía veinte años. 
    c) Los tres niños rubios. Un misterio insondable, pero a los ricos los niños siempre les salen rubios. 
     El tipo de los treinta años y media melenita es el polo opuesto del calvo de clase media y el moreno con pudientes. La media melenita y las patillas denotan una orientación política progresista. La parte superior de su cuerpo es delgada, con pocas formas, mientras que las piernas son fuertes y musculosas. Su aspecto descuidado denota un trabajo no asalariado o por lo menos no de atención al público. Probablemente sea funcionario o trabaje en la empresa de sus padres. En su tiempo libre hace senderismo, donde se trabajan mucho las piernas y poco el tronco superior. 
    La señora arrugada que toma el sol como si fuese una flor que necesita hacer la fotosíntesis es una yonki como otra cualquiera, con la única diferencia que, como la melanina es gratis, no tiene que dar el palo y nadie la mira mal.


La vieja podría ser así, pero sin caminar.

    Y finalmente estoy yo. Un cuarentón cubierto como un tuareg. El sol me fríe y es lo que tiene haber tenido cáncer de piel, que puedo evitar describirme porque, en cuanto digo la palabra cáncer, todo el mundo guarda un silencio respetuoso, aunque fuese una chorrada que me quitaron en diez minutos y sólo tenga que hacerme una revisión al año.



     




    

lunes, 27 de julio de 2015

Adam Johnson: El húerfano.



    Premio Pulitzer en 2013, El húerfano cuenta la vida de Jun Do, un ciudadano de Corea del Norte que evoluciona desde niño criado en un horfanato, a rebelde enamorado, pasando por secuestrador y asesino a las órdenes del gobierno.
    Lo primero que le viene a mente al lector de El huérfano es la novela de Orwell 1984. La propaganda continua a través de altavoces que suenan a todo volumen sin parar, las torturas, el régimen de terror, la arbitrariedad y la opresión terrorífica de un estado parece una versión moderna de la obra magna de Orwell. Y, sin embargo, esta historia está ambientada hoy en día en un país que existe y es así. Dicen que Adam Johnson se ha documentado muchísimo, que estuvo allí y que Corea del Norte realmente es cómo la retrata en esta novela. De ser cierto, y no creo que haya por qué ponerlo en duda, el régimen norcoreano es un engendro infinitamente peor que el Tercer Reich. 
    Además de Orwell, en muchos momentos la novela me recordó a Kafka. El gobierno y su caprichoso Querido Líder son una de las cosas más absurdas que puede imaginar la mente humana. Como en El proceso, los habitantes de Corea del Norte ven sometidos sus destinos a un régimen absurdo que se comporta con total y absoluta arbitrariedad. Ni tan siquiera cumpliendo con lo que se supone con son las reglas uno puede estar seguro de que no será torturado y asesinado brutalmente. 
    El húerfano es una de esas obras tan de moda en nuestra postmodernidad que conforman los géneros híbridos. Cuando la novela como género tradicional parece agotada, surgen un montón de manifestaciones literarias que juegan a romper las convenciones genéricas y las expectativas del lector. El húerfano tiene un poco de novela de dictador, pero tampoco se puede decir que lo sea porque el protagonista no es El Querido Líder, sino un ciudadano cualquiera. También tiene algo de novela de formación, sobre todo la primera mitad. Hay algo de novela picaresca, porque Jun Do se ve obligado a sobrevivir por medios pseudoilícitos. Y de distopía, aunque el régimen norcoreano no sea una fantasía futurista. También tiene algo de novela amorosa y, sobre todo la segunda parte, es un thriller tradicional, con espías y todo. 
    Sea como sea, merece la pena leerla. Kayser distinguía entre novelas de ambiente, de personajes y de acción. El húerfano tiene poco de novela de personajes, o al menos poco interesante. Los personajes no son nada del otro mundo y casi diría que son estereotipos. Lo mismo se puede decir de la acción. Está bien, pero uno puede encontrar thrillers infinitamente mejor construidos sin necesidad de buscar demasiado. Pero esta novela no es una novela de personajes ni de acción, sino de ambiente. Si el lector acude a ella buscando profundidad psicológica o sorprendentes giros de guión tal vez se vea defraudado. No digo que los personajes sean planos, porque evolucionan, ni que no haya intriga, sobre todo al final. Lo que afirmo es que lo que de verdad importa en ella es la recreación de lo que creemos que puede ser Corea del Norte y por ello su lectura es bastante interesante. Por lo demás sería una novela correcta sin más.

viernes, 24 de julio de 2015

Extras (Ricky Gervais y Stephen Merchant)




    Extras trata de dos amigos que se ganan la vida como extras de cine y de un par de personajes que los rodean. Son capítulos autoconclusivos, centrados cada uno en el rodaje de una película distinta, y aprovechan la excusa para que aparezcan como invitados estrellas del star sistem como Robert de Niro o Daniel Radcliffe.
    Desde luego no va a revolucionar la historia de las sitcom, pero merece la pena verla. Tiene un humor que me recordó muchísimo a Seinfeld y, sobre todo, a Larry David. Los dos protagonistas son personajes un tanto particulares, muy torpes con las relaciones sociales y, sobre todo, neuróticos y obsesivos. Le dan vueltas a todo y en todo encuentran problemas para agobiarse. Esta neurosis les sitúa continuamente en situaciones embarazosas que son en las que se basa la fuerza cómica de todos los capítulos. El espectador se ve situado una y otra vez ante escenas en las que pasa una vergüenza ajena horrible y te dan ganas de gritar -además de reír, claro-. Como en el caso de Seinfeld y Larry David, le coges cariño y te gustaría que fuesen tus amigos. Son unos neuróticos y hasta a veces malas personas, pero sus extravangancias los hacen divertidos y seguro que uno no se aburre con ellos. 
    Y poco más se puede decir de Extras, salvo que la estética es increiblemente inglesa y que son los mismos creadores que los de The Office.

miércoles, 22 de julio de 2015

Cuscús (Le graine et le mulet) (Abdel Kechiche)



    Un inmigrante tunecino en Francia pierde su empleo en los astilleros. Esto le hace reflexionar acerca de su vida y se propone montar un restaurante para poder dejar algo a su gente.
    Desde luego no es la película más trepidante de la historia. Es bastante lenta, con planos muy largos y, sobre todo, con conversaciones que se demoran demasiado. Kechiche trata por todos los medios de darle un aire realista a su película y, para ello, trabajó con actores amateurs y grabó escenas tal y como serían en la vida real. En el cine, una escena, tenga o no conversación, va al grano. Se nos da la información justa y se pasa a lo siguiente. De no hacerlo así, tenemos la sensación de que la película avanza con morosidad y se nos hace lenta. Como dije, Kechiche no lo hace y la película resulta un poco pesada. Ya sé que es un recurso de cine de autor, pero a mí se me hizo eterno. 
    Por lo demás. la peli está bien. Tiene contenido social, algo de reflexión sobre el sentido de la vida y las relaciones humanas y, sobre todo, los personajes son muy humanos. Me gustó. Puede que no vuelva a verla en la vida y desde luego no se la recomiendo a alguien que quiera ver cine de evasión americano. Pero si te interesa lo diferente y tienes interés, puede gustarte.

lunes, 20 de julio de 2015

¿Cuál es el problema con la V.O. de Ahora Madrid?




    Es una de las noticias de la semana, otro de los frentes que la prensa ha abierto contra Manuela Carmena y Ahora Madrid. El gobierno autonómico de la capital ha hecho una web en la que darán su versión de las noticias que se publiquen sobre ellos, desmintiendo lo que consideren falso y aportando datos. 
   A la mayoría de la prensa le parece que esto es propio de dictaduras horribles -bolivarianas es el término de moda- y que atenta a la libertad de expresión.
    Yo no veo qué hay de malo. Toda la prensa está al servicio de intereses políticos y económicos y no dudan en manipular y tergiversar noticias con tal de desgastar al que consideran adversario político. El impresentable de Inda es un caso extremo. No hace falta ir tan lejos. Todos hemos visto noticias manipuladas para pasar a tal o cual gobierno como maravilloso o de villanos. Sin ir más lejos, esta semana he visto en varios telediarios un titular que decía: "La Marea de Coruña prohíbe las corridas de toros". Vaya por delante que a mí me gustan los toros y que iba cuando podía, pero la noticia, así dada, es falsa y malintencionada. Lo que el gobierno municipal coruñés ha hecho ha sido retirarles la subvención. Que yo sepa, hay una diferencia bien gorda entre prohibir y no subvencionar. Desconozco las cifras exactas, pero, como dije, yo iba a los toros en Coruña y puedo asegurar que nunca había más de dos mil personas. Cuando fui a los toros en Santander, pagué cincuenta euros por mi entrada -y eso que era la corrida de la Beneficiencia-, mientras que en Coruña me costaba diez. Las cuentas son sencillas. El ayuntamiento se estaba gastando un dineral en una actividad que, aquí, en Coruña, era muy minoritaria. Tal y como están las cosas, cualquier ciudadano con dos dedos de frente preferirá que su ayuntamiento se gaste el presupuesto en guarderías o ayudas sociales que en un festejo al que iban cuatro gatos. Otra cosa será que, en un futuro, el nuevo gobierno de la Marea desvíe el dinero que se gastaba en los toros a un ciclo de cine nacionalista o una xuntanza para festejar el aniversario de la Revolución Cubana. Pero, por ahora, no han hecho nada de eso. Sólo han retirado la subvención a una actividad minoritaria. Sin embargo, el titular en Telecinco era bien distinto. 
    Si la Marea de Coruña tuviese una web en la que dan su versión, podrían demostrar que no se han prohibido los toros, podrían aportar datos de cuánto nos costaban las corridas a los coruñeses y podrían explicar a dónde van a destinar ahora esos fondos. Es una pena que, si lo hacen, parece que copian a Ahora Madrid.
    Volviendo a Manuela Carmena, hoy mismo ha tenido que rectificar en parte por presión del PSOE y no dar los nombres de los periodistas a los que desmienten, sino sólo el del medio. Al parecer, este era un punto muy importante, porque a la prensa le parecía horrible que señalasen a periodistas. Vuelvo a repetir que no veo qué hay de malo en señalar a un periodista que es un mentiroso. Si mientes, te expones a te que afeen la conducta. Otra cosa muy distinta es que Ahora Madrid señale a todos aquellos periodistas que publican algo que no les gusta. Eso sí estaría mal, pero, que yo sepa, la web sólo está para desmentir con datos. 
    Todo esto no los ahorraríamos.si la ley de rectificación española fuese justa y funcionase con celeridad. No es de recibo que un medio publique en primera plana una falsedad y que el juez tarde dos años en mandarle rectificar y que lo hagan con una nota de tres centímetros en la página veinte, porque, así las cosas, los ciudadanos estamos indefensos. Sin querer ser pesado, tengo que volver a uno de mis temas recurrentes: el asesinato de Jimmy. En todas las primeras planas se publicó que Jimmy era un delincuente que fue una pelea pactada. Y resulta que ahora la policía -ojo, la policía, no yo, ni los Blues, ni ninguna parte implicada-. Repito, la policía dice que de pelea pactada nada de nada, que el Frente Atlético los estaba esperando y que fue una encerrona. Pero nadie se entera de eso porque sólo lo publicaron La Opinión de La Coruña y El País -este último en las páginas interiores-. Difama que queda y así toda España sigue pensando que a Jimmy era un macarra que mataron en una pelea pactada. Es duro decirlo, pero V.O. es la única forma de defensa que tiene el gobierno de Carmena. Si detrás de su formación estuviese un periódico como El Páis o El Mundo, seguro que no le hacía falta. Pero da la casualidad de que no tiene. 
      Antes de terminar -esto es un post, no un ensayo- quisiera añadir un par de cosas. 
    En primer lugar, los periodistas que se sientan injustamente tratados en la web V.O. tienen exactamente los mismos instrumentos para defenderse que el resto de los ciudadanos. Pueden acudir al juzgado y denunciar por injurias. En caso de que tengan razón, la web tendrá que rectificar, exactamente lo mismo que hacen en ellos en sus periódicos. 
    Y en segundo lugar, creo que aquí hay mucho de corporativismo. El colectivo de periodistas se ve amenazado en sus privilegios y reaccionan en grupo, independientemente de su adscripción ideológica. 
     

domingo, 19 de julio de 2015

Donna Tartt: El jilguero.



     Ganar el premio Pulitzer no es garantía de nada. A veces se lo dan a novelas gloriosas, como la colosal La Carretera de Cormac McCarthy, a veces a escritores interesantes, como Richard Russo, y a veces a autores intrascendentes como John Kennedy Toole -por mucho que tenga una legión de fans-. Tampoco es garantía de nada ser uno de los best-sellers del año -una buena estrategia publcitaria convirtió a la mierda de El Código Da Vinci en la novela más vendida de la historia-, como tampoco es sinónimo de nada haber recibido un sinfín de críticas estupendas -todos sabemos que detrás de la crítica divulgativa de los mass media se esconden antes intereses editoriales que crítica sincera-. El jilguero tiene todo esto y además mil páginas y no me puse con ella hasta verano, periodo en el que uno tiempo para leer y puede meterse en historias de esta magnitud. 
    La sinopsis del libro es la siguiente:

    Theo Decker, un adolescente de 13 años, ve morir a su madre en un atentado terrorista en el museo Metropolitano de Nueva York. Sólo, lleno de miedo y con el cuadro El jilguero, una tabla holandesa del siglo XVII, en sus manos el joven se adentrará en un intenso periplo que lo llevará a Las Vegas y Amsterdam. (El País)

    Las primeras páginas del libro me dejaron estupefacto. No era sólo que el libro fuese una mierda colosal, sino que parecía una novela adolescente, de esas que hacen las delicias de mis alumnos de primero de ESO. Estaban todos los tópicos de la literatura adolescente:
    1) El adolescente con una vida trágica, horrible. El protagonista ha perdido a su madre en un atentado y es acogido por la familia de su mejor amigo, pero allí no encaja y parece que casi nadie lo quiere. 
     2) El adolescente está muy deprimido y se pasa el día lamentándose de lo horrible que es la vida, lo sólo que está en el mundo y todo eso. 
   3) Hay un enamoramiento místico. El chaval ve a una chica pelirroja en el museo y se enamora casi sólo con verla, como si fuesen dos almas gemelas, una superstición romántica que le encanta a los/las quinceañeros/as.
    4) Por si no fuese suficiente esto del misticismo amoroso, es un amor imposible, porque ella está tan traumatizada como él por el atentado y no puede amar.
     5) Y además él y su amigo son unos raritos que nadie los entiende y bla... bla... bla...
     A esta sucesión de tópicos adolescentes había que sumarle que la novela empieza con un cliff-hunger bestial digno de Perdidos o cualquier serie de intriga de la HBO. Nos dicen que el protagonista está escondido en un hotel de Amsterdam porque está metido en un lío colosal, pero no nos cuentan más y el tipo empieza a referirnos su vida desde los trece años, al más puro estilo Dickens. Y luego se va a Las Vegas y nos habla de su vida como si fuese una novela picaresca. 
   Yo no entendía nada. ¿Qué tenía delante, un thriller, una novela adolescente, una novela picaresca moderna o una obra errática que no sabía muy bien hacia dónde iba? Si seguí leyendo, fue porque pensé que tal vez pudiese gustarle a mis alumnos y recomendársela a alguno de mente soñadora. 
     Pero no.
    Lo cierto es que a partir de la etapa de Las Vegas la obra coge vuelo. Empiezan a pasar cosas interesantes y, aunque el tono lacrimógeno sigue hasta el final, te atrapa y creo que es una buena novela. Los personajes, aunque necesitan varios cientos de páginas, cobran profundidad psicológica y, a medida que el protagonista se va haciendo mayor, sus problemas y reflexiones son cada vez más maduras. No es que fuese una novela adolescente, sino que, dado que está contada en primera persona, el narrador evoluciona a medida que se hace mayor. No es como Guzmán de Alfarache, que, ya viejo, reflexiona sobre su vida y nos la cuenta. Esto es la narración de una vida a partir de notas que tomó en su momento y, en consecuencia, en cada momento vital habla y piensa como es propio a cada edad. 
     No es la mejor novela del mundo, pero merece la pena leerla porque es divertida, aporta cosas y es diferente. Quizá es un poco dispersa y el componente de intriga es lo menos interesante. Yo hubiese preferido que contase su vida, sin la necesidad de enganchar al lector con trucos de best-seller. Ya que Donna Tartt se declara fan incondicional de Dickens, me hubiese gustado que hubiese sido más David Copperfield y menos Grandes Esperanzas, pero bueno. Es lo que hay. 



Donna Tartt


viernes, 17 de julio de 2015

Laurent Binet: HHhH




    Ganó el premio Goncourt de novela, pero no tengo muy claro que sea una novela. Por lo menos en el sentido tradicional. 
    HHhH empieza diciendo que va a recrear el atentado que acabó con la vida de Reinhard Heydrich, el jefe de la Gestapo y uno de los actores fundamentales de la solución final. A continuación hace una biografía de Heydrich, desde su infancia hasta unos días antes de su muerte, y pasa a hablarnos de los checoslovacos que llevaron a cabo el atentado. Cuenta el atentado y refiere más o menos sucintamente las consecuencias del mismo. Todo esto salpimentado con reiteradas alusiones al proceso de composición de la obra y hasta breves incursiones en la crítica literaria de libros o novelas sobre la Segunda Guerra Mundial. 
    Como se desprende del resumen, HHhH es una novela muy postmoderna. Las continuas referencias al modo en que escribió la novela, la mezcolanza entre la vida real de Heydrich y la recreación que hace los guerrilleros checoslovacos que lo mataron, y la metaliteratura juegan continuamente a desdibujar las fronteras entre la realidad y la ficción, uno de los tópicos de la literatura postmoderna. Pero no hay que evocarse. En este aspecto, Binet es honesto y siempre deja muy claro qué es o fue un hecho histórico y qué especulación o simple recreación. 
    Después de Las Benévolas, una novela francesa sobre la Segunda Guerra Mundial lo tenía muy complicado. Las comparaciones son inevitables y, con la excepción del delirante final, la novela de Littell es una obra maestra. Pese a todo, HHhH resiste. Las Benévolas es mejor, pero eso no quiere decir que no merezca la pena leer HHhH por varias razones.
    1) Está muy bien escrita. Se lee con facilidad y atrapa al lector sin la necesidad de trucos baratos de best-seller. Sabes desde la primera página cómo va a acabar y sin embargo lees página tras página sin poder parar. 
     2) Esto de que el lector se enganche me lleva a la segunda razón, y es que el personaje de Heydrich es fascinante. Binet lo pinta como la quintaesencia del mal, casi como una encarnación del mal absoluto y uno siente fascinación y terror al acercarse a una personalidad así. Es increíble que existan seres humanos como él y resulta terrorífico pensar que las condiciones históricas pueden ponerlos en situaciones de decidir el destino de la Humanidad. 
     Toda novela que escoge a un protagonista malvado ha de preguntarse en un momento u otro cuál es la naturaleza del mal. ¿Por qué mi protagonista es malo y, por extensión, por qué los hombres son malos? A esta pregunta hay dos respuestas posibles: o bien el ser humano es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo empuja hacia el mal, o bien la naturaleza humana es la que nos inclina hacia el mal. Con Heydrich Binet se pregunta por qué alguien pudo hacer algo como lo que hizo este individuo. Para responder nos cuenta su vida y nos describe su personalidad casi con minuciosidad. Y aquí no es tan simplista como Littell, que a fin de cuentas acaba explicando la maldad de Max Aue porque era un homosexual reprimido enamorado de su hermana y porque su padre lo abandonó. Binet bucea mucho más en las profundidades del alma humana y la respuesta es desazonadora. Heydrich era un hombre malvado porque los hombres malvados existen, sin necesidad de que la sociedad los empuje a ello. En este sentido, Binet está mucho más cerca de Hobbes que de Rousseau.
     c) Además de Heydrich, los dos checoslovacos son muy interesantes. No en el sentido en que lo es Heydrich, al que el autor construye como un personaje complejo y se le describe muy bien. Estos otros dos personajes, la otra cara de la moneda, son más apuntados que descritos. Se nos cuenta algo de su vida, pero no se detiene demasiado. Porque la pregunta que le interesa a Binet de ellos es bien distinta a la que suscita Heydrich. Los checoslovacos te hacen pensar acerca del valor y del deber. No hubo un solo momento en que estos dos hacían algo que no me preguntase si yo tendría el valor suficiente para hacerlo. Aún a sabiendas de que luchaban por el bien de la Humanidad, el valor que hace falta para acabar prácticamente solos a uno de los hombres más poderosos de Reich no lo tiene cualquiera. Enfrentándose continuamente a esta pregunta, el lector se responde a sí mismo una y otra vez de la misma manera. Yo no hubiese sido capaz. 
    Y nada más. Recomiendo que os la leáis, porque de verdad es una buena novela.

viernes, 10 de julio de 2015

Podemos vs Mareas: por favor, renuncien al suicidio político.




   Parece que las iniciativas populares que triunfaron en las pasadas elecciones municipales van a presentarse a las generales en una candidatura propia al margen de Podemos. No puedo dar la versión de las Mareas ni de Podemos, porque, aunque conozco a algunas personas que están ahí dentro, todo son versiones de versiones, información de tercera. Este post es sólo la expresión de mi estupefacción y una petición de consenso.
    Sé que hay argumentos suficientes en ambos bandos.
   En primer lugar, el viraje de Podemos hacia el centro es una traición a su origen. Puede que sea cierto ese tópico de que las elecciones se ganan en el centro, pero hay veces que uno ya no sabe de qué va Podemos. Un partido tiene que tener identidad y la de Podemos es de izquierdas.
   En segundo lugar, últimamente Pablo Iglesias parece una estrella del rock. Cuando lo veo aparecer con su séquito de veinte personas no sé si estoy viendo a Floyd Mayweather o a un político de base. Sus apariciones públicas responden exactamente a la política del espectáculo, eso que tantas veces denunció. -si os interesa esto pinchad aquí-.
   El mesianismo de Iglesias lo ha llevado a hacer unas primarias a su medida. Ya no es sólo Echenique el descontento. He oído que ochocientos cargos de Podemos están en desacuerdo con el modo en que se llevaron a cabo las primarias. Da la impresión de que, en cuanto tuvo que jugar en la política real, se ha olvidado del asamblearismo, hacer política desde los Círculos y todo eso. No sé si Tania Sánchez es un señora muy válida, pero era de Izquierda Unida, dijo en repetidas ocasiones que nunca se iría a Podemos y resulta que ahora la colocan en la lista por delante de otros militantes históricos.
   El mesianismo también ha vuelto un poco prepotente a Pablo Iglesias. La reunión con Garzón es un ejemplo. Decirle que si quiere una iniciativa popular, abandone Izquierda Unida y se pase a Podemos es una sobrada de cuidado. Sólo con que Garzón tuviese un poco de dignidad -que la tiene y mucha-, tenía que decirle que no. Cuando el barco se hunde, las ratas huyen y el capitán muere con él.
   Y en último lugar, ahora que Iglesias se ha visto Presidente del Estado, no está dispuesto a ceder ese honor a nadie. Lo quiere todo para él.
Hasta aquí los argumentos de las iniciativas populares. Pero ellos también tienen algunos pecadillos en el haber.
   Mientras Pablo Iglesias estaba en la cresta de la ola, nadie el tosía. Se le reconocía el liderazgo en la nueva izquierda y todos querían sacarse la foto con él. Pero, ahora que las iniciativas populares han obtenido un éxito muy mediático y algunos de sus líderes se ven con fuerza suficiente, le disputan a Iglesias ese liderazgo. Los lobeznos que se han hecho adultos se rebelan contra el macho alfa por el mando de la manada.
   En su momento las iniciativas no le hicieron ningún asco a Podemos. Cuando la estrella emergente de Iglesias iba a apoyarles, estaban encantados. En Coruña la cola iba desde el Palexco al Obelisco -bastante más de cien metros-. Era como si viniese el Papa. Había hasta señoras que se peleaban por tocarlo. Todos esos iban a ver a Pablo Igesias y no a Xulio Ferreiro, el candidato a la alcaldía por la Marea Atántica, que dudo mucho que supiesen siquiera quién era. Si las Mareas se conocen, es en gran parte por Podemos y mucha gente las votó fue porque creían que eran Podemos.
   Otro argumento de las Mareas para no apoyar a Podemos es que en ellas están muchos partidos. En Coruña, en concreto, también están Anova y EU. Apoyar sólo a Podemos sería feo. Apelan a la pureza política y expresado así parece un argumento bastante sólido. Sin embargo, me gustaría recordar que Anova y EU son partidos políticos de siempre, esos contra los que se supone que reaccionan las Mareas. En Galicia Anova y EU son dos partidos irrelevantes. Si habían conseguido algo coaligándose en AGE, fue porque no existía otro partido que canalizase el descontento. Pero ahora lo hay. La jugada de las Mareas les ha permitido mantenerse en el candelero y me gustaría saber si en la negativa a apoyar a Podemos lo que los mueve es la pureza política o los viejos intereses de casta -en esto excluyo a muchos de los ciudadanos que colaboran con las Mareas y que nunca habían participado en política-.
   Y por último, se trata de oportunidad política. El partido que parece que tiene una posibilidad real de gobernar es Podemos. Lo lógico es apoyarlos. Si sirvieron para formar parte de las iniciativas populares a los ayuntamientos, supongo que también les valdrán para gobernar el Estado.

   Dicho esto, ya pueden olvidarse de egos y presentar algo juntos. La división parece una estrategia diseñada por los dos partidos tradicionales. El PSOE se ve beneficiado porque ante el lío en la izquierda muchos votantes se van a ir a ellos; y el PP ganará las elecciones porque la ley d´Hont va a quitar un montón de escaños a la izquierda al ir divididos.

Por eso pido un poco de grandeza política y que piensen en esos ciudadanos a los que quieren representar y un poco menos en los sillones que quieren ocupar. Porque yo quiero votarles.

miércoles, 8 de julio de 2015

Pierre Bourdieu y la educación.



    El concepto de violencia simbólica es fundamental para entender en pensamiento de Pierre Bourdieu. La violencia simbólica es un proceso por el cual un grupo impone al resto de la sociedad una serie de significaciones como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza. Es decir, la violencia simbólica consiste en que los poderosos convenzan a los oprimidos de que el sistema social es justo. Aplicando esto a nuestro sistema capitalista, más o menos viene a decir que el grueso de la población acepta que el capitalismo es un sistema justo en el que hay igualdad de oportunidades. Si Amancio Ortega o Emilio Botín disfrutan de una vida envidiable, es porque ellos son gente emprendedora que se lo merece. Por el contrario, si nosotros nos pudrimos en una oficina por mil euros al mes, es porque no tenemos talento, somos gente gris que se merece la vida gris de los explotados.
    Hay muchas formas de ejercer la violencia simbólica. En otro momento comenté cómo el best seller La Catedral del Mar contribuía a ella:
   … ejemplo de ello podría ser una de los más importantes éxitos de ventas en los últimos años en nuestro país: La Catedral del mar. Aparentemente se trata de una obra de evasión, y así es aceptada y asumida por el gran público. La novela está ambientada en la Barcelona medieval. El protagonista, hijo de un payés catalán al que se ha desposeído injustamente de toda su hacienda, inicia su andadura en el mundo en la indigencia más absoluta. Poco a poco, gracias a su habilidad personal y a su rectitud moral, va venciendo innumerables dificultades y se va sobreponiendo a los reveses del destino, hasta que, ya adulto, consigue labrarse una buena posición social, goza de una vida de opulencia económica y se casa con una joven bella y virtuosa1. Como decimos, esta obra se vende como una novela de evasión y así es leída inocentemente por miles de personas. Sin embargo ¿no se encarna en este personaje el ideal del capitalismo, el self made man? Contraviniendo cualquier ley del rigor histórico, el autor nos presenta una sociedad difícil, hostil, pero en la que un hombre dotado de habilidad e inteligencia puede triunfar. Como en el ideal capitalista, todo el mundo puede ser Bill Gates. Sólo hacen falta buenas ideas y tesón. El personaje modelo de La catedral del mar, que ha sido repetido en innumerables ocasiones en los best sellers de Noah Gordon o Ken Follet, es un motivo típico de las representaciones colectivas propias del capitalismo protestante. Arnau Estanyol encarna la ética del trabajo y del esfuerzo sobre la que se sostiene el capitalismo2. El hombre debe trabajar en este mundo con tesón y ahínco porque será recompensado. Siempre hay una oportunidad para los hombres de valor. Cualquiera puede triunfar, aunque la realidad diaria nos demuestre implacablemente que es falso. El capitalismo se perpetúa, entre otras formas, creando representaciones colectivas que indican a los hombres cómo deben vivir y a qué deben aspirar. Los jóvenes se vuelven emprendedores y los pocos que logran triunfar partiendo de una situación desfavorecida, como Amancio Ortega, son convertidos en héroes populares. Los que fracasan no lo hacen porque la sociedad sea injusta ni porque haya un reparto desigual de oportunidades o capital, sino por su falta de habilidad, y ahí están los ejemplos de Amancio Ortega o del protagonista de La catedral del mar para demostrárnoslo. Son los mejores los que triunfan. Los demás pueden ser buenas personas o incluso estupendos amigos, pero no merecen nada mejor. Los compañeros de Arnau Estanyol en La catedral del mar, que trabajan con él cargando piedras para construir la catedral y que tan bien se portan con el protagonista, asisten como simples comparsas al auge social de Arnau Estanyol. Ni el protagonista, ni el autor, ni el lector se preocupan de esas vidas desperdiciadas en interminables jornadas cargando enormes piedras día tras día a cambio de un miserable jornal. Ni tampoco sentimos el más mínimo afecto por la madre del protagonista, raptada, violada y obligada a prostituirse durante toda su vida, y cuya única aspiración antes de morir es ver a su hijo gozar de una buena posición social; ni por su primera novia, también violada y obligada a prostituirse simplemente por sentir una irrefrenable pasión erótica por Arnau, que la lleva a exponerse sola a los peligros de la vida más allá de las murallas de Barcelona. Si es más difícil identificarse con ellas y conmoverse por su cruel destino, es porque las representaciones sociales colectivas del capitalismo transmiten la idea de que, en el fondo, se lo tenían merecido, pues carecían de talento.

    Según Bourdieu el sistema educativo es un instrumento de violencia simbólica. Por medio de esta institución, nuestra sociedad nos inculca desde niños la ideología la ideología capitalista. Es cierto que toda acción pedagógica es una forma de violencia simbólica -un poder arbitrario impone una arbitrariedad cultural-, pero en el capitalismo esto ha llegado al grado máximo de eficacia. En … ya apunté algunas formas en las que lo hace:
    a) el aula funciona exactamente igual que una empresa. Hay un jefe -los profesores- que damos órdenes a nuestra plantilla de trabajadores -los alumnos- para que lleven a cabo una tarea -el negocio-. La clase debe estar más o menos unida y, con frecuencia, les mandamos trabajos en grupo, para que vayan aprendiendo el trabajo colectivo de la empresa. Pero tampoco hay que pasarse. Alimentar demasiado el sentimiento de pertenencia a una comunidad podría ser subversivo, medio comunista, así que también se fomenta la iniciativa personal, el destacar por encima de los demás.


Foto de clase. No soy yo, pero podría serlo. Fijaos en el simbolismo de la
posiciòn del profesor frente a los alumnos.


    b) los saberes y métodos son pasivos y repetitivos, como los que se espera que tenga un empleado. Incluso el comportamiento ideal del alumno es la sumisión, la ausencia de queja, el aceptar las tareas que se le proponen y realizarlas sin rechistar. Cualquier comportamiento contestatario es severamente reprimido por un procedimiento disciplinario, ya sean partes, expulsiones, castigos o expedientes.
     c) la competitividad, ese mantra capitalista del que se supone que surge lo mejor del ser humano, se fomenta por medio del sistema de calificaciones. Los alumnos pueden -y lo hacen- compararse entre ellos por medio de una prueba objetiva que establece quién es mejor que quién.
    d) ponemos un precio a su trabajo. Las calificaciones son el equivalente al salario. Pueden cambiar sus notas por premios, bien por regalos de sus padres, bien como llave para acceder a otros estudios superiores que se supone que les permitirán una vida mejor. Convertimos el valor de uso del conocimiento, en valor de cambio. 

    Además de estas formas, Pierre Bourdieu y … señalan otras cuestiones bastante interesantes:
    a) Las huelgas de alumnos:
    El hecho de que se permita y hasta se fomenten por parte de los profesores que haya huelga de alumnos es una prueba de que la huelga como forma de protesta le interesa al poder. Las huelgas realmente no no afectan al sistema, más allá de perder lago de dinero un día, porque el trabajo perdido se acaba compensando a lo largo del año. Si se canaliza el descontento de los dominados a través de la huelga, se hace a través de un medio que realmente no afecta al poder. Enseñando a los alumnos que cuando algo no les gusta hay que ir a la huelga, el poder se asegura en el futuro formas de protesta inofensivas. Esto se ve reforzado por el hecho de que muchas veces los alumnos van a la huelga por cosas que realmente carecen de importancia -con esto no me refiero a la última reforma educativa-. Y así se les transmite la idea de que, en el fondo, a la huelga se se va por cosas que no importan mucho y que las huelgas al finan son para no ir a clase o no trabajar, pero en ningún caso son nada serio.
    b) Nacionalismo y enseñanza. En el sistema educativo se crea desde niños el sentimiento de pertenencia e identificación con la nación. Así, estudiamos literatura o historia española, gallega, vasca o catalana y dejamos poco espacio para la literatura o la historia universal.
    c) Los saberes que se enseñan a valorar son los propios de las clases dominantes. Se enseña derecho, arte “culto” o “elevado”, etc... frente a los saberes que conocen las clases populares, como el derecho consuetudinario o el arte popular o artesanal.
   d) La clase es una acción dramática que contribuye a crear alumnos sumisos ahora, adultos dóciles en el futuro. La figura del profesor y los atributos simbólicos de la autoridad es fundamental en esta acción dramática. El profesor se coloca frente a los alumnos, en un espacio en el que convergen todas las miradas, con un espacio entre él y los alumnos, lo que lo dota de estatus y lo diferencia de ellos. Y, al mismo tiempo, goza de libertad de palabra -puede hablar cuando le dé la gana sin pedir permiso a nadie-, mientras que los alumnos no.
   e) El examen es el bautismo burocrático del saber, el reconocimiento oficial de la transmutación del saber profano en sagrado. El examen otorga el derecho a un título, el reconocimiento por parte de la autoridad de que un individuo puede desempeñar una determinada actividad.

1 Cfr. I. Falcones, La catedral del mar, Barcelona, Grijalbo, 2006.

2 Cfr. M. Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Madrid, Alianza, 2002.

A continuación tenéis una entrevista a Bourdieu en la que explica sus ideas acerca de la eduación. Es breve.


Primera parte



Segunda parte

lunes, 6 de julio de 2015

Community (Dan Harmon)




    Si os cuento el argumento de Community, pensaréis que es una serie igual que otras muchas que ya habéis visto. Se trata de las aventuras de un grupo de estudio de una universidad comunitaria de EEUU. El grupo está formado por una serie de personajes variopintos, todos muy estereotipados y exagerados que han fracasado en sus vidas y por eso acaban en una universidad así.

a) El triunfador guaperas sin escrúpulos que está allí por causas ajenas a su voluntad.

b) El asperger de origen exótico.

c) La inocente niña a la que la presión competitiva del sistema educativo estadounidense llevó a una adicción a las anfetaminas.

d) La ultracatólica recién divorciada.

e) El jugador de fútbol americano infantilizado que tampoco pudo soportar la presión.

f) El viejo ricachón homófobo, machista, racista, etc...

g) La guapa tonta promiscua comprometida políticamente.

h) y el decano gay al que gusta disfrazarse y varios profesores disparatados.

    Hasta aquí, Community no se diferencia en nada de cualquier otra serie que junta a gente rarita y la hace moverse en situaciones ridículas -The Big Bang Theory, por ejemplo-. Ni siquiera es original en el entorno, porque esto de una pandilla universitaria que funciona como el coche escoba está más visto que el tebeo. Y el mecanismo para provocar la hilaridad es el que lleva utilizándose desde el teatro griego y que ya analizaba Aristóteles: se coge un personaje, se seleccionan dos o tres rasgos de su carácter y se exageran alejándolos del término medio. Normalmente esto funciona mejor con personajes raros como un asperger porque la selección de rasgos y la exageración sale de forma natural.

     Esto es lo que Community tiene de vulgar.

    Pero tiene un par de virtudes por las que merece la pena verla, y mucho:

    En primer lugar, la comedia casi siempre implica personajes estereotipados. Si hay que exagerar rasgos de carácter para hacer reír, es inevitable caer en ellos. Además, es más fácil hacer reír con cosas que el público reconoce inmediatamente, porque, si el espectador tiene que esforzarse, se pierde la inmediatez requerida para el pequeño ataque de histeria que es la risa -Freud dixit-. Pero estos personajes pueden limitarse a ser estereotipos sin ningún vuelo -como los lamentables Will y Grace- o pueden trascenderse a sí mismos. Tal es el caso de los de Community, que tienen un sutil fondo de denuncia social que los hace ir más allá. La chapona de instituto que acabó en las anfetaminas o el jugador de fútbol que no pudo aguantar la presión de ser el más guay del instituto son dos casos en los que se emplea el estereotipo para hacer denuncia social, en este caso de un sistema educativo que reproduce el espíritu competitivo de la sociedad y que provoca innumerables traumas en las personas, no sólo en los que fracasan.

    Y en segundo lugar, Community hace un humor meta cojonudo. Para el que no lo sepa, el humor meta es que se refiere a la propia televisión. Es hacer chistes en televisión sobre la televisión. En la primera temporada, el humor meta no pasa de algunas referencias hechas aquí y allá, o a comentarios hechos por los personajes explicitando que lo que están haciendo es un gag típico de un determinado género. Pero, a partir del episodio de la batalla de paintball, los guionistas se debieron de dar cuenta de que tenían un filón, y empezaron a plantear los episodios como parodias de otros géneros. Hay, por ejemplo, un episodio en que dos grupos hacen un castillo de cojines y otro de sábanas. Como no hay espacio suficiente en la universidad, ambos grupos entran en conflicto. La situación es una pavada como la copa de un pino, pero como la cuentan como si fuese un documental de guerra del Canal Historia, te mueres de la risa. Lo mismo sucede con el videojuego, con el musical, o con el delincuente que mete monedas en las las rajitas del culo que se le ve a la gente al agacharse y que es contado como si fuese un thriller a lo Seven o un capítulo de Mentes Criminales. Aquí la risa surge, además de como señalaba Aristóteles por exagerar rasgos -en este caso del contexto-, por la falta de adecuación. Bergson decía que la risa surge de la ausencia de flexibilidad. La naturaleza es flexible para que sus miembros puedan adecuarse a los cambios. En caso de no ser así, el sujeto demasiado rígido es castigado con la risa. Así sucede con alguien que camina y tropieza. No ha sido capaz de ser flexible y cambiar de rumbo y la Naturaleza lo castiga con la risa. Lo mismo sucede con el humor meta de Community. Hay una falta de adecuación entre el formato elegido y la historia contada. Sé que este tipo de humor es poco honesto, porque hace la pelota al espectador. Te hace sentir bien porque reconoces las referencias y te crees muy listo, todo un intelectual. Por eso no me convence Borges. Pero en el caso de Community, que parece tener aspiración alguna, conmigo funciona.

    En conclusión: no cambiará vuestras vidas, pero lo pasaréis bien.








miércoles, 1 de julio de 2015

Cita


... Ese discurso me inspira tres observaciones:

1. En Chequia, como en otras partes, el honor de la educación nacional nunca ha sido tan mal defendido como por su ministro. (...)

2. El honor de la Educación nacional está magníficamente defendido por los profes que, al margen de lo que se pueda pensar sobre ellos, tienen vocación de ser elementos subversivos, y merecen que se les rinda homenaje por eso mismo.

3. El deporte es, pese a todo, una hermosa mamarrachada fascista.

Laurent Binet. HHhH