sábado, 19 de diciembre de 2015

Desmontado paridas sobre educación III: Tonterías que oigo en campaña electoral.





   Hace un par de días, en la tertulia de RNE -la culpa es mía por escucharla-, un tertuliano dijo que había que leerse el programa electoral de Ciudadanos porque tenía propuestas muy interesantes, como convertir a los profesores de la enseñanza pública en laborales en lugar de funcionarios como son ahora. Y fue la gota que colmó el vaso. Estoy harto de oír a políticos y tertulianos opinar de todo como si fuesen expertos en todos los campos de la realidad social. Soy profesor y cada vez que hablan de educación me llevo las manos a la cabeza. Supongo que lo mismo sucederá cuando hablan de otras cosas, y por eso he dedicido empezar una serie de artículos en el blog en el que se desmientan las bobadas que dicen de educación, que es de lo que yo sé.

   Bobadas que he oído últimamente:

   1) Poder despedir a los profesores. 
    Según los partidos neoliberales deberían poder despedirnos porque saber que tenemos una plaza fija para toda la vida nos vuelve perezosos y es la causa fundamental de que el sistema educativo español sea un desastre.
   En primer lugar, hay profesores vagos, como hay electricistas vagos, camioneros vagos y cualquier otro profesional vago. Tengo compañeros caraduras, pero os aseguro que son una minoría y que, en general, los profesores son gente honesta a los que les gusta su trabajo y cumplen. 
   En segundo lugar, el señor Mariano Rajoy y su delfín Albert Rivera mienten y lo saben. A un profesor de instituto público, si hace una cafrada, lo pueden despedir y, además, sin derecho a paro. Otra cosa es que no nos puedan despedir porque sí, para rejuvenecer la plantilla o porque no le caigamos bien al director de turno. Lógicamente, antes del despido fulminante hay una serie de pasos, como que te abran expediente, te sancionen una temporada sin empleo y sueldo, etc... Pero, en caso de que la infracción haya sido muy gorda o se persista en ella, el despido está contemplado. 
    Y en tercer lugar, convertir a los funcionarios en laborales supone suprimir las oposiciones, es decir, que el sistema de contratación sería por entrevista, currículum o lo que sea, pero desde luego un sistema bastante menos riguroso y, sobre todo, en el que se podría colocar a gente a dedo. 

   2) Evaluaciones y control de los profesores. 
   Esta es una de las medidas estrella del programa del PP. Otra mentira. porque eso ya existe. Hay una figura que es el inspector de educación, que es el encargado de controlar a los profesores y meterlos en cintura. Hace tiempo a mí me entró el inspector en clase y me hizo una serie de preguntas para evaluar qué es lo que estaba haciendo y por qué. Por supuesto fue totalmente por sorpresa. Le contesté al punto y no hubo problema, pero podía haberlo habido. Si los inspectores de educación no nos controlan más es porque no pueden. El número de inspectores de educación es limitado y el trabajo se les acumula. No sé ahora cuántos institutos/colegios tiene que llevar un solo inspector, pero imagino que de diez no bajarán. En cada centro hay una media de cincuenta profesores, así que caemos a unos quinientosprofesores por inspector. Cada profesor hace una programación de cada curso que da -unos cinco o seis de media- y esta programación tiene unas cincuenta páginas. Para poder auditar todas las programaciones -que es lo que se supone que vamos a dar y cómo- el inspector tendría que leerse detenidamente ciento cincuenta mil páginas. Vosotros me diréis si lo véis factible. Rajoy dice que nos va a evaluar y nos va a controlar, pero no le he oído decir una sola palabra de cómo. 

    3) Pagarnos en función de los resultados. 
    Esta parida la soltó el filósofo Marina, que ha decidido ejercer de Think tank neoliberal. Esto tiene cuatro inconvenientes que lo hacen o injusto o inviable.
    a) Al nivel que nos vamos a mover, los resultados solo son evaluables por medio de exámenes. Y todos sabemos que un examen no sirve para medir lo que uno sabe o deja de saber. Sin ir más lejos, este año estoy preparando a los alumnos de segundo de bachillerato para la selectividad. Irán muy bien preparados, seguro que aprobarán todos, y os prometo que es el año que menos cosas les he enseñado. Están memorizando una serie de datos como las obras de Azorín o las característas del Modernismo carentes de significado para ellos. Los vomitarán el día del examen de selectividad y se olvidarán la día siguiente. De acuerdo con la propuesta de Madina, me pagarían un montón, pero mis alumnos no habrán aprendido nada.
   b) Lógicamente lo que acabo de decir depende del tipo de examen que se les haga. Pero es que las propuestas van por lo que acabo de decir. Sin ir más lejos, se estaba barajando que la Reválida de lengua y literatura fuera tipo test. No hay más que decir.
   c) Sea como sea, si nuestro sueldo depende de un examen, prepararemos a los alumnos para que saquen buena nota en el examen, no para que aprendan más. 
   d) Madina dijo que no se nos evaluaría por el resultado final, sino por el proceso. Se ve que este señor fue profesor un par de años y ya se pasó a pontificar sobre educación, porque eso supondría una cantidad ingente de exámenes y un trabajo burocrático descomunal. 
   e) Lo de evaluar el proceso -de dónde parten y a dónde llegan los alumnos- fue el parche que se le ocurrió a Marina para no decir que nos pagarían por los resultados de nuestros alumnos sin más, que es lo que va a pasar porque la cantidad de burocracia sería tal que no haríamos otra cosa. Pagar o evaluar el trabajo de un docente en función de las notas de sus alumnos es tremendamente inusto porque depende no tanto de la labor del profesor como del grupo de alumnos que tenga. Y ya he explicado como la ley Werth tiende a crear ghettos (aquí).
   Además, esta ocurrencia ya se llevó a cabo en Nueva York y la retiraron porque los resultados no mejoraron. 

   4) Los profesores no está preparados. 
   Para ser profesor público hay que tener, al menos, una licenciatura y aprobar unas oposiciones. De media suele haber unas cincuenta plazar por cada mil personas que se presentan, así que me diréis si los que obtienen la plaza están preparados o no -aunque ya digo que yo no creo que un examen mida lo que uno sabe, pero para ellos sí-. Albert Rivera, que es uno de los que sueltan una y otra vez afirmaciones como esta- tiene una licenciatura y nada más. Según él, con eso le llega para gobernar un país de cuarenta y tantos millones de personas, pero una carrera y una oposición no le llega a un profesor para llevar un aula de treinta chavales. 
   En relación a esto de que los profesores no están preparados, Esperanza Aguirre comentó una y otra vez, fingiéndose muy escandalizada, que los profesores no sabían quién había escrito no sé qué obra. Era otra mentira manifiesta y ella lo sabía, pero lo decía para generar un estado de opinión, no porque fuera verdad. Esa pregunta -lo del autor de la obra- era una pregunta de una oposión. Si no la sabías, normalmente no aprobabas y, por lo tanto, no eras profesor. 

   Y por ahora paro. Volveré en breve, cuando oiga otra parida a un tertuliano neoliberal o un político. Pero  no quiero acabar este post sin dejar dos cosas bien claras:

    Una: Esta ofensiva para desprestigiar a la enseñanza pública es, evidentemente, el primer paso para la privatización. La democracia neoliberal funciona así. Se crea un estado de opinión desde los medios de comunicación favorable a las medidas que se quieren tomar y luego se toman. El capìtalismo necesita crecer continuamente para no entrar en crisis. Hace tiempo que no encuentra nuevos nichos de mercado y la sanidad y la educación públicas son dos pasteles muy apetecibles. 

   Dos: El sistema educativo español es una puta mierda con todas las letras porque nos faltan medios y porque cambian la ley cada dos años. Pero eso es culpa de los políticos y no los veo por la labor de echarse la culpa a ellos mismos de la situación que han creado. Es mucho más fácil cargar contra los profesores y, de paso, hacer negocio privatizando.

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