martes, 6 de octubre de 2015

Vanidades como bolas de nieve. Octava parte.



    La endoculturación es un proceso por el cual las generaciones mayores transmiten a las siguientes los saberes y valores propios de su cultura. De este modo, las culturas se aseguran su pervivencia a lo largo del tiempo. Afortunadamente, a veces hay rupturas en esta transmisión y las nuevas generaciones introducen cambios. Por eso las culturas evolucionan. Este es un fenómeno normal y corriente que cualquiera puede observar. No hay nada fascinante en ello. Lo que realmente me interesa es lo rápido que se olvidan las generaciones mayores que ellos también fueron jóvenes. 

      Esta escena sucedió hace bastantes años, en un instituto que ya tengo olvidado. 

    Estamos en una reunión de departamento. Está la jefa de departamento, una vieja de sesenta y tres años a punto de jubilarse; X, una tonta de cincuenta años que suspende a todos los alumnos porque cree que son unos borricos; L, que nunca habla ni dice nada; y yo. Estamos decidiendo qué actividades extraescolares vamos a hacer ese año. Este es un punto bastante complejo en el departamento de lengua castellana y literatura, porque lo cierto es que no hay mucho donde escoger. Los de gimnasia lo tienen fácil. Pueden llevar a los alumnos a esquiar, a la piscina, a hacer senderismo, y a todo cuanto deporte extravagante se os ocurra. Pero los de lengua lo tenemos jodido. Podemos ir al teatro y poco más. Precisamente estamos con eso. Sobre la mesa hay varios folletos de distintas compañías con sus ofertas. Hay una adaptación del Cid, otra del Lazarillo de Tormes, una sobre la Generación del 27 y otra de 20000 leguas de viaje submarino. A mí todas me parecen una mierda colosal. 
      -Bueno, ¿entonces qué hacemos? -pregunta la jefa de departamento.
     -El año pasado fuimos a la adaptación del Cid y estuvo fenomenal. -dice la tonta de X- Lo hacían bárbaro, pero los niños se portaron fatal. Es que son unos maleducados. 
     Trato de no mirarla para no decirle que los alumnos de tercero de ESO tenían todo el derecho del mundo a portarse mal. La obra era aburridísima y hasta yo me salí fuera por la mitad a fumar un pitillo.
      -Ya. Solo querían ir al centro comercial. -dice la jefa de departamento.
     L asiente con su silencio; y la jefa de departamento y la tonta de X se embarcan en un intercambio de impresiones acerca de lo horribles que son los alumnos, prueba que evidencia a sus ojos la decadencia cultural de occidente. Yo apago el cerebro y pienso en que, en cuanto llegue a casa, me voy a hacer unos champiñones al ajillo porque hace mucho tiempo que no los como.
    No sé cuánto tiempo pasan esas dos gallinas con su rollo "no sé a dónde vamos a parar", pero parece que ya están completamente convencidas de que vamos a ir a ver otro año más la mierda de obra sobre El Cid. Cojo distraído el folleto y observo las fotos. Por algún casual mi mirada recae en un cuadradito muy pequeño en la parte superior derecha. Son los precios. 
     -Oye. -digo- Esto cuesta casi diez euros por persona.
     -Ya. -me dice X- ¿Y qué?
    -Que es un poco caro. -repongo- A lo mejor no todas las familias pueden permitírselo.
   -Bueno, bueno. -me contesta X toda llena de razón- Tienen dinero para lo que les interesa. Porque bien que tienen diez euros para ir al botellón.
    A mí la tonta de X me cae como una patada en los huevos y estoy harto de que mangonee todo lo que le da la gana simplemente porque los demás pasamos de opinar.
    -Normal. -digo- Si yo tuviese quince años y mis padres me dan diez euros para pasar la semana, prefería invertirlos en ir al botellón, marearme un poco y ver si tengo suerte y me enrollo con alguna tía, que gastármelos en una actividad cultural del instituto.
    La jefa de departamento, la tonta de X y L me miran alucinadas. En aquel momento me deben considerar un hippie descarriado. 
    Como son viejas y tontas, les traduzco mi argumentación a un lenguaje que puedan entender. 
    -En el botellón ellos se socializan.
    La tonta de X emite un bufido. 
    -Socializarse en el botellón. -dice con desprecio.
    
    Ese año el departamento de lengua mandó a los alumnos de tercero de ESO a ver la obra adaptada del Cid. Como era de esperar, los pocos que fueron se portaron fatal. Yo me negué a ir.
     
    
    

1 comentario:

  1. Me resulta interesante, pero a la vez me inquieta mucho. Quiero decir que si las generaciones adultas no entienden que el mundo occidental ha cambiado y con él las sociedades jóvenes, como defendemos la ruptura de la endoculturación si eso de que "los niños son el futuro" ya está muy olvidado... Ya no es solo que las nuevas generaciones introduzcamos cambios, sino que las viejas se oponen. Ahora nos toman por drogadictos libertarios (como si fuese algo malo) que se pasan todo el día en internet sin aprender nada, cuando, seguramente, sabemos muchas cosas que las generaciones adultas desconocen (como es de esperar, de no ser así, vaya sentido tendría la educación).

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