miércoles, 23 de septiembre de 2015

Guardiola opina sobre el proceso independentista.



      Mientras comía estuve leyendo la prensa por internet. Cuál sería mi sorpresa cuando encontré en muchos diarios que Guardiola cree que la independencia de Cataluña llegará tarde o temprano. 
    Vaya por delante que a mí no me importaría nada que los catalanes votasen si quieren irse de España. Vaya también por delante que, por muy mal y mucha culpa que tengan el gobierno y el PP -que la tienen-, creo que el problema está fundamentalmente en Cataluña, porque, si hubiese una mayoría aplastante de independentistas, se constituirían en estado mañana. Vaya por delante también que sin esta mayoría aplastante el proceso de independencia me genera muchas dudas. Y vaya por delante que creo que detrás de todo esto hay, en gran parte, una estrategia de Mas para tapar sus vergüenzas. Y, sobre todo, vaya por delante que Guardiola tiene todo el derecho del mundo a opinar.  La democracia consiste precisamente en eso: en que todos tenemos derecho a opinar. Otra cosa muy distinta es que los demás tengamos la obligación de escucharlos. 
     Y esta es la razón de mi sorpresa. Que yo sepa, Guardiola no es ni un gran intelectual ni un político. Yo podría entender, por ejemplo, que los diarios diesen como titular que Manuel Castells o Iñaki Galiondo dicen tal o cual cosa. Uno es quizá el sociólogo más reconocido del mundo y el otro es probablemente el mejor periodista de España, con una experiencia y una carrera admirable. Pero es que Guardiola solo es un entrenador de fútbol. Es una profesión muy digna -y en el caso de Guardiola muy bien pagada-, pero que no lo convierte automáticamente en experto en cuestiones políticas y sociológicas. 
     Haber ganado todos esos títulos con el Barça y ser ahora el entrenador del Bayern ha convertido a Guardiola en un personaje muy mediático. Todo el mundo lo conoce y hablamos de él, pero hubiese sido un ejercicio de responsabilidad periodística no darle a sus declaraciones más importancia que la que tienen, que es, por sí mismas, más bien poca. El prestigio de Guardiola se debe a que sabe de tácticas de fútbol y lidiar con postadolescentes mimados en un vestuario. Si se le ha elevado al altar de referente mundial, es porque ciertos periodistas convierten la imagen y el espectáculo en discursos vacíos, en los que lo único que importa es la hiperexposición a los medios. Así acabamos valorando que si Guardiola, Belén Esteban o Carmele Marchante han dicho tal o cual cosa -estas dos también han opinado sobre Cataluña- y no atendemos a las opiniones de otros personajes mucho más formados. Como dije, las declaraciones de Guardiola no tienen mucho valor en sí mismas. Este valor solo lo alcanzan porque se ven amplificadas por los medios y así millones de ciudadanos conforman su opinión política a partir de lo que diga un entrenador de fútbol. Esto es responsabilidad de esos periodistas que se mueven por la necesidad de maximizar la audiencia de forma inmediata, y no por el rigor y la profundidad que requiere un tema tan serio como es el de la independencia de Cataluña. 

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