viernes, 4 de julio de 2014

Vanidades como bolas de nieve. Cuarta parte




   Releyendo mi tesis doctoral me encontré con lo siguiente:

  “…consideramos fundamental tener en cuenta las aportaciones del interaccionismo de Erving Goffmann o Herbert Blumer cuando destacan el potencial simbólico de las relaciones sociales como marco en el que los seres humanos aprenden, construyen y usan los símbolos. La vida es un “teatro” en el que cada individuo representa muchos papeles. Los roles sociales que desempeñan las personas son múltiples y variados y dependen del contexto en el que se encuentren. En función de este contexto, reconocemos los papeles de los demás y nos revestimos de signos y símbolos para interpretar el personaje que muestra a los demás cómo comportarse en esa situación. Siempre podemos representar otro rol cambiando de “revestimiento” para que el resto nos reconozca y sepa cómo actuar ante nosotros.”

   De alguna manera este párrafo me trajo a la memoria una vieja historia, de ocho o nueve años atrás, cuando apenas si había empezado a ejercer mi profesión. Como siempre he sido muy indiscreto sólo he tenido que rebuscar en antiguos correos electrónicos para dar con ella y lo que decía por aquellos días era esto:

Las cosas han cambiado mucho desde nuestra época, cuando, si no estabas al nivel repetías una y otra vez sin compasión. Ahora, cada vez que un alumno con algún problema llega al centro, hay que hacerle una adaptación curricular, que consiste en adecuarle los objetivos del curso y diseñar actividades todos los días exclusivamente para él.
Pues bien. Ha llegado Chanchullo.
Es chino y tiene un problema: no sabe español.
Hace semanas que no sé qué hacer con él en clase. Tendría que enseñarle español, pero eso supondría atenderlo individualmente mientras veinte hoollygans tratan de montarla, así que lo único que puedo hacer por él es tenerlo como un florero en la última fila. La situación me hacía tener remordimientos y no paraba de preguntarle a mis compañeros qué demonios hacían con él. Rescato algunas respuestas porque no tienen desperdicio.

a) La de gallego: “Yo estoy trabajando con un programa de implementación. Trabajo en uun plan para que el chico alcance las competencias básicas para que sea capaz de utilizar la lengua como instrumento para conseguir una integración...”
Yo, al escuchar esto, como tú al leerlo, me quedé como estaba.
b) La de biología: “Me cuesta comunicarme con él, pero he diseñado un sistema de actividades pictográficas a través de la que incorporarlo...”
c) El de tecnología: “¡Oh, muy bien! Responde muy bien. El lenguaje de la tecnología es universal. Está muy integrado y trabaja muy bien.”
d) La de mate: exactamente lo mismo que el de tecnología.

Ante estas respuestas, a mí se me dispara el remordimiento. Soy un inútil incapaz de que el chino aprenda una palabra. Cuál sería mi sorpresa cuando el Lunes Chanchullo me entrega su primera redacción. La copio literalmente:

Un día de colegio:
Por la mañana primero matemáticas, en clase todos horas copia, copia, copia... hasta timbre. después galego. yo andar escalera dos minutos a clase de galego. no hablo nada. sentarse en mi sitio y profesora dice, lei aquí tiene un profesora de china, tiene un escuela está vigo, muchas alumno va estudia idioma de china. yo digo "Ah yo no sé", profesora dice "toma aquí tiene periódico, tú miras". yo dice "oh vale" y yo sentarse mira en periódico hasta timbre, no habla nada, callo. tercero clase es lengua español, yo andar por abajo dos minutos, y espero pasillo dos minutos y entra, profesor dice "lei, ya hacer ojas de ayer", yo dice "si, si". profesor "pues dame". yo dice "oh, toma, esto es de ayer", profesor mira "vale, pero aquí mal, falta verbo, etc..." y dame un libro para fotocopia, andar por ahí, miro profesora inglés, dijo qué pasa lei. yo dice "oh, profesor dijo que fotocopia esto libro... ya dos minutos, a clase, sentarse hace, yo no hablo nada, pero profesor y alumno/a habla muchos.
ahora es recreo, me gusta muchos, primero compla tortilla, segundo voy a aula de música, escucha clistian, fernando, tiego, maike... tocar música. yo como tortilla y escucha música. muy bien!
que rapido, 30 minutos ya paso. ahora me voy natu. yo pasa aula de natu, sentarse mi sitio hasta timbre, no hace nada, no habla nada, sólo escucha profesora está ahí habla, habla, habla...
ahora sólo tecnologia y inglés. primero a tecnología, yo está tecnología, deja mochila, saca libro y no hace nada, no copia solo escucha, hay alumno/a con compañeros habla cosas de fuela, paso 30 minutos. yo coger lapiz está ojo dibujo chica de cuento, porque estoy aburrido. 20 minuto yo dibujo cinco cabezas de chicas.
otro timbre, coger mochila andar por clase de inglés, clase de tecnología hasta clase de inglés. justo 3 minutos, yo andar despacio y por fuela espero 3 minutos, pasa por dentro, saco mochila, coger libro y hacer cosa con cristian habla pocos hasta timbre, cinco minutos salir intituto. ala ya paso un dia que bien!
Escritor: y su nombre.

   En aquel correo yo hacía varios comentarios destacando el hecho de que usase eles en lugar de erres porque me parecía que eso sólo pasaba en el Mortadelo y sobre la escrupulosa anotación de los periodos de tiempo, pero, sobre todo, decía muy indignado y lleno de razón:

El pasaje de la clase de gallego no sé si se entiende bien. Por si acaso:
El plan de implementación de la tía de gallego consiste en ponerle A LEER EL PERIÓDICO EN CLASE. Para más datos, El Faro de Vigo –que por cierto está en castellano-.
Al loro el dato. Un chino de quince años, que no tiene ni puta idea de castellano lee:
- Los vecinos de Coia disgustados por la ampliación de la Avenida Castelao.
- La Asociación de Vecinos del Calvario preocupados por la posible construcción de un centro de rehabilitación de drogodependencia en las inmediaciones de la calle victoria.
- etc... etc...
Y el programa pictográfico de biología se reduce a que la profe hable, hable, hable... y el de tecnología a que el chino dibuje caras de tías en plan video manga.


   Pero todo esto era hace ocho o nueve años. Ahora tan sólo pienso en Thackeray y en que debajo de esa máscara que es el rol del que hablan Blummer y Goffman sólo hay vanidad, y creo que hay más sabiduría en un solo párrafo de La Feria de las Vanidades que en todos esos sesudos ensayos de antropología simbólica. Vanitas vanitatis, todo es vanidad.

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